Diseñar para desmontar: claves de una construcción reversible y sostenible

¿Y si los edificios se diseñaran no solo para construirse, sino también para desmontarse? Pensar en el final de la vida útil de un edificio desde la fase de diseño permite recuperar componentes, reducir los residuos y aprovechar mejor los materiales.

Para conseguirlo, es necesario facilitar el acceso a cada elemento, permitir su separación sin dañar las piezas adyacentes y elegir soluciones constructivas que favorezcan su reutilización. La accesibilidad, la independencia de los sistemas, las conexiones reversibles y la simplicidad del diseño son algunas de las claves para construir edificios más adaptables y sostenibles.

El desmontaje busca retirar componentes y materiales sin destruirlos innecesariamente. Para lograrlo, el edificio debe diseñarse de modo que sus elementos puedan localizarse, alcanzarse, separarse y manipularse mediante medios adecuados. La facilidad de acceso, la independencia, las conexiones reversibles, la reducción de tratamientos innecesarios, la simplicidad, la normalización y la seguridad constituyen los principios principales.

Facilidad de acceso a componentes y servicios

La facilidad de acceso significa que un componente, material o conexión puede alcanzarse para realizar operaciones de inspección, mantenimiento, reparación, sustitución o desmontaje, con daños mínimos en los elementos adyacentes.

Este principio resulta especialmente relevante para los componentes cuya vida útil prevista es inferior a la del edificio. Las instalaciones eléctricas, los equipos de climatización y determinados elementos de fontanería pueden requerir intervenciones repetidas. Si se colocan detrás de cerramientos permanentes o quedan ocultos bajo acabados difíciles de retirar, cada operación puede generar residuos y aumentar el tiempo de trabajo.

En un edificio, los falsos techos registrables, los patinillos accesibles y los suelos técnicos pueden facilitar el mantenimiento de las instalaciones. La accesibilidad debe diseñarse desde el proyecto, porque no basta con que un componente sea visible: también debe haber espacio para utilizar herramientas, desconectar las conexiones, retirar la pieza y transportarla.

Los componentes pesados o voluminosos pueden requerir puntos de elevación, soportes temporales o medios de manipulación específicos. Sus dimensiones deben ser compatibles con las rutas de retirada y las posibilidades de transporte. Una solución accesible en el lugar de instalación puede resultar difícil de desmontar si no hay suficiente espacio para extraerla del edificio.

La accesibilidad puede evaluarse mediante una escala de clasificación. Un ejemplo de escala de 0 a 5 distingue entre una accesibilidad inexistente sin daños importantes, accesos limitados que provocan daños en los materiales cercanos y una accesibilidad completa que permite trabajar sin causar daños y con intervenciones mínimas. Para comparar alternativas, cada nivel debe definirse con criterios claros y aplicarse de forma coherente.

Independencia y separación de los sistemas

La independencia permite retirar, actualizar o modificar un componente, módulo o sistema sin afectar innecesariamente a los demás. Está relacionada con la separación de las partes del edificio que tienen funciones y vidas útiles distintas.

En un edificio de oficinas, por ejemplo, las instalaciones deberían poder renovarse sin intervenir en los elementos estructurales. Las particiones interiores deberían poder modificarse sin requerir la sustitución de la fachada, y los acabados deberían retirarse sin dañar los componentes subyacentes cuando estos deban conservarse.

La separación entre la estructura, la envolvente, las instalaciones y la distribución interior favorece esta independencia. Si las distintas capas se conectan de modo que puedan desmontarse por separado, las operaciones de mantenimiento y renovación pueden limitarse a los elementos afectados.

La independencia también se relaciona con la modularidad, la jerarquía de los sistemas y la posibilidad de realizar operaciones en paralelo. Un sistema modular permite retirar o sustituir unidades concretas; una organización jerárquica facilita identificar qué elementos dependen de otros. La evaluación puede realizarse mediante escalas que consideren estas características y el grado de interferencia entre los componentes.

Conexiones reversibles

Las conexiones reversibles permiten separar componentes sin destruir ni las piezas que los unen ni los elementos conectados. Siempre que se cumplan las exigencias técnicas, pueden preferirse frente a soluciones permanentes que dificulten el desmontaje.

En las particiones interiores de un edificio, los tornillos y otros sistemas de fijación desmontables pueden facilitar la retirada y la posterior recolocación de los paneles. En otros componentes, como ciertos elementos de fachada, pueden emplearse conexiones mecánicas reversibles si cumplen con los requisitos de resistencia, estanqueidad, durabilidad y seguridad.

La selección de una conexión no puede basarse exclusivamente en la facilidad de retirada. Debe cumplir con las prestaciones exigidas durante el servicio y mantener un comportamiento adecuado ante las acciones previstas. Cuando una unión permanente sea necesaria para garantizar la seguridad o la funcionalidad, el diseño deberá prever cómo gestionar sus consecuencias al final de su vida útil.

También conviene limitar la variedad innecesaria de fijaciones y herramientas. Un edificio que utiliza numerosas conexiones diferentes puede requerir más tiempo para el desmontaje y aumentar el riesgo de errores. La normalización de las uniones facilita la identificación de los procedimientos y permite aprovechar la experiencia adquirida con sistemas similares.

Evitar tratamientos y acabados innecesarios

Los revestimientos, pinturas, sellantes y otros tratamientos pueden dificultar la separación de materiales o impedir que un componente se reutilice en condiciones adecuadas. El diseño debe evitar los tratamientos que no aporten una función necesaria y valorar sus efectos sobre la recuperación futura.

Por ejemplo, un acabado que une permanentemente dos materiales puede impedir su separación y obligar a desechar ambos cuando solo uno necesita ser sustituido. Una solución que permite retirar el acabado sin dañar el soporte puede conservar la utilidad de este último.

Esta consideración no justifica eliminar las protecciones necesarias. Los tratamientos contra el fuego, la corrosión, la humedad u otros agentes deben mantenerse cuando sean necesarios para la seguridad y la durabilidad. El criterio consiste en evitar capas y productos que dificulten la recuperación sin aportar una prestación justificada.

Simplicidad y normalización

La simplicidad favorece la comprensión de los ensamblajes, reduce la complejidad de las operaciones y puede facilitar la recuperación de los componentes. Los sistemas con un número razonable de piezas y materiales, pocas conexiones distintas y una personalización limitada suelen ser más fáciles de desmontar que aquellos cuya configuración depende de numerosas soluciones específicas.

La normalización permite emplear componentes, dimensiones y procedimientos comunes. En un edificio, el uso de dimensiones compatibles en particiones, pavimentos registrables y determinados sistemas de fachada puede facilitar las sustituciones y reducir los recortes de material. También puede simplificar el almacenamiento y el transporte de los componentes recuperados.

La modularidad complementa esta estrategia. Si los elementos se organizan en módulos que pueden añadirse, retirarse o reemplazarse de forma independiente, las modificaciones pueden realizarse sin necesidad de reconstruir el conjunto. La normalización, sin embargo, debe responder a las prestaciones necesarias y no imponer componentes inadecuados para el uso previsto.

Diseñar para el desmontaje implica cambiar la forma de concebir los edificios: cada componente debe entenderse no solo por la función que cumple durante su uso, sino también por las posibilidades de reparación, sustitución y recuperación que ofrece. Incorporar estos principios desde la fase de proyecto facilita el mantenimiento, reduce la generación de residuos y favorece la reutilización de materiales y elementos constructivos. Así, el desmontaje deja de ser una operación prevista únicamente al final de la vida útil del edificio y se convierte en una oportunidad para construir de forma más eficiente, adaptable y responsable con los recursos.

Referencia:

Asociación Española de Normalización (UNE). (2023). UNE-ISO 20887:2023. Sostenibilidad en edificios y obras de ingeniería civil. Diseño para el desmontaje y la adaptabilidad. Principios, requisitos y directrices. UNE.

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Rehabilitación de conducciones mediante Spray Lining

1. Introducción

El Spray Lining es una técnica de rehabilitación de conducciones existentes que permite recuperar las condiciones de servicio de una tubería mediante la formación de un nuevo revestimiento en su interior. Se integra en las tecnologías sin zanja y está especialmente orientado a redes de abastecimiento y a otras conducciones sometidas a presión. Su desarrollo comenzó a finales de la década de 1970 y principios de la década de 1980, y la evolución de los procedimientos ha permitido mejorar aspectos relacionados con la facilidad de aplicación, la durabilidad y la capacidad estructural del revestimiento. El material también se utiliza en conducciones destinadas al transporte de agua potable.

La finalidad de la intervención puede estar relacionada con distintos procesos de deterioro de la conducción original. Entre ellos se encuentran las grietas, las fugas, la corrosión y la presencia de poros. La rehabilitación mediante revestimiento permite intervenir en el interior de la conducción, manteniendo la tubería existente como parte del sistema rehabilitado. Por ello, antes de seleccionar y dimensionar la solución, es necesario conocer las condiciones reales de la tubería y determinar qué función estructural continuará desempeñando tras la intervención.

El procedimiento no consiste únicamente en proyectar un material sobre la pared interior. La intervención comprende una sucesión de operaciones que comienza con la apertura de accesos y el aislamiento de la conducción, continúa con su limpieza e inspección, prosigue con la aplicación controlada del revestimiento y termina con la inspección, desinfección, reconexión y puesta en servicio. Cada una de estas fases condiciona a la siguiente, por lo que la calidad final depende tanto del revestimiento como de la correcta preparación y del control de la conducción existente.

2. Clasificación de las soluciones y evaluación del estado de la conducción

La clasificación de una solución de rehabilitación debe relacionarse con la capacidad resistente que aporta el nuevo sistema y con la función que conserva la tubería original. La documentación distingue entre dos conceptos fundamentales: las soluciones independientes o estructurales y las soluciones interactivas o semiestructurales. En una solución independiente o estructural, la manga es capaz de resistir por sí sola, sin fallar, todas las cargas internas aplicables durante su vida de diseño. En una solución interactiva o semiestructural, el revestimiento no posee por sí mismo la capacidad de soportar todas las cargas previstas y requiere la colaboración de la tubería original.

Esta distinción guarda una relación directa con el estado de deterioro de la conducción. La evaluación previa debe considerar el material y la antigüedad de la tubería, su estado físico, las incrustaciones, los orificios, el espesor de la pared, las juntas y las grietas. También deben analizarse la ovalidad, las cargas externas y el nivel freático. A ello se añaden las condiciones del terreno, incluyendo el peso, el tipo y la granulometría del relleno, así como la presión interna de trabajo. La finalidad es determinar qué solicitaciones inciden en la conducción rehabilitada y qué capacidad resistente puede seguir aportando la tubería original.

Se puede diferenciar entre deterioro parcial y deterioro total. En el deterioro parcial, la tubería original conserva capacidad suficiente para soportar el terreno y las sobrecargas durante la vida útil prevista de la tubería rehabilitada. En el deterioro total, la conducción original ha perdido su resistencia estructural y no puede soportar las acciones externas del terreno y las sobrecargas, o se prevé que alcance esa condición durante la vida prevista de la rehabilitación. Esta clasificación permite determinar el papel que puede desempeñar la tubería existente en el sistema rehabilitado.

La documentación relaciona estas categorías con distintos criterios normativos. Para el diseño de sistemas a presión, se indica el uso de la norma ASTM F1216-16, que diferencia entre tubería parcialmente deteriorada y totalmente deteriorada. También se citan las normas alemanas DWA-A 143-2:2015 y francesa ASTEE 3R2014, que consideran tres estados de la tubería. Los estados I y II de estas últimas corresponden al concepto de «parcialmente deteriorada» según ASTM, mientras que el estado III equivale al concepto de «totalmente deteriorada».

Para una conducción a presión parcialmente deteriorada, el diseño debe evaluar las cargas hidrostáticas externas y las cargas asociadas a la presión interna que actúan en expansión a través de los orificios. Entre los factores que intervienen se encuentran el nivel freático, el módulo de elasticidad a largo plazo del revestimiento, la relación entre el tamaño del orificio y el diámetro de la conducción, así como las resistencias a la flexión y a la tracción a largo plazo. El comportamiento del sistema se analiza, por tanto, teniendo en cuenta la interacción entre el revestimiento y la tubería existente.

La situación cambia cuando la conducción se considera totalmente deteriorada. En este caso, el diseño debe contemplar todas las cargas externas, incluidas las producidas por el nivel freático, el peso del terreno y las sobrecargas del suelo, como las asociadas al tráfico o a estructuras situadas sobre la conducción. También deben considerarse todas las cargas derivadas de la presión interna. El revestimiento debe dimensionarse considerando este escenario de solicitación, dado que la tubería original ya no aporta la resistencia estructural necesaria.

El sistema Spray Lining se clasifica como un sistema semiestructural de clase III. Esto significa que su concepción corresponde a una solución en la que la tubería existente continúa formando parte del comportamiento resistente del conjunto. Se aplica en redes a presión, incluidas las de agua potable, los sistemas de bombeo y las redes industriales. Asimismo, el sistema puede aumentar la capacidad de la tubería y resolver diversos problemas habituales en las redes de agua potable.

3. Preparación, acceso, aislamiento y limpieza de la conducción

La ejecución del Spray Lining comienza con la creación de los accesos necesarios para intervenir en la tubería existente. El procedimiento contempla la excavación de accesos y el corte de la conducción original. La ubicación del acceso se selecciona en un punto que facilite la intervención, pudiendo situarse en elementos como válvulas, tes, hidrantes o codos. La cata puede tener dimensiones de referencia de 2,0 × 1,0 m, con una profundidad acorde con la posición de la tubería. También indica que los codos con un ángulo superior a 22,5° deben retirarse.

La apertura de estos accesos permite disponer de los puntos necesarios para introducir los equipos y realizar las operaciones posteriores durante la conducción. Su posición está directamente relacionada con la geometría de la tubería y la configuración de los elementos existentes. Por ello, la fase inicial no debe entenderse como una actuación independiente, sino como la preparación física que permite ejecutar las operaciones de aislamiento, limpieza, inspección y revestimiento.

Una vez disponibles los accesos, la conducción debe quedar aislada antes de iniciar las operaciones interiores. El aislamiento permite trabajar en la tubería en las condiciones requeridas por el procedimiento y preparar su superficie para la aplicación del revestimiento. La secuencia del sistema sitúa esta operación inmediatamente antes de la limpieza, seguida de una inspección de la conducción.

La limpieza tiene como finalidad eliminar las incrustaciones acumuladas en el interior de la tubería. La documentación contempla tres posibilidades principales: equipos de agua a alta presión, sistemas mecánicos y sistemas combinados. En los sistemas mecánicos se identifica el uso de equipos de tipo rack-feed. La elección del sistema de limpieza forma parte de la preparación necesaria para lograr las condiciones adecuadas de la superficie interior antes de aplicar el revestimiento.

La limpieza adquiere especial relevancia porque el revestimiento se aplica directamente sobre la superficie interior existente. Por ello, las incrustaciones y otros elementos presentes en la pared deben eliminarse antes de continuar con la intervención. Tras esta operación se realiza una inspección de la tubería, incluida en la secuencia del procedimiento, que permite comprobar las condiciones de partida antes de ejecutar el revestimiento.

4. Aplicación del revestimiento mediante Spray Lining

Con la tubería preparada se inicia propiamente la operación de revestimiento interior. El procedimiento comienza con el posicionamiento del equipo y la introducción de una manguera en el interior de la conducción hasta alcanzar la cata de salida. Una vez situada la manguera, se realiza el acoplamiento del mezclador y del cabezal rociador, que constituye el elemento encargado de proyectar el material sobre la superficie interior de la tubería.

El cabezal se desplaza posteriormente a lo largo del interior de la conducción hacia la cata de entrada. Este desplazamiento se realiza mediante una torre de revestimiento que permite controlar la velocidad de avance. Mientras el cabezal se desplaza, se proyecta poliurea sobre la superficie interior. El control de la velocidad forma parte del procedimiento, ya que el revestimiento debe alcanzar el espesor de diseño previsto para la solución.

Existen distintos valores de referencia de espesores de diseño para diferentes diámetros y clases. Para la clase I, el espesor indicado es de 1,2 mm para los diámetros comprendidos entre 100 y 610 mm incluidos en la tabla. Para la clase IV, el espesor aumenta con el diámetro: 3,5 mm para diámetros de 100, 150, 200 y 250 mm; 4,5 mm para 300 mm; 5,0 mm para 350 mm; 5,75 mm para 400 mm; 7,25 mm para 500 mm; 8,0 mm para 560 mm y 8,5 mm para 610 mm.

Estos valores muestran que el espesor del revestimiento forma parte de la concepción técnica del sistema y no constituye una magnitud independiente ni del diámetro ni de la clase considerada. El procedimiento de proyección debe permitir alcanzar el espesor previsto de forma controlada, por lo que el movimiento del cabezal se realiza a una velocidad regulada.

Una vez finalizada la proyección, se inicia el curado de la poliurea. A una temperatura de secado y curado de 20 °C, el tiempo mínimo indicado para alcanzar el gel es de un minuto, y el correspondiente a la formación de la película, de tres minutos. A los diez minutos, se contempla la posibilidad de realizar la inspección mediante CCTV, mientras que el curado total se sitúa en sesenta minutos y el tiempo de servicio, en noventa minutos.

Los tiempos de curado permiten organizar las operaciones posteriores. No debe confundirse el momento en que se dispone de una película formada con el curado total con el tiempo establecido para la puesta en servicio. Se deben diferenciar expresamente estos estados y fijar noventa minutos como tiempo de servicio bajo las condiciones de temperatura indicadas. El resumen del sistema confirma que los tramos revestidos pueden ponerse en servicio una vez transcurridos 90 minutos.

5. Control del revestimiento, desinfección y puesta en servicio

La inspección posterior constituye una fase de control de calidad del revestimiento ejecutado. Se recomienda realizar una inspección mediante CCTV una vez transcurridos 10 minutos desde el curado inicial de la resina. El objetivo es comprobar el estado y la calidad del revestimiento y detectar posibles problemas. Una ventaja de realizar esta comprobación en la fase temprana indicada por el procedimiento es que los defectos identificados pueden rectificarse en ese momento.

La inspección debe entenderse como la comprobación del resultado de las operaciones anteriores. Hasta este punto se han producido varias transformaciones sucesivas: se ha aislado la conducción, se han eliminado las incrustaciones, se ha inspeccionado la tubería original, se ha proyectado el revestimiento y se ha iniciado su curado. La inspección mediante CCTV permite comprobar visualmente el estado final del revestimiento antes de aceptar la intervención y avanzar hacia las operaciones de puesta en servicio.

Una vez que el revestimiento ha sido aceptado, comienza la fase final del procedimiento. La conducción se desinfecta y se lava antes de su reconexión. Después de completar estas operaciones, la tubería puede ser reconectada y puesta nuevamente en servicio. El procedimiento, por tanto, no termina con la proyección ni con el curado del revestimiento, sino con la recuperación de las condiciones necesarias para que la conducción vuelva a formar parte de la red.

La secuencia completa puede resumirse en una cadena de ocho operaciones: apertura de accesos, aislamiento de la tubería, limpieza, inspección de la tubería, revestimiento, inspección posterior, desinfección y puesta en servicio. Esta secuencia ordena el proceso desde la preparación física para la conducción hasta la recuperación funcional. Cada etapa tiene una finalidad concreta y prepara las condiciones para la siguiente.

6. Conclusiones

El Spray Lining es una técnica de rehabilitación sin zanja que permite intervenir en conducciones existentes mediante la formación de un revestimiento interior. Su aplicación exige conocer previamente el estado de la tubería, sus condiciones geométricas y las solicitaciones que soporta. La clasificación entre soluciones estructurales y semiestructurales permite determinar si el nuevo sistema debe asumir por sí mismo las cargas consideradas o si requiere la colaboración de la conducción existente como elemento resistente.

La clasificación del estado de la tubería como parcialmente o totalmente deteriorada condiciona el análisis de las acciones que deberá soportar el sistema rehabilitado. En el primer caso, se considera que la conducción original mantiene la capacidad de soportar el terreno y las sobrecargas; en el segundo, esa capacidad estructural se ha perdido o se prevé que se pierda durante la vida útil prevista. Para las conducciones a presión, el análisis incorpora tanto las acciones externas como las derivadas de la presión interna, con distintos factores de diseño según el estado de deterioro.

La ejecución de una solución semiestructural de clase III requiere una preparación cuidadosa de la conducción, que comienza con los accesos y el aislamiento y continúa con la limpieza para eliminar las incrustaciones. Posteriormente se introduce el equipo de proyección, se desplaza el cabezal a velocidad controlada y se aplica la poliurea sobre la superficie interior hasta alcanzar el espesor previsto.

El control posterior completa el proceso. La inspección mediante CCTV permite comprobar el revestimiento y detectar posibles problemas, que pueden rectificarse en la fase indicada por el procedimiento. Una vez aceptado el resultado, la conducción se desinfecta, se lava y se reconecta. Bajo las condiciones de curado indicadas en la documentación, el tiempo de servicio establecido es de 90 minutos. De este modo, la técnica combina la rehabilitación del interior de la conducción con una secuencia controlada de preparación, aplicación, curado, inspección y recuperación del servicio.

Os dejo algunos vídeos que explican esta técnica.

Referencia:

Álvarez de Miguel, A. (2026). Rehabilitación de conducciones mediante Spray Lining [Material docente del módulo M3-7, XI edición del Curso Especialista en Tecnologías sin Zanja].

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Edificios preparados para el futuro: diseñar hoy pensando en las necesidades de mañana

¿Cómo podemos diseñar edificios capaces de adaptarse a las necesidades del futuro sin tener que reconstruirlos cada vez que cambian? La adaptabilidad busca dar respuesta a este reto mediante soluciones que permiten modificar los usos, la distribución o la superficie de una construcción, prolongando la vida útil de sus elementos y reduciendo la necesidad de grandes intervenciones.

Para lograrlo, existen tres estrategias principales: la versatilidad, que facilita distintos usos con cambios mínimos; la convertibilidad, que permite transformar los espacios mediante intervenciones previstas desde el diseño; y la capacidad de ampliación, que prepara el edificio para crecer o ampliar sus prestaciones. Comprender cómo funcionan estas estrategias ayuda a diseñar construcciones más flexibles, duraderas y capaces de responder a necesidades que hoy aún no podemos anticipar.

La adaptabilidad es la capacidad de modificar un activo construido para adaptarlo a un propósito determinado. En los edificios, esto supone prever cómo pueden cambiar los usos, la distribución, la superficie o las prestaciones sin necesidad de sustituir innecesariamente elementos que sigan siendo útiles.

Las estrategias de adaptabilidad se organizan en tres principios: versatilidad, convertibilidad y capacidad de ampliación. Cada uno responde a un tipo de transformación y puede combinarse con los demás.

Versatilidad

La versatilidad permite utilizar un espacio o un sistema para diferentes funciones con cambios mínimos. Un ejemplo es una planta de oficinas con una distribución regular, espacios interiores reconfigurables e instalaciones que permiten reconfigurar la disposición de los puestos de trabajo. Esa misma planta podría destinarse posteriormente a aulas, salas de reunión o espacios de trabajo colectivo sin alterar sustancialmente la estructura.

La versatilidad reduce la dependencia de una única configuración. Cuantas más funciones pueda albergar un espacio sin reformas importantes, menor será la necesidad de intervenir en el edificio cuando cambien las necesidades de sus ocupantes. No obstante, la variedad de usos debe ser compatible con las condiciones técnicas aplicables, como las exigencias de evacuación, accesibilidad, iluminación, ventilación y seguridad.

El comportamiento puede evaluarse mediante el porcentaje de espacio utilizable que admite para diferentes usos. Para que el indicador sea útil, deben definirse los usos considerados y las condiciones que debe cumplir cada uno de ellos.

Convertibilidad

La convertibilidad permite transformar la configuración o el uso del edificio mediante intervenciones de mayor envergadura, pero previstas desde el diseño. Un edificio de oficinas puede incorporar particiones desmontables, suelos registrables y una distribución de instalaciones preparada para la reorganización de las plantas. Así, una zona diáfana podría convertirse en despachos o aulas sin necesidad de reconstruir todos sus cerramientos e instalaciones.

La diferencia con la versatilidad radica en la magnitud de la transformación. La versatilidad admite distintos usos con modificaciones menores; la convertibilidad permite cambios más profundos mediante operaciones que el diseño ha previsto y facilitado.

La convertibilidad puede medirse como el porcentaje de espacio utilizable que puede transformarse fácilmente en espacio de uso múltiple. La evaluación debe considerar no solo la viabilidad geométrica de modificar la distribución, sino también las conexiones, las instalaciones y las limitaciones que puedan dificultar la operación.

Capacidad de ampliación

La capacidad de ampliación consiste en preparar el edificio para aumentar o modificar su superficie, capacidad o prestaciones. Puede adoptar una configuración vertical, mediante la incorporación de nuevas plantas, u horizontal, mediante la ampliación de la construcción en una parte disponible de la parcela.

Por ejemplo, si se prevé que un edificio de oficinas requiera una planta adicional, la cimentación y la estructura deben evaluarse para determinar si podrán soportar las cargas futuras. La reserva estructural, sin embargo, no garantiza por sí sola que la ampliación sea posible: también deben considerarse la normativa urbanística, las condiciones de la parcela, las instalaciones y los requisitos de seguridad.

La capacidad de ampliación puede evaluarse mediante el número de plantas adicionales posibles y la superficie que podría incorporarse sin modificar sustancialmente la estructura ni su capacidad portante. Para una ampliación horizontal, también pueden analizarse la superficie disponible y la edificable de la parcela.

Selección de las estrategias de adaptabilidad

La elección entre versatilidad, convertibilidad y ampliación depende del uso previsto, la vida de cálculo del edificio, los cambios previsibles, el emplazamiento y los recursos disponibles. No todas las transformaciones futuras pueden anticiparse, y preparar el edificio para cualquier posibilidad supondría costes y un consumo de materiales que quizá nunca se justificarían.

Por ello, el diseño debe distinguir entre modificaciones previsibles y necesidades futuras que aún no pueden definirse con precisión. Las primeras permiten establecer soluciones específicas; las segundas aconsejan crear condiciones generales de flexibilidad, como distribuciones regulares, instalaciones accesibles o sistemas interiores desmontables.

Las adaptaciones pueden realizarse de forma secuencial, cuando las modificaciones se ejecutan en momentos distintos, o de forma paralela, cuando diferentes partes pueden transformarse de manera independiente. La organización del edificio debe permitir que las intervenciones previstas se desarrollen con la menor interferencia posible en las zonas que continúan en uso.

Diseñar edificios adaptables implica pensar más allá de las necesidades del presente y anticipar cómo podrían evolucionar sus usos y prestaciones con el paso del tiempo. La versatilidad, la convertibilidad y la capacidad de ampliación ofrecen distintas formas de afrontar ese reto, pero su elección debe responder a las características de cada proyecto y a los cambios que sea razonable prever. Incorporar estas estrategias desde las primeras fases del diseño puede facilitar futuras intervenciones, reducir demoliciones innecesarias y aprovechar mejor los recursos disponibles. Así, la adaptabilidad se convierte en una herramienta de ingeniería para prolongar la vida útil de las construcciones y mantener su funcionalidad ante necesidades cambiantes.

Referencia:

Asociación Española de Normalización (UNE). (2023). UNE-ISO 20887:2023. Sostenibilidad en edificios y obras de ingeniería civil. Diseño para el desmontaje y la adaptabilidad. Principios, requisitos y directrices. UNE.

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La vida útil del edificio: diseñar para el uso, el cambio y la recuperación de recursos

¿Y si un edificio pudiera adaptarse a nuevas necesidades sin tener que reformarlo por completo? ¿Y si sus materiales y componentes pudieran recuperarse y reutilizarse cuando dejaran de ser útiles?

Diseñar pensando en estas posibilidades ayuda a alargar la vida de los edificios, a reducir los residuos y a aprovechar mejor los recursos. La norma UNE-ISO 20887:2023, dedicada al diseño para el desmontaje y la adaptabilidad, establece principios y directrices para incorporarlas desde la fase de diseño. Una propuesta que invita a mirar los edificios no solo por cómo se construyen o se utilizan hoy, sino también por cómo podrán cambiar mañana y qué podremos recuperar cuando llegue el momento de transformarlos.

Una concepción del edificio basada en su ciclo de vida

Un edificio no es una construcción estática destinada a conservar indefinidamente su configuración inicial. Durante su vida útil, puede cambiar de uso, experimentar modificaciones en su distribución, incorporar nuevas instalaciones, ampliar su superficie o someterse a rehabilitaciones sucesivas. También puede llegar un momento en que deje de responder a las necesidades de sus ocupantes y sea necesario retirar sus componentes o demoler parte de la construcción. Las decisiones de diseño condicionan tanto las posibilidades de realizar todas estas operaciones como sus efectos ambientales.

El diseño para el desmontaje y la adaptabilidad, conocido por las siglas DfD/A (Design for Disassembly and Adaptability), incorpora, desde la fase de diseño, la posibilidad de transformar el edificio y de recuperar sus componentes y materiales. Se apoya en dos capacidades complementarias. La adaptabilidad permite modificar el edificio para responder a necesidades diferentes; el desmontaje facilita separar sus elementos sin causar daños innecesarios, de modo que puedan reutilizarse, repararse, reacondicionarse, remanufacturarse o reciclarse.

Ambas capacidades amplían la idea de la vida útil. Un edificio puede conservar su estabilidad estructural durante décadas y, sin embargo, quedar obsoleto si su distribución no admite nuevos usos o si sus instalaciones no pueden actualizarse razonablemente. Si la transformación exige destruir elementos que aún funcionan, se consumen materiales y energía que podrían haberse ahorrado. Diseñar para el cambio permite prolongar la utilidad del edificio sin exigir que todas sus partes permanezcan intactas durante el mismo periodo.

Las distintas vidas útiles dentro de un edificio

La estructura, la fachada, las particiones interiores, los revestimientos y las instalaciones no necesariamente tienen la misma vida útil. Una estructura puede permanecer en servicio durante décadas, mientras que los equipos de climatización, las instalaciones eléctricas o los acabados interiores pueden requerir sustituciones más frecuentes.

Cuando estos elementos se conectan de modo que la retirada de uno obliga a destruir a los demás, sus vidas útiles quedan artificialmente vinculadas. Por ejemplo, una instalación de climatización oculta detrás de un cerramiento permanente puede requerir la demolición parcial de dicho cerramiento para sustituir un equipo averiado. Si la instalación dispone de registros accesibles y el cerramiento puede desmontarse, la intervención puede limitarse a los elementos afectados.

Esta separación de funciones y componentes permite adaptar cada parte del edificio a su propio ritmo de renovación. También reduce la generación de residuos y facilita la conservación de materiales que aún están en condiciones adecuadas para su uso.

El alcance del diseño para el desmontaje y la adaptabilidad

No todos los edificios pueden desmontarse por completo, ni todos sus componentes conservarán valor al final de su vida útil. Algunos equipos pueden haber quedado obsoletos, ciertos materiales pueden estar deteriorados y algunas uniones pueden requerir operaciones destructivas. El objetivo consiste en identificar qué partes admiten una transformación o recuperación viables y diseñarlas para facilitar dicha transformación o recuperación.

El análisis debe realizarse en distintas escalas: sistema, elemento, componente o ensamblaje, subcomponente y material. Un edificio puede no ser desmontable como conjunto, pero sí contener particiones, puertas, elementos de fachada, pavimentos registrables o equipos que puedan recuperarse. Esta visión permite establecer objetivos realistas y concentrar los esfuerzos de diseño en las áreas donde se obtienen mayores beneficios técnicos, ambientales y económicos.

En ingeniería y arquitectura, la consecuencia es directa: la prevención de residuos comienza en la fase de diseño, cuando aún es posible elegir materiales, conexiones y configuraciones que eviten demoliciones innecesarias. La gestión del fin de vida deja de ser una operación aislada y pasa a formar parte de las decisiones que determinan cómo se construye, se utiliza, se mantiene y se transforma el edificio.

La prevención de residuos comienza, por tanto, mucho antes de que un edificio llegue al final de su vida útil. Incorporar criterios de adaptabilidad y desmontaje desde la fase de diseño permite anticipar futuras transformaciones, facilitar las reparaciones y recuperar componentes y materiales que aún pueden ser útiles. La norma UNE-ISO 20887:2023 ofrece principios y directrices para integrar estos criterios en el diseño de edificios y de obras de ingeniería civil. Pensar en cómo se construye un edificio también implica considerar cómo cambiará, cómo se mantendrá y de qué se podrá aprovechar cuando deje de cumplir su función actual. Así, cada decisión de diseño puede contribuir a prolongar la vida útil de los recursos y a reducir los residuos asociados a la construcción.

Referencia:

Asociación Española de Normalización (UNE). (2023). UNE-ISO 20887:2023. Sostenibilidad en edificios y obras de ingeniería civil. Diseño para el desmontaje y la adaptabilidad. Principios, requisitos y directrices. UNE.

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La ciudad que se repara sin abrirse en canal

Las tecnologías sin zanja permiten renovar tuberías y colectores reduciendo excavaciones, residuos, tráfico y molestias. La experiencia de Murcia muestra cómo estas técnicas pueden convertirse en una alternativa para afrontar el envejecimiento de las redes de agua, que requieren una mayor inversión.

Bajo el asfalto de las ciudades existe una infraestructura que casi nunca vemos y que, sin embargo, sostiene una parte esencial de nuestra vida cotidiana. Kilómetros de tuberías llevan agua potable hasta los edificios y transportan las aguas residuales hacia las instalaciones donde serán tratadas. Muchas de esas redes fueron construidas hace décadas y ahora necesitan ser renovadas. El problema es cómo hacerlo sin convertir las calles en grandes obras durante semanas o meses.

Verdú y Gázquez (2025), de Aguas de Murcia, sitúan el envejecimiento de estas infraestructuras entre los principales retos de la gestión del agua. Una parte importante de las redes españolas se instaló entre las décadas de 1960 y 1980 y muchas conducciones han alcanzado o se aproximan al final de su vida útil. Mientras las necesidades de renovación se sitúan, según los datos recogidos, en torno al 2 % anual, la inversión actual ronda el 0,4 %. La edad media de las redes de abastecimiento es de aproximadamente 40 años.

Renovar menos de lo necesario no solo implica aplazar una obra. El envejecimiento de las redes se relaciona con problemas de servicio, de salud pública, costes económicos, impacto ambiental, escasez de agua y pérdida de eficiencia hidráulica y energética. Frente a una estrategia basada principalmente en reparar cuando aparece una avería, la propuesta pasa por planificar la renovación con una visión más amplia y a largo plazo.

Ahí aparece una alternativa que propone intervenir bajo tierra sin necesidad de abrir grandes zanjas: las tecnologías sin zanja, conocidas como TSZ. Su objetivo es rehabilitar, renovar o instalar conducciones, reduciendo las actuaciones en superficie. No se trata de una única técnica, sino de un conjunto de soluciones que incluye sistemas como el bursting, las mangas, el spray lining o la perforación dirigida.

La diferencia con una obra convencional puede entenderse al observar lo que ocurre cuando se abre una calle. El método tradicional requiere excavar, preparar el lecho de la zanja, instalar la tubería, realizar los anclajes, rellenar y compactar y, después, reponer la superficie. Las TSZ permiten reducir o evitar gran parte de estas operaciones. Menos tierra que mover también significa menos transporte, menos maquinaria, menos reposiciones y menos tiempo de ocupación de la vía pública.

La cuestión no afecta únicamente a la comodidad de quienes circulan por la ciudad. Una obra con zanjas puede modificar itinerarios, generar atascos, producir polvo, afectar a los comercios y aumentar el tiempo que los ciudadanos dedican a sus desplazamientos. Estos factores deben considerarse al analizar los llamados costes sociales de una intervención.

Los números de uno de los estudios recogidos por Verdú y Gázquez (2025) ilustran la diferencia. Para el proyecto analizado, los costes sociales alcanzan los 8.183 dólares por metro con el método tradicional, frente a los 384 dólares por metro con la tecnología sin zanja. La distancia entre ambas cifras es de 21 veces. En el apartado ambiental, la diferencia es menor, aunque también favorable a las TSZ: 288,7 dólares por metro frente a 390,2, lo que supone un ahorro del 35 %.

El impacto en el entorno también se relaciona con la cantidad de materiales y recursos que requiere una obra. Las tecnologías sin zanja reducen el movimiento de tierras y el transporte a vertederos autorizados, disminuyen las necesidades de asfaltado y reposición y pueden reducir el movimiento de maquinaria y el consumo de combustibles fósiles. Estos factores se relacionan con una menor emisión de dióxido de carbono.

La seguridad constituye otro de los argumentos utilizados para defender este tipo de intervención. El material advierte sobre los riesgos asociados a las zanjas y señala que en Europa se registran 120 muertes y 6.000 heridos cada año. Frente a esas condiciones, las TSZ se presentan como una alternativa que permite reducir los accidentes laborales y las afectaciones a otros servicios subterráneos. También ofrecen una menor dependencia de las condiciones meteorológicas y pueden reducir los costes y la duración de las obras.

El beneficio puede ser especialmente visible en una ciudad en funcionamiento continuo. Allí donde una excavación podría obligar a cortar una calle y alterar el tráfico, una intervención subterránea busca mantener la actividad urbana mientras se trabaja bajo tierra. El planteamiento es sencillo: reparar la infraestructura sin que la ciudad tenga que detenerse.

Murcia utiliza estas tecnologías desde hace más de dos décadas. La experiencia de Aguas de Murcia incluye fresado, bursting, mangas Packers y perforación dirigida, además de soluciones incorporadas posteriormente como spray lining y distintos sistemas de mangas. La empresa plantea como objetivo potenciar estas técnicas y convertirlas en la primera opción para la rehabilitación.

Los datos aportados permiten medir la evolución de esta apuesta. La red de saneamiento de Murcia alcanza los 1.634 kilómetros, de los cuales el 1,9 % ha sido rehabilitado mediante tecnologías sin zanja. El gasto anual destinado a estas actuaciones pasó de 466.000 euros en 2019 a 900.000 euros en 2024. La longitud media rehabilitada es de 2.800 metros al año.

Los casos prácticos muestran que no existe una única forma de aplicar estas tecnologías. En la plaza de Santa Eulalia, junto a un conjunto amurallado histórico, se rehabilitaron 75 metros de un colector de 600 milímetros mediante manga ultravioleta. El objetivo era resolver las filtraciones y recuperar las características de la conducción sin recurrir a una excavación convencional.

Uno de los proyectos descritos afecta al colector S1, infraestructura crítica para el transporte de aguas residuales hacia la estación depuradora. La conducción, muy deteriorada, recoge aguas de más de ocho pedanías y barrios de Murcia y pasa por debajo de una plataforma ferroviaria. En este caso se utilizó el sistema bursting para introducir una tubería de polietileno de 800 milímetros y rehabilitar 600 metros de conducción.

Otro ejemplo es el colector ovoide de Santa Cruz, una conducción muy deteriorada que discurre por una carretera de alto tráfico. Se rehabilitaron 95 metros mediante un sistema de manga UV. También en Puente Viejo se recurrió a una solución diferente: 75 metros de una conducción de fundición de 450 milímetros fueron renovados internamente mediante resina de poliurea aplicada con Spray Lining.

Las técnicas también se han utilizado para prevenir posibles afectaciones al medio natural. En la impulsión de Alquerías, situada a su paso por el río Segura, se rehabilitaron 50 metros de una conducción de 400 milímetros mediante una manga por columna de agua. El problema planteaba la posibilidad de vertidos al río y de elevados costes de reparación. El resultado descrito fue un tramo completamente rehabilitado y estanco.

No todos los argumentos a favor de las TSZ son económicos o técnicos. También se plantea la cuestión de cómo decidir qué infraestructuras renovar y cuándo. Las tarifas limitadas, la búsqueda de retornos rápidos y la preferencia por el mantenimiento correctivo pueden obstaculizar las inversiones necesarias para renovar las redes. La propuesta consiste en valorar las actuaciones pensando también en sus efectos a medio y largo plazo.

Esa decisión tiene, además, una dimensión ciudadana. Es necesario explicar a la población qué hay detrás de las tarifas y de las inversiones en las redes de agua. Mantener precios bajos puede entrar en conflicto con la necesidad de financiar la renovación de infraestructuras envejecidas. Para los autores del material, la sostenibilidad requiere combinar los objetivos económicos, ambientales y sociales.

La discusión cambia cuando se contabiliza el coste total de una obra. El precio de construir una conducción es solo una parte de la factura. También existen costes derivados del tráfico, del consumo de combustible, de los residuos, de las reposiciones, de las molestias a los ciudadanos o de la actividad comercial. Estos factores deberían formar parte de la comparación entre las alternativas.

El reto, por tanto, no consiste simplemente en elegir entre una zanja y una tecnología distinta. Se trata de decidir cómo las ciudades quieren renovar sus infraestructuras envejecidas sin interrumpir su actividad cotidiana. Las tecnologías sin zanja ofrecen una vía que reduce la intervención en la superficie y que, según los datos recopilados, puede aportar ventajas económicas, ambientales y sociales.

La experiencia de Murcia muestra que esas técnicas ya forman parte de la gestión de sus redes. Además, todo apunta a una expansión de su uso, especialmente en el marco de una estrategia vinculada a la economía circular. Para que esa transformación avance, plantea dos condiciones: valorar todos los costes e impactos de cada proyecto y continuar desarrollando soluciones que reduzcan los costes de construcción.

Las tuberías seguirán ocultas bajo las calles. La diferencia puede estar en cómo se decide repararlas cuando envejecen. Frente a la imagen tradicional de una ciudad levantada por una zanja, las tecnologías sin zanja proponen otra posibilidad: intervenir bajo tierra y mantener, en la medida de lo posible, la ciudad en funcionamiento sobre ella.

Aquí tenéis un vídeo que os he grabado al respecto. Espero que os resulte de interés.

En este vídeo se resumen las ideas más interesantes de este tema.

Referencia:

Verdú, C., & Gázquez, P. (2025). Las TSZ 1.ª opción social, medioambiental y económica [Material del XI Curso de Postgrado Especialista en Tecnologías Sin Zanja]. Aguas de Murcia.

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¿Están preparadas las carreteras españolas para el cambio climático?

El aumento de las temperaturas, las lluvias torrenciales y las inundaciones plantean nuevos desafíos para la ingeniería viaria. Adaptar las carreteras exige identificar sus puntos vulnerables, revisar las soluciones técnicas cuando sea necesario y orientar los recursos hacia la prevención de daños.

Las carreteras son una pieza esencial del sistema de transporte. Garantizan la movilidad de personas y mercancías, conectan territorios y facilitan el acceso a servicios básicos. Sin embargo, su funcionamiento depende de condiciones ambientales en constante cambio. Las temperaturas elevadas y los fenómenos meteorológicos extremos plantean nuevos retos para el diseño, la conservación y la gestión de las infraestructuras viarias.

¿Están las carreteras españolas preparadas para soportar las condiciones climáticas de las próximas décadas?

La respuesta depende de las características de cada infraestructura. La red española se ha construido conforme a criterios técnicos sólidos, adaptados a las condiciones y a la normativa de cada época, pero presenta diferencias importantes en cuanto a antigüedad, materiales, estado de conservación y exposición a riesgos naturales. Por ello, no cabe emitir un diagnóstico uniforme: es necesario evaluar cada tramo y determinar qué consecuencias tendría su deterioro o interrupción.

1. Cómo afecta el cambio climático a las carreteras

El calor, las precipitaciones intensas y las inundaciones afectan de manera diferente a los componentes de una carretera. Comprender estos mecanismos permite identificar los elementos que requieren mayor atención.

Las temperaturas elevadas aceleran el envejecimiento de los firmes bituminosos y pueden favorecer deformaciones permanentes, como las roderas. Su aparición depende de los materiales empleados, de las cargas del tráfico y de las condiciones de explotación. Por otra parte, la infiltración de agua puede reducir la capacidad portante de las capas del firme, provocar la pérdida de finos y favorecer la erosión.

Las lluvias torrenciales plantean problemas adicionales cuando exceden la capacidad de evacuación de los sistemas de drenaje. Pueden provocar acumulaciones de agua sobre la calzada, erosión de cunetas y taludes, arrastres de materiales y deslizamientos. Los incendios forestales también pueden incrementar la erosión del terreno, especialmente cuando las lluvias posteriores afectan a laderas que han perdido parte de su cubierta vegetal.

Los puentes situados sobre cauces requieren vigilancia específica durante las crecidas. Uno de los mecanismos de daño más relevantes es la socavación, que consiste en la erosión del terreno alrededor de las pilas y los estribos. La pérdida de material en las cimentaciones puede comprometer la estabilidad de la estructura sin que haya daños visibles en el tablero.

La DANA de octubre de 2024 en Valencia mostró las consecuencias que un episodio extremo puede tener en las infraestructuras y en la movilidad. El análisis de sus efectos permite estudiar los mecanismos de daño y extraer lecciones para la reconstrucción y la protección de las carreteras. No obstante, un episodio aislado no basta para diagnosticar el conjunto de la red ni para atribuir por sí solo un fenómeno concreto al cambio climático.

Tampoco es posible establecer una reducción uniforme de la vida útil de las carreteras españolas. El impacto depende de los materiales, del proyecto original, del mantenimiento, del tráfico y de la exposición local. Cuantificarlo exige contar con inspecciones periódicas, registros de conservación y modelos ajustados al comportamiento de cada tipo de infraestructura.

2. Tres prioridades para adaptar las infraestructuras

La adaptación climática no exige abandonar los fundamentos del diseño viario, sino actualizarlos cuando las condiciones previstas a lo largo de la vida útil de una carretera así lo requieran. Tres líneas de actuación permiten orientar ese trabajo.

La primera consiste en mejorar la gestión de la conservación mediante el análisis de riesgos. Las inspecciones deben prestar especial atención a los elementos cuya degradación pueda comprometer la seguridad o interrumpir los servicios esenciales. La evaluación ha de combinar la exposición climática, el estado físico de la infraestructura y las consecuencias de un posible fallo.

La segunda es incorporar las condiciones climáticas futuras al diseño y a la rehabilitación. En los firmes, esto implica valorar materiales adecuados para las temperaturas previstas y las cargas del tráfico. En los sistemas hidráulicos, se requiere comprobar la capacidad de evacuación del agua. Para los taludes y puentes, deben estudiarse la estabilidad del terreno, los procesos erosivos y la respuesta ante las crecidas. Las soluciones han de ajustarse a las condiciones específicas de cada emplazamiento.

El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 contempla la integración de criterios de adaptación en la planificación, la construcción, la explotación y la conservación de las infraestructuras de transporte. Esta orientación respalda la incorporación de los riesgos climáticos en las decisiones de ingeniería, tanto en las nuevas obras como en las intervenciones en la red existente.

La tercera es aprovechar la digitalización para mejorar la vigilancia. La integración de datos meteorológicos, información del tráfico e historiales de inspección puede facilitar la detección de cambios en el estado de las carreteras. Los sensores también pueden resultar útiles en estructuras específicas cuando exista una justificación técnica. Su valor radica en complementar las inspecciones y proporcionar información que ayude a decidir cuándo y dónde intervenir.

3. Conservación e inversión: decidir dónde actuar

La eficacia de estas medidas depende de la capacidad de convertir el conocimiento técnico en decisiones de gestión y de financiación. La extensión y la diversidad de la red española, distribuida entre distintas administraciones, dificultan una evaluación homogénea de su estado. Mejorar los inventarios y armonizar los criterios de inspección permitiría comparar necesidades y establecer prioridades con mayor precisión.

La inversión debe responder a las condiciones reales de cada infraestructura. Algunas carreteras necesitarán mantenimiento periódico; otras requerirán rehabilitaciones más profundas o actuaciones específicas para reducir su exposición a inundaciones, a la erosión o a la inestabilidad de los taludes.

La planificación presupuestaria plurianual es necesaria para garantizar la continuidad de las intervenciones preventivas. Esperar a que aparezcan daños graves puede encarecer las reparaciones y prolongar las interrupciones del tráfico. Además, el coste de un fallo no se limita a la reparación física: también incluye las dificultades para transportar mercancías, acceder a servicios básicos o mantener la actividad económica en los territorios afectados.

La asignación de recursos debe considerar tanto el coste de la intervención como la probabilidad de daño y sus consecuencias. Este planteamiento permite priorizar las actuaciones de mayor beneficio para la seguridad y la continuidad del servicio, sin recurrir a soluciones uniformes para toda la red.

Conclusión

El reto no es reconstruir las carreteras españolas, sino anticiparse a los riesgos que amenazan su seguridad y su durabilidad. La ingeniería dispone de los conocimientos necesarios; la prioridad es convertirlos en decisiones de conservación e inversión basadas en el riesgo, con recursos suficientes y con continuidad en el tiempo.

Preparar las carreteras para el clima del futuro exige actuar antes de que se produzcan daños, no limitarse a repararlos cuando ya es demasiado tarde.

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Antonio Tomás Espín obtiene una plaza de catedrático de universidad en Ingeniería de la Construcción

De izquierda a derecha: Víctor Yepes, Mayca Rubio, Antonio Tomás y Fernando Moreno. Conectados en línea: Esther Real y Miguel Ángel Fernández Prada.

La Universidad Politécnica de Cartagena ha celebrado hoy el concurso para la provisión de una plaza de catedrático de universidad en el área de Ingeniería de la Construcción.

El tribunal encargado de valorar el proceso estuvo presidido por Víctor Yepes, con Fernando Moreno como secretario y Mayca Rubio, Esther Real y Miguel Ángel Fernández Prada como vocales.

Tras el desarrollo de las distintas pruebas previstas en el concurso, Antonio Tomás Espín ha obtenido la plaza de catedrático de universidad en el área de Ingeniería de la Construcción.

Desde aquí queremos trasladarle nuestras más sinceras felicitaciones por este importante logro académico y profesional, fruto de una trayectoria dedicada a la docencia, la investigación y la ingeniería de la construcción.

¡Enhorabuena, Antonio!

¿Acero, hormigón o madera? revelaciones inesperadas sobre la circularidad real en la construcción

¿Realmente sabemos qué material estructural es el más sostenible al evaluar su ciclo de vida completo? En el debate contemporáneo sobre la construcción, suelen asumirse premisas simplistas que otorgan automáticamente la etiqueta «verde» a ciertos materiales mientras se demonizan otros. Sin embargo, la urgencia de transformar el modelo productivo de la edificación exige un análisis cuantitativo, riguroso y libre de dogmas.

En la actualidad, la economía global opera bajo un esquema marcadamente lineal en el que más del 90% de los recursos extraídos no se recirculan a lo largo de las cadenas de producción. Esta presión extractiva alcanzará niveles críticos a medida que la población mundial se aproxime a los 10.000 millones de habitantes para 2060.

El sector de la arquitectura, la ingeniería y la construcción (AEC) es uno de los principales catalizadores de esta huella material: los residuos de construcción y demolición (RCD) representan casi el 40 % de los residuos generados en la Unión Europea. Aunque los marcos regulatorios establecen metas formales de recuperación superiores al 70 %, la realidad operativa es que la mayor parte del material recuperado sufre un proceso de «subreciclaje» o downcycling (como el triturado de hormigón para subbases de carreteras), perdiendo de forma irreversible su valor estructural y funcional original.

Para superar este modelo es imprescindible pasar de la gestión reactiva de residuos al análisis predictivo en fases tempranas del diseño (ex ante). Es en esta etapa conceptual cuando la metodología BIM (Building Information Modeling) y la modelación paramétrica se convierten en herramientas decisivas para evaluar y optimizar el potencial circular de un edificio antes de poner la primera piedra.

Revelación 1: El acero sorprende con la mayor estabilidad circular (pero con una trampa oculta)

Al evaluar el rendimiento de los materiales bajo un marco de decisión multicriterio, la variante con estructura de acero presentó la circularidad más elevada y constante. En la investigación analizada, la estructura metálica alcanzó el promedio más alto y estable dentro del Índice de Circularidad Ponderado por Agotamiento de Recursos Abióticos, con un valor medio de CI = 53,56 %.

Esta elevada estabilidad se explica por las características tectónicas de los sistemas de acero: la alta modularidad de sus perfiles y la estandarización de sus uniones desmontables (atornilladas). Estas propiedades garantizan un desmantelamiento sistemático y limpio al final de la vida útil, preservando la integridad de los componentes para ciclos posteriores de reutilización directa.

Sin embargo, el análisis cuantitativo revela una trampa ambiental oculta: la estructura de acero demostró una sensibilidad extrema ante las variaciones del coeficiente de potencial de agotamiento abiótico (ADP = 6,89 × 10−7). Un análisis de sensibilidad con variaciones de ±20 % en dicho coeficiente produjo una oscilación del índice final del acero de ΔCI = ±20 %. Esto demuestra que el destacado rendimiento del acero no depende únicamente de la masa efectivamente recuperada, sino también de la elevada escasez asignada a los recursos minerales no fósiles consumidos en su producción primaria.

«Las tasas de reciclaje basadas exclusivamente en la masa son una medida insuficiente de circularidad, ya que miden la preservación de la materia en lugar de la función o del valor.»

Esta lección teórica fundamental recuerda a los proyectistas que especificar acero sin verificar el origen de su producción primaria ni la reversibilidad de sus uniones anula la estabilidad circular que el material promete teóricamente.

Revelación 2: El hormigón muestra una volatilidad extrema (del peor al mejor escenario)

El hormigón armado presentó el comportamiento más volátil e impredecible de todo el estudio. Lejos de ofrecer un rendimiento estático, la variante de hormigón registró tanto el valor más bajo (CI = 41,62 %) como el más alto (CI = 64,82 %) de todo el análisis, lo que refleja la desviación estándar más elevada del estudio (σ = 8,09).

El mecanismo técnico detrás de esta fluctuación masiva radica en la naturaleza monolítica de los vertidos de hormigón en obra. En los diseños convencionales, la unión íntima entre la matriz cementosa y la armadura de acero crea una barrera infranqueable a la separación limpia de componentes al final de la vida útil, condenando el material al downcycling en forma de árido triturado de baja graduación.

Por el contrario, el estudio demostró que cuando el hormigón se concibe mediante sistemas prefabricados desmontables, que incorporan altos porcentajes de material secundario (SMU) y planifican vías de reciclaje de alto valor, el índice de circularidad experimenta un salto cualitativo sin precedentes. El hormigón es, por lo tanto, el material en el que las decisiones de diseño para el desmantelamiento temprano (Design for Disassembly) generan la brecha más amplia entre el peor y el mejor escenario circular. Un proyecto en hormigón mal detallado condena a la estructura al vertedero; un diseño modular y prefabricado lo convierte en un banco de recursos altamente eficiente.

Revelación 3: La paradoja de la madera — excelente en masa, moderada en agotamiento abiótico

La madera suele catalogarse, de forma acrítica, como la solución estructural ecológica por excelencia. No obstante, la aplicación de indicadores multicriterio pone de manifiesto una paradoja metodológica al confrontar la simple masa de material con la escasez ponderada de recursos.

Al evaluar el Índice de Circularidad Simplificado —basado exclusivamente en el volumen de masa recuperada y secundaria (CIs)—, la madera supera ampliamente al hormigón, alcanzando un promedio de CIs = 55,17 % frente al 49,24 % del hormigón armado. Sin embargo, al aplicar el Índice de Circularidad Completo ponderado por el agotamiento abiótico (CI = 52,08 %), la ventaja competitiva de la madera disminuye sustancialmente.

Esta diferencia pone de manifiesto una limitación conceptual crítica de los marcos de evaluación actuales. El coeficiente ADP asignado a la madera (2,52 × 10−7) cuantifica únicamente los insumos minerales y fósiles consumidos en los procesos industriales de transformación (fases A1–A3 de la EPD), pero no captura la renovabilidad de la biomasa ni la capacidad intrínseca de almacenamiento de carbono biogénico que, de forma neta, beneficia al potencial de calentamiento global (GWP). Asimismo, en los escenarios evaluados, la madera se vio penalizada por la incertidumbre sobre la degradación orgánica y por las restricciones normativas a la reutilización estructural directa de elementos recuperados. Especificar madera no garantiza la sostenibilidad por sí solo: si las uniones estructurales se realizan con adhesivos irreversibles o herrajes no recuperables, se invalida el potencial circular de la biomasa.

Revelación 4: CI vs. CIs — por qué no todas las métricas de circularidad miden lo mismo

Una de las aportaciones metodológicas más potentes del estudio es la distinción matemática y práctica entre medir los flujos puros de masa y ponderar la escasez relativa de los recursos consumidos.

  • CIs (Índice de circularidad simplificado): Mide estrictamente la proporción entre la masa de material secundario de entrada y la masa recuperable al final de la vida útil.
  • CI (Índice de circularidad completo): pondera los flujos de masa al introducir el coeficiente ADP y evalúa su impacto en la litosfera.

Esta dualidad genera un efecto de enmascaramiento matemático crucial. El hormigón presenta un coeficiente ADP sumamente bajo (1,30 × 10−7). En la ecuación del CI completo, este valor amortigua numéricamente su reducido Potencial de Reutilización de Materiales (MRP = 47,3% − 65,4%), lo que hace que el hormigón parezca engañosamente cercano al acero en el indicador agregado (CI), a pesar de que su capacidad de recuperación real basada en masa (CIs) es significativamente inferior.

Para evitar estos sesgos, se requiere un marco de evaluación multicriterio como el sistema CIRCON, que desglosa la circularidad en cuatro métricas complementarias:

  • SMU (Uso de material secundario / Secondary Material Use): Proporción de material reciclado, reutilizado o regenerado incorporado durante la fase de construcción.
  • MRP (Potencial de reutilización del material / Material Reusability Potential): Capacidad técnica futura para recuperar, reutilizar o reciclar los componentes al concluir su ciclo de vida.
  • SR (Reversibilidad espacial / Spatial Reversibility): Grado de flexibilidad del diseño arquitectónico para reconfigurar la distribución interior y adaptar el edificio a nuevos usos sin demoliciones.
  • SSP (Potencial de espacio compartido / Sharing Space Potential): Nivel de intensificación funcional y de uso compartido de las superficies construidas.

Revelación 5: La automatización digital mediante BIM y Dynamo como motor del diseño circular

Calcular manualmente estas métricas multicriterio en un proyecto complejo resulta inasumible en la práctica profesional. La investigación demuestra que la integración de algoritmos en entornos BIM permite automatizar la evaluación circular en tiempo real desde las etapas iniciales del proyecto.

El flujo de trabajo metodológico desarrollado en el estudio se articuló en 5 pasos secuenciales:

  1. Modelado paramétrico 3D: Creación de las tres variantes estructurales (hormigón, acero y madera) bajo una geometría, un módulo estructural (8,2 × 8,2 m) y un programa funcional idénticos en Autodesk Revit.
  2. Extracción automatizada mediante Dynamo: Ejecución de scripts personalizados en Dynamo para filtrar elementos por categoría estructural y aislar los volúmenes exactos de cada material.
  3. Conversión de magnitudes: Conversión de volúmenes a masa (kg) aplicando las densidades específicas de cada componente material.
  4. Cálculo de coeficientes SMU y MRP con factores de ponderación (WF): Evaluación de la jerarquía de recuperación aplicando ponderaciones estrictas por vía de fin de vida:
    • Reutilización directa = 1,0
    • Suprarreciclaje (Upcycling) = 0,7
    • Reciclaje (Recycling) = 0,6
    • Infrarreciclaje (Downcycling) = 0,3
  5. Análisis estadístico de escenarios: Exportación directa de datos a Microsoft Excel para la agregación de indicadores y la evaluación estadística de 12 escenarios deterministas por material.

Conclusión: diseñar para desmontar es la única vía sostenible

La lección definitiva de este análisis es categórica: no existe un «material circular universal». La circularidad no es una propiedad intrínseca o estática de un material, sino el resultado combinado de la selección del material, la técnica de unión elegida, la flexibilidad espacial del diseño y la madurez de la infraestructura regional de reciclaje.

El acero proporciona la mayor estabilidad gracias a su modularidad y uniones secas, aunque su puntuación depende fuertemente de la ponderación de escasez asignada a sus materias primas; la madera lidera las métricas de masa, pero requiere marcos de evaluación que incorporen el almacenamiento de carbono biogénico; el hormigón exige una planificación minuciosa de desensamblaje para evitar que sus grandes masas terminen degradadas en subbases viales.

Para avanzar hacia una edificación descarbonizada y eficiente en recursos, la industria AEC debe abandonar las suposiciones simplistas, adoptar la documentación digital mediante pasaportes de materiales e integrar el diseño para el desensamblaje (Design for Disassembly) en cada detalle constructivo.

Frente a la evidencia científica, la pregunta para arquitectos e ingenieros es obligatoria: en su próximo proyecto estructural, ¿está diseñando un volumen monolítico destinado al infrarreciclaje o un banco de recursos perfectamente documentado y desmontable para las generaciones futuras?

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume bien los conceptos más importantes del artículo.

La_Ilusión_de_la_Circularidad

Referencia:

Starzyk, A. et al. (2026). Circularity index analysis of buildings with different structural materials: A modelling approach for sustainable construction assessment. Construction and Building Materials, 546, 148501. https://doi.org/10.1016/j.conbuildmat.2026.148501

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Ejemplo de aplicación del diagrama de mariposa a un edificio

Para profundizar en la operativa real de la Economía Circular en el sector de la edificación, se propone un ejemplo maestro resuelto, en el que nos centraremos en la anatomía, la termodinámica y la jerarquía de los bucles del ciclo técnico (ala azul) del diagrama de mariposa desarrollado por la Fundación Ellen MacArthur.

El objetivo es comprender por qué la ingeniería ambiental debe priorizar sistemáticamente los bucles más internos frente al reciclaje y cómo cada uno de ellos se traduce en soluciones constructivas, modelos de negocio y decisiones de diseño estructural en un edificio.

Enunciado del caso práctico

Proyecto: Estrategia de circularidad para el Edificio Corporativo «Ecología Industrial I» (superficie: 5.000 m², estructura de acero, envolvente modular, instalaciones servitizadas y cubierta biológica).

Consigna: Como equipo de ingeniería ambiental, se debe resolver el proyecto aplicando la metodología del diagrama de mariposa dividida en seis fases:

  1. Caracterización y separación metabólica.
  2. Mapeo de la cadena de valor (eje central).
  3. Análisis exhaustivo y jerarquizado de los bucles del ciclo técnico (ala azul).
  4. Integración con el ciclo biológico (ala verde).
  5. Trazabilidad digital (sistemas ERP) y servitización.
  6. Auditoría crítica: entropía, paradoja de Jevons y ACV.

Resolución del caso práctico

La Figura 1 resume la estructura general del diagrama de mariposa aplicado a la edificación: el ciclo biológico a la izquierda, el ciclo técnico a la derecha y, entre ambos, el eje central de la cadena de valor sostenida por la trazabilidad digital.

Figura 1. Diagrama de mariposa aplicado al edificio corporativo

Fase 1: Caracterización y separación metabólica inicial

El paso inicial imprescindible en la economía circular es la segregación estricta de materiales según su metabolismo antes de entrar en la cadena de suministro:

  • Ciclo técnico (ala azul): gestiona productos y materiales sintéticos, metálicos y minerales no biodegradables procedentes de recursos finitos.
    • Inventario del edificio: perfiles estructurales de acero HEB/IPE, carpinterías de aluminio, conductos de cobre, paneles fotovoltaicos, fachadas de vidrio, sistemas HVAC y ascensores.
  • Ciclo biológico (ala verde): gestiona materiales biodegradables y nutrientes orgánicos renovables que pueden regresar de forma segura a la biosfera.
    • Inventario del edificio: estructura secundaria de madera certificada, aislamientos de fibra de cáñamo y paja prensada, y sustrato orgánico de la cubierta vegetal.

Fase 2: Mapeo de la cadena de valor (cuerpo central del diagrama)

El eje central del diagrama articula las etapas por las que transitan los materiales en el proyecto (Figura 2):

  1. Entrada de recursos: insumos finitos (minerales refinados y chatarra) y renovables (biomasa forestal).
  2. Fabricación de partes y productos: componentes modulares prefabricados en taller con tolerancias milimétricas.
  3. Proveedor de servicios y de ensamblaje: construcción e instalación en obra mediante uniones secas.
  4. Usuario/inquilino: fase operativa del edificio, caracterizada por el consumo energético y la intensidad de uso.
  5. Recolección / logística inversa: desmontaje y recuperación selectiva al final del ciclo de servicio.
Figura 2. Etapas de la cadena de valor del eje central y retorno de componentes al ciclo

Fase 3: Profundización exhaustiva en los bucles del ciclo técnico (ala azul)

Principio termodinámico de la jerarquía de bucles

En el diagrama de mariposa, los bucles interiores presentan un valor significativamente mayor que los exteriores. Desde la perspectiva de la física y la ingeniería ambiental, un bucle interno preserva la energía incorporada (embodied energy), la mano de obra, la forma geométrica y la exergía acumulada en el componente. Cuanto más hacia el exterior nos desplazamos (hasta llegar al reciclaje), mayor es la destrucción física y la cantidad de energía adicional requerida para reincorporar el material.

Figura 3. Jerarquía de los cinco bucles del ciclo técnico y conservación relativa de valor

Bucle 1: Compartir (sharing, plataformas de uso común)

  • Fundamento teórico: es el bucle más interno del ciclo técnico. Su objetivo no es modificar el producto físico, sino maximizar su tasa e intensidad de utilización, evitando la sobreproducción. La literatura señala que un taladro eléctrico doméstico se utiliza, en promedio, apenas 13 minutos durante toda su vida útil, lo que representa una infrautilización crítica de recursos finitos.
  • Aplicación en la edificación:
    • Fase de obra: contratación de maquinaria pesada (grúas torre, excavadoras, andamios modulares) a través de plataformas digitales B2B de uso compartido, evitando que cada contratista adquiera equipos propios que permanecerán ociosos la mayor parte del tiempo.
    • Fase de operación: implementación de espacios corporativos flexibles (hot-desking) y de bibliotecas compartidas de herramientas pesadas de mantenimiento para los usuarios del inmueble.

Bucle 2: Mantenimiento y mantenibilidad preventiva (maintain / prolong)

  • Fundamento teórico: busca prolongar la vida útil operativa del producto en su estado actual, protegiéndolo del deterioro prematuro, de la corrosión o del fallo mecánico.
  • Aplicación en la edificación:
    • Diseño para la mantenibilidad: proyección de una fachada ventilada modular en la que cada panel cerámico posee anclajes mecánicos individuales. Esto permite inspeccionar, reparar o sustituir un panel dañado en minutos sin alterar el resto de la envolvente.
    • Mantenimiento predictivo IoT: instalación de sensores de vibración y de corrosión en conductos de cobre e instalaciones hidráulicas, conectados al modelo BIM (Building Information Modeling), y programación de intervenciones preventivas antes de que ocurran fallos catastróficos.

Bucle 3: Reutilización y redistribución directa (reuse / redistribute)

  • Fundamento teórico: mantiene el producto y sus componentes en uso, en su forma original y para su propósito inicial, transfiriéndolos a un nuevo usuario o mercado sin someterlos a procesos térmicos ni de fundición.
  • Aplicación en la edificación:
    • Diseño para la deconstrucción (DfD): las vigas principales de acero estructural HEB/IPE se fijan mediante uniones atornilladas (evitando soldaduras continuas). Cada viga incorpora un «Pasaporte de Materiales» codificado. Tras 50 años de servicio, el edificio se desensambla y las vigas se reutilizan directamente en una nueva estructura sin necesidad de volver a fundir el metal.
    • Redistribución de excedentes: las puertas, mamparas de vidrio y carpinterías de aluminio retiradas durante remodelaciones se destinan a plataformas de mercado secundario para su venta a otros proyectos arquitectónicos.

Bucle 4: Renovación y remanufactura industrial (refurbish/remanufacture)

  • Fundamento teórico: requiere un proceso de reingeniería en planta industrial cuando el producto ha sufrido un desgaste severo. El equipo se desmonta a nivel de componentes, se limpia, se reparan las piezas defectuosas y se reensambla ofreciendo el mismo nivel de rendimiento y garantía que una unidad recién fabricada.
  • Aplicación en la edificación:
    • Sistemas electromecánicos: las plantas enfriadoras de agua (chillers HVAC), los motores de tracción de los ascensores y los transformadores eléctricos no se desechan al finalizar su periodo de garantía inicial. Se devuelven a las plantas de los fabricantes originales, donde se remanufacturan sustituyendo únicamente los rodamientos y tarjetas electrónicas oxidadas, y se reincorporan al edificio como unidades «como nuevas» con garantía renovada.

Bucle 5: Reciclaje y recuperación de material base (recycle)

  • Fundamento teórico: es el bucle más exterior e ineficiente del ciclo técnico, reservado exclusivamente para cuando el producto no puede compartirse, conservarse, reutilizarse ni remanufacturarse. El reciclaje destruye la geometría y la función del objeto para recuperar únicamente el valor del material base (polímero, metal, vidrio).
  • Aplicación en la edificación:
    • Reciclaje mecánico y metalúrgico: la chatarra de acero no apta para la reutilización directa se procesa en hornos de arco eléctrico para fabricar nuevas barras de corrugado.
    • Gestión de RCD: los elementos de hormigón deteriorados se someten a trituración y a separación magnética para producir agregados reciclados que se emplean en las subbases de los viales perimetrales.
    • Límite técnico: se evita el downcycling o la degradación funcional asegurando que los metales no se contaminen con aleaciones complejas difíciles de separar.

Fase 4: Integración con el ciclo biológico (ala verde)

Para completar la visión sistémica, los elementos biodegradables del edificio se canalizan a través de su propio ciclo (Figura 4):

  1. Cascadeo (cascading): la madera secundaria de obra se reutiliza secuencialmente como encofrado, posteriormente como aislante acústico de viruta y, finalmente, como bioenergía.
  2. Materia prima bioquímica: los recortes de cáñamo se procesan en biorrefinerías para extraer compuestos biológicamente activos.
  3. Digestión anaeróbica: la fracción orgánica de los residuos del edificio se degrada en ausencia de oxígeno para generar biogás (energía renovable) y digestato (biofertilizante).
  4. Compostaje y regeneración: el digestato y los restos de jardinería se transforman en compost de alta calidad, que se aplica a la cubierta vegetal para regenerar la biodiversidad del suelo local.
Figura 4. Flujos del ciclo biológico aplicados a los materiales biodegradables del edificio

Fase 5: Trazabilidad digital y modelos de negocio servitizados

  1. Pasaportes de materiales e integración ERP:
    • El proyecto utiliza soluciones de software empresarial (como SAP Responsible Design and Production y SAP Extended Producer Responsibility (EPR)) para registrar cada componente técnico. Esta herramienta permite monitorear el stock de acero y de aluminio, asegurando su trazabilidad al final de la vida útil del edificio.
  2. Servitización (Product-as-a-Service):
    • Iluminación como servicio (LaaS): en lugar de comprar luminarias LED, se contrata el servicio de iluminación. El fabricante mantiene la propiedad del activo y asume la responsabilidad de reparar, mantener y remanufacturar los equipos.
    • Climatización como servicio (CaaS): el confort térmico se paga por tonelada de refrigeración consumida, lo que incentiva al proveedor a instalar equipos de máxima durabilidad y eficiencia.
Figura 5. Relación entre fabricante, usuario y sistema de trazabilidad en un modelo servitizado

Fase 6: Auditoría de inconvenientes, entropía y paradoja de Jevons

Como profesionales de la ingeniería ambiental, debéis auditar críticamente todo proyecto (Figura 6):

  1. Entropía y degradación física (2.ª ley de la termodinámica):
    • La economía es un sistema entrópico. Ningún proceso de reciclaje es 100% eficiente; en cada bucle se producen pérdidas irreversibles de masa y disipación de energía. A nivel mundial, solo el 6% de los materiales extraídos se reciclan efectivamente. La circularidad en la edificación reduce significativamente la huella ecológica, pero no elimina la necesidad de gestionar la eficiencia absoluta.
  2. La paradoja de Jevons (efecto rebote):
    • Si la optimización del edificio reduce los costes operativos y energéticos en un 35%, los usuarios podrían verse tentados a intensificar el uso de sistemas electrónicos o a climatizar áreas adicionales, lo que anularía parcialmente el ahorro de recursos obtenido.
  3. Auditoría mediante Análisis de Ciclo de Vida (ACV):
    • Para evitar el greenwashing, cada decisión de diseño se valida mediante un ACV normado (ISO 14040/44) que cuantifica las emisiones netas y la masa recuperada.
Figura 6. Tres filtros de auditoría crítica aplicables a cada decisión de diseño

Rúbrica evaluativa

Criterio Descripción del nivel excelente (9-10 pts)
1. Separación metabólica Identifica y clasifica, sin errores, los componentes del edificio en los ciclos biológico y técnico.
2. Dominio del ciclo técnico Justifica la prioridad de los bucles internos (compartir, mantener, DfD) sobre el reciclaje, basándose en la conservación de la exergía.
3. Aplicación en Edificación Propone soluciones constructivas reales (uniones secas, fachadas modulares, remanufactura de HVAC).
4. Trazabilidad y servitización Integra pasaportes de materiales digitalizados (sistemas ERP) y modelos de «Producto como Servicio».
5. Rigor físico y crítico Evalúa las limitaciones entrópicas y la paradoja de Jevons, y exige validación mediante ACV.

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Perforar la roca: fundamentos y tecnologías de la rotopercusión

1. Introducción

La perforación a rotopercusión es uno de los métodos más utilizados para atravesar rocas duras y competentes. Su funcionamiento combina cuatro acciones que deben actuar de forma coordinada: percusión, rotación, empuje y barrido. La percusión proporciona la energía necesaria para romper la roca; la rotación desplaza la posición del impacto; el empuje mantiene la boca contra el fondo y el barrido retira los fragmentos generados durante la perforación.

La idea puede entenderse imaginando una boca de perforación apoyada sobre una superficie rocosa. Un golpe aislado produciría una fractura localizada, pero los golpes sucesivos tendrían lugar prácticamente en el mismo punto si la boca permaneciera inmóvil. La rotación hace que cada impacto reciba una zona ligeramente distinta de la roca. El empuje garantiza que la energía del golpe llegue al terreno, y el barrido evita que los fragmentos permanezcan en el fondo y se trituren repetidamente.

La rotopercusión se ha convertido especialmente en una tecnología de referencia para la roca dura. Puede utilizarse en voladuras, minería subterránea, anclajes, micropilotes, inyecciones, pozos de agua, geotermia e investigación minera. La elección del sistema depende principalmente del diámetro requerido, la profundidad, la dureza y la fracturación de la roca, la presencia de agua y las exigencias de rectitud o de calidad de la muestra.

Desde el punto de vista tecnológico, existen tres formas principales de transmitir el golpe a la roca. En el martillo en cabeza, el mecanismo de percusión se encuentra en la superficie y la energía se transmite por la sarta de perforación. En el martillo de fondo, conocido como DTH, el pistón está situado directamente sobre la boca. En el sistema COPROD, las varillas de impacto se encuentran dentro de tubos de rotación para combinar determinadas ventajas de los sistemas anteriores.

Métodos de perforación por rotopercusión. https://www.monografias.com/trabajos68/tubos-exploracion-taladros-explotacion-subterranea/tubos-exploracion-taladros-explotacion-subterranea2

2. Cómo rompe la roca la rotopercusión

La percusión es la acción dominante del proceso. Un pistón produce un golpe que genera una onda de choque que se propaga a través de los elementos metálicos hasta alcanzar la boca y la roca. En el martillo en cabeza, el pistón golpea la culata; en el DTH, el pistón golpea directamente la boca. Esta diferencia, aparentemente sencilla, tiene importantes consecuencias en la transmisión de energía y en el comportamiento de la perforación.

Las cuatro funciones del martillo en cabeza

Cuando la onda llega a la boca, la presión ejercida por los botones o plaquitas genera una zona triturada inmediatamente por debajo del punto de contacto. Alrededor de esta zona se desarrollan grietas radiales que permiten desprender pequeños fragmentos de roca. Una parte considerable del trabajo de impacto se consume en la trituración localizada, mientras que las grietas permiten, finalmente, liberar el fragmento.

La onda de choque no desaparece al llegar a la roca. Una parte de la energía se utiliza en la rotura y otra se refleja hacia la sarta. Si el contacto entre la boca y la roca es deficiente, aumenta la energía reflejada y se incrementan las solicitaciones sobre los componentes metálicos. Por ello, una perforación eficaz no consiste simplemente en producir golpes cada vez más fuertes. Es necesario lograr una buena transmisión de la energía hasta la roca.

La velocidad de propagación de la onda en el acero es del orden de 5.200 metros por segundo. Esta elevada velocidad permite que los impactos se transmitan rápidamente, pero también explica por qué las deficiencias de contacto, las uniones y los cambios de sección pueden provocar reflexiones y pérdidas. El comportamiento de la sarta debe entenderse, por ello, como el de un sistema de transmisión de energía y no simplemente como un conjunto de tubos que transmite un movimiento mecánico.

La rotación cumple una función distinta. No es la responsable principal de romper la roca, sino de colocar la boca en una nueva posición antes del siguiente impacto. La cantidad de giro necesaria depende de la geometría de la boca. Las bocas con plaquitas requieren un giro mayor entre impactos, mientras que las bocas de botones pueden trabajar con incrementos angulares menores. El objetivo es evitar que los impactos sucesivos caigan exactamente en la misma zona.

El empuje completa la transmisión mecánica. Una presión insuficiente entre la boca y la roca provoca una mala transmisión de la energía, favorece la reflexión de la onda y puede causar problemas en las uniones roscadas. Un empuje excesivo tampoco mejora necesariamente la perforación: puede favorecer el pandeo de la sarta, aumentar la desviación y acelerar el desgaste. El operador debe buscar un equilibrio que mantenga la boca correctamente apoyada sin sobrecargar el sistema.

El cuarto elemento es el barrido. Los fragmentos generados por la rotura deben abandonar el fondo del sondeo. Para ello pueden emplearse aire, agua, niebla o espuma, según las condiciones del terreno y del sondeo. Cuando el barrido es insuficiente, los detritus permanecen en el fondo, se tritian de nuevo y obstaculizan el avance. También puede aumentar el riesgo de atasco de la sarta.

3. Martillo en cabeza

En un martillo en cabeza, la perforadora se encuentra en la superficie. El pistón actúa sobre la culata y la onda de choque se transmite sucesivamente a través del adaptador de culata, las varillas, los manguitos y, finalmente, por la boca. El sistema incorpora mecanismos independientes para la percusión, la rotación y el barrido, además de elementos destinados a amortiguar las ondas reflejadas.

Los equipos hidráulicos en cabeza operan habitualmente con presiones de accionamiento muy superiores a las de los sistemas neumáticos tradicionales. Las perforadoras hidráulicas suelen operar con presiones entre 7,5 y 25 MPa, potencias de impacto entre 6 y 20 kW y frecuencias que pueden alcanzar varios miles de golpes por minuto. La rotación puede abarcar un amplio rango, dependiendo de la perforadora, la boca y las condiciones del terreno.

La tecnología hidráulica presenta ventajas frente a la neumática en muchas aplicaciones. En las condiciones comparadas, se obtienen mayores velocidades de penetración, un menor consumo energético y una vida útil más prolongada del varillaje. Sin embargo, los equipos hidráulicos requieren una inversión y un mantenimiento mayores, así como personal con mayor cualificación. Los martillos neumáticos siguen teniendo interés en equipos manuales ligeros y en lugares donde ya existe infraestructura de aire comprimido.

Una característica fundamental del martillo en cabeza es que la energía debe recorrer toda la sarta antes de alcanzar la roca. Cada manguito introduce pérdidas y reflexiones. Se estima que cada manguito adicional provoca una pérdida de energía del 6 al 10 %, por lo que la energía disponible en la boca disminuye a medida que aumenta la longitud de la sarta. Esta característica explica una de las principales limitaciones del sistema: al aumentar la profundidad, la velocidad de perforación tiende a disminuir.

Esta pérdida progresiva tiene una consecuencia práctica muy relevante. El martillo en cabeza puede ser extremadamente productivo en barrenos cortos, pero pierde atractivo a medida que aumenta la longitud del barreno. A partir de una profundidad aproximada de entre 20 y 30 metros, los sistemas DTH o COPROD pueden ofrecer ventajas. No debe interpretarse como un límite universal, sino como una orientación para comprender el efecto de la longitud de la sarta.

4. Varillaje y bocas de perforación

La sarta de un martillo en cabeza está formada por varios elementos que deben trabajar conjuntamente. El adaptador de culata recibe el impacto del pistón; las varillas conducen la onda hacia el fondo; los manguitos permiten unir las varillas; y, finalmente, la boca transmite la energía a la roca. Las conexiones pueden utilizar diferentes tipos de rosca, como R32, T38, T45, T51 o GT60.

La selección de la varilla no depende únicamente del diámetro del barreno. También debe haber una correspondencia entre el diámetro, la resistencia de la varilla y la potencia de la perforadora. Por ejemplo, a medida que aumenta el diámetro de la varilla, también aumenta la potencia requerida. La finalidad es evitar que la sarta se convierta en el elemento limitante del equipo.

La boca es el elemento que entra en contacto directo con la roca. Se distinguen principalmente dos tipos de bocas: las de plaquitas y las de botones. Las primeras pueden presentar geometrías de cincel, cruz o X y ofrecen ciertas ventajas frente al desgaste del calibre. Las de botones pueden incorporar botones esféricos o balísticos, así como distintas geometrías frontales. Estas últimas permiten, en general, mayores velocidades y más metros entre operaciones de afilado.

La geometría de la boca también influye en la desviación. Las configuraciones cóncavas, de centro hundido o retráctil, pueden ayudar a mantener una trayectoria más recta en determinadas condiciones. Por ello, elegir una boca no consiste únicamente en seleccionar el diámetro adecuado. También hay que considerar la dureza, la abrasividad y la estructura de la roca, así como la necesidad de mantener el sondeo dentro de una tolerancia geométrica determinada.

El desgaste de la boca debe vigilarse durante la operación. Una boca excesivamente desgastada puede reducir el rendimiento, modificar el comportamiento de perforación y aumentar los esfuerzos en el equipo.

5. Regulación de la perforación en cabeza

La regulación del martillo en cabeza puede entenderse como una secuencia de decisiones. Primero se establece una percusión adecuada a la resistencia de la roca. Después, se ajusta la rotación y, finalmente, se regula el empuje hasta lograr un funcionamiento estable. Esta secuencia aparece como pauta básica de operación y principio de los sistemas automáticos de control antiatasco actuales.

En una roca dura y competente puede utilizarse una mayor intensidad de percusión. En una roca blanda o fracturada, conviene reducirla para evitar que una proporción excesiva de la energía se refleje hacia la sarta. La rotación debe ajustarse para que el botón de calibre avance una distancia adecuada entre impactos. Un exceso de rotación puede aumentar el desgaste, mientras que una rotación insuficiente puede concentrar en exceso los impactos.

El empuje también debe regularse con cuidado. Si es demasiado bajo, la energía no se transmite correctamente. Si es demasiado elevado, pueden aparecer pandeo, desviación y desgaste prematuro. Una situación especialmente desfavorable se produce cuando el operador intenta compensar una baja velocidad de penetración simplemente aumentando el empuje. La causa del problema puede estar realmente en la percusión, la rotación, el desgaste de la boca o el barrido.

El barrido debe mantenerse a un nivel suficiente para garantizar la evacuación de los detritus. El uso de aire o de niebla puede proporcionar una velocidad de perforación superior a la obtenida con agua en determinadas condiciones. La elección del fluido también depende de las exigencias ambientales, de la presencia de agua y de la necesidad de controlar el polvo.

5.6. Martillo en fondo o DTH

El martillo en fondo, conocido como DTH, modifica radicalmente la transmisión de energía. En lugar de generar el golpe en la superficie y transmitirlo a través de las varillas, el pistón se sitúa directamente sobre la boca. El aire comprimido acciona el pistón y, simultáneamente, sale por la zona de la boca, lo que contribuye al barrido del fondo.

Esta disposición elimina buena parte de las pérdidas asociadas a la propagación de la onda a lo largo de una sarta larga. La energía se genera prácticamente donde se necesita, lo que constituye una de las grandes ventajas del DTH: la velocidad de perforación se mantiene mucho más estable a medida que aumenta la profundidad, a diferencia de un martillo en cabeza. También favorece la rectitud del sondeo y permite trabajar de manera eficaz en perforaciones profundas.

Los DTH utilizados habitualmente pueden cubrir diámetros de aproximadamente 76 a 254 milímetros, aunque existen configuraciones más grandes para captaciones de mayor tamaño. En pozos de agua, los diámetros habituales son de 6 y 8 pulgadas, mientras que las grandes captaciones pueden requerir equipos de mayor tamaño. El martillo gira y recibe el empuje de la cabeza de perforación situada en la superficie.

La presión del aire es uno de los principales factores que influyen en el rendimiento del DTH. Al aumentar la presión disponible en el martillo, aumenta la velocidad de penetración. Esto no significa que cualquier aumento de presión sea siempre rentable: el equipo debe poder suministrar el caudal correspondiente y deben considerarse las pérdidas de presión, el consumo energético y las características del martillo.

El tamaño del martillo condiciona directamente el consumo de aire. El consumo aumenta notablemente al pasar de martillos pequeños a equipos de gran diámetro. Como referencia, un DTH de 6 pulgadas puede requerir alrededor de 17 metros cúbicos por minuto a una presión cercana a 17 bar, mientras que un martillo de 12 pulgadas puede superar los 50 metros cúbicos por minuto en condiciones similares.

La operación del DTH también exige controlar la rotación y el empuje. La rotación habitual se sitúa en un intervalo relativamente bajo, del orden de unas pocas decenas de revoluciones por minuto. Se proponen como referencia aproximada unos 10 milímetros de avance por vuelta. Para una velocidad de perforación determinada, la rotación se ajusta para que la boca distribuya adecuadamente los impactos en el fondo.

El empuje debe ser suficiente para mantener la boca trabajando contra la roca, pero sin sobrecargar el martillo. Conforme aumenta la profundidad, debe controlarse también el peso de la sarta. Se recomienda retener parte del peso del varillaje cuando sea necesario, para evitar que todo su peso se transmita directamente al martillo.

La lubricación es otro aspecto operativo relevante. El aire que atraviesa el martillo debe permitir el funcionamiento adecuado de sus componentes móviles. El consumo de aceite depende del caudal de aire y se recomienda prestar atención al engrase durante la incorporación de nuevos tubos.

7. El problema del agua en la perforación DTH

La presencia de agua modifica considerablemente las condiciones de trabajo del DTH. Una columna de agua sobre el martillo ejerce una presión que se suma a las exigencias del sistema de aire. Como referencia de diseño, se requiere aproximadamente 0,1 bar adicional por cada metro de columna de agua.

Esto significa que la profundidad del sondeo y la del nivel del agua no tienen el mismo efecto. Un sondeo puede alcanzar varios cientos de metros, pero si el nivel estático del agua está muy por encima del fondo, la contrapresión sobre el martillo será mucho mayor que en una perforación seca. Esta distinción resulta especialmente relevante al seleccionar el compresor.

El agua también modifica el comportamiento del aire durante el ascenso. Al aumentar la presión, el volumen ocupado por el aire disminuye y su velocidad efectiva puede reducirse. Por esta razón, un caudal que permite evacuar los detritus en superficie puede resultar insuficiente cerca del fondo cuando hay una gran columna de agua.

La solución puede requerir compresores de mayor presión, sistemas booster, descarga escalonada de la sarta o el empleo de espuma. Se contemplan equipos que operan a presiones de 25 a 35 bar y boosters capaces de alcanzar presiones mucho mayores. La espuma puede mejorar la evacuación de detritus cuando el aire por sí solo no ofrece condiciones suficientes.

Es importante analizar este tema antes de seleccionar el compresor. En un sondeo de 300 metros con el nivel de agua a 50 metros, un compresor nominal de 25 bar puede dejar una presión útil insuficiente al final del sondeo. En ese caso, el martillo pierde rendimiento y puede ser necesario recurrir a un booster.

8. Selección del compresor: caudal y presión

El compresor debe seleccionarse atendiendo a dos parámetros independientes pero relacionados: el caudal de aire y la presión disponible. El caudal debe ser suficiente para accionar el martillo y evacuar los detritus; la presión debe permitir que el martillo funcione correctamente, tras descontar la presión necesaria para vencer la columna de agua y las pérdidas en tuberías, mangueras, válvulas y sarta.

La velocidad ascensional del aire es un criterio práctico para evaluar la capacidad de limpieza del sondeo. Se pueden utilizar como referencia unos 15 metros por segundo como mínimo, unos 25 metros por segundo como valor recomendado y unos 35 metros por segundo como límite superior orientativo. Para detritus más pesados pueden requerirse velocidades mayores.

Un DTH de 6 pulgadas indica que un compresor de 21 metros cúbicos por minuto puede proporcionar una elevada velocidad de ascenso en la boca en condiciones secas. Sin embargo, cuando aparece agua sobre el martillo, la velocidad efectiva disminuye y puede quedar por debajo de lo necesario para transportar los fragmentos. El diseño del sistema de aire debe realizarse, por tanto, considerando las condiciones más desfavorables del sondeo y no únicamente el funcionamiento en superficie.

Un error frecuente consiste en seleccionar el compresor únicamente en función del consumo nominal del martillo. El sistema debe contar con capacidad adicional para compensar las pérdidas y mantener el barrido. En los sondeos profundos, esta diferencia puede ser decisiva. Un martillo perfectamente dimensionado puede funcionar de forma deficiente si el compresor no mantiene la presión útil en el fondo.

9. Circulación inversa con rotopercusión

La circulación inversa, o RC, introduce una modificación importante respecto del DTH convencional. El sistema utiliza un varillaje de doble pared. El aire circula por el espacio anular entre los tubos y el detritus asciende por el interior del tubo central. De este modo, la muestra no tiene que recorrer todo el espacio anular del sondeo antes de llegar a la superficie.

Esta configuración resulta especialmente útil para la investigación minera porque permite obtener muestras de detritus limpias y con menor riesgo de contaminación. La perforación RC puede proporcionar muestras a una velocidad muy superior a la de la perforación con testigo, aunque la información obtenida corresponde a fragmentos de roca y no conserva la información estructural que proporcionaría un testigo continuo.

Otra ventaja es la detección rápida de agua. Cuando se intercepta un acuífero, el sistema permite detectar la entrada de agua durante la perforación. Esta característica puede resultar especialmente útil en campañas de investigación de recursos hídricos.

El principal inconveniente es la elevada demanda de aire. La sarta de doble pared es pesada y costosa, y las pérdidas de presión pueden ser significativas. Cuando existe una columna de agua considerable, pueden ser necesarios compresores de alta presión y boosters.

En captaciones de gran diámetro puede utilizarse una configuración con rácor cruzado y campana. La campana recoge el detritus junto a la pared del sondeo y lo conduce al tubo interior. Se permiten diámetros de hasta 17½ pulgadas en una sola pasada y rendimientos del orden de 40 a 70 metros por día en determinadas condiciones.

El sistema exige equipos con gran capacidad de tiro y de par. También puede existir riesgo de atrapamiento de la campana, por lo que el diseño y la operación deben tener en cuenta tanto el rendimiento como la seguridad y la facilidad de recuperación de la sarta.

10. Entubado simultáneo

La perforación de recubrimientos sueltos plantea un problema distinto. Arcillas, arenas, gravas, rellenos y escolleras pueden desprenderse hacia el interior del sondeo y atrapar la sarta. En estas condiciones, perforar primero y entubar después puede resultar inviable. El entubado simultáneo permite solucionar el problema al avanzar la tubería mientras se perfora.

  • El sistema OD utiliza una tubería equipada con una corona de metal duro que avanza junto con la sarta interior mediante percusión y rotación. Cuando se alcanza la roca competente, la sarta interior puede continuar perforando mientras la tubería permanece instalada en el recubrimiento. Este sistema puede utilizarse en voladuras bajo agua, anclajes, micropilotes, pozos, inyecciones y en determinadas operaciones de muestreo.
  • El sistema ODEX emplea una boca piloto y un escariador excéntrico. Durante la perforación, el escariador se abre y genera un diámetro mayor que el de la tubería. La tubería puede avanzar sin necesidad de girar. Cuando se alcanza la roca, se invierte el sentido de giro y el escariador se cierra, lo que permite retirarlo por el interior de la tubería.

La principal ventaja del ODEX es que permite utilizar equipos relativamente compactos para atravesar recubrimientos. Se presentan configuraciones DTH de aproximadamente 3 a 8 pulgadas y profundidades máximas de recubrimiento que, según el diámetro y el equipo, pueden alcanzar hasta 100 metros.

Symmetrix y sistemas similares emplean una geometría concéntrica. Una boca piloto y una corona anular perforan simultáneamente, mientras que el piloto puede recuperarse por el interior y la corona permanece unida a la zapata de la tubería. Esta configuración proporciona una perforación más simétrica y favorece la rectitud, especialmente cuando se requieren diámetros grandes.

La selección entre OD, ODEX y Symmetrix depende del diámetro final, del espesor del recubrimiento, de la naturaleza del terreno y de si la tubería debe recuperarse o permanecer como revestimiento. Para recubrimientos relativamente pequeños pueden ser adecuados OD u ODEX. En pozos de agua o de geotermia con espesores importantes de grava, ODEX con DTH puede resultar apropiado. Para micropilotes, bolos, escolleras y grandes diámetros, los sistemas concéntricos ofrecen ventajas en términos de robustez y rectitud.

11. Desviación de los sondeos

La desviación es uno de los problemas que más claramente muestran que perforar no consiste únicamente en avanzar. El objetivo real es construir un sondeo con una trayectoria definida. La desviación puede originarse en errores de replanteo, de alineación o de emboquille, pero también en las características geológicas y en el comportamiento mecánico de la sarta.

La estratificación, la foliación, las fallas y los huecos pueden hacer que la boca tienda a seguir determinadas direcciones de menor resistencia. La llamada regla de los 15 grados indica que, cuando el ángulo entre la dirección de perforación y la foliación es pequeño, la boca tiende a seguirla. Con ángulos mayores, la perforación puede desviarse hacia una dirección perpendicular a la foliación.

La desviación tiende a aumentar con la profundidad. Esto explica por qué un pequeño error inicial puede convertirse en una diferencia considerable cuando el sondeo alcanza grandes longitudes. En una voladura, la consecuencia puede ser una fragmentación incontrolada o la aparición de repiés. En un pozo, puede dificultar la introducción de tuberías y bombas o provocar problemas durante la cementación.

El tipo de sistema de perforación también influye. Una sarta rígida y bien guiada favorece una trayectoria más recta. El DTH y el COPROD presentan una menor desviación que el martillo en cabeza en determinadas condiciones. En este último, el inicio de la desviación puede observarse entre los 17 y los 25 metros.

La prevención comienza antes de perforar. Es necesario alinear correctamente la máquina, utilizar guías adecuadas y controlar el emboquille. Durante la perforación pueden utilizarse bocas de centro hundido, cóncavas o retráctiles, además de ajustar el empuje, la rotación y el barrido. El emboquille debe realizarse con parámetros moderados para evitar que el sondeo se desvíe desde sus primeros metros.

Las técnicas modernas permiten controlar este fenómeno con mucha mayor precisión. Los equipos pueden incorporar inclinómetros, sistemas de medición de profundidad, navegación GNSS y láser. La tecnología MWD permite registrar parámetros de perforación y de desviación por barreno, lo que proporciona información que puede utilizarse para mejorar el control del proceso.

12. Costes de perforación

La comparación económica entre sistemas de perforación requiere algo más que comparar el coste de perforar un metro. Un equipo puede presentar un coste por metro superior y, sin embargo, producir un coste final menor si genera barrenos más adecuados para la operación posterior.

Como ejemplo, se compara un martillo hidráulico en cabeza de 89 mm con un sistema DTH de 115 mm en un banco de caliza dura de 15 metros. El martillo en cabeza tiene un coste menor por metro, mientras que el DTH es más eficiente cuando se analiza el coste por volumen de roca volada.

En la comparación estudiada, el martillo en cabeza alcanza un coste aproximado de 6,25 euros por metro, frente a 8,15 euros por metro del DTH. Sin embargo, al considerar el volumen de roca arrancada, los costes se sitúan en aproximadamente 0,58 euros por metro cúbico con el martillo en cabeza y 0,51 euros por metro cúbico con el DTH. La diferencia se explica por los distintos diámetros, espaciamientos y rendimientos asociados a cada sistema.

Este ejemplo muestra por qué la unidad económica debe elegirse según el objetivo de la perforación. Para una operación de voladura tiene más sentido analizar el coste por metro cúbico de roca correctamente fragmentada. Para un pozo, puede ser más apropiado considerar el coste por metro de sondeo terminado, que incorpore el entubado, el desarrollo y otros trabajos asociados.

El coste horario tampoco debe reducirse únicamente al combustible. Deben considerarse la amortización, los intereses, el mantenimiento, el personal, las herramientas de perforación y los tiempos auxiliares. Los cambios de varilla o de tubo, las maniobras, los tiempos de emboquille y las operaciones necesarias para completar cada barreno pueden modificar sustancialmente el rendimiento real del equipo.

13. Criterios para seleccionar el sistema

La selección de un sistema de rotopercusión puede organizarse en torno a cuatro preguntas: ¿qué diámetro se necesita?, ¿qué profundidad debe alcanzarse?, ¿cómo es la roca? y ¿hay agua? Estas preguntas deben complementarse con otras relacionadas con la rectitud, la calidad de la muestra, la necesidad de entubado y el coste final de la operación.

Para diámetros inferiores a 100 o 125 milímetros, profundidades menores de 20 o 30 metros y roca dura, el martillo hidráulico en cabeza constituye una alternativa atractiva, especialmente en barrenos de producción. Su sencillez y elevada productividad en perforaciones cortas son algunas de sus principales ventajas.

Cuando el diámetro se sitúa entre 90 y 250 milímetros y la profundidad supera los 30 metros, el DTH cobra mayor interés. Su capacidad para mantener la energía cerca de la boca, su comportamiento frente a la profundidad y su buena rectitud lo hacen adecuado para sondeos profundos. Si hay agua, será necesario comprobar que el sistema de aire dispone de suficiente presión.

El COPROD puede resultar atractivo para bancos de 20 a 30 metros y diámetros aproximados de 105 a 180 milímetros cuando se busca una producción elevada. La circulación inversa con martillo de centro hueco es especialmente apropiada cuando la calidad y la rapidez de la muestra son prioritarias. Para pozos de gran diámetro en roca dura, pueden utilizarse sistemas RC con campana y rácor cruzado o sistemas DTH de gran diámetro.

Cuando existe un recubrimiento suelto sobre la roca, la solución no consiste simplemente en cambiar de martillo. Es necesario plantear un sistema de avance de tubería, como OD, ODEX o Symmetrix, y posteriormente continuar con DTH u otro método apropiado en la roca competente.

Por el contrario, la rotopercusión no es necesariamente la mejor opción para todos los terrenos. Las rocas blandas, como las margas y las arcillas, pueden requerir métodos rotativos u otras tecnologías. La elección debe realizarse atendiendo al comportamiento real del terreno y no a la popularidad ni a la disponibilidad de un equipo concreto.

14. Tendencias tecnológicas

La evolución de la rotopercusión ha buscado aumentar la energía útil que llega a la boca, reducir las pérdidas y controlar mejor el proceso. El desarrollo histórico parte de las primeras perforadoras de percusión accionadas por vapor, pasa por la generalización del aire comprimido, el desarrollo del DTH y de los martillos hidráulicos, y llega actualmente a equipos controlados electrónicamente.

La automatización es una de las principales tendencias. Los equipos modernos pueden controlar automáticamente parámetros de percusión, rotación y empuje, incorporar cambiadores de varillas, realizar ciclos automáticos y utilizar sistemas de posicionamiento y navegación. El objetivo no es simplemente reducir la intervención del operador, sino mantener condiciones de perforación más constantes.

La tecnología MWD permite obtener información durante la perforación. Parámetros como la presión de percusión, el empuje, la rotación, la velocidad y la desviación pueden registrarse para cada barreno. Estos datos permiten construir mapas del comportamiento de la roca y, posteriormente, adaptar la perforación o incluso el diseño de la voladura.

Otra tendencia es el aumento de la presión disponible. Los DTH modernos pueden operar con presiones del orden de 25 a 30 bar, y los boosters permiten alcanzar presiones considerablemente mayores en aplicaciones profundas. Esta evolución resulta especialmente relevante tanto para pozos con niveles de agua profundos como para pozos con circulación inversa.

También se desarrollan martillos accionados por agua a presión. Esta tecnología puede reducir la necesidad de aire durante el sondeo y tiene aplicaciones potenciales en geotermia profunda y en terrenos difíciles. Paralelamente, la electrificación y los equipos alimentados por baterías se perfilan como líneas de desarrollo tanto en superficie como en minería subterránea.

La eficiencia energética constituye otro objetivo. Existen reducciones del consumo de combustible de hasta el 50 % en determinadas combinaciones de COPROD, SmartROC y sistemas de compresores regulados por demanda. Estas cifras deben interpretarse como referencias asociadas a equipos y condiciones concretos, pero muestran la dirección tecnológica: producir más roca útil con un menor consumo de energía.

15. Integración del proceso: del golpe al sondeo terminado

La comprensión completa de la rotopercusión exige dejar de analizar cada componente de forma aislada. El martillo, la boca, la sarta, el compresor y el sistema de evacuación forman un único sistema de perforación. Una mejora en un componente puede no producir ningún beneficio si otro elemento limita el rendimiento.

Por ejemplo, instalar un DTH de gran capacidad no garantiza una mayor producción si el compresor no suministra el caudal y la presión necesarios. Del mismo modo, disponer de un compresor potente no resuelve una desviación causada por una mala alineación, un exceso de empuje o una boca inadecuada.

La profundidad modifica progresivamente las condiciones de trabajo. En el martillo en cabeza, la longitud de la sarta incrementa las pérdidas de energía. En el DTH, la profundidad tiene menor influencia en la transmisión del golpe, pero puede aumentar considerablemente las necesidades de presión y las dificultades de evacuación cuando aparece agua.

La roca también altera el equilibrio entre percusión, rotación y empuje. Una roca dura y competente puede admitir una percusión elevada, mientras que una roca fracturada puede reflejar una parte importante de la energía. La estructura geológica, además, puede favorecer la desviación del sondeo. Por ello, los parámetros de operación deben ajustarse a las condiciones reales y no necesariamente mantenerse constantes durante toda la perforación.

Finalmente, el criterio económico debe considerar el resultado obtenido. El objetivo no es producir metros de sondeo de forma aislada, sino obtener un sondeo terminado que cumpla las especificaciones técnicas al menor coste global compatible con la operación. Se recomienda valorar el coste por volumen de roca volada o por metro de pozo terminado, según la aplicación.

16. Ideas fundamentales para el estudiante de ingeniería

La rotopercusión se basa en la acción conjunta de la percusión, la rotación, el empuje y el barrido. La percusión aporta la mayor parte de la energía de rotura, mientras que la rotación distribuye los impactos, el empuje mantiene el contacto con la roca y el barrido elimina el detritus. La energía se transmite como una onda de choque y una parte de ella se pierde o se refleja antes de alcanzar la roca.

El martillo en cabeza es especialmente competitivo en perforaciones relativamente cortas y de diámetros pequeños o medios. Su principal limitación es la pérdida progresiva de energía a lo largo de la sarta. El DTH coloca el pistón junto a la boca y permite mantener mejor la energía a mayor profundidad, aunque exige un sistema de aire comprimido de mayor capacidad y puede presentar un consumo energético elevado.

El compresor debe analizarse siempre desde dos puntos de vista: cuánto aire puede suministrar y a qué presión puede hacerlo. La presencia de agua puede convertir una perforación aparentemente sencilla en un problema de presión. La profundidad que realmente condiciona al martillo es, en especial, la columna de agua que queda sobre él, no simplemente la profundidad total del sondeo.

La circulación inversa es una solución especialmente valiosa cuando se necesita obtener muestras limpias y representativas o perforar grandes diámetros. El doble tubo separa el recorrido del aire y el de la muestra, pero aumenta la complejidad, el peso de la sarta y las necesidades de aire.

El entubado simultáneo permite resolver uno de los problemas más difíciles de la perforación: atravesar materiales inestables sin perder el sondeo. OD, ODEX y Symmetrix responden a necesidades distintas y deben seleccionarse según el diámetro, la profundidad del recubrimiento, la geometría requerida y el destino final de la tubería.

La desviación debe prevenirse desde el emboquille y controlarse durante toda la perforación. La geología y la mecánica de la sarta pueden modificar la trayectoria incluso cuando la máquina está correctamente alineada. Los sistemas actuales incorporan la medición, la navegación y el registro de parámetros para controlar este fenómeno con mayor precisión.

La selección final nunca debe basarse en un único parámetro. Diámetro, profundidad, dureza de la roca, fracturación, agua, rectitud, calidad de la muestra, necesidad de entubado, productividad y coste forman un conjunto. La mejor solución técnica es aquella que permite que todos estos factores sean compatibles con el objetivo del sondeo.

Referencias:

CÁNOVAS CARRASCO, V.M. (2026). Tecnología de Sondeos, Tema 5: Perforación a rotopercusión, Máster Universitario en Ingeniería de Minas, UPCT.

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y MINERO DE ESPAÑA (1994). Manual de perforación y voladura de rocas. Ed. IGME. Madrid, 500 pp.

YEPES, V. (2014). Maquinaria para sondeos y perforaciones. Apuntes de la Universitat Politècnica de València, Ref. 209. Valencia.

YEPES, V. (2023). Maquinaria y procedimientos de construcción. Problemas resueltos. Colección Académica. Editorial Universitat Politècnica de València, 562 pp. Ref. 376. ISBN 978-84-1396-174-3

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