El diagrama de mariposa. Aplicación a la construcción sostenible

1. INTRODUCCIÓN Y MARCO SOCIOAMBIENTAL

Desde la Revolución Industrial, el modelo económico dominante se ha basado en un sistema lineal: extraer, procesar, transformar, utilizar y desechar. Este modelo ha permitido un gran desarrollo económico, pero también ha incrementado el consumo de recursos, la generación de residuos y la presión sobre los ecosistemas. El crecimiento de la población mundial y su concentración en las ciudades intensifican estos impactos y plantean la necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles.

Esta transformación afecta especialmente al sector de la construcción, debido a su elevado consumo de materias primas, energía y agua, así como a la cantidad de residuos que genera. Por ello, la transición hacia una construcción sostenible requiere no solo reducir el consumo energético de los edificios, sino también cambiar la forma en que se diseñan, construyen, utilizan, mantienen y desmontan las infraestructuras.

Ante esta situación, la Economía Circular (EC) plantea una alternativa al modelo lineal. Su objetivo es mantener los materiales y productos en uso durante el mayor tiempo posible, reducir la extracción de recursos y minimizar la generación de residuos. Aplicada a la construcción, implica diseñar edificios e infraestructuras que puedan adaptarse, repararse, reutilizarse y desmontarse, manteniendo el valor de sus materiales durante el mayor tiempo posible.

La economía circular se ha desarrollado a partir de diferentes ideas y enfoques:

  • La economía de la «Nave Espacial Tierra», propuesta por Kenneth Boulding en 1966, plantea que la Tierra es un sistema cerrado con recursos y capacidad de asimilación limitados.
  • La economía en bucles, desarrollada por Walter Stahel y Geneviève Reday-Mulvey en 1981, propone sustituir el modelo lineal por ciclos que permitan mantener los materiales en uso y prolongar la vida útil de los productos.
  • La ecología industrial plantea que los sistemas industriales pueden funcionar de manera similar a los ecosistemas naturales. Así, los residuos o subproductos de una actividad pueden convertirse en recursos para otra.
  • El diseño Cradle-to-Cradle (de la cuna a la cuna) propone diseñar productos y materiales para que puedan reintegrarse en ciclos técnicos o biológicos, evitando que se conviertan en residuos.

Dentro de este marco, la Fundación Ellen MacArthur define la economía circular como un sistema diseñado para restaurar y regenerar los recursos. Esto implica reducir la generación de residuos, utilizar energías renovables y evitar sustancias que dificulten la reutilización de los materiales.

En la construcción sostenible, estos principios pueden aplicarse desde las primeras decisiones de diseño. La selección de materiales, la optimización de estructuras, la reutilización de componentes, el uso de materiales reciclados, la durabilidad y la posibilidad de desmontar y reutilizar los elementos al final de su vida útil son algunas de las estrategias que permiten reducir el consumo de recursos y el impacto ambiental de los proyectos.

La economía circular puede contribuir, por tanto, a transformar el sector de la construcción desde un modelo basado en consumir y desechar hacia otro centrado en reducir, reutilizar, mantener y recuperar. Sin embargo, su aplicación práctica sigue siendo limitada. Esto plantea la necesidad de desarrollar metodologías, herramientas y profesionales capaces de integrar los principios de la circularidad en el diseño, la construcción y la gestión de edificios e infraestructuras.

2. ANATOMÍA TEÓRICA Y FUNCIONAL DEL DIAGRAMA DE MARIPOSA

El diagrama de mariposa es una de las principales herramientas de la economía circular. Desarrollado por la Fundación Ellen MacArthur, permite representar de forma sencilla cómo pueden mantenerse los materiales y productos en uso durante el mayor tiempo posible, evitando que se conviertan en residuos.

Su estructura distingue dos grandes ciclos:

  • Ciclo biológico: incluye materiales de origen biológico que pueden reintegrarse a la naturaleza mediante procesos como la regeneración, el compostaje o la biodegradación.
  • Ciclo técnico: incluye materiales que no se degradan de forma natural, como metales, minerales, plásticos o materiales sintéticos. El objetivo es mantenerlos en el sistema económico mediante estrategias como el mantenimiento, la reutilización, la reparación, la remanufactura y el reciclaje.

Esta distinción resulta especialmente útil en la construcción sostenible, ya que gran parte de los materiales utilizados en edificios e infraestructuras pertenece al ciclo técnico. El hormigón, el acero, el vidrio o determinados plásticos pueden permanecer en uso durante largos periodos y, posteriormente, reutilizarse o recuperarse. Por ello, las decisiones tomadas durante el diseño condicionan la posibilidad de mantener estos materiales en el ciclo.

El centro del diagrama representa la actividad económica y conecta los materiales con los procesos de fabricación, construcción, uso y mantenimiento. En este sistema, la información también desempeña un papel relevante: conocer el origen, las características, el estado y la composición de los materiales facilita su trazabilidad y permite tomar mejores decisiones a lo largo de su vida útil.

Principios del diagrama de mariposa

El funcionamiento del modelo se basa en tres principios:

  1. Preservar los recursos naturales. Reducir el consumo de recursos finitos y favorecer el uso de recursos renovables.
  2. Mantener los productos y materiales en uso. Alargar su vida útil mediante el mantenimiento, la reparación, la reutilización y otras estrategias de economía circular.
  3. Reducir los impactos ambientales desde el diseño. Evitar residuos, emisiones y otros impactos negativos antes de que se generen.

La jerarquía de los bucles

El diagrama establece una idea especialmente relevante para la construcción sostenible: cuanto más cerca se mantenga un producto de su uso original, mayor será el valor que se conserva. Por eso, las estrategias circulares siguen una jerarquía.

Primero se priorizan acciones como mantener, reparar, reutilizar o adaptar un elemento. Después aparecen opciones que requieren una transformación mayor, como la remanufactura o el reciclaje. Estas últimas suelen implicar un mayor consumo de energía, de materiales y de trabajo.

En construcción, esta jerarquía significa que, antes de demoler y reciclar un elemento, conviene estudiar si puede mantenerse, repararse, reutilizarse o adaptarse. El objetivo no es simplemente gestionar mejor los residuos, sino evitar que se conviertan en residuos y conservar el mayor valor posible de los materiales y componentes.

3. EL CICLO TÉCNICO (ALA AZUL): GESTIÓN DE MATERIALES Y RECURSOS

El ciclo técnico incluye materiales que no pueden volver directamente a la naturaleza, como el acero, el hormigón, el vidrio o los plásticos. En la construcción, estos materiales constituyen una parte importante de los recursos empleados en edificios e infraestructuras. Por ello, el objetivo es mantenerlos en uso durante el mayor tiempo posible, reducir el consumo de nuevas materias primas y evitar que se conviertan en residuos. La construcción sostenible incorpora este enfoque desde el diseño, buscando que los materiales puedan mantenerse, repararse, reutilizarse o recuperarse a lo largo de su vida útil.

La primera estrategia es compartir. Consiste en aumentar el uso de un producto mediante su uso por parte de diferentes personas o empresas. En el sector de la construcción, puede aplicarse al uso compartido de maquinaria, herramientas y otros equipos entre distintas obras. De esta forma, se aprovechan mejor los recursos existentes y se reduce la necesidad de adquirir y fabricar nuevos equipos.

Otra estrategia es el mantenimiento y la reparación, que permiten prolongar la vida útil de edificios, instalaciones, equipos y componentes. Un mantenimiento adecuado ayuda a prevenir daños y a evitar sustituciones innecesarias. En la construcción sostenible, esto también implica diseñar edificios cuyos elementos sean accesibles y fáciles de mantener y reparar. Alargar la vida útil de un componente permite reducir el consumo de materiales y la generación de residuos asociados a su sustitución.

Cuando un elemento deja de ser necesario en su ubicación original, puede reutilizarse. Esta estrategia consiste en utilizar de nuevo un componente manteniendo, siempre que sea posible, su función original. En la construcción, pueden reutilizarse elementos como puertas, estructuras metálicas, revestimientos, piezas de instalaciones o determinados componentes de fachada. Para facilitarlo, es necesario tener en cuenta, desde el diseño, cómo pueden desmontarse y recuperarse los elementos sin dañarlos. Así, la reutilización se convierte en una herramienta para reducir los residuos de construcción y aprovechar materiales que aún conservan valor.

Cuando un producto o componente presenta un mayor grado de deterioro, puede recurrirse a su renovación. En lugar de sustituirlo por completo, se reparan o actualizan las partes necesarias para que siga funcionando. En edificios e infraestructuras, esta estrategia puede aplicarse a equipos, instalaciones y sistemas que se adapten a nuevas necesidades. Esto permite prolongar su funcionamiento y evitar el consumo de recursos asociado a una sustitución completa.

El reciclaje se utiliza cuando las opciones anteriores ya no son posibles. Consiste en transformar un producto para recuperar los materiales que lo componen y utilizarlos como materia prima para fabricar nuevos productos. En la construcción, materiales como el acero, el vidrio, algunos plásticos y determinados residuos minerales pueden recuperarse y reutilizarse en nuevos procesos. Aunque el reciclaje es una herramienta importante para reducir los residuos de construcción y demolición, requiere energía y conlleva la pérdida de parte de la forma y la función originales del producto. Por ello, desde la construcción sostenible se priorizan, siempre que sea posible, estrategias que mantengan el producto o componente en uso.

El ciclo técnico plantea, así, una forma distinta de entender los materiales de construcción.Antes de sustituir, demoler o reciclar, conviene estudiar si un elemento puede mantenerse, repararse, reutilizarse o renovarse. Esta idea afecta directamente a la forma de diseñar y construir edificios e infraestructuras. La construcción sostenible no consiste únicamente en utilizar materiales con menor impacto ambiental, sino también en aprovechar mejor los materiales que ya tenemos, prolongar su vida útil y evitar que pierdan su valor antes de tiempo.

Desde esta perspectiva, las decisiones tomadas al inicio de un proyecto tienen una gran influencia en lo que ocurrirá con los materiales en el futuro. Diseñar edificios adaptables, facilitar el mantenimiento, utilizar sistemas desmontables y prever la posible reutilización de los componentes permite mantener los recursos dentro del ciclo técnico durante más tiempo. De este modo, la construcción sostenible pasa de centrarse únicamente en reducir los impactos durante la obra a considerar todo el ciclo de vida de los materiales y del edificio.

4. EL CICLO BIOLÓGICO (ALA VERDE): REGENERACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES

El ciclo biológico incluye materiales de origen natural que pueden reintegrarse de forma segura a la naturaleza y contribuir a la generación de nuevos recursos. Mientras que el ciclo técnico busca mantener los materiales en uso, el ciclo biológico busca devolver nutrientes al suelo y aprovechar materiales que pueden regenerarse de forma natural.

En la construcción sostenible, este ciclo puede aplicarse mediante el uso de materiales de origen biológico, el aprovechamiento de residuos orgánicos y la incorporación de vegetación en los edificios. Algunos ejemplos son la madera, el corcho, la paja, el cáñamo y otras fibras vegetales utilizadas en elementos constructivos. También pueden incluirse soluciones como cubiertas verdes, fachadas vegetales, jardines y sistemas de gestión de residuos orgánicos.

Una de las estrategias es el cascadeo, que consiste en reutilizar un material de origen biológico varias veces antes de devolverlo a la naturaleza. En construcción, un ejemplo sería recuperar vigas o tablones de madera de un edificio y reutilizarlos posteriormente en otra estructura, suelos, revestimientos o mobiliario. Cuando la madera ya no puede utilizarse como producto, puede transformarse en tableros u otros productos derivados. Finalmente, sus restos pueden aprovecharse para generar energía o incorporarse a procesos biológicos adecuados. De esta forma, se prolonga el uso del material antes de que este termine su ciclo.

Otra aplicación consiste en utilizar residuos vegetales para fabricar productos de construcción. Por ejemplo, las fibras de cáñamo pueden utilizarse en paneles aislantes; el corcho, en soluciones de aislamiento térmico y acústico; y la paja, en sistemas de cerramiento o aislamiento. También existen paneles fabricados a partir de fibras de madera y de otros residuos vegetales. Estas soluciones permiten aprovechar recursos renovables y, en determinados casos, reducir el uso de materiales de origen fósil.

La madera es otro ejemplo relevante en el ciclo biológico. Puede utilizarse en estructuras, forjados, cubiertas, fachadas, particiones interiores y acabados. Para aprovechar mejor este recurso, el diseño puede facilitar el desmontaje de las piezas y su posterior reutilización. Una viga de madera que pueda desmontarse sin dañarse tendrá más probabilidades de reutilizarse cuando el edificio sea reformado o desmontado.

La vegetación integrada en los edificios también permite aplicar principios del ciclo biológico. Las cubiertas verdes pueden incorporar plantas y sustratos naturales sobre las cubiertas de los edificios, mientras que las fachadas vegetales y los jardines pueden introducir vegetación en espacios urbanos con poca superficie disponible. Estas soluciones pueden contribuir a mejorar la biodiversidad, a retener parte del agua de lluvia y a mejorar las condiciones ambientales de los espacios exteriores.

El compostaje puede incorporarse a proyectos que cuentan con zonas verdes o generan residuos orgánicos. Los restos de poda, hojas y otros residuos vegetales pueden transformarse en compost y utilizarse posteriormente en jardines, patios, parques o cubiertas verdes. Por ejemplo, los restos de poda generados durante el mantenimiento de un complejo residencial pueden tratarse y utilizarse para mejorar el suelo de sus zonas ajardinadas.

La digestión anaerobia permite aprovechar residuos orgánicos para producir biogás y un material rico en nutrientes. En proyectos de mayor escala, como mercados, hospitales, campus universitarios o desarrollos urbanos, los residuos orgánicos pueden recolectarse y enviarse a instalaciones de tratamiento. El biogás puede utilizarse para producir energía, mientras que el material resultante puede destinarse a la mejora de suelos, siempre que cumpla con los requisitos correspondientes.

Estas estrategias muestran que el ciclo biológico puede traducirse en decisiones concretas de proyecto: utilizar madera y fibras vegetales, emplear aislamientos de origen natural, recuperar y reutilizar elementos de madera, incorporar cubiertas y fachadas verdes, gestionar los restos de poda mediante compostaje y aprovechar los residuos orgánicos para producir energía.

El objetivo no es que todos los edificios incorporen todas estas soluciones, sino identificar cuáles pueden ser adecuadas para cada proyecto. De este modo, la construcción sostenible puede aprovechar los ciclos naturales no solo para reducir residuos, sino también para generar nuevos recursos, mejorar los suelos, aumentar la vegetación y favorecer la biodiversidad. El ciclo biológico amplía así la visión de la sostenibilidad: el edificio no solo debe reducir su impacto, sino también buscar una relación más positiva con el entorno natural.

5. APLICACIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN SOSTENIBLE E INGENIERÍA AMBIENTAL

El sector de la edificación y de las obras civiles se encuentra entre los principales consumidores de materias primas y generadores de residuos a escala mundial. Ante esta situación, la aplicación del Diagrama de Mariposa a la construcción sostenible permite replantear la forma en que se diseñan, construyen, utilizan, mantienen y desmontan los edificios y las infraestructuras. Su objetivo es conservar el valor de los materiales y componentes durante el mayor tiempo posible, reducir el consumo de recursos vírgenes y minimizar la generación de residuos.

Este enfoque facilita la transición hacia modelos constructivos orientados a reducir las emisiones de carbono y a aprovechar al máximo los recursos. Para ello, resulta necesario rediseñar las cadenas de valor de la construcción e incorporar estrategias de economía circular desde las primeras fases de cada proyecto.

5.1. Arquetipos de modelos de negocio circulares en construcción

La aplicación de los principios de economía circular en la construcción puede organizarse en cinco arquetipos de modelos de negocio. Cada uno plantea una estrategia diferente para reducir el consumo de recursos, prolongar la vida útil de los productos o recuperar materiales que, de otro modo, terminarían convirtiéndose en residuos.

1. Suministros circulares

Consiste en sustituir, total o parcialmente, los materiales vírgenes y los procedentes de fuentes fósiles por alternativas renovables, regenerativas o recicladas. Entre estas opciones se encuentran la madera procedente de explotaciones forestales gestionadas de forma responsable, los aislamientos fabricados con cáñamo o paja y los materiales que incorporan materias primas secundarias. Un ejemplo son los áridos reciclados obtenidos a partir de residuos de construcción y demolición (RCD), que pueden emplearse en determinadas aplicaciones en sustitución de los áridos naturales.

2. Prolongación de la vida útil de los edificios

Este modelo busca mantener los edificios y sus componentes en funcionamiento durante el mayor tiempo posible. Para ello, se incorporan criterios como el diseño para la deconstrucción (Design for Disassembly, DfD) y la adaptabilidad funcional. Un edificio diseñado con estos principios puede ser reparado, rehabilitado, transformado o desmontado con mayor facilidad, evitando que sus componentes pierdan su valor prematuramente.

La adaptabilidad también permite modificar los espacios ante cambios en las necesidades de los usuarios, sin tener que sustituir ni demoler grandes partes de la estructura. De este modo, se reduce tanto el consumo de nuevos materiales como la generación de residuos.

3. Servitización de la edificación (Product-as-a-Service)

La servitización modifica el modelo tradicional basado en la compra y propiedad de equipos. En su lugar, el usuario contrata el rendimiento o el servicio proporcionado por un producto, mientras que el fabricante puede conservar la propiedad del producto y asumir responsabilidades relacionadas con su mantenimiento, reparación, actualización y recuperación.

En el sector de la construcción, este modelo puede aplicarse, por ejemplo, al alquiler de sistemas de iluminación (Light-as-a-Service), equipos de climatización, fachadas activas o maquinaria pesada. Al mantener la responsabilidad sobre el producto, el fabricante tiene mayores incentivos para diseñarlo de forma duradera, reparable y actualizable, así como para recuperar sus componentes al finalizar su vida útil.

4. Plataformas compartidas

Las plataformas compartidas permiten optimizar el uso de maquinaria, herramientas e instalaciones que permanecen inactivas durante parte de su vida útil. Mediante plataformas digitales de colaboración, varias empresas constructoras pueden compartir determinados equipos según sus necesidades.

Este sistema puede reducir la necesidad de adquirir maquinaria adicional y mejorar la tasa de utilización de los activos existentes. También puede disminuir el consumo de recursos asociado a la fabricación de nuevos equipos y favorecer una gestión más eficiente de los recursos disponibles.

5. Recuperación de recursos o minería urbana

La minería urbana consiste en recuperar materiales presentes en edificios, infraestructuras y residuos de construcción y demolición para reincorporarlos al sistema productivo. Los RCD pueden ser procesados mediante operaciones de separación, clasificación y tratamiento para recuperar materiales como metales, hormigón, cerámicos o asfaltos.

Estos materiales pueden convertirse en materias primas secundarias para nuevos procesos constructivos, siempre que cumplan los requisitos técnicos y normativos aplicables. De esta forma, los residuos dejan de considerarse únicamente materiales que deben eliminarse y pasan a constituir una fuente potencial de recursos.

5.2. Metodología de implementación progresiva en proyectos constructivos

La aplicación del Diagrama de Mariposa a un proyecto constructivo requiere una metodología que permita identificar los flujos de materiales, detectar pérdidas de valor y seleccionar las estrategias circulares más adecuadas. Para ello, puede seguirse un proceso estructurado en seis etapas.

  1. Definir el sistema: El primer paso consiste en establecer los límites físicos y temporales del proyecto. Se debe determinar qué elementos serán objeto de análisis, como la estructura, la cimentación, la envolvente, las instalaciones o determinadas infraestructuras de servicio. También es necesario establecer el periodo de estudio, desde la fase de diseño y construcción hasta la utilización, la rehabilitación y el posible desmontaje del edificio.
  2. Mapear a los actores: A continuación, se identifican los agentes que intervienen en las distintas etapas de la cadena de valor. Entre ellos se encuentran los fabricantes y proveedores de materiales, arquitectos, ingenieros, empresas constructoras, instaladores, propietarios, usuarios, gestores de mantenimiento y empresas especializadas en la recuperación y gestión de residuos. La participación coordinada de estos actores permite detectar oportunidades de circularidad que difícilmente podrían abordarse desde una única fase del proyecto.
  3. Trazar los flujos de materiales: En esta etapa se cuantifican las entradas y salidas de materiales y, cuando sea necesario, de energía. Cada material debe clasificarse según su pertenencia al ciclo biológico o al ciclo técnico del Diagrama de Mariposa. Esta clasificación permite determinar qué materiales pueden regenerarse mediante procesos naturales y cuáles deben mantenerse en ciclos técnicos de reutilización, reparación, reacondicionamiento, remanufactura o reciclaje.
  4. Identificar los puntos críticos: Una vez conocidos los flujos de materiales, se identifican las principales pérdidas de valor. Entre ellas pueden encontrarse el uso excesivo de materias primas vírgenes, la generación de grandes cantidades de RCD, la dificultad para reparar determinados componentes o la utilización de sistemas constructivos que impiden desmontar y recuperar sus elementos. La identificación de estos puntos permite establecer prioridades y concentrar los esfuerzos de circularidad en las fases con mayor potencial de mejora.
  5. Diseñar estrategias de circularidad: Con la información obtenida, se seleccionan las estrategias más adecuadas para mantener los materiales y componentes dentro del sistema durante el mayor tiempo posible. Se deben priorizar los ciclos internos, como el mantenimiento, la reparación, la reutilización, la adaptación y el reacondicionamiento, antes de recurrir al reciclaje. En el diseño pueden incorporarse soluciones como sistemas modulares, uniones desmontables, componentes reutilizables, materiales reciclados y sistemas constructivos que faciliten futuras intervenciones.
  6. Implementar y medir: La última etapa consiste en implementar las estrategias seleccionadas y evaluar sus resultados mediante indicadores de circularidad. Estos indicadores pueden medir, entre otros aspectos, el porcentaje de materiales reutilizados o reciclados, la cantidad de residuos generados, la vida útil de los componentes, la facilidad de desmontaje o la proporción de materiales recuperables al final de la vida útil del edificio. La utilización de herramientas digitales y sistemas de gestión empresarial, como los sistemas ERP y determinadas soluciones de gestión de la responsabilidad y del diseño de productos, puede facilitar la trazabilidad de los materiales, el seguimiento de los flujos de recursos y el control del cumplimiento de los requisitos ambientales y normativos.

En conjunto, esta metodología permite integrar la economía circular desde la fase de diseño hasta el final de la vida útil del proyecto. El Diagrama de Mariposa sirve como herramienta para visualizar los flujos de recursos y orientar las decisiones de diseño, construcción, mantenimiento y recuperación hacia modelos que reduzcan el consumo de materias primas y mantengan el valor de los materiales durante más tiempo.

6. DESAFÍOS, PARADOJAS Y LÍMITES FÍSICO-ECOLÓGICOS

Aunque el Diagrama de Mariposa ofrece un marco útil para comprender y diseñar sistemas circulares, su aplicación debe analizarse críticamente. La economía circular no elimina las restricciones físicas de los sistemas naturales ni garantiza, por sí sola, una reducción del consumo de recursos. Los procesos de extracción, transformación, utilización, recuperación y reciclaje están condicionados por principios termodinámicos y por factores económicos, tecnológicos y sociales.

Por este motivo, una estrategia de circularidad debe evaluar no solo si un material puede reutilizarse, sino también cuánta energía requiere su recuperación, qué cantidad de material se pierde durante el proceso, qué calidad conserva tras cada ciclo y si el sistema realmente reduce el impacto ambiental.

6.1. La Segunda Ley de la Termodinámica y la entropía

Los sistemas económicos funcionan como sistemas abiertos que intercambian materia y energía con el entorno. Aunque los materiales pueden mantenerse dentro de ciclos técnicos o biológicos durante determinados periodos, ningún proceso de recuperación real es completamente eficiente. La transformación y utilización de los recursos generan pérdidas de materia y energía y, en muchos casos, provocan una disminución de la calidad del material.

Esta limitación es especialmente relevante en los procesos de reciclaje. Por ejemplo, determinados metales pueden reciclarse repetidamente, pero durante su recuperación pueden producirse pérdidas, contaminación o mezclas con otros materiales que dificulten su separación. En el caso de los plásticos, la exposición al calor, la radiación o los procesos mecánicos puede modificar sus propiedades, haciendo que algunos materiales solo puedan destinarse posteriormente a aplicaciones de menor exigencia. Este proceso se conoce como downcycling.

La economía circular, por tanto, no debe interpretarse como un sistema en el que los materiales circulan indefinidamente sin pérdidas. Su objetivo es reducir la extracción de recursos y conservar el valor de los materiales durante el mayor tiempo posible, reconociendo que existen límites físicos a la recuperación.

Esto implica que el reciclaje debe situarse en una jerarquía de estrategias. Cuando sea técnicamente viable, mantener un producto en uso, repararlo, reutilizarlo o reacondicionarlo suele conservar más valor que transformarlo de nuevo en materia prima. El reciclaje continúa siendo necesario para los materiales que ya no pueden mantenerse en ciclos de mayor valor, pero no elimina la necesidad de reducir el consumo de recursos desde su origen.

6.2. La paradoja de Jevons y el efecto rebote

La paradoja de Jevons describe una situación en la que una mejora de la eficiencia en el uso de un recurso puede provocar un aumento de su consumo total. El mecanismo es relativamente sencillo: si una nueva tecnología permite utilizar menos recursos por unidad de producto y, al mismo tiempo, reduce los costes de producción o de uso, puede aumentar la demanda del producto o servicio.

Por ejemplo, una tecnología que reduzca considerablemente el consumo de material por unidad producida puede disminuir el impacto asociado a cada unidad. Sin embargo, si esa reducción de costes permite fabricar y vender un número mucho mayor de unidades, el consumo total de recursos podría disminuir menos de lo esperado o incluso aumentar.

Este fenómeno también puede presentarse en las estrategias de economía circular. Una mejora en la eficiencia del reciclaje, la reducción del consumo de material por producto o la optimización del uso de determinados equipos no garantiza automáticamente una reducción del impacto ambiental total.

Por ello, la evaluación de una estrategia circular debe considerar tanto la eficiencia por unidad como los efectos sobre la demanda y el consumo agregado. Las mejoras tecnológicas pueden requerir complementarse con medidas destinadas a reducir la generación de residuos, prolongar la vida útil de los productos y evitar incrementos innecesarios de la demanda material.

6.3. Riesgo de greenwashing y falsa circularidad

La expansión de la economía circular también conlleva el riesgo de que algunas organizaciones utilicen conceptos como «circular», «reciclable» o «sostenible» sin que haya una transformación real de sus procesos productivos. El greenwashing se da cuando una organización comunica una imagen ambientalmente responsable que no está suficientemente respaldada por sus prácticas, resultados o datos verificables.

En el caso de la economía circular, este riesgo puede surgir cuando una empresa destaca el uso de materiales reciclados, pero mantiene un modelo basado principalmente en productos de corta duración, con un elevado consumo de recursos y escasas posibilidades de reparación o reutilización. También puede aparecer cuando se presenta como circular un proceso de reciclaje que recupera únicamente una pequeña parte de los materiales originales o que requiere una cantidad elevada de energía para funcionar.

La función del ingeniero ambiental consiste, entre otras tareas, en comprobar, mediante métodos cuantitativos, si las medidas adoptadas producen, de hecho, una mejora ambiental. Para ello, pueden utilizarse herramientas como el Análisis de Ciclo de Vida (ACV), los balances de masa y de energía y los indicadores de circularidad.

El ACV permite evaluar los impactos ambientales asociados a las distintas etapas del ciclo de vida de un producto, material o sistema. Los balances de masa permiten comprobar qué cantidad de materia entra en un proceso, cuánto producto útil se obtiene y qué fracción termina como residuo o se pierde. La combinación de estas herramientas ayuda a distinguir entre una circularidad meramente declarativa y una estrategia respaldada por resultados medibles.

6.4. Límites físicos y ecológicos de la economía circular

La economía circular debe entenderse como una estrategia para reducir la presión sobre los recursos naturales, no como un mecanismo capaz de eliminarla por completo. Los ecosistemas tienen una capacidad limitada para proporcionar materias primas, absorber residuos y regenerar recursos biológicos. Del mismo modo, la disponibilidad de determinados minerales y materiales no es infinita y su extracción puede generar impactos en el suelo, el agua, la biodiversidad y el clima.

Por esta razón, una economía circular eficaz debe combinar el mantenimiento de los materiales en los ciclos con la reducción de la demanda de recursos y de los impactos asociados a su producción. La circularidad y la eficiencia material son herramientas complementarias, pero ninguna de ellas elimina por sí sola las restricciones ecológicas.

El análisis técnico debe considerar, además, posibles compensaciones entre impactos. Una solución que aumente el porcentaje de material reciclado puede requerir más energía, transporte o tratamiento que una alternativa convencional. Por ello, el hecho de que un material sea reciclable o reutilizable no demuestra por sí mismo que la solución tenga un menor impacto ambiental.

Desde la ingeniería ambiental, el reto consiste en determinar cuándo una estrategia circular genera una mejora ambiental real y bajo qué condiciones. Esto requiere analizar los flujos de materia y de energía, evaluar los impactos a lo largo de todo el ciclo de vida y considerar los límites físicos del sistema. El Diagrama de Mariposa constituye así una herramienta de planificación, pero sus resultados deben contrastarse con datos técnicos y ambientales antes de considerar que una solución determinada es verdaderamente circular.

7. PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN Y ESTUDIO

Las siguientes preguntas permiten comprobar la comprensión de los principales conceptos relacionados con el Diagrama de Mariposa, la economía circular y sus aplicaciones en la ingeniería ambiental. Las respuestas incluyen una explicación breve que permite revisar el razonamiento detrás de cada concepto.

1. ¿Por qué los bucles internos del ciclo técnico, como compartir, mantener o reparar, suelen ser preferibles al reciclaje desde el punto de vista energético?

Respuesta: Los bucles internos permiten conservar gran parte de la estructura, los materiales y el trabajo incorporados al producto original. Cuando un producto se mantiene en uso, se repara o se comparte, se evita recurrir a procesos intensivos de transformación para recuperar sus materiales.

El reciclaje, en cambio, puede requerir operaciones de recogida, transporte, separación, trituración, fundición o transformación. Estos procesos consumen energía y pueden provocar pérdidas de material o una reducción de su calidad. Por este motivo, siempre que sea técnica y económicamente viable, mantener un producto o componente en uso suele permitir conservar más valor con un menor consumo adicional de recursos.

2. ¿Cuál es la diferencia entre el destino de los materiales del ciclo técnico y el de los materiales del ciclo biológico?

Respuesta: El ciclo técnico está destinado principalmente a materiales que no pueden reintegrarse de forma segura en los procesos naturales, como determinados metales, plásticos, componentes electrónicos o materiales sintéticos. Su objetivo es mantener estos recursos en ciclos de uso, reparación, reutilización, reacondicionamiento, remanufactura y reciclaje.

El ciclo biológico, por su parte, comprende materiales biodegradables que pueden reintegrarse de forma segura a la biosfera. Mediante procesos como el compostaje o la digestión biológica, determinados nutrientes pueden reincorporarse a los sistemas naturales y contribuir a su regeneración.

La diferencia principal reside, por tanto, en el destino que debe darse a cada tipo de material: los recursos técnicos deben mantenerse en sistemas controlados de recuperación, mientras que los materiales biológicos pueden retornar a los procesos naturales cuando sus características lo permiten.

3. ¿En qué consiste la servitización o el modelo de «producto como servicio» en la edificación?

Respuesta: La servitización sustituye, total o parcialmente, la compra de un equipo por la contratación de la función o del servicio que este proporciona. En lugar de adquirir un sistema de iluminación, por ejemplo, el cliente puede contratar un servicio de iluminación durante un periodo determinado.

Este modelo puede modificar los incentivos del fabricante. Si mantiene la propiedad del equipo, también puede asumir responsabilidades relacionadas con su mantenimiento, reparación, actualización y recuperación al final de su vida útil. Esto puede favorecer el desarrollo de productos más duraderos, reparables, modulares y eficientes.

En construcción, el modelo puede aplicarse a sistemas de iluminación, climatización, ascensores, maquinaria, equipamiento técnico o determinadas soluciones de gestión energética.

4. ¿El diagrama de mariposa se aplica únicamente a grandes empresas multinacionales?

Respuesta: No. Los principios representados por el Diagrama de Mariposa pueden aplicarse a organizaciones de diferentes tamaños y a proyectos de escalas muy diversas. Una pequeña o mediana empresa puede incorporar estrategias como la reparación, la reutilización, la compra de materiales reciclados, la recuperación de componentes o el intercambio de equipos.

La escala modifica los recursos disponibles y la capacidad de inversión, pero no impide aplicar los principios de la circularidad. Además, determinados modelos pueden resultar especialmente adecuados para iniciativas locales, como redes de reutilización, plataformas de maquinaria compartida, aprovechamiento de residuos de construcción o sistemas locales de recuperación de materiales.

Por ello, la economía circular no debe asociarse exclusivamente a grandes organizaciones. Su aplicación puede adaptarse a las características, recursos y necesidades de cada empresa o proyecto.

5. ¿Cómo se relaciona la paradoja de Jevons con las estrategias de eficiencia y de circularidad?

Respuesta: La paradoja de Jevons plantea que una mejora en la eficiencia en el uso de un recurso no siempre se traduce en una reducción equivalente de su consumo total. Si una tecnología utiliza menos materiales por unidad de producto y, al mismo tiempo, reduce los costes, puede aumentar la demanda y elevar el número total de unidades producidas o utilizadas.

En una estrategia circular, esto significa que lograr una mayor eficiencia material o energética no garantiza, por sí solo, una reducción del impacto ambiental global. También es necesario analizar cómo varían los niveles de producción, consumo y demanda.

Por ello, las mejoras de eficiencia deben combinarse con estrategias destinadas a prolongar la vida útil de los productos, reducir la generación de residuos, favorecer la reutilización y limitar el consumo innecesario de recursos. La evaluación debe realizarse considerando tanto el rendimiento de cada unidad como los efectos sobre el consumo total del sistema.

8. CONCLUSIÓN

El Diagrama de Mariposa ofrece un marco para comprender y gestionar la circulación de materiales y recursos, e identificar oportunidades para reducir las pérdidas de valor y prolongar su uso. No plantea un crecimiento ilimitado, sino una estrategia orientada a reducir el consumo de recursos, la generación de residuos y los impactos ambientales.

En la Ingeniería Ambiental y la Construcción Sostenible, su aplicación permite pasar de una gestión centrada en el tratamiento de residuos a un enfoque preventivo basado en el diseño. El ingeniero desempeña un papel central en este proceso, ya que debe seleccionar materiales, definir soluciones constructivas, evaluar los flujos de materia y de energía y diseñar sistemas que faciliten la reparación, la adaptación, el desmontaje y la recuperación de los componentes.

Además, su responsabilidad incluye verificar técnicamente que las estrategias de circularidad generan beneficios ambientales reales. Para ello, debe apoyarse en herramientas como el análisis del ciclo de vida, los balances de materia y de energía y los indicadores de circularidad. De este modo, el ingeniero deja de intervenir únicamente cuando se genera el residuo y pasa a actuar desde la concepción del proyecto, integrando criterios ambientales en las decisiones técnicas y contribuyendo a que los edificios y las infraestructuras mantengan el valor de sus materiales a lo largo de sucesivos ciclos de uso.

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

Por qué no construimos pilotes de bajo carbono (aunque sepamos diseñarlos)

Hace años que se investiga cómo reducir las emisiones de carbono asociadas a las cimentaciones profundas, especialmente en los pilotes. Estos trabajos muestran que, al optimizar la geometría o la resistencia del hormigón o del material, se pueden lograr reducciones superiores al 70 %. Y sin embargo, cuando uno visita una obra, los pilotes siguen siendo mayoritariamente cilindros uniformes con margen de sobra.

Podemos, por tanto, plantear una pregunta incómoda: si sabemos diseñarlos, ¿por qué no se usan? Para responderla, dejamos de calcular y empezamos a escuchar. El resultado es el reciente artículo titulado Barriers and enablers to the decarbonisation of deep foundations in the UK: Insights from geotechnical industry experts, publicado en Environmental and Sustainability Indicators por Abushama et al. (2026), que podéis descargar gratuitamente, ya que está en abierto.

En dicha investigación se recoge lo que diez expertos británicos en geotecnia contaron sobre el abismo que existe entre la investigación y la práctica.

La investigación fue realizada por terceros y se basó en diez entrevistas semiestructuradas en línea, de entre 45 y 60 minutos cada una. Cinco entrevistas se realizaron con consultores, concretamente con directores técnicos y asociados, y las otras cinco con contratistas, como líderes técnicos y responsables de ingeniería, diseño y desarrollo digital. Todos los participantes tenían perfiles muy senior, con entre 11 y 30 años de experiencia; además, todos contaban con al menos un máster y cuatro tenían un doctorado. Para analizar las entrevistas se utilizó el análisis temático de Braun y Clarke, mediante 20 códigos organizados en 7 temas y 2 grandes bloques. Las barreras identificadas se denominaron «frenos» (brakes) y los factores que facilitaban el proceso, «aceleradores» (accelerators). La investigación alcanzó la saturación temática a partir de la décima entrevista, ya que después de ese punto no surgieron temas sustancialmente nuevos.

Principales aportaciones

  1. Cubrieron un vacío en la investigación. Existe una amplia literatura sobre la optimización de pilotes y las barreras para avanzar hacia una construcción más sostenible. Sin embargo, gran parte de estos estudios se centra en edificios y en superestructuras. Según la revisión realizada, no se había identificado ningún estudio que analizara directamente, mediante entrevistas a proyectistas y contratistas de pilotaje, las barreras específicas de la cimentación profunda.
  2. Identificaron que las principales dificultades no son solo técnicas. Los resultados sugieren que la resistencia a adoptar soluciones de pilotes con menor huella de carbono se relaciona con la interacción entre la presión comercial, la gestión del riesgo y las expectativas del mercado. Por tanto, el conocimiento técnico disponible no parece ser la única limitación para su adopción.
  3. Propusieron una estructura para analizar el problema. El estudio organizó los resultados en cuatro frenos (brakes) y tres aceleradores (accelerators), y planteó un marco de decisión que relaciona estos factores con las políticas y la normativa.
  4. Diferenciaron las perspectivas entre los consultores y los contratistas. Ambos grupos identificaron barreras similares, pero las experimentaron de manera distinta. Para los consultores, las principales preocupaciones se relacionan con la responsabilidad en el diseño y con las expectativas del cliente. Para los contratistas, los riesgos asociados a la ejecución y al cumplimiento del programa tienen mayor peso.
  5. Plantearon una hoja de ruta para avanzar. Las propuestas se organizaron en tres preguntas: qué hacer, cómo hacerlo y quién debe hacerlo, con el objetivo de orientar posibles acciones para facilitar la adopción de soluciones de cimentación profunda con menor huella de carbono.

Los cuatro frenos

T1. Prioridad comercial y de plazo. El coste y el cumplimiento de los plazos condicionan la elección de las soluciones. Los sobrecostes resultan difíciles de justificar si no ofrecen un beneficio claro, mientras que la falta de tiempo limita la realización de ensayos y estudios adicionales.

T2. Riesgo, responsabilidad y conservadurismo. El temor al riesgo y a asumir responsabilidades favorece diseños conservadores y dificulta la adopción de soluciones nuevas. También existe reticencia a utilizar tecnologías que todavía no han sido suficientemente probadas, reforzada por los márgenes de seguridad establecidos en la normativa.

T3. Datos del terreno y calidad. Una investigación geotécnica insuficiente aumenta la incertidumbre sobre las condiciones del terreno y favorece hipótesis conservadoras y el sobredimensionamiento de los pilotes. También persisten dudas sobre la durabilidad y las condiciones ambientales del terreno.

T4. Constructibilidad y utillaje. Algunas soluciones presentan dificultades para adaptarse a los sistemas y equipos de ejecución existentes. Los problemas de fabricación, alineación y control de calidad pueden aumentar los recursos necesarios, mientras que la falta de coordinación entre disciplinas puede llevar a adoptar cargas más conservadoras.

Los tres aceleradores

T5. Necesidad de prueba empírica. Los participantes señalaron la falta de evidencia práctica como una de las principales barreras para adoptar nuevas soluciones. Destacaron la necesidad de contar con ensayos a escala real, casos de estudio y garantías de su durabilidad antes de incorporarlas a los proyectos.

T6. Madurez del mercado y de la cadena de suministro. Los consultores mostraron reticencias a especificar soluciones que dependieran de un único contratista. Para facilitar su adopción, consideran necesario contar con una oferta suficientemente desarrollada y con varios proveedores capaces de suministrar y ejecutar estas soluciones.

T7. Colaboración y difusión. Los participantes destacaron la utilidad de herramientas sencillas para apoyar la toma de decisiones, la participación temprana de los contratistas y un mayor contacto con la realidad de la ejecución. También señalaron la necesidad de mejorar la difusión del conocimiento mediante formatos accesibles para los profesionales.

Conclusiones

El estudio concluye que el coste y el plazo siguen siendo los principales criterios de decisión, de modo que la reducción de carbono gana peso cuando también aporta mayor certeza económica. A esto se suma una «reticencia a ser el primero», vinculada al riesgo de fallo y a la responsabilidad profesional. Cuando faltan precedentes, los proyectistas tienden a recurrir a soluciones recogidas en la normativa porque son más fáciles de justificar. Del mismo modo, algunas innovaciones enfrentan dificultades cuando no se ajustan a los equipos y procedimientos habituales de la obra. Ante estas barreras, el estudio plantea la necesidad de reducir el riesgo mediante una mayor incorporación de estas soluciones en la normativa, de herramientas de diseño accesibles y de más datos. El objetivo final es pasar de una lógica centrada en el «mínimo coste» a otra basada en el valor a lo largo de todo el ciclo de vida.

Aplicaciones prácticas

Si proyectas o eres consultor

  • Incluye el carbono embebido como parámetro de diseño, junto con la capacidad, el servicio y la constructibilidad, no como un extra opcional.
  • Documenta y justifica cada reducción: el problema de fondo es la defendibilidad, no la capacidad de cálculo.
  • Defiende una investigación geotécnica de mayor calidad. Lo que se ahorra en el reconocimiento suele pagarse en sobredimensionamiento.
  • Revisa con el equipo de estructuras las cargas «con colchón» que se transmiten a la cimentación.

Si eres contratista

  • Ofrece validación de la constructibilidad desde la fase de concepto: convierte una barrera en una restricción de diseño manejable.
  • Registra y comparte datos de ensayos de carga y de resultados de ejecución.

Si eres cliente o administración

  • Sin una demanda clara del cliente, estas soluciones seguirán siendo marginales. Las palancas son exigir el cálculo del carbono embebido, fijar objetivos o límites en las licitaciones públicas y puntuar el valor a lo largo de todo el ciclo de vida.
  • Considera la contratación con participación temprana del contratista (ECI).

Si investigas

  • La experimentación puntual y aislada no basta. Hacen falta programas de ensayos a escala real, financiados de forma independiente y representativos de vidas útiles de 120 años. Se proponen plataformas como Constructionarium.
  • Publica también en formatos breves que la profesión lea, no solo en revistas científicas.

Para organismos normativos y colegios profesionales

  • Guías tipo CIRIA/ICE que respalden a quien especifica, una base de datos abierta de ensayos de carga y de comportamiento a largo plazo, y herramientas de cálculo de acceso libre.

¿Se pueden extrapolar estos hallazgos a otros países?

El estudio se limita al Reino Unido y no incluye datos de otros países. Lo que sigue es una interpretación, no un resultado del estudio.

Barrera Probable extrapolación Por qué
Presión de coste y plazo en licitación Alta Es un rasgo de casi cualquier mercado de contratación competitiva
Aversión al riesgo y «no ser el primero» Alta Nace de la asimetría entre un ahorro pequeño y las consecuencias de un fallo, que son enormes
Falta de precedentes y de ensayos a escala real Alta Es un problema de generación de evidencia, no de contexto local
Solución de un solo proveedor frente al mercado Alta Vale donde se licita con concurrencia
Utillaje estándar y calidad de ejecución Media-alta Los diámetros y equipos varían por región, pero la lógica es la misma
Calidad de la investigación geotécnica Media Depende de la práctica local de reconocimiento y de su coste relativo
Marco de responsabilidad y seguros Media El régimen legal cambia mucho entre países
Vida útil de 120 años Baja-media Es un criterio típico de la infraestructura británica; en otros lugares las exigencias difieren
Riesgo de la madera Baja Depende del clima y del nivel freático, como recordaron los propios entrevistados al citar Venecia o Ámsterdam
Marcos de referencia (PAS 2080, CIRIA, FPS, etc.) Baja Son específicos del Reino Unido, aunque el papel de la normativa es trasladable donde exista un equivalente

Es factible que las barreras estructurales (incentivos, riesgo, evidencia, cadena de suministro) se extrapolen bien al resto de Europa, a España y a Latinoamérica. Las barreras contextuales (régimen de responsabilidad, seguros, códigos, clima, práctica de reconocimiento) deben revisarse país por país. Demostrarlo requeriría estudios locales.

Limitaciones del trabajo

  • Muestra pequeña. Diez entrevistas aportan profundidad, no representatividad estadística. Los códigos con pocas menciones, como los incentivos fiscales al carbono, deben leerse con cautela.
  • Solo dos voces de la cadena. No entrevistamos a clientes, estructuristas, aseguradoras, reguladores ni administraciones, precisamente los actores que señalamos como palancas clave.
  • Posible sesgo de encuadre. Se desarrolló parte de las técnicas de optimización que sirvieron de caso en las entrevistas. Lo tratamos como cuestión de reflexividad en el artículo, pero conviene tenerlo presente al leerlo.
  • El «70 %» no es un resultado de este estudio. Es la reducción que atribuimos a la literatura previa sobre optimización, y aparece como resultado esperado en nuestra hoja de ruta.
  • La hoja de ruta es propositiva. Se deriva de las entrevistas y de la literatura, pero no se ha puesto a prueba en ningún proyecto real.

Mensaje final

Si tuviéramos que resumir el estudio en una frase, diríamos que el bajo carbono en cimentaciones profundas no se frena por falta de ingenio, sino por cómo se reparten el riesgo, la responsabilidad y los incentivos. Por ello, la optimización paramétrica, por sí sola, no basta para impulsar el cambio. Para avanzar, hacen falta ensayos a escala real que aporten evidencia, guías que respalden a los proyectistas, herramientas accesibles que faciliten el diseño y clientes que incorporen el carbono como criterio de decisión. Ya sabemos diseñar pilotes de bajo carbono. Ahora toca crear las condiciones para especificarlos, construirlos y demostrar que funcionan. El siguiente paso no es seguir calculando: es llevarlos a obra.

Referencia

Abushama, K., Hawkins, W., Pelecanos, L., & Ibell, T. (2026). Barriers and enablers to the decarbonisation of deep foundations in the UK: Insights from geotechnical industry experts. Environmental and Sustainability Indicators, 32, Article 101521. https://doi.org/10.1016/j.indic.2026.101521

Os dejo un vídeo que puede resumir bien el contenido del artículo.

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El calentamiento global podría acortar hasta 25 años la vida útil de infraestructuras

Un estudio desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) y del Hunan Institute of Science and Engineering (China) estima que el calentamiento global podría provocar un deterioro térmico prematuro de las infraestructuras y reducir significativamente su vida útil si se mantienen las tendencias de aumento de la temperatura.

El trabajo, firmado por Zhiwu Zhou, Faxing Ding, Julián Alcalá y Víctor Yepes, presenta un nuevo modelo que evalúa el efecto de las temperaturas extremas sobre la durabilidad de las infraestructuras y el impacto de dicho deterioro en las emisiones de carbono.

Hasta 25 años menos de vida útil hacia 2100

Según las proyecciones del modelo, el calentamiento global podría reducir entre 18,52 y 25,15 años la vida útil de las infraestructuras a nivel global hacia 2100. El estudio estima, además, que el calentamiento registrado durante el último siglo habría provocado un envejecimiento prematuro en alrededor del 8,67% de los puentes analizados a escala global.

“Este trabajo sintetiza una investigación profunda sobre el impacto del calentamiento global en la infraestructura crítica, en particular en los puentes atirantados de hormigón. El estudio revela una presión dual: el calentamiento acelera la degradación estructural y, simultáneamente, amplifica las emisiones de carbono incorporadas debido a la necesidad de demoliciones prematuras y reparaciones no planificadas”, apunta Víctor Yepes.

En su estudio, el equipo de investigadores de España y China concluye que el 8,67% de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su etapa operativa. “Esto ha generado emisiones de carbono excedentes de más de 100.000 toneladas, una cifra equivalente a 2,70 veces la producción de carbono proyectada en la etapa de diseño original”, añade Yepes.

Validación del modelo

Para desarrollar y validar el modelo, el equipo analizó cuatro puentes situados en China y sometidos a condiciones climáticas y altitudes muy diferentes: el puente de Nan’ao, en Shantou, provincia de Guangdong; el puente del río Meixi, cerca de Fengjie, en el municipio de Chongqing; el puente de Wuhekou, en Huai’an, provincia de Jiangsu; y el puente de Xiaoxihu sobre el río Amarillo, en Lanzhou, provincia de Gansu.

“Los casos abarcan desde climas monzónicos subtropicales hasta climas continentales templados, lo que permite comprobar cómo los gradientes térmicos afectan de forma desigual a la durabilidad estructural”, apunta Julián Alcalá, investigador también de la UPV.

Más peligro en las regiones de clima templado marítimo y continental

El estudio advierte del peligro sobre todo en las regiones de clima templado marítimo y continental, identificadas como zonas de alta vulnerabilidad, “lo que exige una recalibración urgente de los códigos de diseño para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de la infraestructura global”, añade Julián Alcalá.

Para evitar estos riesgos, el equipo de investigadores aboga por incorporar escenarios climáticos futuros al diseño, mantenimiento y refuerzo de infraestructuras, para ayudar a anticipar daños y reducir tanto costes como emisiones derivadas de intervenciones prematuras.

La investigación se enmarca en el proyecto RESILIFE, dirigido por Víctor Yepes y Julián Alcalá, investigadores principales de la UPV.

Referencia

ZHOU, Z.; DING, F.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2026). Thermal damage and lifespan deterioration of global infrastructure under climate warming. Thermal Science and Engineering Progress, 78, 104910. DOI:10.1016/j.tsep.2026.104910

Aquí os dejo los enlaces a los medios de comunicación que se han hecho eco de la noticia.

El calentamiento global también lo sufren las infraestructuras: su vida útil podría acortarse hasta en 25 años

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2026/09/09/el-calentamiento-global-podria-acortar-hasta-25-anos-la-vida-util-de-infraestructuras-radio-valencia/

https://cadenaser.com/audio/1788941691907/

https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/calentamiento-global-podria-reducir-25-anos-vida-util-infraestructuras-globales.html

https://www.europapress.es/comunitat-valenciana/noticia-calentamiento-global-puede-acortar-25-anos-vida-util-infraestructuras-estudio-20260909102315.html

https://www.infobae.com/america/agencias/2026/09/09/el-calentamiento-global-acorta-hasta-25-anos-la-vida-de-infraestructuras-segun-un-estudio/

El calentamiento global acorta la vida de las infraestructura hasta 25 años

https://www.ultimahora.es/noticias/comunidades/2026/09/09/2704955/calentamiento-global-puede-acortar-hasta-anos-vida-util-infraestructuras-segun-estudio.html

https://www.upv.es/noticias-upv/noticia-16026-el-calentamien-es.html

https://valenciaplaza.com/valenciaplaza/plaza-innovacion/el-calentamiento-global-puede-acortar-hasta-25-anos-la-vida-util-de-infraestructuras-segun-un-estudio

https://www.elperiodic.com/val/valencia/lescalfament-global-podria-escurcar-fins-anys-vida-util-dinfraestructures_1091728

https://www.noticiasaominuto.com/economia/3048843/aquecimento-global-reduz-vida-util-de-infraestruturas-em-ate-25-anos-estudo

https://www.larazon.es/comunidad-valenciana/valencia/estudio-cientifico-revela-que-calentamiento-global-reduce-vida-util-puentes-hormigon_202609096aa12e3067d6870e444f225f.html

https://www.ecoavant.com/medio-ambiente/el-calentamiento-global-acorta-la-vida-de-infraestructuras_17370_102_amp.html

https://okdiario.com/okgreen/calentamiento-global-podria-restar-hasta-25-anos-vida-util-infraestructuras-del-planeta-20256066

https://www.levante-emv.com/videos/levante-tv/2026/09/09/estudio-upv-advierte-riesgo-infraestructuras-134108908.amp.html

También os paso el enlace al programa «Cambio climático» de Canal Sur.

https://audio.canalsurmas.es/videos/detail/405617-infraestructuras-con-fiebre

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DANA de 2024: qué nos enseñó sobre el riesgo y el diseño de nuestras infraestructuras

Cuando el agua encuentra un territorio vulnerable, una lluvia extraordinaria puede convertirse en una catástrofe. La DANA de octubre de 2024 lo demostró con una fuerza difícil de olvidar: carreteras, ferrocarriles, puentes, viviendas y redes esenciales quedaron expuestos a un episodio que puso a prueba la capacidad del territorio y de sus infraestructuras. Pero el agua no solo dejó daños; también dejó preguntas para la ingeniería. ¿Qué falló, qué funcionó y qué deberíamos cambiar para afrontar el próximo episodio extremo? La respuesta pasa por mirar más allá de la obra aislada y entender cómo territorio, hidráulica, infraestructuras, sistemas de alerta y clima interactúan cuando todo ocurre simultáneamente.

Nos adentramos en la época de lluvias. Ayer llovió con mucha fuerza en Valencia y hoy parece que sigue lloviendo. La inquietud y la memoria de lo ocurrido en fechas recientes pesan como una losa sobre quienes vivimos en estas tierras. El tiempo transcurrido permite analizar con mayor perspectiva qué factores se combinaron, qué papel desempeñaron las infraestructuras y qué enseñanzas puede extraer la ingeniería para afrontar futuros episodios extremos.

Un desastre resultado de múltiples vulnerabilidades

La vulnerabilidad que puso de manifiesto la DANA no obedeció a una única causa. Fue el resultado de la combinación de una elevada exposición de la población, de las actividades económicas y de las infraestructuras en zonas potencialmente inundables, de las características de las redes de drenaje y de transporte y de la extraordinaria magnitud de la avenida.

En comarcas como l’Horta Sud, el crecimiento urbano e industrial acumulado durante décadas ocupó parte de las llanuras naturales de inundación y de los cauces secos de las ramblas. Al mismo tiempo, la sustitución de superficies vegetadas por superficies impermeables favoreció una respuesta más rápida de la escorrentía y redujo la infiltración del agua.

A estas condiciones se sumaron ciertos elementos de las infraestructuras que pueden modificar el comportamiento del flujo durante una inundación. Algunos puentes con pilares situados en el cauce y determinados terraplenes de las vías de transporte pueden generar estrechamientos locales. Si además se acumulan escombros, vegetación u otros materiales arrastrados por el agua, la circulación de los caudales puede verse temporalmente dificultada.

La magnitud de los daños puede entenderse mediante el denominado «modelo del queso suizo», utilizado en la gestión de desastres. Su planteamiento parte de que los impactos más graves pueden producirse cuando varias debilidades o limitaciones coinciden en distintas capas de protección. Durante este episodio confluyeron factores territoriales e hidráulicos preexistentes con circunstancias propias de la emergencia.

Entre las condiciones previas estaba la existencia de cuencas de respuesta rápida, con capacidad hidráulica limitada, destinadas a episodios extraordinarios. La respuesta fue diferente en infraestructuras con mayor capacidad de regulación o de conducción, como el nuevo cauce del Turia o la presa de Forata en el río Magro. Durante la emergencia también intervinieron aspectos relacionados con la transmisión de información y la percepción del riesgo, incluidos los sistemas de alerta temprana y el conocimiento del peligro por parte de la población.

Todo ello coincidió con un episodio meteorológico excepcional. La DANA produjo precipitaciones de intensidad extraordinaria y se vio favorecida por temperaturas del Mediterráneo superiores a lo habitual para las condiciones atmosféricas del episodio. Además, el sistema de tormentas presentó un carácter muy estacionario, lo que permitió acumular precipitaciones históricas en determinados puntos. En Turís se registraron más de 185 l/m² en una hora y más de 770 l/m² en 24 horas. Los caudales generados superaron ampliamente los valores asociados a periodos de retorno convencionales.

Revisar los modelos de riesgo hidrológico

El episodio también ha puesto sobre la mesa algunas limitaciones conceptuales y metodológicas en la evaluación del riesgo hidrológico. Una de las cuestiones que merecen revisión es la premisa de la estacionariedad climática: la suposición de que las series estadísticas y los registros históricos permiten estimar adecuadamente la frecuencia e intensidad de los acontecimientos futuros.

La DANA plantea interrogantes sobre la capacidad de los periodos de retorno convencionales utilizados en las normativas para representar un clima cambiante, capaz de generar sistemas de tormentas estacionarias de severidad excepcional. También conviene mejorar la representación de aquellas situaciones en las que las precipitaciones extremas inciden sobre suelos previamente saturados por lluvias anteriores, ya que esta circunstancia puede contribuir a producir picos de caudal muy elevados.

Los modelos hidrológicos e hidráulicos deberían incorporar también, con mayor detalle, la geomorfología de los abanicos y de las llanuras aluviales mediterráneas. Muchas metodologías de evaluación del riesgo se han desarrollado tomando como referencia la dinámica de los grandes ríos. En un abanico aluvial, la configuración convexa del terreno puede hacer que el cauce pierda capacidad a medida que avanza, mientras que el agua desbordada puede desviarse hacia corrientes secundarias.

Las infraestructuras humanas añaden otra fuente de complejidad. Algunos modelos numéricos podrían no representar con suficiente detalle determinadas interacciones físicas, como la acumulación de vehículos, sedimentos, vegetación y escombros en puentes y pasos inferiores. Estos materiales pueden incrementar el calado y las fuerzas ejercidas sobre el entorno aguas arriba.

También existe margen para conectar mejor los datos disponibles con la gestión predictiva de emergencias en tiempo real. Una red avanzada de medición como el SAIH proporciona información de gran utilidad, que podría adquirir mayor valor operativo mediante su integración con modelos hidráulicos distribuidos capaces de transformar la precipitación en mapas dinámicos de inundación.

El análisis del riesgo debería extenderse, además, más allá de la seguridad estructural de cada componente considerado por separado. La electricidad, el agua, las telecomunicaciones y el transporte están estrechamente relacionados, de modo que el fallo de un sistema puede afectar a los demás. Los modelos deben profundizar en estos posibles efectos en cascada y en las interdependencias entre infraestructuras críticas, incluyendo los tiempos necesarios para la recuperación de los servicios.

Infraestructuras que protegen y estructuras que interactúan con el agua

No todas las infraestructuras cumplen la misma función en una inundación. Su comportamiento depende de su capacidad de evacuación, de su función de laminación de caudales y de la forma en que responden hidráulicamente a las características concretas de cada episodio.

El nuevo cauce del río Turia, conocido como Plan Sur, constituye un elemento relevante por su capacidad de conducción para interpretar la evolución de los caudales en el entorno de Valencia. También las presas de regulación y laminación, como Forata, pueden modificar temporalmente la evolución de los caudales aguas abajo. Para determinar cuál fue la contribución concreta de estas infraestructuras durante la DANA, es necesario analizar los caudales registrados, las condiciones de funcionamiento y los escenarios que se habrían producido sin dichas actuaciones.

Otros elementos pueden interactuar con el flujo y modificar localmente sus condiciones de circulación. En determinados puentes y pasos con varios pilares dentro del cauce, la acumulación de vegetación, sedimentos, vehículos u otros materiales arrastrados por la corriente puede reducir temporalmente la sección disponible y modificar los niveles de agua aguas arriba. La magnitud de este efecto depende del emplazamiento y requiere un análisis hidráulico específico.

Algo similar puede ocurrir con ciertos terraplenes de carreteras y de vías ferroviarias. Su comportamiento frente a caudales extraordinarios depende, entre otros factores, de la capacidad y la distribución de los elementos de drenaje transversal.

Esto aconseja revisar las soluciones existentes sin considerar si una determinada tipología es adecuada o inadecuada de forma general. En puentes y pasos de agua puede estudiarse, cuando sea técnicamente viable, la reducción de apoyos dentro del cauce, junto con la socavación y las acciones asociadas a sedimentos y materiales flotantes. En carreteras y ferrocarriles puede valorarse una mayor permeabilidad transversal mediante obras de drenaje, marcos o viaductos, especialmente cuando la configuración del terreno lo permita.

La ingeniería dispone, además, de soluciones que pueden combinarse entre sí. Entre ellas están las medidas de laminación en cabecera y aquellas que proporcionan mayor espacio para la circulación temporal del agua, como parques inundables periurbanos, corredores verdes de laminación y Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). Estas actuaciones pueden complementarse con criterios de diseño basados en el desempeño y con hipótesis de cálculo que contemplen posibles modificaciones en las condiciones climáticas.

También resulta útil estudiar qué ocurre cuando un evento supera las condiciones previstas en el diseño. El objetivo es identificar posibles modos de fallo y conservar determinadas funciones durante la emergencia.

Carreteras, ferrocarriles y puentes: analizar cada caso

Las infraestructuras de transporte pueden interactuar con el agua de distintas formas durante una inundación. Su efecto depende de su posición respecto a las líneas naturales de escorrentía, de la permeabilidad transversal, de la capacidad de las obras de drenaje y de las características de los caudales y de los materiales transportados. Por ello, su influencia debe analizarse de manera individual.

En algunos puentes, la presencia de varios pilares o apoyos en el cauce facilita que la vegetación, los sedimentos, los vehículos y otros materiales arrastrados por la corriente reduzcan temporalmente la sección transversal disponible. Los terraplenes de carreteras y ferrocarriles también pueden interceptar las líneas de escorrentía cuando sus elementos de drenaje transversal carecen de capacidad suficiente para caudales determinados.

Algunas infraestructuras de l’Horta Sud merecen un análisis específico. Entre ellas figuran determinados tramos de la red ferroviaria de cercanías, incluido el entorno de Paiporta, donde convendría estudiar conjuntamente los niveles de agua registrados, la capacidad de las obras de drenaje y las posibles obstrucciones durante el episodio.

También puede revisarse el comportamiento hidráulico de grandes infraestructuras viarias, como la V-31, conocida como Pista de Silla, y la CV-31, así como su relación con las vías naturales de desagüe del abanico aluvial. Las diferencias de configuración respecto de otras infraestructuras, como la CV-400 o la línea del AVE, pueden aportar información útil, aunque por sí solas no permiten establecer una relación causal con su comportamiento durante la DANA.

Otro caso que merece atención es el del Barranco de la Saleta y su relación con el tejido urbano de Aldaia. La evolución del agua durante un episodio extraordinario depende de la configuración del cauce, de las condiciones de drenaje y de las actuaciones existentes o previstas. Cualquier modificación debería basarse en una evaluación hidráulica conjunta de estas variables.

Los futuros rediseños y reconstrucciones deberían evaluar la permeabilidad y el comportamiento hidráulico de estas infraestructuras. Entre las medidas posibles figuran reducir, cuando sea viable, el número de apoyos dentro del cauce, estudiar la socavación y las acciones asociadas a materiales flotantes y mejorar la permeabilidad transversal de carreteras y ferrocarriles mediante obras de drenaje, marcos o viaductos. La solución debe adaptarse a las características hidráulicas y territoriales de cada emplazamiento.

Reconstruir no significa simplemente reponer

La reconstrucción exige distinguir entre la respuesta asistencial y la reparación de los servicios afectados, por una parte, y la revisión de las condiciones que contribuyeron al riesgo, por otra. Durante la emergencia se realizó un esfuerzo importante para recuperar la conectividad viaria y ferroviaria y restablecer las redes de abastecimiento, de agua potable y de saneamiento.

La reducción de vulnerabilidades requiere, sin embargo, analizar cada actuación y comprobar hasta qué punto incorpora las lecciones del episodio. Una cuestión relevante es determinar si las obras de reposición conservan las características de las infraestructuras anteriores o incorporan modificaciones destinadas a mejorar su comportamiento ante futuros episodios.

Reponer una infraestructura dañada permite atender una necesidad inmediata, pero no implica necesariamente que se hayan revisado las condiciones territoriales, hidráulicas o de diseño que deberían tenerse en cuenta ante otros acontecimientos. La reconstrucción también ofrece la oportunidad de revisar las soluciones existentes cuando los estudios técnicos así lo aconsejen.

Entre las actuaciones que podrían requerir atención específica figuran las medidas de laminación y de defensa en la cuenca del Barranco del Poyo y en otras zonas afectadas, así como las soluciones provisionales adoptadas en carreteras, puentes y cauces. Su adecuación dependerá de las características de cada actuación y de los plazos previstos para las soluciones definitivas. También conviene analizar cómo respondería el conjunto de infraestructuras ante un nuevo episodio, antes de que concluyan las actuaciones previstas.

La reducción de las vulnerabilidades identificadas puede requerir una coordinación más estrecha entre administraciones y organismos responsables, así como de equipos técnicos capaces de estudiar conjuntamente las dimensiones hidráulicas, territoriales, urbanas e infraestructurales.

Entre los aspectos susceptibles de revisión se encuentran los criterios de cálculo ante posibles cambios climáticos, las normas de ocupación de zonas potencialmente inundables y la localización de usos especialmente sensibles. También puede estudiarse la implantación de infraestructuras verdes y azules, como parques inundables y sistemas de drenaje sostenible, adaptadas a las características específicas del territorio.

El objetivo no debería limitarse a recuperar el funcionamiento previo de las zonas afectadas. También debe estudiarse qué modificaciones pueden reducir de manera razonable la exposición y mejorar la capacidad de respuesta ante futuros episodios. El alcance de esas modificaciones debe establecerse mediante estudios técnicos específicos para cada territorio y cada infraestructura.

Diseñar pensando en un clima que cambia

No todas las infraestructuras están todavía diseñadas de forma sistemática considerando la posible no estacionariedad de las condiciones climáticas futuras. Muchos códigos y regulaciones de ingeniería se han apoyado históricamente en series de datos y registros del pasado para definir las acciones de diseño, bajo la hipótesis de que sus características estadísticas permanecerían relativamente estables.

La evolución observada y proyectada del clima plantea la necesidad de revisar hasta qué punto ese supuesto sigue siendo adecuado para determinados tipos de infraestructura. Además, muchas obras tienen vidas útiles de varias décadas, por lo que las condiciones a las que estarán expuestas pueden diferir de las consideradas durante su diseño.

La adaptación no afecta únicamente a los valores de cálculo. También conviene estudiar cómo responderán las infraestructuras ante combinaciones de fenómenos extremos y cómo se recuperarán los servicios tras un episodio severo. Tradicionalmente se ha prestado mucha atención a la seguridad de los elementos individuales, pero la interdependencia entre electricidad, agua, telecomunicaciones y transporte hace necesario estudiar también los posibles efectos en cadena.

Una vía de adaptación consiste en avanzar hacia criterios de Diseño Basado en el Desempeño (PBD) y ampliar el uso de la modelización probabilística del riesgo. Esto incluye actualizar periódicamente las curvas de intensidad-duración-frecuencia (IDF) y los mapas de carga, incorporando información climática y distintos escenarios futuros junto con los registros históricos.

Las hipótesis de diseño también pueden revisarse cuando nuevos datos indiquen cambios relevantes en las condiciones de exposición. El reto consiste en trasladar los avances del conocimiento climático a las normas técnicas y a la planificación territorial, manteniendo márgenes adecuados de incertidumbre.

En infraestructuras con una vida útil prolongada puede ser especialmente útil incorporar criterios que permitan adaptar su funcionamiento o sus características si las condiciones futuras difieren de las previstas inicialmente. Así, el diseño no se orientaría únicamente a la resistencia frente a determinados episodios, sino también a la conservación de las funciones y los servicios durante y después de situaciones extremas.

«Devolverle espacio al agua»

«Devolverle espacio al agua», o «dar espacio al río», significa permitir que el agua disponga de lugares por los que pueda circular, extenderse o almacenarse temporalmente durante una avenida, en lugar de intentar contenerla siempre dentro de un cauce o mediante infraestructuras rígidas.

La idea consiste en recuperar, cuando las condiciones territoriales lo permitan, parte del espacio que históricamente ocupaba el agua y que la urbanización ha ido reduciendo. En la práctica, esto puede traducirse en recuperar zonas inundables, ampliar determinados espacios fluviales, crear parques inundables o mejorar la permeabilidad del suelo mediante Soluciones Basadas en la Naturaleza e infraestructuras verdes y azules.

Estas medidas pueden almacenar temporalmente parte del agua y reducir la presión sobre otros elementos del sistema, aunque su eficacia depende de las características concretas del territorio y de cada episodio.

Dar espacio al agua no implica descartar las infraestructuras tradicionales. Estas siguen siendo necesarias en determinados lugares. La gestión del riesgo puede combinar obras de protección con espacios destinados a la circulación y al almacenamiento temporal del agua, además de una ordenación territorial que tenga en cuenta las zonas potencialmente inundables. La combinación adecuada debe determinarse en cada territorio mediante los estudios correspondientes.

Una estrategia integrada para futuras DANAs

La reducción del impacto de una futura DANA requiere un enfoque integrado, ya que ninguna solución aislada puede mitigar por sí sola todos los efectos de una avenida extraordinaria.

Una línea de actuación consiste en mejorar la laminación y retención de caudales en las cuencas, combinando, cuando sea adecuado, presas o balsas con soluciones basadas en la naturaleza, como parques inundables, corredores verdes y Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible. El objetivo es reducir los picos de avenida y proporcionar más espacio para la circulación y el almacenamiento temporal del agua.

También debe revisarse la permeabilidad hidráulica de carreteras, ferrocarriles y puentes, mejorar las obras de drenaje y reducir los obstáculos al flujo cuando sea viable. Junto con las actuaciones físicas, conviene reforzar los sistemas de información y alerta, integrando los datos del SAIH con modelos capaces de proporcionar información hidráulica útil en caso de emergencia. Estos sistemas deben coordinarse con los planes de actuación y con la formación de la población.

Una confianza excesiva en una única infraestructura de protección —presas, muros o encauzamientos— puede generar una falsa sensación de seguridad si se asume que basta para garantizar la protección ante cualquier avenida. Algo parecido ocurre cuando se mantienen o se amplían usos urbanos en zonas inundables debido a la presencia de una obra defensiva, sin considerar que el episodio puede superar las condiciones para las que fue diseñada.

También merece atención la reconstrucción de una infraestructura exactamente con la misma configuración que tenía antes de resultar dañada, sin comprobar si esa solución sigue siendo adecuada. Actuaciones puntuales, como limpiar un cauce, ampliar un colector o mejorar un paso de drenaje, pueden resolver problemas concretos, pero no constituyen por sí mismas una respuesta suficiente frente a una avenida de gran magnitud si no se estudia el funcionamiento del sistema completo.

¿Qué habría cambiado si la DANA se repitiera hoy?

Si actualmente se produjera un episodio pluviométrico de magnitud similar, algunos sistemas de seguimiento y alerta podrían estar en mejores condiciones para detectar y comunicar determinadas situaciones. El SAIH, los avisos de Protección Civil y herramientas como ES-Alert podrían facilitar una transmisión más rápida de la información disponible. La experiencia de 2024 también puede haber modificado la percepción del riesgo tanto entre la población como en las administraciones.

Una alerta más temprana, sin embargo, no garantiza por sí misma resultados completamente distintos. Su eficacia dependería de la anticipación disponible, la precisión de la información, el tiempo de reacción y la capacidad de la población y de los servicios de emergencia para actuar. La mejora de estos sistemas puede reducir determinados riesgos, pero no permite garantizar la prevención de todas las consecuencias de un episodio de magnitud semejante.

La configuración física del territorio es otra cuestión. En el tiempo transcurrido desde la DANA, difícilmente habrían podido cambiar de manera sustancial las condiciones territoriales que determinan el comportamiento de una inundación. Las grandes actuaciones hidráulicas, las modificaciones de infraestructuras y los cambios en la ordenación urbana requieren años de estudios, proyectos, tramitación y ejecución.

Aunque algunas actuaciones ya están en marcha, la llanura de inundación de l’Horta Sud mantiene una elevada exposición y determinadas soluciones siguen siendo provisionales o aún están en ejecución.

La diferencia entre una repetición del episodio de hoy y la situación de 2024 podría encontrarse, así, en una mayor capacidad de anticipación y respuesta, mientras que buena parte de las condiciones físicas seguiría siendo similar. Reducir esa vulnerabilidad exige actuaciones que necesitan más tiempo y que deben apoyarse en el conocimiento técnico del territorio, de las infraestructuras y del comportamiento hidráulico de episodios extremos.

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Puentes en la encrucijada: el desafío global de mantener en pie las estructuras del siglo XXI

¿Qué sabemos sobre la sostenibilidad del mantenimiento de los puentes? Un artículo reciente (Kattoub & Kegyes-Brassai, 2026) analiza cómo ha evolucionado la investigación sobre este tema entre 2000 y 2025 y pone sobre la mesa varios retos aún pendientes. Sus autores revisan y clasifican la literatura científica en cuatro tipos de trabajos: estudios de caso, marcos metodológicos, modelos teóricos y revisiones.

Los resultados apuntan a una distancia considerable entre lo que se propone desde la investigación y lo que realmente se aplica en los proyectos. Por ejemplo, herramientas como el análisis del ciclo de vida, que permiten valorar los impactos de un puente a lo largo de todas sus etapas, siguen teniendo una presencia limitada en la práctica. La revisión también muestra un claro predominio de los estudios centrados en puentes de hormigón, mientras que las estructuras de acero y mixtas reciben mucha menos atención pese a su potencial para contribuir a un mantenimiento más sostenible.

Ante este panorama, se propone una hoja de ruta para avanzar hacia una gestión más sostenible de las infraestructuras. Su propuesta pasa por aprovechar mejor las tecnologías digitales y desarrollar análisis más específicos para cada elemento del puente. La idea de fondo es sencilla: para afrontar el envejecimiento de las infraestructuras y sus crecientes necesidades de mantenimiento, no basta con desarrollar nuevas teorías; también hay que conseguir que estas lleguen a los proyectos reales.

El mantenimiento de puentes no se trata solo de mantener las estructuras en buen estado. También implica decidir cómo invertir los recursos disponibles, reducir el impacto ambiental y garantizar que estas infraestructuras sigan prestando servicio durante décadas. En un sector que genera una parte importante de las emisiones asociadas a la energía y al CO₂, avanzar hacia el objetivo de cero emisiones netas para 2050 exige replantear también la forma en que cuidamos lo ya construido.

Para conocer hasta dónde ha llegado la investigación en esta materia, los autores revisaron 51 artículos publicados entre 2000 y 2025. El análisis deja una fotografía bastante clara del estado actual del campo: los puentes de hormigón concentran buena parte de la atención científica, mientras que los de acero y las estructuras mixtas siguen siendo mucho menos estudiados.

Pero hay otro problema que quizá sea todavía más relevante: muchas de las soluciones propuestas sobre el papel no han dado el salto a la práctica. La revisión detecta una brecha entre los marcos metodológicos desarrollados por los investigadores y los casos reales en los que dichos métodos se ponen a prueba. A ello se suman la escasez de datos y las limitaciones de los análisis actuales de ciclo de vida, que no siempre pueden adaptarse a las necesidades cambiantes de los gestores de infraestructuras.

El mensaje de la revisión es claro:

Investigar nuevas formas de hacer más sostenible el mantenimiento de los puentes no basta si esas soluciones no llegan a los puentes que tenemos delante.

Desafíos globales y necesidades de mantenimiento.

La infraestructura mundial se enfrenta a una crisis inminente debido al envejecimiento de los activos y al aumento de la demanda no planificada. El coste total de inspección, evaluación y mantenimiento se estima entre el 10 % y el 20 % del coste de reconstrucción, lo que subraya la importancia de la eficiencia.

Comparativa de deficiencias estructurales por país

El análisis estadístico de regiones clave evidencia disparidades en el estado de conservación y en las tasas de inversión.

País Puentes con deficiencias estructurales (%) Contexto específico
China 11,9 % Crecimiento masivo (de 878.300 puentes en 2019 a más de 1,07 millones en 2023). La nueva construcción supera al mantenimiento.
Alemania 10,0 % 1 de cada 10 puentes es estructuralmente deficiente; cerca de 1.000 puentes de autopista están afectados.
Hungría 10,0 % Edad promedio de 46 años; el 10% de los puentes en las carreteras nacionales requiere reparación en 1-2 años.
EE. UU. 7,5 % 1 de cada 4 puentes tiene más de 50 años. El mantenimiento avanza 20 veces más lento de lo requerido.

El mantenimiento avanza a una tasa casi 20 veces más lenta de la requerida, lo que indica una desinversión sistémica en lugar de un deterioro rápido.

Análisis del panorama de la investigación (2000-2025).

El análisis bibliométrico revela una divergencia en la manera en que las bases de datos abordan la sostenibilidad. Mientras que Scopus la aborda principalmente como un problema de materiales e ingeniería, Web of Science se centra en políticas y en gestión económica.

Temas dominantes y desatendidos

  • Predominio: los materiales sostenibles y el pilar económico son los temas más frecuentes.
  • Retraso: el análisis del ciclo de vida (LCA) y los sistemas de calificación son los temas menos discutidos. El número de publicaciones sobre materiales es 3,75 veces mayor que el de LCA.
  • Causas del retraso del LCA: los protocolos poco dinámicos, la falta de datos sobre el carbono embebido en los materiales de reparación y la presión económica y temporal en las decisiones de mantenimiento.

Clasificación de la literatura y de las metodologías.

La investigación se clasifica en cuatro categorías principales en función de su contribución principal:

Categoría Cantidad de artículos Descripción
Desarrollo de marcos y metodologías 20 Propuestas de nuevos conceptos, métodos o algoritmos.
Casos de estudio y análisis comparativos 18 Aplicación a sistemas del mundo real y validación con datos reales.
Revisiones 7 Ensamblaje de conocimiento y orientación crítica.
Modelos teóricos y prácticas generales 6 Discusiones teóricas generales y principios.

España lidera la investigación mundial en mantenimiento sostenible de puentes, ya que ha aportado 12 de los 51 artículos analizados en la revisión bibliométrica (Kattoub & Kegyes-Brassai, 2026), situándose por delante de potencias como China y Estados Unidos (con 9 publicaciones cada uno) y superando la producción conjunta de otros seis países europeos —Italia, Suecia, Ucrania, Francia, Suiza y Alemania—, que suman 8 trabajos. De hecho, España, China y EE. UU. forman el reducido grupo de países (menos del 20 %) que concentra casi el 60 % de toda la investigación científica en este ámbito. A nivel metodológico, mientras la contribución de China se distribuye de manera más uniforme entre las distintas categorías del estudio, la aportación española destaca por centrarse mayoritariamente en estudios de caso y en evaluaciones comparativas. No obstante, los propios autores señalan que este predominio plantea limitaciones geográficas, ya que los marcos desarrollados en España incorporan supuestos específicos del contexto local (como costes, cadenas de suministro o clima) que requieren validación previa antes de su extrapolación a las infraestructuras de otras naciones.

La brecha teoría-práctica

Existe una tendencia a «proponer y abandonar» marcos de trabajo. Al haber más publicaciones de marcos (20) que de casos de estudio (18), la validez de estas herramientas resulta cuestionable. A menudo, los investigadores proponen algoritmos complejos de toma de decisiones multicriterio (MCDM) que se ignoran en condiciones reales a favor de alternativas más simples.

Análisis de cobertura: sesgos en los materiales y en los elementos.

Un hallazgo crítico es el desequilibrio en el enfoque técnico de las investigaciones.

  • Dominio del hormigón: se identificaron 22 artículos centrados en el hormigón, el hormigón armado y los aditivos (como cenizas volantes y humo de sílice), frente a solo 4 dedicados al acero y 6 a los puentes mixtos.
  • Ambigüedad de los elementos: Más del 60 % de los estudios no especifican qué elemento exacto del puente (tablero, vigas o losas) se analiza. Esto socava la aplicabilidad práctica, ya que las consecuencias económicas y ambientales varían drásticamente entre la sustitución de un tablero y el refuerzo de una viga.
  • Sesgo geográfico: España lidera la investigación con 12 manuscritos, seguida de China y EE. UU. con 9 cada uno. Esto limita la generalizabilidad de los marcos desarrollados debido a las diferencias climáticas (ciclos de hielo-deshielo) y a los costes de los materiales.

Transformación digital y tecnologías emergentes.

A pesar de su potencial, las tecnologías digitales modernas están subrepresentadas en la red de palabras clave de la literatura analizada.

  • BIM (Building Information Modeling): se utiliza principalmente para la visualización de daños y la gestión de la información, pero su integración en los casos de estudio de mantenimiento sigue siendo limitada.
  • Inteligencia artificial: herramientas como las redes neuronales convolucionales (CNN) y los algoritmos YOLO han mostrado una precisión de 0,91 en la detección de grietas.
  • Digital Twins y IoT: representan el siguiente paso para la monitorización en tiempo real y la toma de decisiones de mantenimiento proactivas, aunque requieren una mayor inversión inicial.

Hoja de ruta para la investigación futura.

Para cerrar las brechas identificadas, se propone la siguiente hoja de ruta, estructurada por urgencia y prioridad:

Prioridad alta/corto plazo:

  • LCA en puentes mixtos (acero-hormigón): expandir el uso del análisis de ciclo de vida más allá del hormigón.
  • Marcos con modelos de optimización: integrar modelos matemáticos robustos en los marcos de trabajo propuestos.
    Análisis orientado a elementos: Declarar explícitamente el componente del puente objeto de estudio para mejorar la transparencia.

Prioridad media/corto plazo:

  • Especificación de los tipos de diseño estructural (para evitar la ambigüedad en la tipología de la estructura).
  • Análisis de puentes pretensados: investigar más a fondo sus impactos sociales y económicos.
  • Equilibrio en la investigación de materiales: reducir el sesgo hacia el hormigón.

Investigación fundamental:

Incorporación eficiente del LCA en puentes reales: superar la falta de datos y la resistencia de los propietarios de infraestructuras para implementar evaluaciones de sostenibilidad en proyectos complejos del mundo real.

Conclusión

La sostenibilidad en el mantenimiento de puentes exige un cambio de paradigma hacia un modelo decididamente orientado a la aplicación que supere la brecha existente entre la formulación metodológica teórica y la práctica operativa. Para transformar los desarrollos analíticos en herramientas de gestión viables, es imperativo validar los marcos metodológicos en proyectos del mundo real, exigir la caracterización explícita y transparente de las tipologías y de los elementos estructurales evaluados, y diversificar el análisis hacia materiales de acero y sistemas mixtos, frente al predominio tradicional del hormigón. Esta evolución debe articularse mediante la integración sistémica de la transformación digital, impulsada por la inteligencia artificial, el BIM, el IoT y los gemelos digitales, y establecer un ecosistema de mantenimiento predictivo que optimice el uso de recursos y asegure la resiliencia a largo plazo de las redes globales de transporte.

El futuro de la red de infraestructuras no depende de crear más algoritmos teóricos, sino de operacionalizar la sostenibilidad en las decisiones diarias de gestión de activos.

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

El siguiente vídeo explica bien lo comentado en el artículo.

Referencia:

Referencias de nuestro grupo en el artículo:

  • García-Segura, T., Penadés-Plà, V., & Yepes, V. (2018). Sustainable bridge design by metamodel-assisted multi-objective optimization and decision-making under uncertainty. Journal of Cleaner Production, 202, 904–915.
  • Martínez-Muñoz, D., Martí, J. V., & Yepes, V. (2020). Steel–concrete composite bridges: design, life cycle assessment, maintenance, and decision-making. Advances in Civil Engineering, 2020, 8823370.
  • Martínez-Muñoz, D., Martí, J. V., & Yepes, V. (2021). Comparative life cycle analysis of concrete and composite bridges varying steel recycling ratio. Materials, 14(15), 4218.
  • Martínez-Muñoz, D., Martí, J. V., & Yepes, V. (2022). Social impact assessment comparison of composite and concrete bridge alternatives. Sustainability, 14(9), 5186.
  • Milani, C. J., Yepes, V., & Kripka, M. (2020). Proposal of sustainability indicators for the design of small-span bridges. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(12), 4488.
  • Navarro, I. J., Penadés-Plà, V., Martínez-Muñoz, D., Rempling, R., & Yepes, V. (2020). Life cycle sustainability assessment for multicriteria decision making in bridge design: a review. Journal of Civil Engineering and Management, 26, 690–704.
  • Navarro, I. J., Yepes, V., & Martí, J. V. (2018). Social life cycle assessment of concrete bridge decks exposed to aggressive environments. Environmental Impact Assessment Review, 72, 50–63.
  • Navarro, I. J., Yepes, V., Martí, J. V., & González-Vidosa, F. (2018). Life cycle impact assessment of corrosion preventive designs applied to prestressed concrete bridge decks. Journal of Cleaner Production, 196, 698–713.
  • Navarro, I. J., Yepes, V., & Martí, J. V. (2020). Role of the social dimension in the sustainability-oriented maintenance optimization of bridges in coastal environments. WIT Transactions on the Built Environment, 196, 205–215.
  • Navarro, I. J., Yepes, V., & Martí, J. V. (2020). Sustainability assessment of concrete bridge deck designs in coastal environments using neutrosophic criteria weight. Structure and Infrastructure Engineering, 16, 949–967.
  • Penadés-Plà, V., García-Segura, T., Martí, J. V., & Yepes, V. (2016). A review of multi-criteria decision-making methods applied to the sustainable bridge design. Sustainability, 8(12), 1295.
  • Penadés-Plà, V., Martí, J. V., García-Segura, T., & Yepes, V. (2017). Life-cycle assessment: a comparison between two optimal post-tensioned concrete box-girder road bridges. Sustainability, 9(10), 1864.
  • Penadés-Plà, V., García-Segura, T., Martí, J. V., & Yepes, V. (2018). An optimization-LCA of a prestressed concrete precast bridge. Sustainability, 10(3), 685.
  • Penadés-Plà, V., Martinez-Munoz, D., García-Segura, T., Navarro, I. J., & Yepes, V. (2020). Environmental and social impact assessment of optimized post-tensioned concrete road bridges. Sustainability, 12(10), 4265.
  • Zhou, Z. W., Alcalá, J., Kripka, M., & Yepes, V. (2021). Life cycle assessment of bridges using Bayesian networks and fuzzy mathematics. Applied Sciences, 11, 4916.
  • Zhou, Z., Alcalá, J., & Yepes, V. (2021). Environmental, economic and social impact assessment: study of bridges in China’s five major economic regions. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(1), 122.

 

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Del residuo al rascacielos: 5 lecciones disruptivas que están transformando la construcción

Durante décadas, el sector de la construcción ha operado bajo una lógica lineal: extraer, fabricar, utilizar y desechar. Este modelo ya no se ajusta a las condiciones materiales ni a las geopolíticas de la economía actual. El sector es en la actualidad el mayor consumidor de materiales de la Unión Europea y utiliza aproximadamente el 50 % de los recursos extraídos. La cuestión ya no es cuánto tiempo podemos mantener este sistema, sino cuánto nos costará seguir haciéndolo.

Para quienes trabajamos en estrategia e innovación, la economía circular debe entenderse como algo más que una respuesta ambiental: es una cuestión de soberanía industrial, resiliencia y competitividad. En un escenario marcado por la volatilidad de las cadenas de suministro y la presión sobre los recursos, transformar las infraestructuras en sistemas circulares implica reducir las dependencias y aumentar nuestra capacidad de adaptación. Un puente, un túnel o una infraestructura de gran escala no deja de ser circular por su tamaño. El verdadero reto es otro: escalar con rapidez las tecnologías, los modelos de negocio y las capacidades industriales que ya permiten diseñarlos, construirlos y operarlos de manera circular.

El dato oculto: un sector que devora la mitad de los recursos europeos.

La urgencia del cambio se cuantifica en cifras que comprometen nuestra competitividad. Las industrias europeas intensivas en recursos dependen de las importaciones en un 20-30 % de los casos. En 2019, esto se tradujo en un déficit comercial de materias primas de 27 000 millones de euros. Al mismo tiempo, la cadena de valor genera 2700 millones de toneladas de residuos al año, una ineficiencia que no podemos permitirnos.

La construcción es la palanca de cambio más potente para la industria. Al aplicar estrategias circulares, no solo buscamos desvincular el bienestar humano del consumo de recursos vírgenes, sino también alcanzar un objetivo de eficiencia neta: se estima que la circularidad puede aumentar la productividad de los recursos en hasta un 3 % anual. Mantener el valor de los materiales en la economía durante el mayor tiempo posible es, en la actualidad, una prioridad estratégica para reducir la dependencia externa y fortalecer el tejido industrial europeo.

A continuación se presentan brevemente algunos ejemplos prácticos de modelos de economía circular aplicados en la construcción por parte de la empresa ACCIONA.

Lección 1: El faro que se montó en dos horas (ecodiseño y materiales compuestos).

El uso de materiales compuestos representa un hito en el ecodiseño de infraestructuras en entornos agresivos. Un ejemplo disruptivo es el faro de 32 metros de altura, construido con polímeros reforzados con fibra de carbono y de vidrio. Mientras que una estructura equivalente de hormigón pesaría unas 1000 toneladas, esta solución de ingeniería solo pesa 19 toneladas.

La clave de su éxito radica en su mayor complejidad técnica: la estructura consta de siete tipos de piezas fabricadas mediante una combinación de técnicas avanzadas, como la pultrusión, el moldeo por transferencia de resina (RTM) y la infusión. Esta ligereza y modularidad permitieron una instalación récord en solo dos horas y, además, eliminaron los costes de mantenimiento derivados de la corrosión marina. Al final de su vida útil, su diseño modular facilita su desmantelamiento y su reutilización.

Ecodiseño: incorporación de criterios ambientales durante el diseño y desarrollo de productos y servicios, al mismo nivel que otros criterios de calidad, legislación, coste, funcionalidad, durabilidad, ergonomía, estética, salud y seguridad, e incluyendo la perspectiva del ciclo de vida completo.

Lección 2: Carreteras de papel (simbiosis industrial).

La simbiosis industrial va más allá del simple reciclaje, pues se inspira en la biología, en la que las especies intercambian materia, energía e información de manera mutuamente beneficiosa. En este ecosistema, los residuos de la industria papelera se convierten en el nutriente de la obra civil.

Mediante la transformación de las cenizas de combustión de papel (WPA, por sus siglas en inglés) en conglomerantes hidráulicos, se ha logrado estabilizar suelos de carreteras en proyectos piloto en Zaragoza (Ejea de los Caballeros y Villamayor de Gállego) y en Valencia. Los resultados son contundentes: las prestaciones mecánicas cumplen estrictamente la normativa europea, pero con una reducción del 80 % del impacto en el calentamiento global frente al uso de cemento tradicional. Es la industria la que colabora para convertir un residuo de vertedero en una infraestructura de alto valor.

Lección 3: El asfalto «vivo» y la eficiencia térmica.

La innovación en pavimentos demuestra que la sostenibilidad mejora la eficiencia energética. El nuevo concepto de firme asfáltico sostenible se estructura en tres ejes técnicos:

  • Capa de rodadura bioasfáltica: utiliza betún modificado con lignina, un subproducto renovable del bioetanol que sustituye a los polímeros derivados del petróleo.
  • Capas intermedia y de base de alto reciclado: se integra material fresado (RAP) mediante agentes fluxantes de aceites vegetales. Esta innovación es fundamental, ya que permite trabajar a temperaturas convencionales y alcanzar altas tasas de reciclaje sin necesidad de calentar los áridos, lo que supone un ahorro energético directo y una reducción drástica de las emisiones.
  • Subbase 100 % circular: empleo de zahorra procedente íntegramente de residuos de construcción y demolición (RCD).

Este modelo permite que la producción y la puesta en obra se realicen mediante métodos tradicionales, lo que demuestra que la transición circular no requiere sacrificar la operatividad industrial.

Lección 4: Túneles que «gestionan» el agua mediante polímeros de alta seguridad.

Ante el desafío que suponía un túnel ferroviario de alta velocidad con filtraciones de 2200 litros por segundo, la ingeniería circular respondió con materiales de última generación. La solución consistió en unas placas de material compuesto pultruido diseñadas para canalizar el agua de forma permanente.

La clave de la sofisticación técnica radica en la optimización de la resina: se empleó una formulación de muy baja viscosidad que permitió incorporar una elevada carga de retardante a la llama sin sacrificar la impregnación de la fibra de vidrio. El resultado es un sistema ligero, resistente a la corrosión y extremadamente seguro. Desde la perspectiva del análisis del ciclo de vida (ACV), esta solución supone una mejora del 30 % en los impactos ambientales totales y un ahorro superior al 70 % en el potencial de calentamiento global (GWP) frente a los métodos de impermeabilización convencionales.

Lección 5: La tecnología ya está aquí; el problema es la burocracia.

Como técnicos, debemos reconocer que la viabilidad técnica ya está demostrada. La barrera actual no es el «cómo hacerlo», sino el marco regulatorio que lo permite. Los obstáculos principales son:

  • Normativas anacrónicas: reglamentos diseñados exclusivamente para materiales tradicionales que no contemplan las propiedades de los nuevos composites ni de los materiales reciclados.
  • Fin de la condición de residuo: es imperativo agilizar los trámites administrativos para que un «residuo» sea reconocido legalmente como «materia prima secundaria» de manera eficiente.
  • Aceptación de mercado: superar la percepción de que lo circular es de menor calidad mediante una normalización técnica rigurosa.

La competitividad del sector de la construcción europeo dependerá de nuestra capacidad para crear marcos legales ágiles que incentiven el uso de estos recursos infrautilizados.

Conclusión: el futuro se construye con lo que antes sobraba.

La economía circular en el sector de la construcción ha dejado de ser una opción de responsabilidad corporativa para convertirse en una necesidad estratégica para la rentabilidad y la resiliencia. El uso de materias primas secundarias y el ecodiseño no solo mitigan el impacto ambiental, sino que también protegen a las empresas de la escasez de recursos y reducen drásticamente los costes de mantenimiento.

Si ya tenemos la capacidad tecnológica para convertir la ceniza en autopistas y los subproductos vegetales en asfalto, ¿estamos preparados como sociedad para redefinir lo que hoy llamamos «basura» y convertirlo en el cimiento de nuestra soberanía industrial?

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

El siguiente vídeo explica bien qué significa la revolución circular.

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Diferencias entre impacto social e impacto académico de la ciencia

Es importante distinguir entre el impacto académico y el social para comprender con precisión las múltiples dimensiones en las que la investigación científica aporta valor a la sociedad actual. Mientras que el primero mide la transformación dentro de las fronteras de la propia ciencia, el segundo evalúa su capacidad de repercusión más allá de la academia. Aunque ambos tipos de impacto están íntimamente relacionados y, en numerosos casos, se retroalimentan y se producen de manera conjunta, responden a lógicas, indicadores y públicos completamente diferentes.

El impacto académico o científico se refiere a la influencia que una investigación ejerce sobre la ciencia y el conocimiento. Se produce principalmente en la comunidad científica, entre quienes generan, consumen y evalúan el conocimiento, e incluye a investigadores, instituciones académicas y colegas científicos que utilizan, citan y construyen sobre trabajos previos. Este impacto puede canalizarse a través de publicaciones científicas, redes académicas, conferencias y otros medios de comunicación propios de la comunidad investigadora. Por tanto, su análisis se centra en determinar en qué medida los resultados de una investigación contribuyen al avance del conocimiento y ejercen influencia sobre otros investigadores o sobre nuevas líneas de trabajo.

El impacto social, también denominado no académico, se produce cuando los resultados de la investigación trascienden la comunidad científica y generan cambios en la sociedad. Se entiende como el cambio o conjunto de cambios duraderos que se producen en ámbitos como la economía, la salud, el medio ambiente, la seguridad social, la pobreza, el empleo, la tecnología o, en general, en la vida colectiva, como resultado de acciones de I+D+i que aportan valor a productos, servicios, procesos y tecnologías. Evaluar este impacto implica analizar si los resultados de la investigación llegan a personas y organizaciones ajenas al ámbito académico, si se utilizan y, especialmente, si contribuyen a modificar comportamientos, decisiones o prácticas. Estos efectos pueden aparecer a corto o a largo plazo y traducirse en mejoras concretas en ámbitos como la calidad de vida, el desarrollo social, el empleo o la protección del medio ambiente.

Metodologías de medición

Tradicionalmente, el impacto científico o el conocimiento se ha evaluado con base en los resultados de la actividad científica y tecnológica, mediante el análisis de los niveles de citación de los trabajos científicos. Los impactos en el conocimiento se miden habitualmente mediante técnicas bibliométricas que analizan las citas en las publicaciones académicas.

El impacto social, a diferencia de los niveles anteriores, es un tema abordado en una época más reciente y que aún carece de metodologías estándar para su medición, debido, sobre todo, a su complejidad. Las métricas de impacto social incluyen citas en documentos de políticas públicas, menciones en medios de comunicación, citas en patentes, citas en guías clínicas, menciones en sitios web y blogs profesionales y difusión en redes sociales generalistas .

Temporalidad del impacto

El impacto académico tiende a manifestarse de manera más inmediata y mensurable. Una vez publicado un artículo, las citas pueden comenzar a acumularse en un plazo relativamente corto y las bases de datos bibliográficas permiten un seguimiento sistemático.

El impacto social puede tardar más en manifestarse y, a menudo, resulta más difícil atribuirlo directamente a una investigación específica. Los cambios en las políticas públicas, las mejoras en la calidad de vida o las transformaciones en las prácticas profesionales pueden requerir años para materializarse y suelen ser el resultado de múltiples factores, no solo de una investigación concreta.

Audiencias objetivo

El impacto académico tiene como audiencia principal a la comunidad científica: investigadores, académicos, estudiantes de posgrado y profesionales que publican en revistas especializadas. La comunicación se realiza mediante el lenguaje técnico y los formatos propios de la academia (artículos, conferencias, pósteres científicos).

El impacto social tiene como destinatarios a personas que no pertenecen al ámbito académico: responsables políticos, agentes sociales, profesionales de diversos sectores y la ciudadanía en general. La difusión se produce cuando se dan a conocer los resultados de la investigación a la comunidad científica, a los responsables políticos, a los agentes implicados o a la ciudadanía en general.

Relación entre difusión, transferencia e impacto

Es importante no confundir el impacto con la difusión y la transferencia de los resultados de una investigación. La difusión se produce cuando se dan a conocer los resultados de la investigación, ya sea a la comunidad científica, a los responsables políticos, a los agentes implicados o a la ciudadanía en general. La transferencia ocurre cuando los resultados publicados y difundidos son utilizados por los destinatarios.

El término «resultado» abarca el espectro de salidas, logros e impactos. Es una realidad que sin resultados no hay impacto; por sí mismos, solo constituyen un impacto potencial, no el impacto real. El impacto es un beneficio medible, logrado, que aportó a la economía, favoreció a alguien o mejoró algo.

Tabla comparativa

Dimensión Impacto académico Impacto social
Definición Influencia en el pensamiento de otros investigadores a través de publicaciones y redes académicas Cambios duraderos en la sociedad, economía, medio ambiente y calidad de vida como resultado de la investigación
Ámbito Comunidad científica e instituciones académicas Sociedad en general, incluyendo economía, salud, empleo, medio ambiente
Audiencia Investigadores, académicos, estudiantes de posgrado Responsables políticos, profesionales, ciudadanos, agentes sociales
Métricas principales Citas en publicaciones académicas, factor de impacto de revistas, índices h Citas en políticas públicas, patentes, guías clínicas, menciones en medios, impacto en ODS
Temporalidad Relativamente inmediata y mensurable Puede tardar años en manifestarse, más difícil de atribuir
Lenguaje Técnico, especializado, formatos académicos Accesible, adaptado a diferentes audiencias no académicas
Canales Revistas científicas, conferencias, redes académicas Medios de comunicación, políticas públicas, redes sociales, informes institucionales
Evaluación Técnicas bibliométricas estandarizadas Metodologías diversas, menos estandarizadas, mayor complejidad

Interrelación entre ambos impactos

Las fuentes plantean que el impacto académico y el social están interrelacionados y no se excluyen mutuamente, sino todo lo contrario. El impacto académico puede ser un camino hacia el impacto social, ya que la validación por pares y la visibilidad en la comunidad científica pueden facilitar su posterior transferencia a la sociedad.

Sin embargo, hay procesos de investigación que no priorizan el impacto académico como vía hacia el impacto social, sino que buscan generar impacto social directamente desde el diseño del proyecto. Esto es especialmente relevante en investigaciones aplicadas, participativas o de acción social, en las que la colaboración con actores no académicos es central desde el inicio.

Reconocimiento institucional

Tradicionalmente, los sistemas de evaluación y recompensa académica han priorizado el impacto académico por encima del social. El reconocimiento y la recompensa adecuados del enfoque social de la investigación son objetivos fundamentales que requieren cambios en las políticas de evaluación.

Existe una discrepancia significativa entre los resultados de las investigaciones y su impacto social real. Muchos entrevistados perciben una diferencia muy sutil entre las publicaciones y el impacto social, reflejada en declaraciones como «cuando publicas tu trabajo y la gente te lee, la gente está usando tu trabajo y eso también es un impacto».

Desafíos en la medición

La investigación científica afecta tantos aspectos de la sociedad que medir la totalidad de sus impactos es una tarea ardua. Además, los impactos más significativos son los más difíciles de medir, por lo que resulta complicado identificar buenas métricas de impacto social.

A diferencia del impacto académico, que cuenta con indicadores estandarizados y ampliamente aceptados (como el factor de impacto o el índice h), el impacto social requiere metodologías más diversas y contextuales que capturen la complejidad de los cambios sociales.

Conclusión

La distinción entre impacto académico e impacto social no implica jerarquía, sino complementariedad. Ambos tipos de impacto son valiosos y necesarios para que la ciencia cumpla su función social. Mientras el impacto académico asegura la calidad, el rigor y el avance del conocimiento en la comunidad científica, el impacto social garantiza que ese conocimiento trascienda las fronteras de la academia y contribuya a mejorar la vida de las personas y de la sociedad en su conjunto. Reconocer y evaluar adecuadamente ambos tipos de impacto es esencial para una ciencia responsable y socialmente relevante.

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume bien el contenido de lo que hemos visto en este artículo.

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Puentes que mueren jóvenes: el coste invisible del calentamiento global en nuestra infraestructura

Cuando cruzamos un puente moderno, lo hacemos confiados en que la ingeniería ha superado la prueba del tiempo. Estas estructuras están diseñadas para durar, por norma general, al menos un siglo. Sin embargo, en todo el mundo, los gigantes de hormigón y acero están fallando décadas antes de lo previsto. ¿Por qué las infraestructuras que deberían ser monumentos a la estabilidad sucumben prematuramente? El enemigo no solo es el desgaste provocado por el tráfico o el paso de los años, sino también un factor mucho más sutil y persistente: el estrés térmico causado por el calentamiento global.

Un estudio fundamental realizado por nuestro equipo de investigación revela que el aumento de las temperaturas globales no solo supone una amenaza medioambiental, sino que también acelera la fatiga estructural. Esta investigación, que analiza la termodinámica de los puentes atirantados, pone de manifiesto una crisis silenciosa de infraestructuras que está disparando los riesgos para la seguridad y las emisiones de carbono a niveles alarmantes.

La muerte prematura del 8,67 % de los puentes del mundo.

La estadística es contundente: el 8,67 % de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su vida útil. Este hallazgo desmonta la promesa del «periodo de diseño de 100 años» que rige la ingeniería civil contemporánea.

La realidad técnica es sombría. El estudio analiza casos como los del puente Nan’ao (NAB) y el puente del río Amarillo (YRB), cuyas vidas útiles se ven drásticamente reducidas por el estrés térmico acumulado. Es particularmente alarmante el caso del puente NAB: aunque fue diseñado para durar un siglo, la evaluación técnica de su vida útil por fatiga bajo condiciones de estrés térmico extremo y ciclos de congelación-descongelación proyectó una vida útil de apenas 6166 años. No se trata de un error de construcción, sino de una proyección científica sobre cómo la fatiga acumulada por el calor extremo «devora» la capacidad de carga de la estructura.

«La tendencia preocupante de las emisiones globales y la ineficiencia de los modelos de diseño actuales frente al cambio climático están provocando que la infraestructura se convierta en una fuente de riesgo inesperada, en la que la acumulación continua de daño térmico es el factor causal principal».

El «Carbon Drift»: un coste ambiental 2,7 veces mayor de lo previsto.

El estudio introduce un marco métrico tridimensional crucial: la «deriva de carbono». Esta métrica no solo mide el CO₂, sino que también considera el tiempo, la geografía y el rendimiento estructural para revelar la verdadera huella climática de una obra. Los datos revelan que esta degradación prematura ha generado un exceso de más de 100 millones de toneladas de emisiones de carbono.

Lo más impactante es que esta cifra equivale a 2,70 veces la producción de carbono proyectada originalmente en la fase de diseño. Aquí reside la «paradoja de la reconstrucción»: el calor daña el puente, lo que nos obliga a reconstruirlo con cemento, lo cual, a su vez, emite más CO₂ y acelera el calentamiento global. La degradación estructural se convierte así en un acelerador del cambio climático, creando un círculo vicioso de emisiones no contabilizadas que sabotea los objetivos globales de sostenibilidad.

La paradoja geográfica: las zonas templadas con mayor riesgo

Contrariamente a lo que cabría esperar, las regiones más calurosas del planeta no son necesariamente las más vulnerables. El modelado geoespacial ha identificado que las zonas de clima marítimo y de clima continental templado presentan la mayor vulnerabilidad estructural debido a la alta variabilidad de sus ciclos térmicos.

Esta paradoja se explica por la interacción entre la variabilidad climática regional y los gradientes altitudinales. En regiones como China, los datos técnicos muestran que, por cada 100 metros de altitud, la temperatura desciende entre 0,579 y 0,613 °C. Esta fluctuación, sumada a los cambios estacionales, intensifica los ciclos de congelación y descongelación, lo que provoca una fatiga en el hormigón mucho más agresiva que la causada por un calor constante. Los factores críticos identificados son:

  • Fluctuaciones de temperatura extrema: La amplitud entre máximas y mínimas genera un microestrés constante.
  • Gradientes de altitud: Las zonas montañosas experimentan ciclos térmicos más intensos y frecuentes.
  • Ciclos térmicos intensificados: El paso constante de frío a calor genera microfisuras que comprometen la integridad química del material.

La física del daño: por qué el hormigón se rinde ante el calor.

Para entender esta crisis, debemos observar la microestructura del material. El calor induce lo que los ingenieros llaman «deterioro termomecánico» y «evolución de la fluencia» (creep evolution). En un proceso de «ablación interna» progresiva, las altas temperaturas oxidan los microcristales de carbono de la estructura, generando microestrés que propaga grietas de forma invisible. Con el tiempo, esto debilita la adherencia crítica entre el acero de refuerzo y el hormigón, lo que deteriora la capacidad de carga de manera desigual hasta que se produce el fallo final.

El coste ambiental de este fallo es enorme debido a una relación física implacable: 1 tonelada de cemento emite aproximadamente 0,9 toneladas de CO₂. Cada reparación obligada por el calor supone un golpe severo al presupuesto de carbono del planeta.

«Desde la perspectiva de la termodinámica, la predicción precisa de la respuesta estructural en entornos de alta temperatura es esencial para prevenir deformaciones generales y el colapso de la capacidad de carga en la ingeniería civil moderna».

Hacia una infraestructura de «bajo carbono»: ¿es suficiente?

El estudio propone soluciones basadas en materiales de vanguardia para mitigar este impacto y aumentar la resiliencia.

  • Sustitutos del clínker: El uso de arcilla calcinada (calcined clay), cenizas volantes y escoria de alto horno puede reducir las emisiones de CO2 entre un 14% y un 22%.
  • Nanotecnología: La incorporación de nano CaCO3 en una proporción óptima del 2% para mejorar la resistencia a la compresión y la densidad de la matriz del concreto.
  • Diseño híbrido: Optimización mediante agregados reciclados para reducir el carbono incorporado en las materias primas.

Sin embargo, la innovación en materiales es solo la mitad de la batalla. El reto principal es normativo: es urgente recalibrar los códigos de diseño. Los estándares actuales están diseñados para un clima estable que ya no existe y no contemplan los extremos térmicos a los que nos enfrentaremos en las próximas décadas.

Conclusión: ¿Estamos diseñando para un mundo que ya no existe?

La infraestructura global se encuentra hoy en una carrera desesperada contra el tiempo y el termómetro. Los datos de Zhiwu Zhou et al. son una advertencia final sobre el «clima overshoot» o sobrepasado: nuestras ciudades están sostenidas por estructuras que envejecen a una velocidad que no previmos y que emiten más carbono del que podemos permitirnos.

Al finalizar este análisis, surge una pregunta inevitable que debe resonar en cada oficina de planificación urbana: ¿están nuestras ciudades listas para los desafíos térmicos de 2050 o estamos construyendo hoy, con cada nuevo puente de diseño tradicional, los monumentos de nuestra propia obsolescencia?

En esta conversación puedes escuchar algunas de las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume bien el contenido del trabajo.

Referencia:

ZHOU, Z.; DING, F.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2026). Thermal damage and lifespan deterioration of global infrastructure under climate warming. Thermal Science and Engineering Progress, 78, 104910. DOI:10.1016/j.tsep.2026.104910

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Degradación termo-mecánica e impacto de carbono: obsolescencia prematura de infraestructuras por el calentamiento global

Acaban de publicar un artículo nuestro en Thermal Science and Engineering Progressuna de las revistas de mayor impacto científico, ubicada en el primer cuartil del JCR. Este estudio científico analiza cómo el calentamiento global y las temperaturas extremas aceleran la degradación física de la infraestructura vial, con especial atención a los puentes atirantados de hormigón.

La investigación se enmarca en el proyecto RESILIFE, que dirijo como investigador principal en la Universitat Politècnica de València. Además, muestra la internacionalización de nuestro grupo de investigación, en este caso, con China. A continuación, se presenta un resumen del trabajo y de la información de contexto.

Este trabajo sintetiza una investigación profunda sobre el impacto del calentamiento global en la infraestructura crítica, en particular en los puentes atirantados de hormigón. El estudio revela una presión dual: el calentamiento acelera la degradación estructural y, simultáneamente, amplifica las emisiones de carbono incorporadas debido a la necesidad de demoliciones prematuras y reparaciones no planificadas.

Los hallazgos clave indican que el 8,67% de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su etapa operativa. Esto ha generado emisiones de carbono excedentes de más de 100.000 toneladas, una cifra equivalente a 2,70 veces la producción de carbono proyectada en la etapa de diseño original. Las regiones de clima templado marítimo y continental se identifican como zonas de alta vulnerabilidad, lo que exige una recalibración urgente de los códigos de diseño para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de la infraestructura global.

1. El impacto térmico en las estructuras de hormigón

El calentamiento global altera el equilibrio termomecánico de las estructuras, afectándolas principalmente mediante dos mecanismos: el gradiente térmico y la temperatura uniforme.

1.1. Mecanismos de deterioro

  • Efectos térmicos estáticos: Bajo condiciones de alta temperatura, las estructuras sufren deformaciones y tensiones excesivas que pueden comprometer su integridad microestructural.
  • Evolución de la fluencia (creep): En condiciones de carga variable y a alta temperatura, la microestructura experimenta una evolución gradual de la fluencia. Esto induce tensiones que inician y propagan grietas.
  • Efecto de retraso temporal (time-lag): Los fenómenos de retraso o diferencias de fase en la variación de la temperatura entre distintas ubicaciones estructurales son factores determinantes de la acumulación continua de daños.

1.2. Factores de degradación química y física

El deterioro es un proceso acoplado multivariable influenciado por:

  • Reacción álcali-sílice: Causa pérdida de propiedades mecánicas y reducción de la durabilidad del agregado.
  • Corrosión de armaduras: La temperatura es el principal factor que acelera la corrosión de las armaduras en el hormigón.
  • Gradientes térmicos severos: La exposición repetida a gradientes de temperatura extremos provoca grietas que afectan la vida útil normal y el funcionamiento.

2. Marco metodológico y modelización

La investigación emplea un marco multidisciplinario, basado en la física, que vincula el forzamiento climático a escala macro con el deterioro estructural a escala micro.

2.1. Innovaciones en el modelado

  • Métrica de deriva de carbono 3D: Un nuevo marco para acoplar la variabilidad climática regional con la decadencia del rendimiento estructural.
  • Modelo de daño térmico global: Incorpora la cuantificación de la incertidumbre y la caracterización estadística de eventos extremos.
  • Simulaciones de elementos finitos: Modelización detallada que incluye temperaturas extremas específicas del sitio, gradientes altitudinales e incertidumbre climática.

2.2. Ecuaciones fundamentales de transferencia de calor

El estudio se apoya en la ley de conducción de calor de Fourier y en modelos mejorados de radiación solar (Kelvin) para calcular la intensidad de radiación total, considerando las radiaciones directas, dispersas, reflejadas por el suelo e inversas atmosféricas.

3. Análisis de casos de estudio: puentes de gran luz

Se analizaron cuatro puentes atirantados en diferentes regiones climáticas para evaluar su deformación ante gradientes de temperatura extremos a lo largo de un ciclo de 50 años (1975–2025).

Tabla 1: Resumen de puentes analizados y rendimiento térmico

Puente Ubicación / clima Altitud promedio Ciclos hielo-deshielo (>20 °C) Vida útil de diseño Vida de fatiga estimada
NAB (Nan’ao) Monzón subtropical 15 m 3.098 100 años 6,166 años
MRB (Meixi) Monzón cálido/húmedo 943 m 3.672 100 años 20,470 años
WEB (Wuhekou) Transicional cálido 194 m 4.302 100 años 22,117 años
YRB (Yellow River) Continental templado 1.630 m 3.808 100 años 16,916 años

Hallazgos críticos por caso:

  • NAB: El análisis de acoplamiento térmico mostró que la vida operativa real caería a 93,834 años, por debajo del diseño original de 100 años.
  • MRB: Bajo ciclos intensos de hielo-deshielo, la vida útil se redujo drásticamente entre 65,9 y 93,1 años respecto a su vida útil de diseño original.
  • WEB: Presentó una relación de tensión térmica entre las losas superior e inferior de 2,818, lo cual fue la principal causa del arqueo en la viga principal.
  • YRB: Las temperaturas extremas (mínima de -21,7 °C) y la alta altitud provocaron una reducción masiva de la durabilidad, con una vida de fatiga acumulada de apenas 16,9 años en condiciones críticas.

4. Sostenibilidad y emisiones de carbono

La industria del hormigón enfrenta desafíos críticos, dado que la producción de una tonelada de cemento emite aproximadamente 0,9 toneladas de CO2.

4.1. El ciclo de retroalimentación climática

El estudio advierte sobre un círculo vicioso: el calentamiento global acelera el deterioro de las infraestructuras, lo que obliga a reconstrucciones prematuras, que a su vez generan más emisiones de CO2 y aceleran aún más el calentamiento. Por cada 1% de aumento en la tasa de crecimiento de las emisiones de carbono, la temperatura media aumenta en 0,01873 °C.

4.2. Análisis regional de emisiones excedentes

El equipo investigó 1.427 puentes atirantados en 27 países, dividiendo los hallazgos por regiones:

  • Norteamérica: En EE. UU., 14 puentes superaron su vida útil real calculada tras el daño térmico, entrando en periodo de demolición. Las emisiones en el periodo de demolición aumentaron un 488,19% en la región.
  • Europa: Alemania e Italia representan el 34,63% y el 15,24% de los puentes europeos, respectivamente. Tras el daño por fatiga ambiental, las emisiones durante el periodo de mantenimiento en Europa disminuyeron un 29,68% debido a demoliciones tempranas, pero las emisiones por demolición aumentaron un 1054,14%.
  • Asia-Pacífico: China representa el 43,22% de la región. Aunque muchos puentes son nuevos, la sensibilidad térmica indica que, al aumentar la temperatura, las propiedades de corte y la adherencia entre el acero y el hormigón disminuyen drásticamente.

5. Soluciones y mitigación: hormigón de bajas emisiones

Para cumplir con la Agenda 2030 de la ONU, resulta necesario adoptar materiales y tecnologías sostenibles.

Tabla 2: Tecnologías de Reducción de Carbono en la Construcción

Estrategia Materiales / Métodos Efecto en reducción de CO2
Sustitución de clinker Cenizas volantes, escoria, arcilla calcinada Reducción del 14% – 22%
Adhesivos sin cemento Materiales cementicios activados por álcalis Reducción de hasta el 80%
Optimización híbrida Áridos reciclados Reducción del 22% – 46% en materias primas
Nanotecnología Nano-rellenos de CaCO3 (2%) Mejora la resistencia y propiedades de la matriz
Captura de carbono Absorción química / Ciclo de calcio Captura directa de emisiones de CO2

6. Conclusiones y recomendaciones

La investigación concluye que el modelo tradicional de diseño de infraestructura resulta insuficiente frente a la volatilidad climática actual.

  1. Recalibración de códigos: Es urgente actualizar las especificaciones de diseño de vida útil, incorporando modelos de daño térmico que consideren eventos climáticos extremos y variaciones altitudinales.
  2. Enfoque interdisciplinario: La evaluación de infraestructuras debe integrar mecánica, termodinámica, ciencias sociales y detección remota para identificar las causas raíz de las fallas.
  3. Priorización de nuevos materiales: La durabilidad a largo plazo de los nuevos materiales de bajo carbono requiere una evaluación continua en entornos naturales reales, ya que la investigación actual en este ciclo de vida es insuficiente.
  4. Gestión de riesgos de «overshoot»: La industria de la infraestructura debe reconocer su papel decisivo en el riesgo de superación climática a nivel regional y global, y adoptar estrategias de diseño adaptativo para evitar el colapso prematuro de activos críticos.

Referencia:

ZHOU, Z.; DING, F.; ALCALÁ, J.; YEPES, V. (2026). Thermal damage and lifespan deterioration of global infrastructure under climate warming. Thermal Science and Engineering Progress, 78, 104910. DOI:10.1016/j.tsep.2026.104910

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