El calentamiento global podría acortar hasta 25 años la vida útil de infraestructuras

Un estudio desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) y del Hunan Institute of Science and Engineering (China) estima que el calentamiento global podría provocar un deterioro térmico prematuro de las infraestructuras y reducir significativamente su vida útil si se mantienen las tendencias de aumento de la temperatura.

El trabajo, firmado por Zhiwu Zhou, Faxing Ding, Julián Alcalá y Víctor Yepes, presenta un nuevo modelo que evalúa el efecto de las temperaturas extremas sobre la durabilidad de las infraestructuras y el impacto de dicho deterioro en las emisiones de carbono.

Hasta 25 años menos de vida útil hacia 2100

Según las proyecciones del modelo, el calentamiento global podría reducir entre 18,52 y 25,15 años la vida útil de las infraestructuras a nivel global hacia 2100. El estudio estima, además, que el calentamiento registrado durante el último siglo habría provocado un envejecimiento prematuro en alrededor del 8,67% de los puentes analizados a escala global.

“Este trabajo sintetiza una investigación profunda sobre el impacto del calentamiento global en la infraestructura crítica, en particular en los puentes atirantados de hormigón. El estudio revela una presión dual: el calentamiento acelera la degradación estructural y, simultáneamente, amplifica las emisiones de carbono incorporadas debido a la necesidad de demoliciones prematuras y reparaciones no planificadas”, apunta Víctor Yepes.

En su estudio, el equipo de investigadores de España y China concluye que el 8,67% de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su etapa operativa. “Esto ha generado emisiones de carbono excedentes de más de 100.000 toneladas, una cifra equivalente a 2,70 veces la producción de carbono proyectada en la etapa de diseño original”, añade Yepes.

Validación del modelo

Para desarrollar y validar el modelo, el equipo analizó cuatro puentes situados en China y sometidos a condiciones climáticas y altitudes muy diferentes: el puente de Nan’ao, en Shantou, provincia de Guangdong; el puente del río Meixi, cerca de Fengjie, en el municipio de Chongqing; el puente de Wuhekou, en Huai’an, provincia de Jiangsu; y el puente de Xiaoxihu sobre el río Amarillo, en Lanzhou, provincia de Gansu.

“Los casos abarcan desde climas monzónicos subtropicales hasta climas continentales templados, lo que permite comprobar cómo los gradientes térmicos afectan de forma desigual a la durabilidad estructural”, apunta Julián Alcalá, investigador también de la UPV.

Más peligro en las regiones de clima templado marítimo y continental

El estudio advierte del peligro sobre todo en las regiones de clima templado marítimo y continental, identificadas como zonas de alta vulnerabilidad, “lo que exige una recalibración urgente de los códigos de diseño para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de la infraestructura global”, añade Julián Alcalá.

Para evitar estos riesgos, el equipo de investigadores aboga por incorporar escenarios climáticos futuros al diseño, mantenimiento y refuerzo de infraestructuras, para ayudar a anticipar daños y reducir tanto costes como emisiones derivadas de intervenciones prematuras.

La investigación se enmarca en el proyecto RESILIFE, dirigido por Víctor Yepes y Julián Alcalá, investigadores principales de la UPV.

Referencia

ZHOU, Z.; DING, F.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2026). Thermal damage and lifespan deterioration of global infrastructure under climate warming. Thermal Science and Engineering Progress, 78, 104910. DOI:10.1016/j.tsep.2026.104910

Aquí os dejo los enlaces a los medios de comunicación que se han hecho eco de la noticia.

El calentamiento global también lo sufren las infraestructuras: su vida útil podría acortarse hasta en 25 años

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2026/09/09/el-calentamiento-global-podria-acortar-hasta-25-anos-la-vida-util-de-infraestructuras-radio-valencia/

https://cadenaser.com/audio/1788941691907/

https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/calentamiento-global-podria-reducir-25-anos-vida-util-infraestructuras-globales.html

https://www.europapress.es/comunitat-valenciana/noticia-calentamiento-global-puede-acortar-25-anos-vida-util-infraestructuras-estudio-20260909102315.html

https://www.infobae.com/america/agencias/2026/09/09/el-calentamiento-global-acorta-hasta-25-anos-la-vida-de-infraestructuras-segun-un-estudio/

El calentamiento global acorta la vida de las infraestructura hasta 25 años

https://www.ultimahora.es/noticias/comunidades/2026/09/09/2704955/calentamiento-global-puede-acortar-hasta-anos-vida-util-infraestructuras-segun-estudio.html

https://www.upv.es/noticias-upv/noticia-16026-el-calentamien-es.html

https://valenciaplaza.com/valenciaplaza/plaza-innovacion/el-calentamiento-global-puede-acortar-hasta-25-anos-la-vida-util-de-infraestructuras-segun-un-estudio

https://www.elperiodic.com/val/valencia/lescalfament-global-podria-escurcar-fins-anys-vida-util-dinfraestructures_1091728

https://www.noticiasaominuto.com/economia/3048843/aquecimento-global-reduz-vida-util-de-infraestruturas-em-ate-25-anos-estudo

https://www.larazon.es/comunidad-valenciana/valencia/estudio-cientifico-revela-que-calentamiento-global-reduce-vida-util-puentes-hormigon_202609096aa12e3067d6870e444f225f.html

https://www.ecoavant.com/medio-ambiente/el-calentamiento-global-acorta-la-vida-de-infraestructuras_17370_102_amp.html

https://okdiario.com/okgreen/calentamiento-global-podria-restar-hasta-25-anos-vida-util-infraestructuras-del-planeta-20256066

https://www.levante-emv.com/videos/levante-tv/2026/09/09/estudio-upv-advierte-riesgo-infraestructuras-134108908.amp.html

Menos años la vida de infraestructuras según estudio de calentamiento global

También os paso el enlace al programa «Cambio climático» de Canal Sur.

https://audio.canalsurmas.es/videos/detail/405617-infraestructuras-con-fiebre

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DANA de 2024: qué nos enseñó sobre el riesgo y el diseño de nuestras infraestructuras

Cuando el agua encuentra un territorio vulnerable, una lluvia extraordinaria puede convertirse en una catástrofe. La DANA de octubre de 2024 lo demostró con una fuerza difícil de olvidar: carreteras, ferrocarriles, puentes, viviendas y redes esenciales quedaron expuestos a un episodio que puso a prueba la capacidad del territorio y de sus infraestructuras. Pero el agua no solo dejó daños; también dejó preguntas para la ingeniería. ¿Qué falló, qué funcionó y qué deberíamos cambiar para afrontar el próximo episodio extremo? La respuesta pasa por mirar más allá de la obra aislada y entender cómo territorio, hidráulica, infraestructuras, sistemas de alerta y clima interactúan cuando todo ocurre simultáneamente.

Nos adentramos en la época de lluvias. Ayer llovió con mucha fuerza en Valencia y hoy parece que sigue lloviendo. La inquietud y la memoria de lo ocurrido en fechas recientes pesan como una losa sobre quienes vivimos en estas tierras. El tiempo transcurrido permite analizar con mayor perspectiva qué factores se combinaron, qué papel desempeñaron las infraestructuras y qué enseñanzas puede extraer la ingeniería para afrontar futuros episodios extremos.

Un desastre resultado de múltiples vulnerabilidades

La vulnerabilidad que puso de manifiesto la DANA no obedeció a una única causa. Fue el resultado de la combinación de una elevada exposición de la población, de las actividades económicas y de las infraestructuras en zonas potencialmente inundables, de las características de las redes de drenaje y de transporte y de la extraordinaria magnitud de la avenida.

En comarcas como l’Horta Sud, el crecimiento urbano e industrial acumulado durante décadas ocupó parte de las llanuras naturales de inundación y de los cauces secos de las ramblas. Al mismo tiempo, la sustitución de superficies vegetadas por superficies impermeables favoreció una respuesta más rápida de la escorrentía y redujo la infiltración del agua.

A estas condiciones se sumaron ciertos elementos de las infraestructuras que pueden modificar el comportamiento del flujo durante una inundación. Algunos puentes con pilares situados en el cauce y determinados terraplenes de las vías de transporte pueden generar estrechamientos locales. Si además se acumulan escombros, vegetación u otros materiales arrastrados por el agua, la circulación de los caudales puede verse temporalmente dificultada.

La magnitud de los daños puede entenderse mediante el denominado «modelo del queso suizo», utilizado en la gestión de desastres. Su planteamiento parte de que los impactos más graves pueden producirse cuando varias debilidades o limitaciones coinciden en distintas capas de protección. Durante este episodio confluyeron factores territoriales e hidráulicos preexistentes con circunstancias propias de la emergencia.

Entre las condiciones previas estaba la existencia de cuencas de respuesta rápida, con capacidad hidráulica limitada, destinadas a episodios extraordinarios. La respuesta fue diferente en infraestructuras con mayor capacidad de regulación o de conducción, como el nuevo cauce del Turia o la presa de Forata en el río Magro. Durante la emergencia también intervinieron aspectos relacionados con la transmisión de información y la percepción del riesgo, incluidos los sistemas de alerta temprana y el conocimiento del peligro por parte de la población.

Todo ello coincidió con un episodio meteorológico excepcional. La DANA produjo precipitaciones de intensidad extraordinaria y se vio favorecida por temperaturas del Mediterráneo superiores a lo habitual para las condiciones atmosféricas del episodio. Además, el sistema de tormentas presentó un carácter muy estacionario, lo que permitió acumular precipitaciones históricas en determinados puntos. En Turís se registraron más de 185 l/m² en una hora y más de 770 l/m² en 24 horas. Los caudales generados superaron ampliamente los valores asociados a periodos de retorno convencionales.

Revisar los modelos de riesgo hidrológico

El episodio también ha puesto sobre la mesa algunas limitaciones conceptuales y metodológicas en la evaluación del riesgo hidrológico. Una de las cuestiones que merecen revisión es la premisa de la estacionariedad climática: la suposición de que las series estadísticas y los registros históricos permiten estimar adecuadamente la frecuencia e intensidad de los acontecimientos futuros.

La DANA plantea interrogantes sobre la capacidad de los periodos de retorno convencionales utilizados en las normativas para representar un clima cambiante, capaz de generar sistemas de tormentas estacionarias de severidad excepcional. También conviene mejorar la representación de aquellas situaciones en las que las precipitaciones extremas inciden sobre suelos previamente saturados por lluvias anteriores, ya que esta circunstancia puede contribuir a producir picos de caudal muy elevados.

Los modelos hidrológicos e hidráulicos deberían incorporar también, con mayor detalle, la geomorfología de los abanicos y de las llanuras aluviales mediterráneas. Muchas metodologías de evaluación del riesgo se han desarrollado tomando como referencia la dinámica de los grandes ríos. En un abanico aluvial, la configuración convexa del terreno puede hacer que el cauce pierda capacidad a medida que avanza, mientras que el agua desbordada puede desviarse hacia corrientes secundarias.

Las infraestructuras humanas añaden otra fuente de complejidad. Algunos modelos numéricos podrían no representar con suficiente detalle determinadas interacciones físicas, como la acumulación de vehículos, sedimentos, vegetación y escombros en puentes y pasos inferiores. Estos materiales pueden incrementar el calado y las fuerzas ejercidas sobre el entorno aguas arriba.

También existe margen para conectar mejor los datos disponibles con la gestión predictiva de emergencias en tiempo real. Una red avanzada de medición como el SAIH proporciona información de gran utilidad, que podría adquirir mayor valor operativo mediante su integración con modelos hidráulicos distribuidos capaces de transformar la precipitación en mapas dinámicos de inundación.

El análisis del riesgo debería extenderse, además, más allá de la seguridad estructural de cada componente considerado por separado. La electricidad, el agua, las telecomunicaciones y el transporte están estrechamente relacionados, de modo que el fallo de un sistema puede afectar a los demás. Los modelos deben profundizar en estos posibles efectos en cascada y en las interdependencias entre infraestructuras críticas, incluyendo los tiempos necesarios para la recuperación de los servicios.

Infraestructuras que protegen y estructuras que interactúan con el agua

No todas las infraestructuras cumplen la misma función en una inundación. Su comportamiento depende de su capacidad de evacuación, de su función de laminación de caudales y de la forma en que responden hidráulicamente a las características concretas de cada episodio.

El nuevo cauce del río Turia, conocido como Plan Sur, constituye un elemento relevante por su capacidad de conducción para interpretar la evolución de los caudales en el entorno de Valencia. También las presas de regulación y laminación, como Forata, pueden modificar temporalmente la evolución de los caudales aguas abajo. Para determinar cuál fue la contribución concreta de estas infraestructuras durante la DANA, es necesario analizar los caudales registrados, las condiciones de funcionamiento y los escenarios que se habrían producido sin dichas actuaciones.

Otros elementos pueden interactuar con el flujo y modificar localmente sus condiciones de circulación. En determinados puentes y pasos con varios pilares dentro del cauce, la acumulación de vegetación, sedimentos, vehículos u otros materiales arrastrados por la corriente puede reducir temporalmente la sección disponible y modificar los niveles de agua aguas arriba. La magnitud de este efecto depende del emplazamiento y requiere un análisis hidráulico específico.

Algo similar puede ocurrir con ciertos terraplenes de carreteras y de vías ferroviarias. Su comportamiento frente a caudales extraordinarios depende, entre otros factores, de la capacidad y la distribución de los elementos de drenaje transversal.

Esto aconseja revisar las soluciones existentes sin considerar si una determinada tipología es adecuada o inadecuada de forma general. En puentes y pasos de agua puede estudiarse, cuando sea técnicamente viable, la reducción de apoyos dentro del cauce, junto con la socavación y las acciones asociadas a sedimentos y materiales flotantes. En carreteras y ferrocarriles puede valorarse una mayor permeabilidad transversal mediante obras de drenaje, marcos o viaductos, especialmente cuando la configuración del terreno lo permita.

La ingeniería dispone, además, de soluciones que pueden combinarse entre sí. Entre ellas están las medidas de laminación en cabecera y aquellas que proporcionan mayor espacio para la circulación temporal del agua, como parques inundables periurbanos, corredores verdes de laminación y Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). Estas actuaciones pueden complementarse con criterios de diseño basados en el desempeño y con hipótesis de cálculo que contemplen posibles modificaciones en las condiciones climáticas.

También resulta útil estudiar qué ocurre cuando un evento supera las condiciones previstas en el diseño. El objetivo es identificar posibles modos de fallo y conservar determinadas funciones durante la emergencia.

Carreteras, ferrocarriles y puentes: analizar cada caso

Las infraestructuras de transporte pueden interactuar con el agua de distintas formas durante una inundación. Su efecto depende de su posición respecto a las líneas naturales de escorrentía, de la permeabilidad transversal, de la capacidad de las obras de drenaje y de las características de los caudales y de los materiales transportados. Por ello, su influencia debe analizarse de manera individual.

En algunos puentes, la presencia de varios pilares o apoyos en el cauce facilita que la vegetación, los sedimentos, los vehículos y otros materiales arrastrados por la corriente reduzcan temporalmente la sección transversal disponible. Los terraplenes de carreteras y ferrocarriles también pueden interceptar las líneas de escorrentía cuando sus elementos de drenaje transversal carecen de capacidad suficiente para caudales determinados.

Algunas infraestructuras de l’Horta Sud merecen un análisis específico. Entre ellas figuran determinados tramos de la red ferroviaria de cercanías, incluido el entorno de Paiporta, donde convendría estudiar conjuntamente los niveles de agua registrados, la capacidad de las obras de drenaje y las posibles obstrucciones durante el episodio.

También puede revisarse el comportamiento hidráulico de grandes infraestructuras viarias, como la V-31, conocida como Pista de Silla, y la CV-31, así como su relación con las vías naturales de desagüe del abanico aluvial. Las diferencias de configuración respecto de otras infraestructuras, como la CV-400 o la línea del AVE, pueden aportar información útil, aunque por sí solas no permiten establecer una relación causal con su comportamiento durante la DANA.

Otro caso que merece atención es el del Barranco de la Saleta y su relación con el tejido urbano de Aldaia. La evolución del agua durante un episodio extraordinario depende de la configuración del cauce, de las condiciones de drenaje y de las actuaciones existentes o previstas. Cualquier modificación debería basarse en una evaluación hidráulica conjunta de estas variables.

Los futuros rediseños y reconstrucciones deberían evaluar la permeabilidad y el comportamiento hidráulico de estas infraestructuras. Entre las medidas posibles figuran reducir, cuando sea viable, el número de apoyos dentro del cauce, estudiar la socavación y las acciones asociadas a materiales flotantes y mejorar la permeabilidad transversal de carreteras y ferrocarriles mediante obras de drenaje, marcos o viaductos. La solución debe adaptarse a las características hidráulicas y territoriales de cada emplazamiento.

Reconstruir no significa simplemente reponer

La reconstrucción exige distinguir entre la respuesta asistencial y la reparación de los servicios afectados, por una parte, y la revisión de las condiciones que contribuyeron al riesgo, por otra. Durante la emergencia se realizó un esfuerzo importante para recuperar la conectividad viaria y ferroviaria y restablecer las redes de abastecimiento, de agua potable y de saneamiento.

La reducción de vulnerabilidades requiere, sin embargo, analizar cada actuación y comprobar hasta qué punto incorpora las lecciones del episodio. Una cuestión relevante es determinar si las obras de reposición conservan las características de las infraestructuras anteriores o incorporan modificaciones destinadas a mejorar su comportamiento ante futuros episodios.

Reponer una infraestructura dañada permite atender una necesidad inmediata, pero no implica necesariamente que se hayan revisado las condiciones territoriales, hidráulicas o de diseño que deberían tenerse en cuenta ante otros acontecimientos. La reconstrucción también ofrece la oportunidad de revisar las soluciones existentes cuando los estudios técnicos así lo aconsejen.

Entre las actuaciones que podrían requerir atención específica figuran las medidas de laminación y de defensa en la cuenca del Barranco del Poyo y en otras zonas afectadas, así como las soluciones provisionales adoptadas en carreteras, puentes y cauces. Su adecuación dependerá de las características de cada actuación y de los plazos previstos para las soluciones definitivas. También conviene analizar cómo respondería el conjunto de infraestructuras ante un nuevo episodio, antes de que concluyan las actuaciones previstas.

La reducción de las vulnerabilidades identificadas puede requerir una coordinación más estrecha entre administraciones y organismos responsables, así como de equipos técnicos capaces de estudiar conjuntamente las dimensiones hidráulicas, territoriales, urbanas e infraestructurales.

Entre los aspectos susceptibles de revisión se encuentran los criterios de cálculo ante posibles cambios climáticos, las normas de ocupación de zonas potencialmente inundables y la localización de usos especialmente sensibles. También puede estudiarse la implantación de infraestructuras verdes y azules, como parques inundables y sistemas de drenaje sostenible, adaptadas a las características específicas del territorio.

El objetivo no debería limitarse a recuperar el funcionamiento previo de las zonas afectadas. También debe estudiarse qué modificaciones pueden reducir de manera razonable la exposición y mejorar la capacidad de respuesta ante futuros episodios. El alcance de esas modificaciones debe establecerse mediante estudios técnicos específicos para cada territorio y cada infraestructura.

Diseñar pensando en un clima que cambia

No todas las infraestructuras están todavía diseñadas de forma sistemática considerando la posible no estacionariedad de las condiciones climáticas futuras. Muchos códigos y regulaciones de ingeniería se han apoyado históricamente en series de datos y registros del pasado para definir las acciones de diseño, bajo la hipótesis de que sus características estadísticas permanecerían relativamente estables.

La evolución observada y proyectada del clima plantea la necesidad de revisar hasta qué punto ese supuesto sigue siendo adecuado para determinados tipos de infraestructura. Además, muchas obras tienen vidas útiles de varias décadas, por lo que las condiciones a las que estarán expuestas pueden diferir de las consideradas durante su diseño.

La adaptación no afecta únicamente a los valores de cálculo. También conviene estudiar cómo responderán las infraestructuras ante combinaciones de fenómenos extremos y cómo se recuperarán los servicios tras un episodio severo. Tradicionalmente se ha prestado mucha atención a la seguridad de los elementos individuales, pero la interdependencia entre electricidad, agua, telecomunicaciones y transporte hace necesario estudiar también los posibles efectos en cadena.

Una vía de adaptación consiste en avanzar hacia criterios de Diseño Basado en el Desempeño (PBD) y ampliar el uso de la modelización probabilística del riesgo. Esto incluye actualizar periódicamente las curvas de intensidad-duración-frecuencia (IDF) y los mapas de carga, incorporando información climática y distintos escenarios futuros junto con los registros históricos.

Las hipótesis de diseño también pueden revisarse cuando nuevos datos indiquen cambios relevantes en las condiciones de exposición. El reto consiste en trasladar los avances del conocimiento climático a las normas técnicas y a la planificación territorial, manteniendo márgenes adecuados de incertidumbre.

En infraestructuras con una vida útil prolongada puede ser especialmente útil incorporar criterios que permitan adaptar su funcionamiento o sus características si las condiciones futuras difieren de las previstas inicialmente. Así, el diseño no se orientaría únicamente a la resistencia frente a determinados episodios, sino también a la conservación de las funciones y los servicios durante y después de situaciones extremas.

«Devolverle espacio al agua»

«Devolverle espacio al agua», o «dar espacio al río», significa permitir que el agua disponga de lugares por los que pueda circular, extenderse o almacenarse temporalmente durante una avenida, en lugar de intentar contenerla siempre dentro de un cauce o mediante infraestructuras rígidas.

La idea consiste en recuperar, cuando las condiciones territoriales lo permitan, parte del espacio que históricamente ocupaba el agua y que la urbanización ha ido reduciendo. En la práctica, esto puede traducirse en recuperar zonas inundables, ampliar determinados espacios fluviales, crear parques inundables o mejorar la permeabilidad del suelo mediante Soluciones Basadas en la Naturaleza e infraestructuras verdes y azules.

Estas medidas pueden almacenar temporalmente parte del agua y reducir la presión sobre otros elementos del sistema, aunque su eficacia depende de las características concretas del territorio y de cada episodio.

Dar espacio al agua no implica descartar las infraestructuras tradicionales. Estas siguen siendo necesarias en determinados lugares. La gestión del riesgo puede combinar obras de protección con espacios destinados a la circulación y al almacenamiento temporal del agua, además de una ordenación territorial que tenga en cuenta las zonas potencialmente inundables. La combinación adecuada debe determinarse en cada territorio mediante los estudios correspondientes.

Una estrategia integrada para futuras DANAs

La reducción del impacto de una futura DANA requiere un enfoque integrado, ya que ninguna solución aislada puede mitigar por sí sola todos los efectos de una avenida extraordinaria.

Una línea de actuación consiste en mejorar la laminación y retención de caudales en las cuencas, combinando, cuando sea adecuado, presas o balsas con soluciones basadas en la naturaleza, como parques inundables, corredores verdes y Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible. El objetivo es reducir los picos de avenida y proporcionar más espacio para la circulación y el almacenamiento temporal del agua.

También debe revisarse la permeabilidad hidráulica de carreteras, ferrocarriles y puentes, mejorar las obras de drenaje y reducir los obstáculos al flujo cuando sea viable. Junto con las actuaciones físicas, conviene reforzar los sistemas de información y alerta, integrando los datos del SAIH con modelos capaces de proporcionar información hidráulica útil en caso de emergencia. Estos sistemas deben coordinarse con los planes de actuación y con la formación de la población.

Una confianza excesiva en una única infraestructura de protección —presas, muros o encauzamientos— puede generar una falsa sensación de seguridad si se asume que basta para garantizar la protección ante cualquier avenida. Algo parecido ocurre cuando se mantienen o se amplían usos urbanos en zonas inundables debido a la presencia de una obra defensiva, sin considerar que el episodio puede superar las condiciones para las que fue diseñada.

También merece atención la reconstrucción de una infraestructura exactamente con la misma configuración que tenía antes de resultar dañada, sin comprobar si esa solución sigue siendo adecuada. Actuaciones puntuales, como limpiar un cauce, ampliar un colector o mejorar un paso de drenaje, pueden resolver problemas concretos, pero no constituyen por sí mismas una respuesta suficiente frente a una avenida de gran magnitud si no se estudia el funcionamiento del sistema completo.

¿Qué habría cambiado si la DANA se repitiera hoy?

Si actualmente se produjera un episodio pluviométrico de magnitud similar, algunos sistemas de seguimiento y alerta podrían estar en mejores condiciones para detectar y comunicar determinadas situaciones. El SAIH, los avisos de Protección Civil y herramientas como ES-Alert podrían facilitar una transmisión más rápida de la información disponible. La experiencia de 2024 también puede haber modificado la percepción del riesgo tanto entre la población como en las administraciones.

Una alerta más temprana, sin embargo, no garantiza por sí misma resultados completamente distintos. Su eficacia dependería de la anticipación disponible, la precisión de la información, el tiempo de reacción y la capacidad de la población y de los servicios de emergencia para actuar. La mejora de estos sistemas puede reducir determinados riesgos, pero no permite garantizar la prevención de todas las consecuencias de un episodio de magnitud semejante.

La configuración física del territorio es otra cuestión. En el tiempo transcurrido desde la DANA, difícilmente habrían podido cambiar de manera sustancial las condiciones territoriales que determinan el comportamiento de una inundación. Las grandes actuaciones hidráulicas, las modificaciones de infraestructuras y los cambios en la ordenación urbana requieren años de estudios, proyectos, tramitación y ejecución.

Aunque algunas actuaciones ya están en marcha, la llanura de inundación de l’Horta Sud mantiene una elevada exposición y determinadas soluciones siguen siendo provisionales o aún están en ejecución.

La diferencia entre una repetición del episodio de hoy y la situación de 2024 podría encontrarse, así, en una mayor capacidad de anticipación y respuesta, mientras que buena parte de las condiciones físicas seguiría siendo similar. Reducir esa vulnerabilidad exige actuaciones que necesitan más tiempo y que deben apoyarse en el conocimiento técnico del territorio, de las infraestructuras y del comportamiento hidráulico de episodios extremos.

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Puentes que mueren jóvenes: el coste invisible del calentamiento global en nuestra infraestructura

Cuando cruzamos un puente moderno, lo hacemos confiados en que la ingeniería ha superado la prueba del tiempo. Estas estructuras están diseñadas para durar, por norma general, al menos un siglo. Sin embargo, en todo el mundo, los gigantes de hormigón y acero están fallando décadas antes de lo previsto. ¿Por qué las infraestructuras que deberían ser monumentos a la estabilidad sucumben prematuramente? El enemigo no solo es el desgaste provocado por el tráfico o el paso de los años, sino también un factor mucho más sutil y persistente: el estrés térmico causado por el calentamiento global.

Un estudio fundamental realizado por nuestro equipo de investigación revela que el aumento de las temperaturas globales no solo supone una amenaza medioambiental, sino que también acelera la fatiga estructural. Esta investigación, que analiza la termodinámica de los puentes atirantados, pone de manifiesto una crisis silenciosa de infraestructuras que está disparando los riesgos para la seguridad y las emisiones de carbono a niveles alarmantes.

La muerte prematura del 8,67 % de los puentes del mundo.

La estadística es contundente: el 8,67 % de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su vida útil. Este hallazgo desmonta la promesa del «periodo de diseño de 100 años» que rige la ingeniería civil contemporánea.

La realidad técnica es sombría. El estudio analiza casos como los del puente Nan’ao (NAB) y el puente del río Amarillo (YRB), cuyas vidas útiles se ven drásticamente reducidas por el estrés térmico acumulado. Es particularmente alarmante el caso del puente NAB: aunque fue diseñado para durar un siglo, la evaluación técnica de su vida útil por fatiga bajo condiciones de estrés térmico extremo y ciclos de congelación-descongelación proyectó una vida útil de apenas 6166 años. No se trata de un error de construcción, sino de una proyección científica sobre cómo la fatiga acumulada por el calor extremo «devora» la capacidad de carga de la estructura.

«La tendencia preocupante de las emisiones globales y la ineficiencia de los modelos de diseño actuales frente al cambio climático están provocando que la infraestructura se convierta en una fuente de riesgo inesperada, en la que la acumulación continua de daño térmico es el factor causal principal».

El «Carbon Drift»: un coste ambiental 2,7 veces mayor de lo previsto.

El estudio introduce un marco métrico tridimensional crucial: la «deriva de carbono». Esta métrica no solo mide el CO₂, sino que también considera el tiempo, la geografía y el rendimiento estructural para revelar la verdadera huella climática de una obra. Los datos revelan que esta degradación prematura ha generado un exceso de más de 100 millones de toneladas de emisiones de carbono.

Lo más impactante es que esta cifra equivale a 2,70 veces la producción de carbono proyectada originalmente en la fase de diseño. Aquí reside la «paradoja de la reconstrucción»: el calor daña el puente, lo que nos obliga a reconstruirlo con cemento, lo cual, a su vez, emite más CO₂ y acelera el calentamiento global. La degradación estructural se convierte así en un acelerador del cambio climático, creando un círculo vicioso de emisiones no contabilizadas que sabotea los objetivos globales de sostenibilidad.

La paradoja geográfica: las zonas templadas con mayor riesgo

Contrariamente a lo que cabría esperar, las regiones más calurosas del planeta no son necesariamente las más vulnerables. El modelado geoespacial ha identificado que las zonas de clima marítimo y de clima continental templado presentan la mayor vulnerabilidad estructural debido a la alta variabilidad de sus ciclos térmicos.

Esta paradoja se explica por la interacción entre la variabilidad climática regional y los gradientes altitudinales. En regiones como China, los datos técnicos muestran que, por cada 100 metros de altitud, la temperatura desciende entre 0,579 y 0,613 °C. Esta fluctuación, sumada a los cambios estacionales, intensifica los ciclos de congelación y descongelación, lo que provoca una fatiga en el hormigón mucho más agresiva que la causada por un calor constante. Los factores críticos identificados son:

  • Fluctuaciones de temperatura extrema: La amplitud entre máximas y mínimas genera un microestrés constante.
  • Gradientes de altitud: Las zonas montañosas experimentan ciclos térmicos más intensos y frecuentes.
  • Ciclos térmicos intensificados: El paso constante de frío a calor genera microfisuras que comprometen la integridad química del material.

La física del daño: por qué el hormigón se rinde ante el calor.

Para entender esta crisis, debemos observar la microestructura del material. El calor induce lo que los ingenieros llaman «deterioro termomecánico» y «evolución de la fluencia» (creep evolution). En un proceso de «ablación interna» progresiva, las altas temperaturas oxidan los microcristales de carbono de la estructura, generando microestrés que propaga grietas de forma invisible. Con el tiempo, esto debilita la adherencia crítica entre el acero de refuerzo y el hormigón, lo que deteriora la capacidad de carga de manera desigual hasta que se produce el fallo final.

El coste ambiental de este fallo es enorme debido a una relación física implacable: 1 tonelada de cemento emite aproximadamente 0,9 toneladas de CO₂. Cada reparación obligada por el calor supone un golpe severo al presupuesto de carbono del planeta.

«Desde la perspectiva de la termodinámica, la predicción precisa de la respuesta estructural en entornos de alta temperatura es esencial para prevenir deformaciones generales y el colapso de la capacidad de carga en la ingeniería civil moderna».

Hacia una infraestructura de «bajo carbono»: ¿es suficiente?

El estudio propone soluciones basadas en materiales de vanguardia para mitigar este impacto y aumentar la resiliencia.

  • Sustitutos del clínker: El uso de arcilla calcinada (calcined clay), cenizas volantes y escoria de alto horno puede reducir las emisiones de CO2 entre un 14% y un 22%.
  • Nanotecnología: La incorporación de nano CaCO3 en una proporción óptima del 2% para mejorar la resistencia a la compresión y la densidad de la matriz del concreto.
  • Diseño híbrido: Optimización mediante agregados reciclados para reducir el carbono incorporado en las materias primas.

Sin embargo, la innovación en materiales es solo la mitad de la batalla. El reto principal es normativo: es urgente recalibrar los códigos de diseño. Los estándares actuales están diseñados para un clima estable que ya no existe y no contemplan los extremos térmicos a los que nos enfrentaremos en las próximas décadas.

Conclusión: ¿Estamos diseñando para un mundo que ya no existe?

La infraestructura global se encuentra hoy en una carrera desesperada contra el tiempo y el termómetro. Los datos de Zhiwu Zhou et al. son una advertencia final sobre el «clima overshoot» o sobrepasado: nuestras ciudades están sostenidas por estructuras que envejecen a una velocidad que no previmos y que emiten más carbono del que podemos permitirnos.

Al finalizar este análisis, surge una pregunta inevitable que debe resonar en cada oficina de planificación urbana: ¿están nuestras ciudades listas para los desafíos térmicos de 2050 o estamos construyendo hoy, con cada nuevo puente de diseño tradicional, los monumentos de nuestra propia obsolescencia?

En esta conversación puedes escuchar algunas de las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume bien el contenido del trabajo.

Referencia:

ZHOU, Z.; DING, F.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2026). Thermal damage and lifespan deterioration of global infrastructure under climate warming. Thermal Science and Engineering Progress, 78, 104910. DOI:10.1016/j.tsep.2026.104910

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Degradación termo-mecánica e impacto de carbono: obsolescencia prematura de infraestructuras por el calentamiento global

Acaban de publicar un artículo nuestro en Thermal Science and Engineering Progress, una de las revistas de mayor impacto científico, ubicada en el primer cuartil del JCR. Este estudio científico analiza cómo el calentamiento global y las temperaturas extremas aceleran la degradación física de la infraestructura vial, con especial atención a los puentes atirantados de hormigón.

La investigación se enmarca en el proyecto RESILIFE, que dirijo como investigador principal en la Universitat Politècnica de València. Además, muestra la internacionalización de nuestro grupo de investigación, en este caso, con China. A continuación, se presenta un resumen del trabajo y de la información de contexto.

Este trabajo sintetiza una investigación profunda sobre el impacto del calentamiento global en la infraestructura crítica, en particular en los puentes atirantados de hormigón. El estudio revela una presión dual: el calentamiento acelera la degradación estructural y, simultáneamente, amplifica las emisiones de carbono incorporadas debido a la necesidad de demoliciones prematuras y reparaciones no planificadas.

Los hallazgos clave indican que el 8,67% de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su etapa operativa. Esto ha generado emisiones de carbono excedentes de más de 100.000 toneladas, una cifra equivalente a 2,70 veces la producción de carbono proyectada en la etapa de diseño original. Las regiones de clima templado marítimo y continental se identifican como zonas de alta vulnerabilidad, lo que exige una recalibración urgente de los códigos de diseño para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de la infraestructura global.

1. El impacto térmico en las estructuras de hormigón

El calentamiento global altera el equilibrio termomecánico de las estructuras, afectándolas principalmente mediante dos mecanismos: el gradiente térmico y la temperatura uniforme.

1.1. Mecanismos de deterioro

  • Efectos térmicos estáticos: Bajo condiciones de alta temperatura, las estructuras sufren deformaciones y tensiones excesivas que pueden comprometer su integridad microestructural.
  • Evolución de la fluencia (creep): En condiciones de carga variable y a alta temperatura, la microestructura experimenta una evolución gradual de la fluencia. Esto induce tensiones que inician y propagan grietas.
  • Efecto de retraso temporal (time-lag): Los fenómenos de retraso o diferencias de fase en la variación de la temperatura entre distintas ubicaciones estructurales son factores determinantes de la acumulación continua de daños.

1.2. Factores de degradación química y física

El deterioro es un proceso acoplado multivariable influenciado por:

  • Reacción álcali-sílice: Causa pérdida de propiedades mecánicas y reducción de la durabilidad del agregado.
  • Corrosión de armaduras: La temperatura es el principal factor que acelera la corrosión de las armaduras en el hormigón.
  • Gradientes térmicos severos: La exposición repetida a gradientes de temperatura extremos provoca grietas que afectan la vida útil normal y el funcionamiento.

2. Marco metodológico y modelización

La investigación emplea un marco multidisciplinario, basado en la física, que vincula el forzamiento climático a escala macro con el deterioro estructural a escala micro.

2.1. Innovaciones en el modelado

  • Métrica de deriva de carbono 3D: Un nuevo marco para acoplar la variabilidad climática regional con la decadencia del rendimiento estructural.
  • Modelo de daño térmico global: Incorpora la cuantificación de la incertidumbre y la caracterización estadística de eventos extremos.
  • Simulaciones de elementos finitos: Modelización detallada que incluye temperaturas extremas específicas del sitio, gradientes altitudinales e incertidumbre climática.

2.2. Ecuaciones fundamentales de transferencia de calor

El estudio se apoya en la ley de conducción de calor de Fourier y en modelos mejorados de radiación solar (Kelvin) para calcular la intensidad de radiación total, considerando las radiaciones directas, dispersas, reflejadas por el suelo e inversas atmosféricas.

3. Análisis de casos de estudio: puentes de gran luz

Se analizaron cuatro puentes atirantados en diferentes regiones climáticas para evaluar su deformación ante gradientes de temperatura extremos a lo largo de un ciclo de 50 años (1975–2025).

Tabla 1: Resumen de puentes analizados y rendimiento térmico

Puente Ubicación / clima Altitud promedio Ciclos hielo-deshielo (>20 °C) Vida útil de diseño Vida de fatiga estimada
NAB (Nan’ao) Monzón subtropical 15 m 3.098 100 años 6,166 años
MRB (Meixi) Monzón cálido/húmedo 943 m 3.672 100 años 20,470 años
WEB (Wuhekou) Transicional cálido 194 m 4.302 100 años 22,117 años
YRB (Yellow River) Continental templado 1.630 m 3.808 100 años 16,916 años

Hallazgos críticos por caso:

  • NAB: El análisis de acoplamiento térmico mostró que la vida operativa real caería a 93,834 años, por debajo del diseño original de 100 años.
  • MRB: Bajo ciclos intensos de hielo-deshielo, la vida útil se redujo drásticamente entre 65,9 y 93,1 años respecto a su vida útil de diseño original.
  • WEB: Presentó una relación de tensión térmica entre las losas superior e inferior de 2,818, lo cual fue la principal causa del arqueo en la viga principal.
  • YRB: Las temperaturas extremas (mínima de -21,7 °C) y la alta altitud provocaron una reducción masiva de la durabilidad, con una vida de fatiga acumulada de apenas 16,9 años en condiciones críticas.

4. Sostenibilidad y emisiones de carbono

La industria del hormigón enfrenta desafíos críticos, dado que la producción de una tonelada de cemento emite aproximadamente 0,9 toneladas de CO2.

4.1. El ciclo de retroalimentación climática

El estudio advierte sobre un círculo vicioso: el calentamiento global acelera el deterioro de las infraestructuras, lo que obliga a reconstrucciones prematuras, que a su vez generan más emisiones de CO2 y aceleran aún más el calentamiento. Por cada 1% de aumento en la tasa de crecimiento de las emisiones de carbono, la temperatura media aumenta en 0,01873 °C.

4.2. Análisis regional de emisiones excedentes

El equipo investigó 1.427 puentes atirantados en 27 países, dividiendo los hallazgos por regiones:

  • Norteamérica: En EE. UU., 14 puentes superaron su vida útil real calculada tras el daño térmico, entrando en periodo de demolición. Las emisiones en el periodo de demolición aumentaron un 488,19% en la región.
  • Europa: Alemania e Italia representan el 34,63% y el 15,24% de los puentes europeos, respectivamente. Tras el daño por fatiga ambiental, las emisiones durante el periodo de mantenimiento en Europa disminuyeron un 29,68% debido a demoliciones tempranas, pero las emisiones por demolición aumentaron un 1054,14%.
  • Asia-Pacífico: China representa el 43,22% de la región. Aunque muchos puentes son nuevos, la sensibilidad térmica indica que, al aumentar la temperatura, las propiedades de corte y la adherencia entre el acero y el hormigón disminuyen drásticamente.

5. Soluciones y mitigación: hormigón de bajas emisiones

Para cumplir con la Agenda 2030 de la ONU, resulta necesario adoptar materiales y tecnologías sostenibles.

Tabla 2: Tecnologías de Reducción de Carbono en la Construcción

Estrategia Materiales / Métodos Efecto en reducción de CO2
Sustitución de clinker Cenizas volantes, escoria, arcilla calcinada Reducción del 14% – 22%
Adhesivos sin cemento Materiales cementicios activados por álcalis Reducción de hasta el 80%
Optimización híbrida Áridos reciclados Reducción del 22% – 46% en materias primas
Nanotecnología Nano-rellenos de CaCO3 (2%) Mejora la resistencia y propiedades de la matriz
Captura de carbono Absorción química / Ciclo de calcio Captura directa de emisiones de CO2

6. Conclusiones y recomendaciones

La investigación concluye que el modelo tradicional de diseño de infraestructura resulta insuficiente frente a la volatilidad climática actual.

  1. Recalibración de códigos: Es urgente actualizar las especificaciones de diseño de vida útil, incorporando modelos de daño térmico que consideren eventos climáticos extremos y variaciones altitudinales.
  2. Enfoque interdisciplinario: La evaluación de infraestructuras debe integrar mecánica, termodinámica, ciencias sociales y detección remota para identificar las causas raíz de las fallas.
  3. Priorización de nuevos materiales: La durabilidad a largo plazo de los nuevos materiales de bajo carbono requiere una evaluación continua en entornos naturales reales, ya que la investigación actual en este ciclo de vida es insuficiente.
  4. Gestión de riesgos de «overshoot»: La industria de la infraestructura debe reconocer su papel decisivo en el riesgo de superación climática a nivel regional y global, y adoptar estrategias de diseño adaptativo para evitar el colapso prematuro de activos críticos.

Referencia:

ZHOU, Z.; DING, F.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2026). Thermal damage and lifespan deterioration of global infrastructure under climate warming. Thermal Science and Engineering Progress, 78, 104910. DOI:10.1016/j.tsep.2026.104910

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Estrategias para combatir bulos y desinformación científica

La desinformación científica se ha convertido en uno de los mayores desafíos para la sociedad actual. La rapidez con la que circula la información en internet y en las redes sociales facilita que afirmaciones falsas o engañosas alcancen a millones de personas antes de que puedan ser verificadas. Este fenómeno puede influir en decisiones relacionadas con la salud, el medio ambiente, la tecnología o las políticas públicas, erosionando la confianza en el conocimiento científico y dificultando la toma de decisiones fundamentadas en evidencias.

Frente a este escenario, la lucha contra la desinformación científica requiere un enfoque multifacético que involucre a ciudadanos, instituciones educativas, medios de comunicación, plataformas digitales y la propia comunidad científica. Ningún actor puede afrontar este reto de forma aislada: es necesaria la colaboración de todos para promover una cultura basada en el pensamiento crítico, la verificación de la información y la comunicación rigurosa de la ciencia. A continuación se presentan las estrategias más efectivas identificadas por expertos y organismos especializados para reducir el impacto de la desinformación y fortalecer la confianza en el conocimiento científico.

Alfabetización mediática y científica de la ciudadanía

La estrategia más poderosa a largo plazo es fortalecer la capacidad crítica de las personas para evaluar la información. La alfabetización mediática permite desarrollar competencias para involucrarse de manera crítica y efectiva con la información, verificar las fuentes y comprender las diferentes modalidades de difusión. Un estudio de la FECYT revela que invitar a las personas a detenerse y valorar la credibilidad de la información antes de compartirla reduce de forma significativa la difusión de contenidos falsos.

Es fundamental que la población comprenda el carácter provisional de la ciencia, en la que un nuevo descubrimiento puede desestimar un conocimiento previo sin que ello suscite desconfianza. Al contrario, entender este proceso debería reforzar la confianza en la ciencia como una actividad sometida a un juicio constante y a la revisión por pares. Las intervenciones educativas y de alfabetización mediática han demostrado efectos beneficiosos al mejorar las competencias de evaluación crítica y la resiliencia ante la desinformación.

Fomento del pensamiento crítico y escepticismo saludable

Es importante promover competencias que permitan desarrollar un escepticismo saludable, es decir, una actitud crítica que cuestione la información, pero que también sea capaz de aceptar las conclusiones cuando están respaldadas por evidencias sólidas. Este enfoque contrasta con el pensamiento conspirativo, que se caracteriza por una desconfianza absoluta ante cualquier información vinculada al relato oficial y por rechazar sistemáticamente las pruebas que contradicen sus creencias.

La confianza en las instituciones científicas, junto con un mejor conocimiento de cómo funciona la ciencia, ayuda a las personas a reconocer los riesgos de la desinformación y a diferenciar entre afirmaciones fundamentadas y contenidos engañosos. Comprender que el conocimiento científico se construye mediante la acumulación de evidencias, la revisión continua y la corrección de errores favorece una actitud más crítica e informada.

Además, los ciudadanos deben desarrollar la capacidad para evaluar la confiabilidad de las fuentes de información y valorar si quienes emiten determinadas afirmaciones cuentan con experiencia y conocimientos especializados en el ámbito correspondiente. Del mismo modo, es fundamental conocer las prácticas mediante las cuales la comunidad científica produce conocimiento confiable, como la revisión por pares, la replicación de los resultados y la búsqueda de consenso basada en la evidencia. Estas herramientas permiten distinguir con mayor facilidad la información veraz de los bulos y reducir la vulnerabilidad ante la desinformación.

Comunicación científica responsable y de calidad

Las instituciones científicas y los medios de comunicación deben promover estructuras estables, recursos especializados y una comunicación científica de calidad que involucre activamente al público y proporcione información rigurosa, eficaz y responsable. Para ello, es fundamental evitar la exageración o la simplificación excesiva de los hallazgos científicos, comunicar de forma transparente las incertidumbres inherentes al proceso de investigación y fomentar una mejor comprensión de cómo funciona la ciencia, de sus métodos y de los mecanismos mediante los cuales se genera y valida el conocimiento.

Impulsar una comunicación científica de calidad desde los medios de comunicación y las instituciones resulta esencial, no solo para combatir la desinformación y la difusión de contenidos pseudocientíficos, sino también para fortalecer la confianza de la ciudadanía en estas organizaciones. Un estudio muestra que el 83,8 % de los españoles confía en el personal investigador, muy por encima de la confianza depositada en periodistas (31 %) y en políticos (11,9 %). Esta elevada credibilidad otorga a los científicos una responsabilidad especialmente relevante a la hora de comunicar sus resultados y contribuir a un debate público informado y basado en evidencias.

Periodismo científico especializado

Debe promoverse un periodismo científico profesional y especializado que, sin perder su independencia ni su capacidad crítica, sea capaz de contextualizar adecuadamente los hallazgos científicos y explicar su verdadero alcance. Asimismo, resulta esencial transmitir que el carácter provisional de la ciencia no constituye una debilidad, sino una de sus principales fortalezas, ya que el conocimiento científico se revisa y perfecciona continuamente a la luz de nuevas evidencias.

También es fundamental evitar el denominado «falso equilibrio» en los medios de comunicación, que consiste en presentar un tema como si existiera un equilibrio entre dos posiciones enfrentadas cuando, en realidad, la evidencia científica respalda claramente una de ellas. Esta práctica puede generar confusión y distorsionar la percepción pública sobre el consenso científico.

Iniciativas como los Science Media Centres o el European Science-Media Hub proporcionan recursos y apoyo a los medios de comunicación para cubrir la actualidad científica con rigor, precisión y una adecuada contextualización. Estos centros facilitan a los periodistas el acceso a fuentes expertas verificadas, les ayudan a interpretar correctamente los resultados de las investigaciones y contribuyen a que puedan comunicar la relevancia real de los hallazgos científicos de forma comprensible y responsable.

Regulación de algoritmos y plataformas digitales

Es importante trabajar con los algoritmos de los motores de búsqueda y de las redes sociales para que reduzcan la visibilidad de la desinformación y favorezcan la difusión de contenidos fiables. Los sesgos presentes en estos algoritmos, como el sesgo de interacción, a menudo aumentan la difusión de bulos al priorizar aquellos contenidos que generan un mayor engagement, independientemente de su veracidad o calidad informativa.

La competencia por captar la atención de los usuarios y el uso de tácticas favorecidas por estos algoritmos pueden llevar a que científicos, divulgadores e instituciones contribuyan, incluso de forma involuntaria, al ruido informativo y a la propagación de contenidos engañosos. Por ello, las plataformas digitales deben asumir una mayor responsabilidad en la detección y moderación de contenidos falsos, así como en la promoción de fuentes verificadas y de información basada en evidencias, especialmente cuando se trata de temas relacionados con la salud y la ciencia. Además, una mayor transparencia en el funcionamiento de los algoritmos permitiría comprender mejor cómo se seleccionan y difunden los contenidos, lo que facilitaría el desarrollo de estrategias más eficaces contra la desinformación.

Evitar la politización de hechos científicos

La ideología puede desempeñar un papel importante tanto en la identificación como en la difusión de la desinformación científica, lo que subraya la necesidad de evitar la politización de los hallazgos científicos. Para ello, es fundamental diferenciar los hechos y las evidencias científicas de las medidas o decisiones políticas que se adoptan a partir de ellos. Estas últimas no dependen exclusivamente del conocimiento científico, sino que también están condicionadas por factores sociales, económicos, culturales y éticos, así como por las prioridades y los valores de cada sociedad.

Cuando la ciencia se instrumentaliza para defender intereses políticos o partidistas, se corre el riesgo de presentar determinados datos de manera sesgada o de cuestionar evidencias sólidas por motivos ajenos a su validez científica. Esto puede debilitar la confianza pública en la ciencia y favorecer la difusión de desinformación interesada. Por ello, los políticos y líderes institucionales deben respetar la independencia de la evidencia científica y comunicar sus conclusiones de forma rigurosa y transparente al formular políticas públicas. Al mismo tiempo, es importante reconocer que la evidencia científica debe orientar las decisiones, pero no determina por sí sola qué medidas políticas deben adoptarse.

Prevención de la desinformación por parte de expertos

Debe evitarse la desinformación difundida por científicos y profesionales sanitarios a través de diversos medios de comunicación, especialmente en redes sociales. Esta situación puede producirse cuando profesionales de la ciencia y la salud emiten opiniones sobre cuestiones que quedan fuera de su área de especialización y respecto de las cuales no disponen de los conocimientos o herramientas necesarios para valorar adecuadamente su veracidad. La recepción de estas afirmaciones puede verse condicionada por un sesgo de autoridad, ya que el público tiende a otorgar mayor credibilidad a una persona por su condición de experta, aunque su conocimiento no sea aplicable al tema concreto que aborda.

Por ello, los científicos y profesionales sanitarios deben ser especialmente cuidadosos al comunicarse fuera de su ámbito de especialización, distinguiendo con claridad entre el conocimiento basado en evidencia y las opiniones o valoraciones personales. Asimismo, deben declarar de manera transparente cualquier conflicto de interés relevante cuando intervengan en medios de comunicación o en espacios públicos. La autoridad científica constituye un recurso valioso para la sociedad y, precisamente por ello, debe ejercerse con responsabilidad, evitando contribuir a la difusión de afirmaciones no suficientemente respaldadas por la evidencia disponible

Estrategias narrativas y emocionales positivas

La lucha contra la desinformación no debe basarse únicamente en contraargumentos, sino también en la creación de contenidos novedosos, atractivos, entretenidos y beneficiosos para la audiencia. Las organizaciones del sector científico y tecnológico están llamadas a actuar para que la información veraz sea la que gane.

La competencia por captar la atención del público en el caos informativo digital implica abandonar las antiguas fórmulas descriptivas y explicativas de los mensajes y adoptar la narrativa. Contar historias que incorporen conocimiento científico en su desarrollo, mediante personajes en situaciones particulares que siguen secuencias de acciones y transmiten emociones, resulta más efectivo que la mera exposición de datos.

Educación desde edades tempranas

Los adolescentes están cada vez más expuestos a la desinformación científica y sanitaria a través de plataformas de redes sociales, donde el contenido amplificado algorítmicamente y cargado emocionalmente puede influir en el desarrollo psicosocial y en los comportamientos de salud. Las deficiencias en alfabetización digital, la influencia de pares, la amplificación algorítmica y el contenido cargado emocionalmente emergen como mecanismos recurrentes que incrementan la vulnerabilidad frente a la desinformación.

El fortalecimiento de la alfabetización digital en salud, el pensamiento crítico y las intervenciones educativas basadas en evidencia representan estrategias esenciales para reducir la vulnerabilidad ante la desinformación y promover entornos digitales más saludables para los jóvenes. Incorporar estos contenidos en el currículo escolar desde edades tempranas prepara a las futuras generaciones para navegar por el ecosistema informativo digital con criterio.

Colaboración institucional y redes de verificación

La colaboración entre instituciones científicas, universidades, medios de comunicación y organismos públicos es fundamental para crear un ecosistema informativo resiliente. Iniciativas como el proyecto Iberifier Plus de la FECYT trabajan para identificar y combatir la desinformación científica mediante investigación aplicada y el desarrollo de herramientas de detección .

Las redes de verificadores de hechos (fact-checkers) especializados en ciencia y salud desempeñan un papel crucial al desmentir bulos virales y proporcionar información contrastada. Su trabajo debe ser amplificado por medios e instituciones para maximizar su alcance e impacto.

Conclusión

Combatir la desinformación científica requiere esfuerzos coordinados en múltiples frentes: educación ciudadana, comunicación responsable, regulación de las plataformas, periodismo especializado y colaboración institucional. No existe una solución única, sino un conjunto de estrategias complementarias que deben implementarse de manera sostenida. La recompensa es una sociedad más informada, capaz de tomar decisiones fundamentadas en evidencia y resistente a manipulaciones interesadas que ponen en riesgo la salud pública, la democracia y el progreso científico.

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume los conceptos básicos de la desinformación científica.

Scientific_Disinformation_and_Adolescence

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Cuando el pasado ya no basta: cómo el cambio climático está transformando la ingeniería

Las infraestructuras que utilizamos a diario —carreteras, puentes, presas, redes de transporte o sistemas de drenaje— fueron diseñadas, en muchos casos, con base en condiciones climáticas que hoy están cambiando.

La mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, como las inundaciones, las olas de calor o las tormentas, plantean nuevos desafíos para la ingeniería y obligan a replantear cómo se proyectan, se mantienen y se adaptan estas obras.

Aquí os dejo una entrevista que me hicieron al respecto. Abordamos, de forma clara y accesible, las principales cuestiones que plantea el cambio climático para el diseño y la gestión de las infraestructuras, desde la evolución de los criterios de cálculo hasta la resiliencia de las obras existentes, tomando como referencia casos recientes como la DANA de Valencia.

 

El diseño de infraestructuras se basa en datos climáticos históricos. ¿Cómo afecta el cambio climático a esta metodología?

Tradicionalmente, la ingeniería ha operado bajo el principio de «estacionariedad», una premisa científica que asume que las variables climáticas —como la intensidad de las lluvias o el nivel de los ríos— fluctúan dentro de márgenes constantes y predecibles a partir del pasado. Bajo este modelo, los registros históricos de las últimas décadas servían como guía fiable para calcular la resistencia necesaria de puentes, presas o sistemas de drenaje. Sin embargo, la evidencia científica actual, respaldada por organismos como el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), confirma que esta dinámica se ha alterado, por lo que los patrones del pasado ya no reflejan con exactitud lo que cabe esperar en el futuro. Esto no significa que los datos históricos hayan perdido su valor, sino que ya no son suficientes por sí solos; hoy en día, la ingeniería evoluciona para integrar esos registros con modelos avanzados de proyección climática. El objetivo de esta transición metodológica es pasar de un diseño basado en la estabilidad estadística a uno basado en la resiliencia y la gestión de la incertidumbre, asegurando que nuestras infraestructuras no solo soporten las cargas históricas conocidas, sino que también estén preparadas para la nueva frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos, garantizando así la seguridad pública y la durabilidad de las obras a largo plazo.

En general, ¿qué impacto tiene el cambio climático en las infraestructuras existentes? Pienso, por ejemplo, en la mayor frecuencia de tormentas y huracanes, lluvias intensas, vientos, olas de calor y cambios bruscos de temperatura. 

Las infraestructuras actuales se enfrentan a un desafío de vulnerabilidad sistémica, ya que fueron proyectadas con umbrales de diseño basados en estadísticas climáticas que hoy están siendo superadas por la realidad meteorológica. El impacto del cambio climático en estas estructuras no se manifiesta únicamente a través de eventos extremos súbitos, sino también mediante un estrés físico continuo sobre materiales como el acero, el hormigón o el asfalto, que sufren procesos de dilatación térmica intensa o de erosión acelerada, lo que somete a los elementos estructurales a un desgaste mayor del previsto y acorta su vida útil operativa. Cuando la capacidad de los sistemas de drenaje es sobrepasada por regímenes de lluvia de una intensidad para la que no fueron calculados, o cuando las olas de calor comprometen la integridad de las redes eléctricas y de transporte, el riesgo trasciende lo puramente material para convertirse en un riesgo funcional; en una sociedad de redes interconectadas, el fallo de un nodo de comunicación o energía puede desencadenar efectos en cascada que afecten a servicios esenciales como el suministro de agua o la logística urbana. Por esta razón, la ingeniería contemporánea está priorizando la transición hacia la resiliencia, un enfoque técnico que busca que las infraestructuras existentes no solo sean robustas frente a cargas físicas, sino que también posean la flexibilidad necesaria para adaptarse, absorber impactos imprevistos y recuperar su funcionalidad con la mayor celeridad posible, garantizando así la estabilidad de los servicios de los que depende la ciudadanía.

En los últimos meses se ha hablado mucho de la situación de las presas en España. La edad media de las presas de titularidad estatal es de 55 años. ¿Cómo les afecta el cambio climático? ¿Qué haría falta para garantizar su seguridad en el actual contexto del cambio climático? 

La antigüedad media de las presas de titularidad estatal en España, de unos 55 años, las sitúa en un periodo de madurez técnica que requiere una reevaluación constante frente a un entorno climático ya no estadísticamente estable. Estas estructuras fueron proyectadas bajo estándares hidrológicos de mediados del siglo XX que no contemplaban la variabilidad climática actual, la cual se manifiesta en avenidas más súbitas y severas que pueden someter a los órganos de desagüe, como los aliviaderos, a regímenes de carga superiores a los previstos en su diseño original. Garantizar la seguridad de este patrimonio hidráulico en el contexto actual no implica necesariamente una reconstrucción estructural generalizada, sino una evolución decidida hacia una gestión de la seguridad basada en el riesgo; esto supone combinar la auscultación técnica avanzada —que permite monitorizar en tiempo real la respuesta de la estructura y el envejecimiento de sus materiales— con la actualización de los modelos hidrológicos y la modernización de los planes de emergencia. En definitiva, la seguridad de las presas ante el cambio climático depende de una estrategia integral que combine el mantenimiento riguroso con la incorporación de nuevas tecnologías de predicción y de evacuación de caudales, asegurando que estas obras sigan cumpliendo su función vital de regulación y protección ciudadana con los máximos niveles de fiabilidad.

La DANA de Valencia es un ejemplo de un evento extremo. En este caso, también se ha hablado mucho de la falta de infraestructura hidráulica. ¿Qué papel desempeñaron, en este caso, los factores naturales y humanos (en particular, las infraestructuras)? ¿Y qué opina de lo que se ha hecho desde entonces? 

Los episodios de inundaciones extremas, como los vividos recientemente en Valencia, no deben analizarse únicamente como fenómenos meteorológicos, sino como desastres socio-naturales en los que la peligrosidad de una atmósfera más cálida y energética —capaz de retener y descargar mayores volúmenes de agua— se encuentra con una exposición y vulnerabilidad territoriales acumuladas durante décadas. En este escenario, las infraestructuras hidráulicas desempeñan un papel ambivalente: mientras que obras de gran escala, como el nuevo cauce del Turia, demostraron su eficacia crítica al proteger el núcleo urbano densamente poblado, la ausencia de intervenciones estructurales y de drenaje en otras cuencas menores, sumada a una ocupación del suelo que ha impermeabilizado zonas de inundación natural, exacerbó la magnitud de la tragedia. Lo ocurrido desde entonces refleja una necesaria transición desde una gestión basada exclusivamente en la respuesta ante emergencias hacia una gestión integral del riesgo de inundación, que debe combinar las soluciones de ingeniería civil tradicional con infraestructuras verdes y soluciones basadas en la naturaleza que devuelvan capacidad de laminación al territorio; el verdadero aprendizaje académico y técnico no reside solo en construir barreras más altas, sino en rediseñar nuestro urbanismo para que sea capaz de convivir con la incertidumbre de unos regímenes hidrológicos que ya están superando los umbrales de seguridad históricos.

¿Estamos ahora más preparados para afrontar una nueva Dana?

La preparación ante fenómenos meteorológicos extremos no es un estado estático, sino un proceso multidimensional que opera a distintas escalas temporales. Tras un evento de gran magnitud, se produce un avance incuestionable en lo que denominamos aprendizaje social, que se traduce en una mayor sensibilidad de la ciudadanía ante las alertas y en una optimización de los protocolos de respuesta inmediata por parte de los servicios de emergencia, factores determinantes para reducir el riesgo vital a corto plazo. Sin embargo, conviene distinguir entre esta capacidad de reacción rápida y la resiliencia estructural del territorio; mientras que la primera puede mejorar de forma casi inmediata tras una crisis, la segunda —que implica la readecuación de infraestructuras críticas, la reforma del urbanismo y la restauración hidrológica de las cuencas— requiere horizontes de ejecución de varios años o incluso décadas. Por lo tanto, aunque hoy contamos con una sociedad y unas instituciones más vigilantes y coordinadas, la adaptación integral de nuestro entorno para minimizar los daños materiales y económicos sigue siendo un desafío de largo recorrido que exige una inversión sostenida y una planificación técnica rigurosa que trascienda la memoria inmediata de la catástrofe.

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Resultados intermedios del proyecto de investigación RESILIFE

En este momento, estamos elaborando la justificación técnica y económica del proyecto de investigación RESILIFE. Los investigadores principales son Víctor Yepes y Julián Alcalá. El proyecto comenzó el 1 de septiembre de 2024 y se prevé que finalice a finales de 2027. Hemos hablado mucho de este proyecto en el blog.

Se trata del proyecto PID2023-150003OB-I00, cuya denominación es: «Optimización resiliente del ciclo de vida de estructuras híbridas y modulares de alta eficiencia social y medioambiental bajo condiciones extremas».

En la fase intermedia del proyecto, se han publicado 25 artículos en revistas indexadas en el JCR, de los cuales 17 están en el primer cuartil y 8 en el segundo. Pero quizás sea importante destacar que de ellos, 13 se han publicado en revistas del primer decil. Entre ellos tenemos un Featured Paper Award de Engineering Structures. En las referencias, al final de esta entrada, tenéis los artículos y sus enlaces para su descarga.

Este esfuerzo ha sido fruto del trabajo de un buen número de investigadores de distintas nacionalidades. Han participado 22 autores: Yepes, Kripka, Sánchez-Garrido, Yepes-Bellver, Navarro, Negrín, Alcalá, Luque Castillo, Guaygua, Tres Junior, De Medeiros, Villalba, Fernández-Mora, Brun-Izquierdo, Martínez-Muñoz, Martí, Ruiz-Vélez, García, Partskhaladze, Vitorio Junior, Onetta y Chagoyén. Hay presencia internacional en países como Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Georgia y Cuba.

La investigación reciente en ingeniería civil y construcción, sintetizada en el proyecto RESILIFE y en estudios asociados, marca un cambio de paradigma hacia un enfoque de diseño integral. Este enfoque trasciende la mera eficiencia económica para integrar la resiliencia ante eventos extremos (incendios, sismos y colapsos progresivos), la sostenibilidad multidimensional (ambiental, social y económica) y la eficiencia operativa mediante la digitalización.

Avances en optimización multiobjetivo, sostenibilidad y resiliencia en la ingeniería estructural

Los hallazgos clave incluyen:

  • Sistemas híbridos y modulares: las tipologías de acero y hormigón, así como los sistemas modulares prefabricados (PVMB), demuestran una superioridad técnica y medioambiental significativa. Por ejemplo, las vigas híbridas de sección transversal variable (THVS) pueden reducir los costes de fabricación hasta en un 70 % y las emisiones en un 32 %.
  • Resiliencia integrada: la incorporación de la seguridad contra incendios y de un diseño robusto frente al colapso progresivo en las fases conceptuales no solo mejora la seguridad, sino que también puede optimizar costes (reducción de hasta el 21 % en pasarelas con requisitos de confort dinámico).
  • Sostenibilidad social: el análisis del ciclo de vida social (S-LCA) emerge como un factor crítico, especialmente en viviendas sociales, donde los aspectos sociales representan casi el 40 % del peso en la toma de decisiones.
  • Digitalización y modelado: el uso de BIM (herramientas como Endurify 2.0) y modelos subrogados (redes neuronales y Kriging) permite gestionar con precisión la vida útil remanente y optimizar la huella de carbono con errores predictivos mínimos.

1. Optimización multiobjetivo y resiliencia ante eventos extremos

La integración de factores de riesgo extremo como criterio principal de diseño permite desarrollar infraestructuras más seguras sin comprometer la viabilidad económica.

1.1 Resiliencia al fuego en pasarelas híbridas

  • Enfoque integrado: se propone el rendimiento ante el fuego como motor de diseño, junto con el coste, el impacto ambiental y la comodidad del peatón.
  • Configuraciones óptimas: se recomienda utilizar acero de menor resistencia en el alma y de mayor en las alas (una relación de límite elástico de aproximadamente 1,6).
  • Compromisos de diseño: existe una dicotomía geométrica, ya que las vigas más compactas mejoran la seguridad frente a incendios, mientras que las geometrías esbeltas favorecen el rendimiento dinámico. Una inversión adicional del 23 % en el coste puede evitar el colapso durante 10 minutos de exposición al fuego.

1.2 Resistencia al colapso progresivo (PC) y sismos

  • Marco OBDRPC: este marco integra principios de diseño resistente al colapso progresivo y de optimización basada en simulaciones, en los que se considera la interacción suelo-estructura (SSI).
  • El impacto de la interacción suelo-estructura puede generar diferencias de hasta el 24,29 % en el uso de materiales de la superestructura si no se tiene en cuenta dicha interacción.
  • Sistemas modulares en zonas sísmicas: en regiones como Quito, los sistemas modulares de acero laminado en caliente ofrecen el mejor rendimiento global, ya que reducen los tiempos de construcción y el impacto social, aunque los costes iniciales son más altos.
  • Refuerzo sísmico: el uso de polímeros reforzados con fibra de carbono (CFRP) se identifica como la mejor alternativa para el refuerzo de las vigas de hormigón deficientes, debido a su menor impacto ambiental y social en comparación con el encamisado de acero o de hormigón.

2. Sostenibilidad y análisis del ciclo de vida (ACV)

La sostenibilidad se evalúa mediante un enfoque de «triple balance» que abarca las dimensiones económicas (LCC), ambientales (LCA) y sociales (S-LCA).

2.1. Descarbonización y eficiencia de materiales

  • Puentes y pasarelas: la optimización de los pasos superiores de las carreteras puede reducir la huella de carbono en un 12 %. En los puentes de losa pretensados, se recomienda una relación de esbeltez de 1/28 y hormigón C-40 para maximizar la eficiencia energética.
  • Economía circular: el uso de losas aligeradas con plástico reciclado reduce el consumo de hormigón y acero entre un 23 % y un 33 %, lo que se traduce en una disminución del 24 % del potencial de calentamiento global.
  • Relación coste-emisiones: Se ha identificado una relación lineal: cada dólar ahorrado en la optimización de pasarelas reduce las emisiones de CO2 en aproximadamente 0,7727 kg por metro.

2.2 Dimensión social de la construcción

  • Vivienda social: el sistema Light Steel Frame (LSF) destaca como la opción más favorable en contextos de desarrollo, ya que ofrece un buen equilibrio entre coste, durabilidad y menor mantenimiento.
  • Riesgos sociales: la implementación de sistemas de construcción circular y modelos de optimización reduce los riesgos sociales hasta en un 20 % en las categorías de trabajadores y de la comunidad local.

3. Tipologías estructurales innovadoras.

El desarrollo de nuevas geometrías y combinaciones de materiales es fundamental para la eficiencia industrial.

Tipología Beneficios clave identificados
Vigas THVS (híbridas transversales de sección variable) Reducción de costes de fabricación hasta el 70%; reducción de emisiones hasta el 32%; menor carga axial en columnas y cimientos debido a la reducción del peso propio.
Sistemas modulares (PVMB) Despliegue más rápido, mayor resiliencia social y reducción de los impactos ambientales en comparación con los métodos convencionales in situ.
Estructuras MMC en costa El uso de cemento sulforresistente, impregnación hidrofóbica y humo de sílice aumenta la calificación de sostenibilidad en un 86% frente a diseños base en ambientes marinos agresivos.
Almacenes de acero con cerramientos de acero Menor impacto ambiental que el de los cerramientos de ladrillo o de bloques de hormigón, especialmente en escenarios de reciclaje al final de la vida útil.

4. Digitalización y herramientas de decisión.

La complejidad de los criterios de competencia exige el uso de herramientas informáticas avanzadas.

4.1 BIM y gestión de la vida útil

  • Endurify 2.0: este complemento para entornos BIM automatiza la planificación de la rehabilitación estructural y estima la vida útil remanente (RUL). Su aplicación reduce los costes totales en un 15 % y el impacto por proximidad en un 10 % en comparación con la planificación basada en expertos.
  • Indicadores de daño: el sistema analiza cuatro indicadores críticos: carbonatación, fisuración transversal, fluencia y deflexión.

4.2. Modelos subrogados y algoritmos de optimización

  • Precisión predictiva: las redes neuronales artificiales (ANN) y el modelo Kriging han demostrado ser muy precisos para optimizar la huella de carbono y la energía embebida, aunque tienden a sobreestimar ligeramente los valores observados.
  • Algoritmos metaheurísticos: el uso de algoritmos como NSGA-III, CTAEA y SMS-EMOA permite equilibrar objetivos en conflicto (rendimiento estructural frente a la constructibilidad), siendo NSGA-III el que muestra la mayor convergencia hacia el frente de Pareto.
  • Múltiples criterios (MCDM): se emplean métodos híbridos (BWM, TOPSIS, VIKOR y DEMATEL) para reducir la subjetividad del juicio experto y modelar las interdependencias causales entre los criterios de sostenibilidad.

5. Conclusiones y directrices de diseño

La síntesis de las fuentes permite establecer directrices prácticas para la infraestructura moderna:

  1. Priorizar la hibridación: El uso de secciones híbridas (de acero con distintos límites elásticos) y de sistemas mixtos de acero y hormigón ofrece las mayores ventajas económicas y medioambientales.
  2. Mantenimiento preventivo: en entornos agresivos (como las costas), la inversión inicial en materiales especiales (como el humo de sílice o las impregnaciones) compensa con creces la reducción de las intervenciones de mantenimiento reactivo.
  3. Enfoque holístico en la vivienda: la evaluación de los proyectos de vivienda social debe integrar obligatoriamente las dimensiones técnica y social, no solo la económica, para garantizar la resiliencia de la comunidad.
  4. Optimización desde el proyecto: La resiliencia al fuego y al colapso debe integrarse en la fase de diseño conceptual para evitar sobrecostes innecesarios en etapas avanzadas del proyecto.

Referencias:

  1. TRES JUNIOR, F.L.; DE MEDEIROS, G.F.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2026). Integrated Optimization Framework for Fire-Resilient and Sustainable Hybrid Steel-Concrete Composite Footbridges. Engineering Structures, 360, 122779. DOI:10.1016/j.engstruct.2026.122779
  2. GUAYGUA, B.; SÁNCHEZ-GARRIDO, A.; YEPES-BELLVER, L.; YEPES, V. (2026). A multi-criteria life-cycle decision framework for sustainable modular hospitals in seismic regions. Results in Engineering, 30, 110371. DOI:10.1016/j.rineng.2026.110371
  3. FERNÁNDEZ-MORA, V.; NAVARRO, I.J.; YEPES, V. (2026). Extending Building Lifespan: Integrating BIM and MCDM for Strategic Rehabilitation. Journal of Information Technology in Construction, 31:398-419. DOI:10.36680/j.itcon.2026.018
  4. LUQUE CASTILLO, X.; YEPES-BELLVER, L.; YEPES, V. (2026). Towards Sustainable Social Housing: An Integrative Life Cycle and Multi-Criteria Approach. Sustainable Cities and Society, 137, 107164. DOI:10.1016/j.scs.2026.107164
  5. SÁNCHEZ-GARRIDO, A.J.; NAVARRO, I.J.; YEPES, V. (2026). Multivariate Environmental and Social Life Cycle Assessment of Circular Recycled-Plastic Voided Slabs for Data-Driven Sustainable Construction. Environmental Impact Assessment Review, 118, 108297. DOI:10.1016/j.eiar.2025.108297
  6. SÁNCHEZ-GARRIDO, A.J.; NAVARRO, I.J.; YEPES, V. (2026). Optimizing reactive maintenance intervals for the sustainable rehabilitation of chloride-exposed coastal buildings with MMC-based concrete structure. Environmental Impact Assessment Review, 116, 108110. DOI:10.1016/j.eiar.2025.108110
  7. TRES JUNIOR, F.L.; DE MEDEIROS, G.F.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2025). Designing for Safety and Sustainability: Optimization of Fire-Exposed Steel-Concrete Composite Footbridges. Structural Engineering and Mechanics, 96 (4):337-350. DOI:10.12989/sem.2025.96.4.337
  8. NEGRÍN, I.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2025). Life-cycle environmental impact optimization of an RC-THVS composite frame for sustainable construction. Engineering Structures, 345, 121461. DOI:10.1016/j.engstruct.2025.121461 Featured Paper Award
  9. NEGRÍN, I.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2025). Manufacturing cost optimization of welded steel plate I-girders integrating hybrid construction and tapered geometry. International Journal of Advanced Manufacturing Technology, 140, 1601-1624. DOI:10.1007/s00170-025-16365-2
  10. NEGRÍN, I.; CHAGOYÉN, E.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2025). An integrated framework for Optimization-based Robust Design to Progressive Collapse of RC skeleton buildings incorporating Soil-Structure Interaction effects. Innovative Infrastructure Solutions, 10:446. DOI:10.1007/s41062-025-02243-z
  11. YEPES-BELLVER, L.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2025). Predictive modeling for carbon footprint optimization of prestressed road flyovers. Applied Sciences, 15(17), 9591. DOI:10.3390/app15179591
  12. VILLALBA, P.; SÁNCHEZ-GARRIDO, A.; YEPES-BELLVER, L.; YEPES, V. (2025). A Hybrid Fuzzy DEMATEL–DANP–TOPSIS Framework for Life Cycle-Based Sustainable Retrofit Decision-Making in Seismic RC Structures. Mathematics, 13(16), 2649. DOI:10.3390/math13162649
  13. LUQUE CASTILLO, X.; YEPES, V. (2025). Multi-criteria decision methods in the evaluation of social housing projects. Journal of Civil Engineering and Management, 31(6), 608–630. DOI:10.3846/jcem.2025.24425
  14. LUQUE CASTILLO, X.; YEPES, V. (2025). Life Cycle Assessment of Social Housing Construction: A Multicriteria Approach. Building and Environment, 282:113294. DOI:10.1016/j.buildenv.2025.113294
  15. VITORIO JUNIOR, P.C.; YEPES, V.; ONETTA, F.; KRIPKA, M. (2025). Comparative Life Cycle Assessment of Warehouse Construction Systems under Distinct End-of-Life Scenarios. Buildings, 15(9), 1445. DOI:10.3390/buildings15091445
  16. NEGRÍN, I.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2025). Design optimization of a composite typology based on RC columns and THVS girders to reduce economic cost, emissions, and embodied energy of frame building construction. Energy and Buildings, 336:115607. DOI:10.1016/j.enbuild.2025.115607
  17. FERNÁNDEZ-MORA, V.; NAVARRO, I.J.; YEPES, V. (2025). Structural damage index evaluation in BIM environments. Structures, 74:108544. DOI:10.1016/j.istruc.2025.108544
  18. VILLALBA, P.; GUAYGUA, B.; YEPES, V. (2025). Optimal seismic retrofit alternative for shear deficient RC beams: a multiple criteria decision-making approach. Applied Sciences, 15(5):2424. DOI:10.3390/app15052424
  19. YEPES-BELLVER, L.; BRUN-IZQUIERDO, A.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2025). Surrogate-assisted cost optimization for post-tensioned concrete slab bridges. Infrastructures, 10(2): 43. DOI:10.3390/infrastructures10020043.
  20. MARTÍNEZ-MUÑOZ, D.; MARTÍ, J.V.; YEPES, V. (2025). Game Theory-Based Multi-Objective Optimization for Enhancing Environmental and Social Life Cycle Assessment in Steel-Concrete Composite Bridges. Mathematics, 13(2):273. DOI:10.3390/math13020273
  21. NEGRÍN, I.; KRIPKA, M.; YEPES, V. (2025). Metamodel-assisted design optimization of robust-to-progressive-collapse RC frame buildings considering the impact of floor slabs, infill walls, and SSI implementation. Engineering Structures, 325:119487. DOI:10.1016/j.engstruct.2024.119487
  22. GUAYGUA, B.; SÁNCHEZ-GARRIDO, A.; YEPES, V. (2024). Life cycle assessment of seismic resistant prefabricated modular buildings. Heliyon, 10(20), e39458. DOI:10.1016/j.heliyon.2024.e39458
  23. YEPES-BELLVER, L.; BRUN-IZQUIERDO, A.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2024). Artificial neural network and Kriging surrogate model for embodied energy optimization of prestressed slab bridges. Sustainability, 16(19), 8450. DOI:10.3390/su16198450
  24. RUIZ-VÉLEZ, A.; GARCÍA, J.; PARTSKHALADZE, G.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2024). Enhanced Structural Design of Prestressed Arched Trusses through Multi-Objective Optimization and MCDM. Mathematics, 12(16), 2567. DOI:10.3390/math12162567
  25. SÁNCHEZ-GARRIDO, A.J.; NAVARRO, I.J.; YEPES, V. (2024). Sustainable preventive maintenance of MMC-based concrete building structures in a harsh environment. Journal of Building Engineering, 95:110155. DOI:10.1016/j.jobe.2024.110155

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Verdades incómodas sobre nuestra seguridad y el futuro de las infraestructuras

A pesar de contar con un despliegue tecnológico sin precedentes, modelos de cálculo avanzados e inteligencia artificial, nuestra vulnerabilidad ante los eventos extremos no parece disminuir.

Solemos refugiarnos en la narrativa de la «furia de la naturaleza» cuando un puente colapsa o una ciudad queda sumergida, pero como ingenieros y ciudadanos, debemos aceptar una realidad incómoda: el problema no reside en la geología ni en el clima, sino en nuestras decisiones.

La seguridad no se garantiza solo con más hormigón, sino cuestionando los cimientos éticos y técnicos de nuestra planificación.

Este asunto lo hemos tratado anteriormente en este blog, y os animo a leer más en este enlace: https://victoryepes.blogs.upv.es/?s=resiliencia

El mito del «desastre natural»: la responsabilidad es humana.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres es tajante: los desastres no son naturales. Un terremoto o una inundación son fenómenos físicos, pero el desastre es el resultado de una construcción social vulnerable o de una planificación negligente. El uso del término «natural» actúa como una neolengua que nos exime de responsabilidad, pues desplaza la culpa al destino o a la divinidad.

Esta reflexión ya la planteó Jean-Jacques Rousseau a Voltaire tras el terremoto de Lisboa de 1755:

«Convenga usted que la naturaleza no construyó las veinte mil casas de seis y siete pisos, y que, de haber vivido los habitantes de esta gran ciudad menos hacinados, con mayor igualdad y modestia, los estragos del terremoto hubieran sido menores o quizá inexistentes».

La asimetría cognitiva: el abismo entre el dato y la gestión.

Existe una fractura profunda entre los estratos que gestionan el riesgo, a lo que denomino «asimetría cognitiva». El entendimiento se bloquea debido a una jerarquía de intereses y tiempos contrapuestos.

  • Ciencia y filosofía (cúspide): trabajan a largo plazo, son independientes y su motor es la duda crítica.
  • Técnica (ingeniería): se mueve en el cumplimiento de normativas y en la aplicación de soluciones concretas.
  • Política y la gestión (la base): están dominadas por el corto plazo (ciclos de cuatro años), la dependencia jerárquica y la opinión pública.

El gran obstáculo es la disonancia cognitiva: cuando la evidencia científica choca con los prejuicios o intereses de un gestor, este simplemente la ignora. Para que la seguridad sea real, la gestión debe basarse en la evidencia y no en enfoques reactivos que solo buscan culpables para calmar a la opinión pública.

El fin de la «estacionariedad» y la trampa del cisne negro.

Históricamente, la ingeniería se ha basado en el dogma de la «estacionariedad», es decir, la creencia de que el futuro se comportará estadísticamente como el pasado. Hemos diseñado con métodos semiprobabilísticos y coeficientes de seguridad, basados en series históricas que ya no reflejan la realidad climática actual.

Debemos prepararnos para los cisnes negros de Nassim Taleb: eventos poco frecuentes, de gran impacto y que solo podemos explicar a posteriori. Confiar ciegamente en los modelos predictivos nos genera una falsa sensación de seguridad. En un mundo de variabilidad climática, la incertidumbre no es un error del modelo, sino una variable de diseño. No podemos seguir ignorando los eventos de «baja probabilidad, pero alto impacto» solo porque no encajan en nuestras hojas de cálculo de Excel.

El «queso suizo» y la filosofía de los cero defectos.

Las catástrofes ocurren cuando los fallos latentes de diversas capas de seguridad se alinean, como los agujeros de un queso suizo. Un ejemplo clásico es el error médico: operaron la rodilla equivocada a un paciente llamado «García» porque había dos pacientes con ese nombre y nadie verificó cuál era cuál. Para evitar que esto ocurra en las infraestructuras críticas, debemos cambiar de paradigma.

  • Debemos pasar de la AQL al 6 Sigma: mientras que la industria occidental a menudo acepta un nivel de calidad «aceptable» (AQL), la filosofía japonesa busca el 6 Sigma (cero defectos). En las infraestructuras críticas, asumir riesgos por motivos económicos es un dogma que debe romperse.
  • Poka-yoke (a prueba de errores): la seguridad no puede depender del criterio ni del estado de ánimo de una persona en medio de una crisis. Necesitamos sistemas automáticos y redundantes que detengan la cadena de errores antes de que el «agujero» se alinee. Si una decisión de emergencia puede automatizarse, debe automatizarse.

Resiliencia: la integral de la funcionalidad.

La resiliencia no es una palabra de moda, sino una propiedad técnica que se mide como la integral de la funcionalidad del sistema a lo largo del tiempo, desde el impacto hasta la recuperación total. Se compone de dos factores:

  • Robustez: funcionalidad residual inmediatamente después del impacto. Una estructura robusta es aquella que, tras un evento extremo, mantiene un mínimo de servicio.
  • Rapidez: el tiempo necesario para volver al estado inicial o a un estado mejor.

Un error estratégico fatal es reconstruir tras un desastre exactamente igual que antes. Esto garantiza que el próximo evento de igual magnitud provocará el mismo daño. Debemos abandonar la idea de que la infraestructura es segura a largo plazo sin adaptarla. La verdadera resiliencia implica que el sistema final sea mejor que el original tras aprender del fallo.

Ingeniería humanitaria: las personas en el centro de la ecuación.

La ingeniería debe humanizarse y recuperar el sentido común por encima del cumplimiento rígido de la normativa. Tras los sucesos recientes en Valencia, hemos visto cómo puentes se han venido abajo debido a la fuerza de las cañas y a los vehículos acumulados. La ingeniería de reconstrucción debe aplicar medidas urgentes:

  • Rediseño técnico: reducir el número de apoyos en los cauces, asegurar que los apoyos estén pilotados y situar los estribos fuera de las zonas inundables.
  • Física inversa: considerar fallos no previstos, como los forjados de edificios que funcionan al revés debido al empuje hidráulico ascendente del agua.
  • Ingeniería humanitaria y presupuesto: España debería liderar la especialización en rescate y reconstrucción. ¿Por qué no destinar parte del 2 % del presupuesto de defensa a helicópteros de rescate, bombas de gran capacidad para extraer agua, desaladoras portátiles y hospitales de campaña? Eso también es seguridad nacional.
  • La creación de un consorcio administrativo es una herramienta legal esencial. Permite que múltiples administraciones deleguen competencias en un ente único, blindando las decisiones técnicas y los presupuestos frente a la miopía de los ciclos electorales de cuatro años.

Conclusión: un cambio de paradigma urgente.

La gestión de riesgos no termina con la inauguración de una obra. Se trata de una responsabilidad colectiva que requiere una visión integral que combine gemelos digitales y la colaboración interdisciplinaria. Sin embargo, como señalaba Miguel de Unamuno, la ciencia por sí sola no basta para convencer a quien está cegado por el dogma o por el interés.

La seguridad absoluta es un mito, pero la vulnerabilidad extrema casi siempre es una elección. El futuro de nuestras ciudades depende de que dejemos de buscar culpables en el cielo y empecemos a buscar soluciones en nuestra capacidad de prever, adaptarnos y, sobre todo, pensar de forma crítica. ¿Estamos dispuestos a reconstruir no solo nuestros puentes, sino también nuestra forma de entender el mundo?

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este asunto.

Este vídeo resume bien las ideas del tema.

Aquí tenéis una conferencia que impartí sobre este tema, que espero os resulte de interés.

Referencias:

ANWAR, G.A.; DONG, Y.; ZHAI, C. (2020). Performance-based probabilistic framework for seismic risk, resilience, and sustainability assessment of reinforced concrete structures. Advances in Structural Engineering, 23(7):1454-1457.

BRUNEAU, M.; CHANG, S.E.; EGUCHI, R.T. et al. (2003). A framework to quantitatively assess and enhance the seismic resilience of communities. Earthquake Spectra 19(4): 733–752.

GAY, L. F.; SINHA, S. K. (2013). Resilience of civil infrastructure systems: literature review for improved asset management. International Journal of Critical Infrastructures, 9(4), 330-350.

SALAS, J.; YEPES, V. (2020). Enhancing sustainability and resilience through multi-level infrastructure planning. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(3): 962.

YEPES, V. (2025). La ingeniería ante la DANA: la reconstrucción no basta si se repiten los errores del pasado. The Conversation. https://theconversation.com/la-ingenieria-ante-la-dana-la-reconstruccion-no-basta-si-se-repiten-los-errores-del-pasado-250852

ZHOU, Z. W.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2023). Carbon impact assessment of bridge construction based on resilience theory. Journal of Civil Engineering and Management, 29(6), 561-576.

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La Norma ISO 45001: Sistema de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo

Introducción: El gancho estratégico.

En el actual ecosistema corporativo, la gestión de la seguridad y salud en el trabajo (SST) suele quedar relegada al cumplimiento legal o percibirse como un centro de costes inevitable. Sin embargo, esta visión reduccionista ignora el potencial de la norma ISO 45001 como catalizador de la resiliencia operativa y de la ventaja competitiva.

Lejos de ser un manual estático de reglas técnicas, la norma ISO 45001 es un marco de gobernanza diseñado para transformar la incertidumbre en una variable gestionable. Al adoptar este enfoque sistemático, las organizaciones no solo mitigan riesgos, sino que también optimizan su rendimiento global. Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿gestiona su organización la seguridad como una carga burocrática o como un motor de excelencia estratégica?

La seguridad no es un gasto; es el motor de la retención del talento.

Desde la consultoría estratégica, sabemos que el capital humano es el activo más difícil de replicar. La norma ISO 45001 tiene un impacto directo en la rentabilidad al reducir el absentismo y la rotación, factores que históricamente aumentan el «coste de calidad» (COQ) y erosionan la eficiencia. Un entorno seguro no solo garantiza la integridad física, sino que también fortalece la marca empleadora y la lealtad corporativa.

«Contar con una plantilla estable y comprometida que conozca los procesos y procedimientos internos supone una gran ventaja y facilita el correcto funcionamiento de cualquier negocio o empresa».

Una plantilla que se siente protegida desarrolla un profundo conocimiento técnico que se mantiene en la organización, lo que permite que el sistema de gestión funcione con la fluidez necesaria para competir en los mercados globales.

El mito del procedimiento: ¿qué estamos haciendo mal?

Un error frecuente que detectamos en las auditorías es la confusión entre procedimientos e instrucciones de trabajo. Para un líder empresarial, esta distinción es fundamental para reducir la fricción operativa. Los procedimientos describen la arquitectura de la gestión (el qué, el porqué, el cuándo, el quién y, fundamentalmente, el dónde), mientras que las instrucciones se reservan para el «cómo» técnico. Según la ISO 45001, los procedimientos no son obligatorios, aunque sí se recomiendan encarecidamente para dar estructura al sistema.

Para ilustrarlo, consideremos el ejemplo de la calibración de equipos de trabajo:

  • El procedimiento: establece que se deben identificar los equipos, enviarlos al departamento de comprobación, anotar los resultados, registrar la calibración y reintegrarlos a su uso. Establece el flujo, los plazos y quién es el responsable (fabricación vs. comprobación).
  • La instrucción: es el documento técnico independiente que explica paso a paso cómo manipular el sensor o ajustar el dial del equipo específico.

Un procedimiento sólido debe desglosar:

  • Objeto y alcance: el fin y los límites de aplicación.
  • Definiciones: claridad terminológica para evitar ambigüedades.
  • Responsabilidades: asignación de funciones y responsabilidades.
  • Desarrollo: descripción secuencial de las acciones.
  • Referencias y anexos: formatos que, una vez cumplimentados, se convierten en registros y en evidencia objetiva.

Integración total: la norma que «habla» con el resto de tu empresa.

La ISO 45001 utiliza una Estructura de Alto Nivel (HLS), lo que permite una compatibilidad absoluta con las normas ISO 9001 (calidad) e ISO 14001 (medio ambiente). Esta convergencia es una herramienta poderosa para eliminar los «silos» organizativos y reducir la burocracia duplicada mediante sistemas integrales de gestión.

Desde una perspectiva estratégica, esta norma no solo mejora la eficiencia interna, sino que también puede ser certificada por una tercera parte. La obtención de un certificado con reconocimiento internacional proyecta una imagen de solidez y compromiso ante inversores y clientes internacionales, convirtiendo la prevención en un activo reputacional que facilita la apertura de nuevos mercados.

Peligro frente a riesgo: una distinción que salva vidas (y presupuestos).

La precisión técnica en la gestión del riesgo es lo que separa a una empresa reactiva de una excelente. Entender la incertidumbre es clave para la planificación.

  • Peligro: es la fuente, situación o circunstancia con un potencial intrínseco para causar lesiones o deterioro de la salud (por ejemplo, una máquina sin protección).
  • Riesgo: en términos generales, es el efecto de la incertidumbre. A menudo se expresa como la combinación de las consecuencias de un evento y su probabilidad.
  • Riesgo para la SST: definición técnica operativa; combinación de la probabilidad de que ocurran eventos peligrosos y la gravedad de las lesiones o daños que puedan causar.

Al segmentar estos conceptos, la dirección puede priorizar inversiones basadas en datos medibles y transformar la prevención en un ejercicio de optimización financiera.

Liderazgo real: la seguridad ya no es solo asunto del técnico de prevención.

El cambio de paradigma más profundo de esta norma radica en el énfasis en el liderazgo y la participación. La alta dirección debe abandonar la delegación pasiva y asumir la responsabilidad total y rendir cuentas.

El compromiso de la gerencia debe manifestarse en:

  • Integración estratégica: asegurar que la política de SST forme parte del ADN del negocio.
  • Infraestructura de participación: no basta con «dejar hablar» al trabajador; la dirección debe establecer y mantener procesos reales de consulta y participación.
  • Cultura de confianza: hay que proteger activamente a los trabajadores de posibles represalias por informar sobre peligros o incidentes y eliminar el miedo como barrera para la mejora continua.

Este liderazgo constituye el núcleo del ciclo PHVA (Planificar-Hacer-Verificar-Actuar), que garantiza que el sistema no se quede en un documento en una estantería, sino que sea un organismo vivo.

Conclusión: hacia una cultura de prevención proactiva.

La norma ISO 45001 supone un cambio definitivo de una cultura basada en los accidentes y las sanciones a otra de anticipación y valor. Al integrar la seguridad en el núcleo de su estrategia, las empresas no solo protegen vidas, sino que también garantizan la continuidad y la sostenibilidad de sus operaciones a largo plazo.

Como líder, la decisión está en sus manos: ¿desea que la seguridad sea un mero trámite administrativo o está dispuesto a crear una infraestructura de bienestar que eleve el rendimiento global y el legado de su organización?

La excelencia operativa no es un hecho aislado, sino el resultado de una gestión sistémica que entiende que cuidar de las personas es el negocio más rentable.

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

El vídeo resume bien los conceptos más importantes de la ISO 45001.

ISO_45001_Logistics_Implementation

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Más allá del casco: verdades esenciales (y sorprendentes) sobre la gestión de riesgos laborales

En el imaginario colectivo, la seguridad laboral se reduce a una lista de normas restrictivas o al uso obligatorio del casco. Para muchos líderes empresariales, la seguridad y la salud en el trabajo se perciben como un trámite burocrático que ralentiza la producción. Sin embargo, ¿qué pasaría si viéramos la seguridad y salud en el trabajo (SST) no como un obstáculo, sino como el motor de una empresa eficiente?

La gestión de la SST no es un accesorio ni un «extra» para cumplir la ley, sino una parte intrínseca de la gestión empresarial moderna. Una organización que no controla sus riesgos es, por definición, ineficiente. A continuación, desglosamos cinco realidades fundamentales, basadas en los estándares internacionales, que transformarán su visión sobre la prevención.

La seguridad no es un accesorio, sino un sistema

A menudo, tendemos a ver la seguridad como una serie de elementos aislados. La realidad es que la SST funciona como un sistema de gestión. Imagine un coche: para que se mueva de forma eficiente, es necesario que el sistema de frenos, la dirección y el motor interactúen entre sí de manera perfecta. Si uno falla, se compromete el objetivo de llegar al destino.

Un sistema requiere entradas (recursos, información y energía), procesos interconectados y salidas para alcanzar su objetivo. En la SST, los objetivos son la integridad del trabajador y la continuidad operativa.

«Un sistema puede definirse como un conjunto de elementos (medios o recursos) que interactúan entre sí para alcanzar un objetivo».

Ver la seguridad como un sistema cambia la narrativa: deja de ser un «gasto» para convertirse en un engranaje operativo que garantiza que los recursos se transformen en resultados sin las interrupciones costosas que provocan los accidentes.

La paradoja de la jerarquía: cuanto mayor es el rango, mayor es la vigilancia

La gestión moderna exige integrar la prevención en todos los niveles, desde el director ejecutivo hasta el personal operativo. Lo sorprendente es que, a medida que se asciende en el organigrama, la función de seguridad no desaparece, sino que se transforma en la obligación de «velar» por los demás.

Es fundamental distinguir las funciones de control para evitar vacíos de responsabilidad.

  • El mando o supervisor de una actividad peligrosa debe asegurarse de que el trabajador sabe realizarla de manera segura y de que se realice correctamente.
  • El inmediato superior debe establecer el procedimiento de ejecución y controlar que la supervisión se realice adecuadamente.
  • La alta dirección (CEO/directores) debe asegurar que la prevención esté integrada en el sistema global y dotar a la organización de los recursos necesarios.

El estándar de oro: el ciclo ILO-OSH 2001

Para que la seguridad no se quede estancada, la guía ILO-OSH 2001 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) propone un modelo de mejora continua estructurado en cinco elementos clave que toda empresa debe implementar.

  • Política: Establecer por escrito el compromiso de la empresa.
  • Organización: Definir responsabilidades, competencias y comunicación.
  • Planificación y aplicación: Evaluar los peligros y diseñar la estrategia de control.
  • Evaluación: Controlar los resultados mediante auditorías e investigaciones.
  • Acción en pro de las mejoras: Adoptar medidas preventivas y correctivas permanentes.

Un factor crítico de éxito es que la política de SST no sea un documento genérico, sino que esté adaptada a la organización, consensuada con los trabajadores y sus representantes, y difundida de manera que sea accesible para todos los miembros.

Formación: gratuita, en horario laboral y evaluable

La formación es un pilar fundamental de la organización, pero para que sea efectiva y cumpla con los estándares internacionales, debe extenderse a todos los miembros de la organización y cumplir condiciones estrictas:

  • Gratuidad y horario: Debe ofrecerse sin coste para el participante y, preferiblemente, durante la jornada laboral.
  • Competencia: Debe ser impartida por personas capacitadas y revisada periódicamente.
  • Evaluación de retención: Este es el punto más disruptivo. No basta con asistir a una charla; el sistema exige una evaluación en la que los participantes demuestren su grado de comprensión y retención. Si no hay evidencia de aprendizaje, la formación no ha cumplido su objetivo preventivo.

La jerarquía del control: el EPI es el último recurso

Este es el concepto que más cuesta entender para la dirección. Solemos pensar que proporcionar un equipo de protección individual (EPI), como guantes, es la primera medida. En una gestión profesional, el EPI es la última línea de defensa.

Las medidas deben aplicarse estrictamente en este orden de prioridad:

  • Supresión del peligro/riesgo: eliminar la fuente del riesgo por completo.
  • Control del peligro en su origen: adoptar medidas técnicas o organizativas para que el riesgo no se propague.
  • Reducción al mínimo (minimización): diseñar sistemas de trabajo seguros que incluyan disposiciones administrativas de control.
  • Equipo de protección individual (EPI): solo se suministra cuando los peligros no pueden controlarse mediante medidas colectivas y el empleador se asegura de que se mantenga y se utilice correctamente sin coste para el trabajador.

Por ejemplo, ponerle un casco a un trabajador antes de intentar eliminar el riesgo de caída de objetos es un error de diseño. La protección personal solo entra en juego cuando las medidas de ingeniería y organización han llegado a su límite.

Conclusión: Hacia una cultura de la prevención

La seguridad y la salud en el trabajo son responsabilidad del empleador, pero su éxito real depende de la participación activa de todos. Entender que la prevención es un sistema interconectado, con jerarquías de control claras y formación evaluable, es lo que separa a las empresas que simplemente cumplen la normativa de aquellas que operan con excelencia.

Al final del día, la pregunta para cualquier líder es: En su organización, ¿la seguridad es la primera prioridad en el diseño de los procesos o simplemente la última capa de ropa que se pone el trabajador?

En esta conversación puedes escuchar algunas de las ideas más interesantes del tema.

Este vídeo resume bien los conceptos más importantes de la gestión de riesgos.

Gestión_de_Riesgos_SST

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