Es importante distinguir entre el impacto académico y el social para comprender con precisión las múltiples dimensiones en las que la investigación científica aporta valor a la sociedad actual. Mientras que el primero mide la transformación dentro de las fronteras de la propia ciencia, el segundo evalúa su capacidad de repercusión más allá de la academia. Aunque ambos tipos de impacto están íntimamente relacionados y, en numerosos casos, se retroalimentan y se producen de manera conjunta, responden a lógicas, indicadores y públicos completamente diferentes.
El impacto académico o científico se refiere a la influencia que una investigación ejerce sobre la ciencia y el conocimiento. Se produce principalmente en la comunidad científica, entre quienes generan, consumen y evalúan el conocimiento, e incluye a investigadores, instituciones académicas y colegas científicos que utilizan, citan y construyen sobre trabajos previos. Este impacto puede canalizarse a través de publicaciones científicas, redes académicas, conferencias y otros medios de comunicación propios de la comunidad investigadora. Por tanto, su análisis se centra en determinar en qué medida los resultados de una investigación contribuyen al avance del conocimiento y ejercen influencia sobre otros investigadores o sobre nuevas líneas de trabajo.
El impacto social, también denominado no académico, se produce cuando los resultados de la investigación trascienden la comunidad científica y generan cambios en la sociedad. Se entiende como el cambio o conjunto de cambios duraderos que se producen en ámbitos como la economía, la salud, el medio ambiente, la seguridad social, la pobreza, el empleo, la tecnología o, en general, en la vida colectiva, como resultado de acciones de I+D+i que aportan valor a productos, servicios, procesos y tecnologías. Evaluar este impacto implica analizar si los resultados de la investigación llegan a personas y organizaciones ajenas al ámbito académico, si se utilizan y, especialmente, si contribuyen a modificar comportamientos, decisiones o prácticas. Estos efectos pueden aparecer a corto o a largo plazo y traducirse en mejoras concretas en ámbitos como la calidad de vida, el desarrollo social, el empleo o la protección del medio ambiente.
Metodologías de medición
Tradicionalmente, el impacto científico o el conocimiento se ha evaluado con base en los resultados de la actividad científica y tecnológica, mediante el análisis de los niveles de citación de los trabajos científicos. Los impactos en el conocimiento se miden habitualmente mediante técnicas bibliométricas que analizan las citas en las publicaciones académicas.
El impacto social, a diferencia de los niveles anteriores, es un tema abordado en una época más reciente y que aún carece de metodologías estándar para su medición, debido, sobre todo, a su complejidad. Las métricas de impacto social incluyen citas en documentos de políticas públicas, menciones en medios de comunicación, citas en patentes, citas en guías clínicas, menciones en sitios web y blogs profesionales y difusión en redes sociales generalistas .
Temporalidad del impacto
El impacto académico tiende a manifestarse de manera más inmediata y mensurable. Una vez publicado un artículo, las citas pueden comenzar a acumularse en un plazo relativamente corto y las bases de datos bibliográficas permiten un seguimiento sistemático.
El impacto social puede tardar más en manifestarse y, a menudo, resulta más difícil atribuirlo directamente a una investigación específica. Los cambios en las políticas públicas, las mejoras en la calidad de vida o las transformaciones en las prácticas profesionales pueden requerir años para materializarse y suelen ser el resultado de múltiples factores, no solo de una investigación concreta.
Audiencias objetivo
El impacto académico tiene como audiencia principal a la comunidad científica: investigadores, académicos, estudiantes de posgrado y profesionales que publican en revistas especializadas. La comunicación se realiza mediante el lenguaje técnico y los formatos propios de la academia (artículos, conferencias, pósteres científicos).
El impacto social tiene como destinatarios a personas que no pertenecen al ámbito académico: responsables políticos, agentes sociales, profesionales de diversos sectores y la ciudadanía en general. La difusión se produce cuando se dan a conocer los resultados de la investigación a la comunidad científica, a los responsables políticos, a los agentes implicados o a la ciudadanía en general.
Relación entre difusión, transferencia e impacto
Es importante no confundir el impacto con la difusión y la transferencia de los resultados de una investigación. La difusión se produce cuando se dan a conocer los resultados de la investigación, ya sea a la comunidad científica, a los responsables políticos, a los agentes implicados o a la ciudadanía en general. La transferencia ocurre cuando los resultados publicados y difundidos son utilizados por los destinatarios.
El término «resultado» abarca el espectro de salidas, logros e impactos. Es una realidad que sin resultados no hay impacto; por sí mismos, solo constituyen un impacto potencial, no el impacto real. El impacto es un beneficio medible, logrado, que aportó a la economía, favoreció a alguien o mejoró algo.
Tabla comparativa
Dimensión
Impacto académico
Impacto social
Definición
Influencia en el pensamiento de otros investigadores a través de publicaciones y redes académicas
Cambios duraderos en la sociedad, economía, medio ambiente y calidad de vida como resultado de la investigación
Ámbito
Comunidad científica e instituciones académicas
Sociedad en general, incluyendo economía, salud, empleo, medio ambiente
Audiencia
Investigadores, académicos, estudiantes de posgrado
Medios de comunicación, políticas públicas, redes sociales, informes institucionales
Evaluación
Técnicas bibliométricas estandarizadas
Metodologías diversas, menos estandarizadas, mayor complejidad
Interrelación entre ambos impactos
Las fuentes plantean que el impacto académico y el social están interrelacionados y no se excluyen mutuamente, sino todo lo contrario. El impacto académico puede ser un camino hacia el impacto social, ya que la validación por pares y la visibilidad en la comunidad científica pueden facilitar su posterior transferencia a la sociedad.
Sin embargo, hay procesos de investigación que no priorizan el impacto académico como vía hacia el impacto social, sino que buscan generar impacto social directamente desde el diseño del proyecto. Esto es especialmente relevante en investigaciones aplicadas, participativas o de acción social, en las que la colaboración con actores no académicos es central desde el inicio.
Reconocimiento institucional
Tradicionalmente, los sistemas de evaluación y recompensa académica han priorizado el impacto académico por encima del social. El reconocimiento y la recompensa adecuados del enfoque social de la investigación son objetivos fundamentales que requieren cambios en las políticas de evaluación.
Existe una discrepancia significativa entre los resultados de las investigaciones y su impacto social real. Muchos entrevistados perciben una diferencia muy sutil entre las publicaciones y el impacto social, reflejada en declaraciones como «cuando publicas tu trabajo y la gente te lee, la gente está usando tu trabajo y eso también es un impacto».
Desafíos en la medición
La investigación científica afecta tantos aspectos de la sociedad que medir la totalidad de sus impactos es una tarea ardua. Además, los impactos más significativos son los más difíciles de medir, por lo que resulta complicado identificar buenas métricas de impacto social.
A diferencia del impacto académico, que cuenta con indicadores estandarizados y ampliamente aceptados (como el factor de impacto o el índice h), el impacto social requiere metodologías más diversas y contextuales que capturen la complejidad de los cambios sociales.
Conclusión
La distinción entre impacto académico e impacto social no implica jerarquía, sino complementariedad. Ambos tipos de impacto son valiosos y necesarios para que la ciencia cumpla su función social. Mientras el impacto académico asegura la calidad, el rigor y el avance del conocimiento en la comunidad científica, el impacto social garantiza que ese conocimiento trascienda las fronteras de la academia y contribuya a mejorar la vida de las personas y de la sociedad en su conjunto. Reconocer y evaluar adecuadamente ambos tipos de impacto es esencial para una ciencia responsable y socialmente relevante.
En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.
Este vídeo resume bien el contenido de lo que hemos visto en este artículo.
Cuando cruzamos un puente moderno, lo hacemos confiados en que la ingeniería ha superado la prueba del tiempo. Estas estructuras están diseñadas para durar, por norma general, al menos un siglo. Sin embargo, en todo el mundo, los gigantes de hormigón y acero están fallando décadas antes de lo previsto. ¿Por qué las infraestructuras que deberían ser monumentos a la estabilidad sucumben prematuramente? El enemigo no solo es el desgaste provocado por el tráfico o el paso de los años, sino también un factor mucho más sutil y persistente: el estrés térmico causado por el calentamiento global.
Un estudio fundamental realizado por nuestro equipo de investigación revela que el aumento de las temperaturas globales no solo supone una amenaza medioambiental, sino que también acelera la fatiga estructural. Esta investigación, que analiza la termodinámica de los puentes atirantados, pone de manifiesto una crisis silenciosa de infraestructuras que está disparando los riesgos para la seguridad y las emisiones de carbono a niveles alarmantes.
La muerte prematura del 8,67 % de los puentes del mundo.
La estadística es contundente: el 8,67 % de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su vida útil. Este hallazgo desmonta la promesa del «periodo de diseño de 100 años» que rige la ingeniería civil contemporánea.
La realidad técnica es sombría. El estudio analiza casos como los del puente Nan’ao (NAB) y el puente del río Amarillo (YRB), cuyas vidas útiles se ven drásticamente reducidas por el estrés térmico acumulado. Es particularmente alarmante el caso del puente NAB: aunque fue diseñado para durar un siglo, la evaluación técnica de su vida útil por fatiga bajo condiciones de estrés térmico extremo y ciclos de congelación-descongelación proyectó una vida útil de apenas 6166 años. No se trata de un error de construcción, sino de una proyección científica sobre cómo la fatiga acumulada por el calor extremo «devora» la capacidad de carga de la estructura.
«La tendencia preocupante de las emisiones globales y la ineficiencia de los modelos de diseño actuales frente al cambio climático están provocando que la infraestructura se convierta en una fuente de riesgo inesperada, en la que la acumulación continua de daño térmico es el factor causal principal».
El «Carbon Drift»: un coste ambiental 2,7 veces mayor de lo previsto.
El estudio introduce un marco métrico tridimensional crucial: la «deriva de carbono». Esta métrica no solo mide el CO₂, sino que también considera el tiempo, la geografía y el rendimiento estructural para revelar la verdadera huella climática de una obra. Los datos revelan que esta degradación prematura ha generado un exceso de más de 100 millones de toneladas de emisiones de carbono.
Lo más impactante es que esta cifra equivale a 2,70 veces la producción de carbono proyectada originalmente en la fase de diseño. Aquí reside la «paradoja de la reconstrucción»: el calor daña el puente, lo que nos obliga a reconstruirlo con cemento, lo cual, a su vez, emite más CO₂ y acelera el calentamiento global. La degradación estructural se convierte así en un acelerador del cambio climático, creando un círculo vicioso de emisiones no contabilizadas que sabotea los objetivos globales de sostenibilidad.
La paradoja geográfica: las zonas templadas con mayor riesgo
Contrariamente a lo que cabría esperar, las regiones más calurosas del planeta no son necesariamente las más vulnerables. El modelado geoespacial ha identificado que las zonas de clima marítimo y de clima continental templado presentan la mayor vulnerabilidad estructural debido a la alta variabilidad de sus ciclos térmicos.
Esta paradoja se explica por la interacción entre la variabilidad climática regional y los gradientes altitudinales. En regiones como China, los datos técnicos muestran que, por cada 100 metros de altitud, la temperatura desciende entre 0,579 y 0,613 °C. Esta fluctuación, sumada a los cambios estacionales, intensifica los ciclos de congelación y descongelación, lo que provoca una fatiga en el hormigón mucho más agresiva que la causada por un calor constante. Los factores críticos identificados son:
Fluctuaciones de temperatura extrema: La amplitud entre máximas y mínimas genera un microestrés constante.
Gradientes de altitud: Las zonas montañosas experimentan ciclos térmicos más intensos y frecuentes.
Ciclos térmicos intensificados: El paso constante de frío a calor genera microfisuras que comprometen la integridad química del material.
La física del daño: por qué el hormigón se rinde ante el calor.
Para entender esta crisis, debemos observar la microestructura del material. El calor induce lo que los ingenieros llaman «deterioro termomecánico» y «evolución de la fluencia» (creep evolution). En un proceso de «ablación interna» progresiva, las altas temperaturas oxidan los microcristales de carbono de la estructura, generando microestrés que propaga grietas de forma invisible. Con el tiempo, esto debilita la adherencia crítica entre el acero de refuerzo y el hormigón, lo que deteriora la capacidad de carga de manera desigual hasta que se produce el fallo final.
El coste ambiental de este fallo es enorme debido a una relación física implacable: 1 tonelada de cemento emite aproximadamente 0,9 toneladas de CO₂. Cada reparación obligada por el calor supone un golpe severo al presupuesto de carbono del planeta.
«Desde la perspectiva de la termodinámica, la predicción precisa de la respuesta estructural en entornos de alta temperatura es esencial para prevenir deformaciones generales y el colapso de la capacidad de carga en la ingeniería civil moderna».
Hacia una infraestructura de «bajo carbono»: ¿es suficiente?
El estudio propone soluciones basadas en materiales de vanguardia para mitigar este impacto y aumentar la resiliencia.
Sustitutos del clínker: El uso de arcilla calcinada (calcined clay), cenizas volantes y escoria de alto horno puede reducir las emisiones de CO2 entre un 14% y un 22%.
Nanotecnología: La incorporación de nano CaCO3 en una proporción óptima del 2% para mejorar la resistencia a la compresión y la densidad de la matriz del concreto.
Diseño híbrido: Optimización mediante agregados reciclados para reducir el carbono incorporado en las materias primas.
Sin embargo, la innovación en materiales es solo la mitad de la batalla. El reto principal es normativo: es urgente recalibrar los códigos de diseño. Los estándares actuales están diseñados para un clima estable que ya no existe y no contemplan los extremos térmicos a los que nos enfrentaremos en las próximas décadas.
Conclusión: ¿Estamos diseñando para un mundo que ya no existe?
La infraestructura global se encuentra hoy en una carrera desesperada contra el tiempo y el termómetro. Los datos de Zhiwu Zhou et al. son una advertencia final sobre el «clima overshoot» o sobrepasado: nuestras ciudades están sostenidas por estructuras que envejecen a una velocidad que no previmos y que emiten más carbono del que podemos permitirnos.
Al finalizar este análisis, surge una pregunta inevitable que debe resonar en cada oficina de planificación urbana: ¿están nuestras ciudades listas para los desafíos térmicos de 2050 o estamos construyendo hoy, con cada nuevo puente de diseño tradicional, los monumentos de nuestra propia obsolescencia?
En esta conversación puedes escuchar algunas de las ideas más interesantes sobre este tema.
Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad no significan lo mismo. Ambas formas de colaboración buscan conectar conocimientos de distintas áreas, pero lo hacen con distintos grados de integración. La interdisciplinariedad consiste principalmente en que varias disciplinas trabajen juntas para estudiar una cuestión común, mientras que la transdisciplinariedad amplía esta colaboración e incorpora también conocimientos y perspectivas ajenos al ámbito académico, por ejemplo, de instituciones, profesionales o colectivos directamente relacionados con el problema. Esta diferencia es importante al plantear una investigación, ya que puede influir en la organización del proyecto, la composición del equipo y los objetivos que se persiguen. En definitiva, conocer las diferencias entre ambos enfoques permite comprender mejor las distintas formas en que las disciplinas y perspectivas pueden colaborar para generar conocimiento.
Definiciones fundamentales
La interdisciplinariedad consiste en poner en común conocimientos, métodos y herramientas de distintas disciplinas para estudiar un problema o desarrollar un proyecto. Para ello, los especialistas de cada área trabajan de manera coordinada, comparten ideas y aportan sus propios puntos de vista. Esta colaboración permite ampliar la perspectiva sobre el objeto de estudio y alcanzar conclusiones o soluciones que serían difíciles de obtener desde una sola disciplina. No obstante, cada área conserva sus propios conceptos, métodos y bases teóricas, por lo que las diferencias entre unas disciplinas y otras no desaparecen.
La transdisciplinariedad parte de una idea más amplia. No solo relaciona distintas disciplinas académicas, sino que también incorpora conocimientos y experiencias provenientes de otros ámbitos. En un proyecto transdisciplinar pueden participar investigadores de diferentes áreas, así como profesionales, responsables políticos, empresas, asociaciones o comunidades locales. El objetivo es abordar problemas complejos teniendo en cuenta las distintas perspectivas que inciden en ellos. En este caso, el conocimiento no solo se construye en la universidad o en los centros de investigación, sino también mediante la colaboración de todos los participantes. El resultado puede superar los límites de las disciplinas que intervienen inicialmente y dar lugar a una visión compartida del problema.
Nivel de integración entre disciplinas
La principal diferencia entre ambos enfoques radica en el grado de integración que alcanzan las disciplinas. En la interdisciplinariedad, distintas áreas del conocimiento trabajan en torno a un mismo problema y combinan sus métodos, conceptos y formas de análisis. Cada disciplina aporta su propia perspectiva y, al mismo tiempo, puede incorporar herramientas o ideas provenientes de otras disciplinas. Sin embargo, las disciplinas mantienen sus características y límites. El resultado es, por tanto, una colaboración entre distintas áreas que permite ampliar el análisis sin que estas dejen de ser reconocibles.
En la transdisciplinariedad, la integración es mayor. Las fronteras entre las disciplinas pierden importancia y el trabajo se organiza en torno al problema que se quiere comprender o resolver, más que en torno a una disciplina concreta. Además, se incorporan conocimientos provenientes de la experiencia y de otros ámbitos ajenos a la academia. La colaboración entre investigadores, profesionales y otros actores permite construir una visión más amplia del problema y generar conocimientos que no pertenecen exclusivamente a ninguna de las disciplinas de partida. De este modo, la transdisciplinariedad busca superar la división tradicional entre las áreas del conocimiento y favorecer una comprensión compartida de una realidad compleja.
Participación de actores no académicos
Una de las diferencias más importantes entre ambos enfoques se refiere a quién participa en el proceso de investigación. En la transdisciplinariedad, la colaboración no se limita a los investigadores, sino que también incluye a personas y colectivos ajenos al ámbito académico. Pueden participar, por ejemplo, representantes de la sociedad civil, responsables políticos, empresas, profesionales o comunidades directamente relacionadas con el problema que se estudia. Sus conocimientos y experiencias se incorporan al proceso desde el principio, de modo que la investigación pueda considerar distintas formas de entender y abordar una misma cuestión.
En la interdisciplinariedad, en cambio, la colaboración suele darse principalmente entre investigadores de diferentes disciplinas. Cada uno aporta los conocimientos y métodos propios de su área, lo que permite enriquecer el estudio desde diversas perspectivas. Esto no impide que participen personas ajenas a la academia, pero su incorporación no es un elemento necesario del enfoque. Por ello, mientras la interdisciplinariedad busca conectar distintas áreas del conocimiento científico, la transdisciplinariedad amplía esa colaboración para incluir también otros conocimientos y experiencias ajenos a la investigación académica.
Enfoque epistemológico y metodológico
La interdisciplinariedad surge en el contexto de las ciencias relacionadas con el psicoanálisis, a partir de los trabajos de autores como Géza Róheim y Georges Devereux. Su desarrollo responde a la necesidad de poner en relación disciplinas y corrientes de pensamiento que hasta entonces se habían estudiado por separado. En la práctica, esto implica compartir métodos, conceptos y teorías entre áreas afines para analizar el mismo fenómeno desde distintas perspectivas. A pesar de esta colaboración, cada disciplina conserva sus propios fundamentos y formas de trabajo.
La transdisciplinariedad, por su parte, plantea una integración más amplia y busca superar las fronteras habituales entre disciplinas. Para ello, parte de una visión holística y sistémica de la realidad. Desde esta perspectiva, un fenómeno no se entiende únicamente estudiando sus componentes por separado, sino también considerando las relaciones que existen entre ellos y el conjunto que conforman. La transdisciplinariedad presta especial atención a la relación entre distintos niveles de la realidad y procura conectarlos para lograr una comprensión más amplia del problema. Así, frente a una investigación centrada en un ámbito concreto, propone articular distintos niveles y perspectivas para construir una visión conjunta.
Requisitos de conocimiento y habilidades
Aunque pueda parecer lo contrario, trabajar desde una perspectiva transdisciplinar no implica tener menos conocimientos que las disciplinas participantes. Al contrario, es importante conocerlas bien para identificar qué puntos tienen en común, dónde difieren y cómo pueden complementarse. Además de los conocimientos propios de cada área, este tipo de trabajo requiere otras capacidades, como saber facilitar el diálogo, mediar entre distintas perspectivas, relacionar ideas y trasladar conocimientos de un ámbito a otro. También es necesario saber desenvolverse entre distintas formas de abordar un problema y comunicarse con personas que no comparten el mismo lenguaje especializado.
La interdisciplinariedad también exige conocer más de una disciplina, aunque el grado de integración entre ellas puede ser menor. Los investigadores pueden mantener un alto nivel de especialización en su propio campo y aportar ese conocimiento al trabajo conjunto. En este caso, no es imprescindible crear un marco conceptual completamente nuevo, sino que basta con articular los conocimientos y métodos de las distintas disciplinas para abordar mejor el problema que comparten.
Objetivos y resultados
En la interdisciplinariedad, varias disciplinas trabajan juntas para alcanzar un objetivo común y ponen en relación sus conocimientos, métodos y formas de analizar un problema. Esta colaboración permite obtener una visión más amplia de cuestiones complejas al incorporar distintas perspectivas sobre un mismo fenómeno. Sin embargo, cada disciplina mantiene sus propias bases y el resultado final puede seguir encuadrándose en los marcos de conocimiento existentes. Por tanto, aunque el trabajo conjunto puede aportar nuevas ideas y enriquecer el análisis, no tiene por qué dar lugar a nuevos paradigmas ni a un marco teórico completamente diferente.
La transdisciplinariedad busca una mayor integración. En lugar de estudiar un problema desde diferentes disciplinas por separado, trata de abordarlo como un todo, teniendo en cuenta las relaciones entre sus distintas partes. Esto implica ir más allá de las categorías habituales de cada disciplina y buscar nuevas formas de comprender una realidad compleja. El objetivo es construir un conocimiento que permita relacionar diferentes perspectivas y niveles de análisis sin dividir el problema en compartimentos estancos. De este modo, la atención se centra en comprender el conjunto y en encontrar respuestas que consideren la realidad estudiada en toda su complejidad.
Ejemplos ilustrativos
Un ejemplo de interdisciplinariedad puede observarse en un estudio sobre los hábitos alimentarios de una población. En este caso, pueden colaborar especialistas en sociología, economía y nutrición para analizar el problema desde diferentes perspectivas. La sociología puede aportar información sobre las costumbres y los factores sociales que influyen en la alimentación; la economía, sobre aspectos como los ingresos, los precios o el acceso a determinados alimentos; y la nutrición, sobre los efectos de la alimentación en la salud. Todas estas aportaciones se combinan para ofrecer una visión más completa, aunque cada disciplina conserva sus propios métodos y formas de analizar la información.
Un ejemplo de transdisciplinariedad sería un proyecto centrado en la sostenibilidad de una ciudad. Además de contar con urbanistas, ecólogos, economistas y sociólogos, el proyecto podría incluir a residentes, responsables municipales, empresas y organizaciones sociales. Todos ellos participarían en la identificación de los problemas y en la búsqueda de posibles soluciones, aportando conocimientos que no provienen únicamente de la investigación académica. El resultado sería una visión compartida de la sostenibilidad urbana, construida a partir de distintas experiencias y perspectivas, y orientada a responder a los problemas concretos de la ciudad.
Cuándo usar cada enfoque
La interdisciplinariedad es adecuada cuando un problema puede estudiarse combinando los conocimientos y métodos de varias disciplinas. Es una buena opción para cuestiones demasiado amplias para una sola área, pero que pueden abordarse con las herramientas y los conceptos ya existentes en las distintas disciplinas implicadas. En estos casos, el trabajo conjunto permite obtener una visión más completa del problema sin necesidad de desarrollar un nuevo marco teórico.
La transdisciplinariedad puede ser más adecuada cuando el problema presenta un nivel de complejidad que exige ir más allá de la mera colaboración entre disciplinas. Además de reunir conocimientos científicos de diversas áreas, este enfoque permite incorporar experiencias y saberes de otros ámbitos. Es especialmente útil ante problemas sociales, ambientales o tecnológicos en los que intervienen muchas personas y organizaciones y para los que no existe una solución sencilla. En estas situaciones, contar con las personas que viven o conocen directamente el problema puede ser fundamental para plantear soluciones que respondan a las necesidades reales y se mantengan a largo plazo.
Conclusión
La diferencia entre interdisciplinariedad y transdisciplinariedad va más allá de una mera cuestión terminológica. Se trata de dos formas distintas de organizar la investigación y de relacionar los conocimientos. La interdisciplinariedad conecta varias disciplinas, pero cada una conserva sus propios conceptos y métodos. La transdisciplinariedad, en cambio, busca superar esas fronteras y sumar también conocimientos y experiencias provenientes de fuera de la academia. De esta manera, puede ofrecer una visión más amplia de aquellos problemas que no pueden entenderse desde una sola perspectiva.
Esto no significa que un enfoque sea mejor que el otro. Ambos pueden ser útiles, dependiendo de lo que se quiera estudiar y de cómo se plantee el proyecto. La elección dependerá de varios aspectos, como la complejidad del problema, los objetivos de la investigación, las personas que puedan participar y los recursos disponibles. Lo importante es elegir el enfoque que mejor se adapte a las características de cada investigación y al tipo de conocimiento que se desea construir.
En esta conversación puedes escuchar aspectos interesantes sobre estos conceptos.
Aquí se resumen bien las ideas fundamentales.
Os dejo un vídeo que puede aportar ideas sobre este tema.
Acaban de publicar un artículo nuestro en Thermal Science and Engineering Progress, una de las revistas de mayor impacto científico, ubicada en el primer cuartil del JCR. Este estudio científico analiza cómo el calentamiento global y las temperaturas extremas aceleran la degradación física de la infraestructura vial, con especial atención a los puentes atirantados de hormigón.
La investigación se enmarca en el proyecto RESILIFE, que dirijo como investigador principal en la Universitat Politècnica de València. Además, muestra la internacionalización de nuestro grupo de investigación, en este caso, con China. A continuación, se presenta un resumen del trabajo y de la información de contexto.
Este trabajo sintetiza una investigación profunda sobre el impacto del calentamiento global en la infraestructura crítica, en particular en los puentes atirantados de hormigón. El estudio revela una presión dual: el calentamiento acelera la degradación estructural y, simultáneamente, amplifica las emisiones de carbono incorporadas debido a la necesidad de demoliciones prematuras y reparaciones no planificadas.
Los hallazgos clave indican que el 8,67% de los puentes atirantados a nivel mundial han entrado en una fase de demolición prematura durante su etapa operativa. Esto ha generado emisiones de carbono excedentes de más de 100.000 toneladas, una cifra equivalente a 2,70 veces la producción de carbono proyectada en la etapa de diseño original. Las regiones de clima templado marítimo y continental se identifican como zonas de alta vulnerabilidad, lo que exige una recalibración urgente de los códigos de diseño para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de la infraestructura global.
1. El impacto térmico en las estructuras de hormigón
El calentamiento global altera el equilibrio termomecánico de las estructuras, afectándolas principalmente mediante dos mecanismos: el gradiente térmico y la temperatura uniforme.
1.1. Mecanismos de deterioro
Efectos térmicos estáticos: Bajo condiciones de alta temperatura, las estructuras sufren deformaciones y tensiones excesivas que pueden comprometer su integridad microestructural.
Evolución de la fluencia (creep): En condiciones de carga variable y a alta temperatura, la microestructura experimenta una evolución gradual de la fluencia. Esto induce tensiones que inician y propagan grietas.
Efecto de retraso temporal (time-lag): Los fenómenos de retraso o diferencias de fase en la variación de la temperatura entre distintas ubicaciones estructurales son factores determinantes de la acumulación continua de daños.
1.2. Factores de degradación química y física
El deterioro es un proceso acoplado multivariable influenciado por:
Reacción álcali-sílice: Causa pérdida de propiedades mecánicas y reducción de la durabilidad del agregado.
Corrosión de armaduras: La temperatura es el principal factor que acelera la corrosión de las armaduras en el hormigón.
Gradientes térmicos severos: La exposición repetida a gradientes de temperatura extremos provoca grietas que afectan la vida útil normal y el funcionamiento.
2. Marco metodológico y modelización
La investigación emplea un marco multidisciplinario, basado en la física, que vincula el forzamiento climático a escala macro con el deterioro estructural a escala micro.
2.1. Innovaciones en el modelado
Métrica de deriva de carbono 3D: Un nuevo marco para acoplar la variabilidad climática regional con la decadencia del rendimiento estructural.
Modelo de daño térmico global: Incorpora la cuantificación de la incertidumbre y la caracterización estadística de eventos extremos.
Simulaciones de elementos finitos: Modelización detallada que incluye temperaturas extremas específicas del sitio, gradientes altitudinales e incertidumbre climática.
2.2. Ecuaciones fundamentales de transferencia de calor
El estudio se apoya en la ley de conducción de calor de Fourier y en modelos mejorados de radiación solar (Kelvin) para calcular la intensidad de radiación total, considerando las radiaciones directas, dispersas, reflejadas por el suelo e inversas atmosféricas.
3. Análisis de casos de estudio: puentes de gran luz
Se analizaron cuatro puentes atirantados en diferentes regiones climáticas para evaluar su deformación ante gradientes de temperatura extremos a lo largo de un ciclo de 50 años (1975–2025).
Tabla 1: Resumen de puentes analizados y rendimiento térmico
Puente
Ubicación / clima
Altitud promedio
Ciclos hielo-deshielo (>20 °C)
Vida útil de diseño
Vida de fatiga estimada
NAB (Nan’ao)
Monzón subtropical
15 m
3.098
100 años
6,166 años
MRB (Meixi)
Monzón cálido/húmedo
943 m
3.672
100 años
20,470 años
WEB (Wuhekou)
Transicional cálido
194 m
4.302
100 años
22,117 años
YRB (Yellow River)
Continental templado
1.630 m
3.808
100 años
16,916 años
Hallazgos críticos por caso:
NAB: El análisis de acoplamiento térmico mostró que la vida operativa real caería a 93,834 años, por debajo del diseño original de 100 años.
MRB: Bajo ciclos intensos de hielo-deshielo, la vida útil se redujo drásticamente entre 65,9 y 93,1 años respecto a su vida útil de diseño original.
WEB: Presentó una relación de tensión térmica entre las losas superior e inferior de 2,818, lo cual fue la principal causa del arqueo en la viga principal.
YRB: Las temperaturas extremas (mínima de -21,7 °C) y la alta altitud provocaron una reducción masiva de la durabilidad, con una vida de fatiga acumulada de apenas 16,9 años en condiciones críticas.
4. Sostenibilidad y emisiones de carbono
La industria del hormigón enfrenta desafíos críticos, dado que la producción de una tonelada de cemento emite aproximadamente 0,9 toneladas de CO2.
4.1. El ciclo de retroalimentación climática
El estudio advierte sobre un círculo vicioso: el calentamiento global acelera el deterioro de las infraestructuras, lo que obliga a reconstrucciones prematuras, que a su vez generan más emisiones de CO2 y aceleran aún más el calentamiento. Por cada 1% de aumento en la tasa de crecimiento de las emisiones de carbono, la temperatura media aumenta en 0,01873 °C.
4.2. Análisis regional de emisiones excedentes
El equipo investigó 1.427 puentes atirantados en 27 países, dividiendo los hallazgos por regiones:
Norteamérica: En EE. UU., 14 puentes superaron su vida útil real calculada tras el daño térmico, entrando en periodo de demolición. Las emisiones en el periodo de demolición aumentaron un 488,19% en la región.
Europa: Alemania e Italia representan el 34,63% y el 15,24% de los puentes europeos, respectivamente. Tras el daño por fatiga ambiental, las emisiones durante el periodo de mantenimiento en Europa disminuyeron un 29,68% debido a demoliciones tempranas, pero las emisiones por demolición aumentaron un 1054,14%.
Asia-Pacífico: China representa el 43,22% de la región. Aunque muchos puentes son nuevos, la sensibilidad térmica indica que, al aumentar la temperatura, las propiedades de corte y la adherencia entre el acero y el hormigón disminuyen drásticamente.
5. Soluciones y mitigación: hormigón de bajas emisiones
Para cumplir con la Agenda 2030 de la ONU, resulta necesario adoptar materiales y tecnologías sostenibles.
Tabla 2: Tecnologías de Reducción de Carbono en la Construcción
Estrategia
Materiales / Métodos
Efecto en reducción de CO2
Sustitución de clinker
Cenizas volantes, escoria, arcilla calcinada
Reducción del 14% – 22%
Adhesivos sin cemento
Materiales cementicios activados por álcalis
Reducción de hasta el 80%
Optimización híbrida
Áridos reciclados
Reducción del 22% – 46% en materias primas
Nanotecnología
Nano-rellenos de CaCO3 (2%)
Mejora la resistencia y propiedades de la matriz
Captura de carbono
Absorción química / Ciclo de calcio
Captura directa de emisiones de CO2
6. Conclusiones y recomendaciones
La investigación concluye que el modelo tradicional de diseño de infraestructura resulta insuficiente frente a la volatilidad climática actual.
Recalibración de códigos: Es urgente actualizar las especificaciones de diseño de vida útil, incorporando modelos de daño térmico que consideren eventos climáticos extremos y variaciones altitudinales.
Enfoque interdisciplinario: La evaluación de infraestructuras debe integrar mecánica, termodinámica, ciencias sociales y detección remota para identificar las causas raíz de las fallas.
Priorización de nuevos materiales: La durabilidad a largo plazo de los nuevos materiales de bajo carbono requiere una evaluación continua en entornos naturales reales, ya que la investigación actual en este ciclo de vida es insuficiente.
Gestión de riesgos de «overshoot»: La industria de la infraestructura debe reconocer su papel decisivo en el riesgo de superación climática a nivel regional y global, y adoptar estrategias de diseño adaptativo para evitar el colapso prematuro de activos críticos.
La interdisciplinariedad ocupa un lugar cada vez más importante en la investigación científica. Muchos de los problemas actuales, como el cambio climático o el desarrollo de la inteligencia artificial, no pueden entenderse desde una única disciplina. Para estudiarlos es necesario reunir conocimientos, métodos y puntos de vista procedentes de distintos campos.
Este enfoque consiste en trabajar con dos o más disciplinas para estudiar cuestiones que no encajan por completo en un solo ámbito. La combinación de estos conocimientos permite analizar los problemas desde diferentes perspectivas y obtener una visión más completa. En este aspecto, la interdisciplinariedad se diferencia de la multidisciplinariedad. En esta última, varias disciplinas pueden participar en un mismo proyecto, pero cada una mantiene sus propios métodos y trabaja de forma relativamente independiente. En la interdisciplinariedad, en cambio, existe un mayor intercambio entre los distintos campos. Los investigadores comparten conocimientos, combinan métodos y pueden plantear nuevas formas de estudiar un problema.
Resolución de problemas complejos
Uno de los principales beneficios de la interdisciplinariedad es que permite estudiar problemas que difícilmente pueden resolverse desde un único campo. El cambio climático, la seguridad alimentaria, las pandemias o la inteligencia artificial son buenos ejemplos. En todos ellos intervienen numerosos factores, por lo que resulta necesario contar con especialistas de diversas áreas.
El cambio climático evidencia claramente esta necesidad. Para hacerle frente no basta con conocer los procesos atmosféricos. También hacen falta conocimientos de ingeniería, economía, sociología y política, entre otros campos. La colaboración entre estos especialistas puede ayudar tanto a comprender mejor el problema como a diseñar medidas aplicables en la práctica.
Lo mismo ocurre con muchos otros problemas del mundo real. Una disciplina puede explicar una parte de un fenómeno, pero no necesariamente todas sus causas ni todas sus consecuencias. El trabajo conjunto permite comparar diferentes puntos de vista y detectar aspectos que podrían quedar fuera de un análisis más limitado. De este modo, la investigación interdisciplinar ofrece una visión más amplia del problema y facilita la relación entre conocimientos que normalmente se estudian por separado.
Innovación y nuevos descubrimientos
La colaboración entre disciplinas también puede favorecer la aparición de nuevas ideas y soluciones. Cuando investigadores de diferentes campos trabajan juntos, pueden combinar métodos y conocimientos que, por separado, no habrían dado los mismos resultados.
Un ejemplo conocido es el Proyecto Genoma Humano, en el que participaron especialistas de áreas como la biología, la química, las matemáticas, la ingeniería y la informática. El objetivo era identificar y estudiar el genoma humano, una tarea que requería un amplio conjunto de conocimientos. Los resultados del proyecto cambiaron la forma de estudiar la genética y allanaron el camino para nuevas investigaciones en medicina.
La biotecnología moderna también pone de manifiesto las posibilidades de este tipo de colaboración. La combinación de la biología molecular y la ingeniería ha permitido desarrollar nuevas terapias y numerosos productos con aplicaciones médicas y agrícolas. En las ciencias sociales encontramos otro ejemplo en la economía del comportamiento, que combina conocimientos de economía y psicología para estudiar cómo las personas toman decisiones. Este campo ha puesto en duda algunos modelos económicos basados exclusivamente en la idea de que las personas actúan siempre de manera racional.
Algo parecido sucede con la neurociencia cognitiva. Esta disciplina integra conocimientos de psicología, biología e informática para estudiar el funcionamiento del cerebro. Gracias a esta combinación ha sido posible avanzar en el estudio de procesos como el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.
Mejora de la calidad de la investigación
La colaboración interdisciplinar también puede mejorar la calidad de la investigación. Cuando participan especialistas con formaciones diversas, los resultados pueden revisarse desde múltiples perspectivas. Esto ayuda a detectar errores, plantear cambios en los métodos empleados y verificar que las conclusiones estén bien fundamentadas.
En muchos proyectos, los investigadores se encargan de distintas fases del trabajo y revisan los resultados obtenidos por sus compañeros. Cada especialista puede prestar atención a aspectos distintos según su formación. Por ejemplo, un estadístico puede detectar problemas en el tratamiento de los datos que quizá no sean evidentes para un investigador de otra área. Del mismo modo, un especialista en el tema estudiado puede señalar cuestiones que no figuran en un análisis puramente estadístico.
La colaboración también permite distribuir la responsabilidad en el proceso de investigación. Contar con varias personas que revisen los resultados facilita la detección de errores y aumenta las posibilidades de obtener datos reproducibles en otros estudios. Además, la combinación de diferentes puntos de vista puede ayudar a reducir ciertos sesgos en la interpretación de los resultados. Los desacuerdos entre investigadores no tienen por qué ser negativos, ya que en muchos casos obligan a revisar las ideas iniciales y pueden conducir a conclusiones mejor fundamentadas.
Más recursos y posibilidades de financiación
Los proyectos interdisciplinarios también pueden acceder a más opciones de financiación. Algunos organismos nacionales e internacionales valoran especialmente los proyectos en los que participan investigadores de distintas áreas que forman parte de redes de colaboración. La razón es que estos proyectos pueden abordar cuestiones de mayor alcance y reunir conocimientos que sería difícil concentrar en un solo equipo.
La participación en redes académicas internacionales ofrece, además, diversas posibilidades. Entre ellas, se encuentran los proyectos de cooperación entre instituciones, las becas de movilidad, las convocatorias internacionales y algunos fondos destinados a investigaciones realizadas en varios países. Estas oportunidades pueden resultar más difíciles de conseguir para los grupos que trabajan de forma aislada.
Formar parte de estas redes también facilita el contacto entre investigadores con intereses comunes. A partir de estas relaciones pueden surgir nuevos equipos y proyectos en los que participen especialistas de diversas disciplinas. El trabajo conjunto permite plantear investigaciones de mayor alcance y compartir recursos, conocimientos y experiencias.
Así, la interdisciplinariedad no consiste simplemente en reunir a especialistas de distintos campos. Su principal valor radica en lograr que esos conocimientos se relacionen y se utilicen de manera conjunta. Ante problemas de múltiples causas y consecuencias, esta colaboración permite analizar mejor cada situación, plantear soluciones desde diferentes perspectivas y ampliar las posibilidades de la investigación científica.
Beneficios para la carrera de los investigadores
La interdisciplinariedad también puede favorecer la trayectoria profesional de los investigadores. Trabajar con especialistas de otras áreas permite establecer nuevos contactos y conocer grupos de investigación con los que, de otro modo, quizá no se habría tenido relación. Estas colaboraciones pueden aumentar la presencia del investigador en su propio campo y, al mismo tiempo, acercarlo a otros ámbitos profesionales.
Participar en proyectos de este tipo también facilita el acceso a recursos, equipos e infraestructuras que no siempre están disponibles para un solo grupo de investigación. Además, trabajar con otros especialistas puede dar lugar a nuevos proyectos y colaboraciones. De esta forma, la experiencia interdisciplinar no solo aporta conocimientos de otras áreas, sino que también puede influir en las oportunidades que surgen a lo largo de la carrera profesional.
Otro aspecto importante es el desarrollo de habilidades que pueden resultar útiles en distintos trabajos. Los investigadores que colaboran con personas de otras disciplinas deben aprender a explicar sus conocimientos de modo que los especialistas ajenos a su formación los comprendan. También deben adaptar sus métodos a diversas situaciones y encontrar puntos en común entre distintas formas de trabajo.
Estas capacidades son útiles tanto dentro como fuera de la universidad. En muchos entornos profesionales es habitual trabajar en equipos integrados por personas con conocimientos y experiencias diversos. Saber comunicarse con ellas, entender sus planteamientos y coordinar el trabajo es tan importante como dominar los conocimientos propios de una especialidad.
Por tanto, la experiencia interdisciplinar puede aportar algo más que conocimientos científicos. También ayuda a los investigadores a ampliar su red de contactos, a familiarizarse con otras formas de trabajo y a adquirir habilidades que pueden resultarles útiles en distintas etapas de su carrera.
Creatividad e innovación en la investigación interdisciplinar
La investigación interdisciplinar combina conocimientos y métodos de trabajo de distintas disciplinas. Esta combinación puede ayudar a encontrar soluciones que no surgirían con la misma facilidad en una sola disciplina. Al contar con métodos, teorías y datos distintos, los investigadores pueden comparar ideas y plantear respuestas diversas ante un mismo problema.
La diversidad de perspectivas también puede favorecer la innovación científica. Dos áreas pueden estudiar la misma cuestión, pero hacerlo con métodos distintos. Cuando los investigadores de ambas áreas ponen en común lo que saben, pueden incorporar nuevos datos y nuevas formas de análisis al proyecto. Esto permite examinar el problema desde varios puntos de vista y encontrar relaciones que quizá no serían visibles si cada grupo trabajara por separado.
Un aspecto especialmente interesante de este tipo de colaboración es que las ideas de una disciplina pueden servir para resolver problemas de otra. Un método utilizado habitualmente en un campo puede tener una aplicación inesperada en otro. Del mismo modo, una pregunta planteada desde una especialidad determinada puede llevar a los investigadores a revisar sus propias formas de trabajo.
Por ello, la diversidad dentro de un equipo de investigación no se limita a reunir a personas con conocimientos distintos. Lo importante es que haya un intercambio entre ellas. Cuando este intercambio funciona, las aportaciones de cada disciplina pueden complementarse y dar lugar a soluciones que difícilmente surgirían si trabajaran de forma aislada.
Formación e intercambio académico
La interdisciplinariedad también anima a los investigadores a salir de su área de especialización y acercarse a otros campos. Al participar en proyectos de este tipo, conocen teorías, métodos y formas de trabajo diferentes de los que suelen emplear. Esta experiencia puede ampliar sus conocimientos y ayudarles a incorporar nuevas herramientas a sus investigaciones.
El contacto con otras disciplinas también puede servir para desarrollar nuevas capacidades. Un investigador que trabaja fuera de su especialidad debe aprender a comprender conceptos distintos, adaptar sus métodos y combinar conocimientos de campos diferentes. Con el tiempo, estas experiencias pueden ampliar su formación y hacer que afronten sus investigaciones desde otras perspectivas.
Las redes internacionales ofrecen otras posibilidades de aprendizaje. A través de ellas se organizan estancias de investigación, programas de movilidad para estudiantes y profesores, seminarios conjuntos y programas de doble titulación, entre otras actividades. Estas iniciativas permiten que investigadores y estudiantes conozcan otras universidades, establezcan relaciones profesionales y compartan sus métodos de trabajo.
Este intercambio también beneficia a las propias instituciones. La colaboración entre universidades y centros de investigación de distintos países hace posible que los conocimientos y los métodos desarrollados en un lugar lleguen a otros. Además, mantener este contacto les permite a los investigadores conocer los últimos avances en sus áreas de estudio y actualizar sus conocimientos.
En conjunto, la movilidad y el trabajo interinstitucional contribuyen a la formación continua de la comunidad académica. No solo se trata de adquirir nuevos conocimientos, sino también de conocer otras maneras de investigar, de enseñar y de plantear problemas científicos.
Contribución al avance de la ciencia abierta
La interdisciplinariedad fomenta el contacto entre investigadores de diferentes campos y facilita el intercambio de conocimientos. Cuando especialistas con formaciones distintas trabajan en un mismo proyecto, pueden conocer otras formas de plantear y estudiar los problemas. Este intercambio ayuda a reducir la separación que a veces existe entre unas disciplinas y otras.
Las redes internacionales también facilitan esta colaboración. A través de ellas, universidades y centros de investigación pueden compartir publicaciones, datos y recursos y participar en proyectos conjuntos. Estas redes pueden contribuir al desarrollo de la ciencia abierta y facilitar el acceso al conocimiento, sobre todo si participan instituciones con recursos y capacidades diversos.
En Iberoamérica, las alianzas entre países del sur pueden desempeñar un papel especialmente importante. La colaboración entre universidades y centros de investigación de la región permite estudiar problemas en su contexto de origen y plantear soluciones que consideren las características de cada territorio. Al mismo tiempo, los resultados de estas investigaciones pueden ser útiles para otros lugares que se enfrentan a problemas similares.
Por ello, formar parte de redes internacionales no solo supone una oportunidad para conseguir nuevos proyectos o establecer contactos. También permite compartir conocimientos y experiencias entre instituciones de distintos países y acercar la investigación a las necesidades de cada sociedad. La colaboración entre investigadores puede contribuir a una ciencia más abierta y participativa en la que tengan cabida diferentes perspectivas y realidades.
Retos de la investigación interdisciplinar
Aunque la investigación interdisciplinar ofrece muchas ventajas, también plantea algunos desafíos. Una de las más habituales surge cuando investigadores de distintas áreas utilizan conceptos y métodos de trabajo diferentes. Cada disciplina tiene su propia terminología, teorías y métodos, por lo que puede llevar tiempo encontrar una forma de comunicación que todos entiendan. Si no se logra ese punto de encuentro, el trabajo conjunto puede resultar más lento y complejo.
También pueden surgir problemas dentro de las propias instituciones. Muchas universidades y centros de investigación están organizados en departamentos y áreas de conocimiento muy específicas. Esta estructura puede dificultar la creación de proyectos que involucren a varios departamentos, así como la obtención de financiación o recursos para su realización. Además, un investigador debe conocer lo suficiente de otras disciplinas como para colaborar con sus especialistas sin perder la profundidad de su propia área de estudio.
Otro problema tiene que ver con la coordinación del trabajo. Cuando participan personas con formaciones diferentes, no siempre coinciden las prioridades, los métodos ni la manera de interpretar los resultados. Llegar a acuerdos puede llevar más tiempo que en un proyecto desarrollado dentro de una sola disciplina. Por esta razón, la colaboración interdisciplinar requiere una planificación clara y una comunicación constante entre los participantes.
Para facilitar este tipo de investigación, las universidades y los centros de investigación pueden ofrecer formación específica en comunicación y en trabajo interdisciplinario. También resulta útil crear espacios en los que los investigadores puedan reunirse, intercambiar ideas y conocer el trabajo de otros grupos. Estos encuentros ayudan a construir relaciones de colaboración y a comprender mejor las diferencias entre las distintas áreas.
El apoyo institucional también es importante. Las universidades pueden crear convocatorias de financiación para proyectos interdisciplinares, impulsar centros en los que trabajen investigadores de diferentes campos y tener en cuenta este tipo de colaboración en los procesos de evaluación y de promoción profesional. Así, la interdisciplinariedad no dependerá únicamente de la iniciativa de los investigadores, sino que contará con condiciones que facilitarán su desarrollo.
Conclusión
La interdisciplinariedad se ha convertido en una parte importante de la investigación actual. Muchos de los problemas que afectan a la sociedad, como el cambio climático, las pandemias, la desigualdad social o el desarrollo de la inteligencia artificial, tienen causas y consecuencias que inciden en distintos ámbitos. Por eso, resulta difícil estudiarlos adecuadamente desde una sola disciplina. La colaboración entre áreas permite reunir conocimientos y métodos diversos para comprender mejor estos problemas y buscar soluciones más adecuadas.
Además de aportar nuevos conocimientos, el trabajo interdisciplinario puede favorecer la innovación, mejorar la calidad de la investigación y ampliar las oportunidades de formación y colaboración para los investigadores. Sin embargo, este tipo de trabajo también presenta dificultades. Las diferencias en la terminología, los métodos y las formas de organizar la investigación pueden complicar la colaboración. Superarlas requiere tiempo, comunicación y un mayor apoyo por parte de las instituciones académicas.
Por esta razón, sería conveniente seguir impulsando proyectos en los que participen investigadores de diferentes áreas. También es importante crear espacios de encuentro, facilitar la financiación de estos proyectos y reconocer la colaboración interdisciplinar en la carrera académica.
En un contexto en el que muchos problemas afectan a varios ámbitos simultáneamente, trabajar de forma aislada puede resultar insuficiente. La colaboración entre disciplinas permite poner en común conocimientos que, por separado, ofrecen una visión parcial de la realidad. En este sentido, la interdisciplinariedad no solo puede mejorar la forma de investigar, sino también acercar la ciencia a los problemas que plantea la sociedad.
Medir el impacto social de la divulgación científica es uno de los desafíos más complejos en la evaluación de la comunicación científica. A diferencia del impacto académico, que se mide tradicionalmente mediante citas en publicaciones científicas, el impacto social requiere metodologías e indicadores que capturen cómo la ciencia llega a la sociedad y la afecta en su conjunto, algo mucho más difícil de cuantificar, ya que no se trata solo de contar lecturas, visualizaciones o menciones en redes, sino de entender si esa información realmente cambia percepciones, alimenta decisiones informadas o despierta vocaciones científicas en quienes la reciben.
En un momento en que la desinformación circula con la misma rapidez —o incluso más— que el conocimiento riguroso, es urgente desarrollar herramientas que nos permitan valorar con precisión el verdadero alcance de nuestro trabajo divulgativo, no solo para justificar recursos o esfuerzos ante instituciones y financiadores, sino también para mejorar continuamente la forma en que contamos la ciencia.
Existe una carencia de metodologías e indicadores fiables para evaluar los resultados de las actividades de divulgación científica. Esta dificultad surge porque el impacto social no se manifiesta de manera inmediata ni uniforme y porque los efectos de la divulgación pueden ser muy diversos, desde cambios en actitudes y percepciones hasta influencias en políticas públicas o en comportamientos individuales.
Métricas alternativas (Altmetrics)
Las métricas alternativas, también denominadas altmétricas, han surgido como una herramienta fundamental para medir la visibilidad y el impacto social de la producción científica en el entorno digital. Estas métricas miden cuantitativamente y en tiempo real la actividad, la visibilidad y el impacto social y científico de la producción académica en la web, examinando el número de veces en que un contenido se ve, se descarga, se recomienda, se guarda o se discute.
Plataformas como Altmetric y PlumX facilitan datos de métricas alternativas que incluyen menciones en informes públicos, repercusión en medios de noticias y redes sociales, y uso o capturas mediante herramientas como Mendeley. Estas herramientas permiten rastrear la influencia digital de las publicaciones científicas en múltiples canales en línea.
Altmetric: Disponible a través de Dimensions, ofrece información sobre menciones en documentos de políticas públicas, Wikipedia, medios de comunicación y redes sociales
PlumX: A través de Scopus en la sección Impact, proporciona datos similares sobre influencia social
InfluScience2: Plataforma española que informa sobre la influencia social de los resultados de la investigación española desde 2016
Overton: Base de datos especializada en documentos de políticas públicas que citan investigación científica
The Lens: Base de datos multidisciplinar e internacional de literatura científica y patentes con acceso libre
Impacto mediático: Incluye las métricas que miden el impacto de una publicación en la opinión pública, en las redes sociales y en los medios de comunicación. Comprende menciones en redes sociales (me gusta en Facebook, mensajes en Twitter/X, entradas en blogs, noticias en medios de comunicación, en Reddit).
Impacto de uso: Se refiere a todas las métricas relacionadas con el uso de una publicación, principalmente la lectura y la descarga. Incluye descargas y visualizaciones, el número de clics en un enlace y las lecturas del resumen y/o del documento.
Impacto científico: Agrupa todas las métricas vinculadas al impacto en la comunidad científica, como las citas en publicaciones académicas y las menciones en redes científicas.
Plataforma InfluScience
En España, la plataforma InfluScience es un ejemplo destacado de herramienta para medir el impacto social de la ciencia. Desarrollada por investigadores de la Universidad de Granada, esta plataforma mide la visibilidad y la atención que reciben las publicaciones científicas españolas en distintos medios y en plataformas sociales.
Su funcionamiento se basa en las técnicas Altmetrics y permite analizar cuatro dimensiones de influencia:
Influencia social: medida a través de las menciones en Twitter/X
Influencia política: a través de las menciones en informes y documentos de políticas públicas
Influencia mediática: a través de la aparición en noticias de medios de comunicación
Influencia educativa: a través de las menciones en Wikipedia
InfluScience ha analizado más de 434.000 artículos para crear rankings de influencia digital de la ciencia española y proporcionar datos sobre artículos, personas, instituciones y revistas.
Indicadores de impacto social específicos
El impacto social se refiere a la influencia real que los resultados de la investigación tienen fuera del ámbito académico, ya sea en la toma de decisiones, en la práctica profesional, en la innovación o en la resolución de problemas sociales. Para su evaluación se consideran múltiples aspectos:
Citas y menciones en ámbitos no académicos: Una de las principales evidencias del impacto social radica en las citas de la investigación en documentos no académicos. Esto incluye:
Citas en documentos de políticas públicas (disponibles a través de Overton)
Citas en Wikipedia
Citas en patentes
Citas en guías clínicas
Menciones en sitios web y blogs profesionales
Noticias en medios de comunicación, tanto generalistas como especializados
Explotación y aplicación de patentes: Otro indicador clave del impacto social es la explotación o la aplicación de patentes derivadas de la investigación.
Difusión no académica: La difusión de resultados de investigación en canales no académicos, que incluye la participación en actividades de divulgación científica y la presencia en redes sociales generalistas.
Aportaciones a las políticas públicas: Las contribuciones de la investigación a la solución de problemas sociales y a la formulación de políticas públicas constituyen evidencia directa de su impacto social.
Métricas para redes sociales
Para evaluar específicamente el impacto de la divulgación en redes sociales, se pueden utilizar indicadores cuantitativos y cualitativos que midan diferentes niveles de compromiso:
Alcance y visualizaciones: Cuántas personas vieron el contenido
Crecimiento de comunidad: Nuevos seguidores interesados en ciencia
Conversión a lectura: Visitas y descargas de artículos completos
Cada métrica refleja diferentes niveles de compromiso, desde el simple contacto visual hasta la acción concreta de leer un artículo completo o aplicar el conocimiento adquirido.
Evidencias de impacto en diferentes contextos
Las investigaciones sobre evaluación de impacto han identificado varias categorías de evidencia:
Impacto cognitivo: Hay evidencia de que las exhibiciones interactivas y las actividades de divulgación mejoran el conocimiento y la comprensión pública de la ciencia.
Impacto educativo: La divulgación promueve el aprendizaje intergeneracional y facilita la transmisión de conocimientos científicos entre diferentes grupos de edad.
Impacto relacional: Las actividades de divulgación fomentan la confianza entre el público y los científicos, construyendo puentes entre la comunidad científica y la sociedad.
Impacto económico: Los centros científicos y las actividades de divulgación generan impactos económicos directos e indirectos en la economía local mediante la generación de ingresos y empleo.
Un indicador relevante del impacto social es la vinculación de la investigación con líneas estratégicas institucionales, regionales, nacionales o internacionales, en especial con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Tanto Scopus como otras plataformas ofrecen datos sobre la vinculación con los ODS a partir del análisis de resúmenes y del contenido de las publicaciones.
Limitaciones y consideraciones
Es importante reconocer que las métricas de impacto social tienen limitaciones. Estas métricas miden principalmente la atención y la visibilidad, pero no necesariamente la comprensión, el cambio de actitudes ni la aplicación del conocimiento. El hecho de que un mensaje científico haya recibido muchas menciones en redes sociales no garantiza que haya sido comprendido correctamente ni que haya generado un impacto significativo en el público.
Además, las métricas digitales pueden estar sesgadas hacia ciertos tipos de contenido (más visuales, más controvertidos o más emocionales) y hacia ciertas audiencias (más jóvenes o más conectadas digitalmente). Por ello, es recomendable combinar métricas cuantitativas con evaluaciones cualitativas, como encuestas de comprensión, entrevistas en profundidad o estudios de caso que capturen dimensiones del impacto que las métricas automatizadas no pueden medir.
Recomendaciones prácticas
Para medir de manera efectiva el impacto social de la divulgación científica, se recomienda:
Utilizar múltiples indicadores: combinar métricas de diferentes tipos (alcance, interacción, conversión, citas no académicas) para obtener una visión más completa
Establecer objetivos claros: definir desde el inicio qué tipo de impacto se busca lograr (concienciación, cambio de actitudes, influencia en políticas, etc.).
Contextualizar las métricas: las cifras absolutas deben interpretarse en relación con el tamaño de la audiencia objetivo, el tipo de contenido y el canal de difusión
Complementar con evaluación cualitativa: Incorporar encuestas, entrevistas o grupos focales para capturar dimensiones del impacto que las métricas cuantitativas no reflejan
Realizar seguimiento temporal: el impacto social puede manifestarse con retraso, por lo que es importante realizar mediciones en diferentes momentos tras la divulgación
Vincular con ODS: alinear la divulgación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible proporciona un marco reconocido internacionalmente para evaluar el impacto social
Conclusión
Medir el impacto social de la divulgación científica requiere un enfoque multifacético que combine métricas cuantitativas (altmétricas, menciones y descargas) con evaluaciones cualitativas (comprensión, cambio de actitudes y aplicación), ya que ninguno de estos dos enfoques por separado ofrece una imagen completa. Los datos cuantitativos permiten dimensionar el alcance y la difusión de un contenido, pero dicen poco sobre si este realmente transformó la manera de pensar o de actuar de quien lo consumió. Por su parte, las evaluaciones cualitativas aportan esa profundidad, pero resultan más costosas y difíciles de escalar. Aunque existen herramientas cada vez más sofisticadas, como InfluScience, Altmetric o PlumX, que facilitan el seguimiento y la sistematización de estos datos, ninguna métrica por sí sola puede captar la complejidad del impacto social, precisamente porque este se manifiesta de formas muy diversas —desde una conversación cotidiana influida por un dato científico hasta una decisión de política pública basada en pruebas—, que rara vez quedan reflejadas en un solo indicador. Por ello, para realizar una evaluación efectiva es necesario definir objetivos claros desde el inicio de cualquier iniciativa divulgativa, utilizar múltiples indicadores complementarios que se retroalimenten entre sí y, sobre todo, reconocer las limitaciones inherentes a cada método de medición, aceptando que medir el impacto social no es una ciencia exacta, sino un proceso en constante mejora que debe adaptarse a los objetivos, audiencias y contextos particulares de cada proyecto de comunicación científica.
El presente artículo, basado en una conferencia del catedrático Vicente Negro, que puede verse al final del artículo, analiza el papel fundamental que desempeñó la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid como catalizador de la «movida madrileña». El evento central de esta transformación fue el concierto homenaje a José Enrique Cano, «Canito», celebrado el 9 de febrero de 1980 en el salón de actos de la escuela. Este hito no fue un hecho aislado, sino la culminación de un proceso de cambio ideológico, humanístico y creativo que permitió la transición de una universidad altamente politizada hacia una explosión de libertad artística y provocación. La participación activa de figuras académicas e institucionales de la ingeniería de caminos fue determinante para proporcionar el espacio y el apoyo necesarios que convirtieron a la escuela en el epicentro de la «edad de oro del pop español».
Madrid atesora en sus cimientos una paradoja fascinante que desafía la rigidez de sus estructuras. Resulta casi onírico imaginar que el movimiento cultural más disruptivo y colorido de la España contemporánea, que barrió definitivamente el polvo de los tiempos grises, tuviera su epicentro entre los cálculos de hormigón y los proyectos de infraestructura. Sin embargo, la Escuela de Caminos de Madrid no solo fue un centro de excelencia técnica, sino también el laboratorio donde se cocinó una transformación humanística sin precedentes, un lugar donde la fragilidad del pasado dio paso a una transgresión vitalista.
1. El epicentro del terremoto: la Escuela de Caminos como cuna fundacional.
Si la Movida Madrileña tiene una fecha de nacimiento oficial, esta se fijó el 9 de febrero de 1980. Aquel día, el salón de actos de la Escuela de Caminos dejó de ser un recinto de sobriedad académica para convertirse en el escenario que hoy se reconoce como el «acto fundacional» del movimiento.
No obstante, la semilla ya había germinado mucho antes: la Asociación Cultural Caminos llevaba activa desde 1973, intentando oxigenar un ambiente universitario asfixiado por la política. Históricamente, esta institución ha dado al país figuras insignes como Echegaray o Sagasta, pero, en aquella jornada de febrero, la ingeniería no ofreció puentes de acero, sino de «ritmo y armonía». Desde la perspectiva del cambio histórico, ciertos hitos transforman la realidad en un suspiro.
«Como decía Antonio Vega, la vida es una décima de segundo; es un momento en una agenda».
2. Un tributo que cambió la historia: el factor «Canito».
El motor de esta explosión no fue una estrategia comercial, sino un profundo sentimiento de pérdida y lealtad. El concierto nació como un homenaje a José Enrique Cano, «Canito», batería del grupo Tos (embrión de Los Secretos), quien falleció en un trágico accidente de tráfico en la carretera de La Coruña, a la altura de La Navata, la nochevieja de 1979.
La gestación del evento tuvo un aura casi mística. La idea surgió en una conversación con Javier Urquijo en el despacho de la torre de la escuela y se terminó de perfilar entre las barras de bares ya legendarios como el Penta y la Vía Láctea. Se eligió Caminos por la conexión familiar de los Urquijo —cuyo padre era ingeniero— y por contar con el mejor salón de actos universitario de la capital.
Aquella noche, el cartel fue una declaración de intenciones:
Tos
Mamá
Nacha Pop
3. De la canción protesta a la explosión de color.
El evento simbolizó una transición ideológica radical. Quedaba atrás la estética de la resistencia de 1976, cuando festivales como el de Canto Blanco se llenaban de pasquines y la canción protesta de Raimon o Labordeta marcaba el pulso de la calle. De aquellos «tiempos grises» se pasó a ver sombras en color y a plantar «árboles de ilusión».
Fue el momento en que el sol comenzó a «secar la ropa de la vieja Europa», dando paso a la Edad de Oro del pop español. La libertad ya no solo se gritaba en asambleas politizadas, sino que se celebraba con luz y sonido, bajo la premisa de que la existencia misma es un acto de libertad creativa.
«La vida no vale nada si tengo que posponer otro minuto de ser». —Pablo Milanés.
4. Los «influencers» de los 80: visionarios y protectores.
Lo que hoy recordaríamos como un «desmadre salvaje» fue posible gracias a una inusitada complicidad institucional. Es conmovedor pensar que autoridades académicas de la talla de Enrique Balaguer, José Antonio Fernández Ordóñez o José Antonio Torroja permitieran que el latido perdido de la universidad se recuperara mediante la provocación.
Este «hervidero» cultural no habría trascendido sin los altavoces adecuados. Los locutores de la época actuaron como verdaderos guías de este nuevo universo. Nombres como Juan de Pablos, Diego Manrique, Carlos Tena, Gonzalo Garrido o Mario Armero fueron quienes retransmitieron ese rugido salvaje y convirtieron un concierto gratuito en un mito nacional.
5. La ingeniería como armonía: una nueva perspectiva.
Desde la crónica cultural, entendemos que la ingeniería no solo es construcción, sino que, en esencia, es «ritmo, ritmicidad, armonía y composición». Aquellos estudiantes, a los que hoy llamaríamos influencers, eran en realidad «vagabundos en las cenizas de la noche», espíritus libres y versos sueltos que supieron que la técnica y el arte comparten un mismo fin: habitar el mundo de una forma más bella. Como pioneros, esos jóvenes hicieron historia en la música al entender que un diseño estructural también puede ser una partitura.
6. Conclusión: el eco de un latido que no cesa.
La Movida fue un episodio real de cambio que alteró para siempre el pulso de la sociedad española. Al recorrer hoy los pasillos de la Escuela de Caminos, parece que el eco de las guitarras de 1980 sigue suspendido en el aire, recordándonos que solo se muere cuando se olvida. Aquellos «flipados» crearon un universo de galaxias y sueños que aún hoy nos cuesta abandonar.
«Recordar es fácil para quien tiene memoria; olvidarse es difícil para quien tiene corazón». —Gabriel García Márquez.
Al cerrar esta crónica, nos queda la inquietud de mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿en qué laboratorios, despachos o aulas aparentemente rígidas de hoy se estará gestando la próxima revolución del espíritu? Es tan alucinante el recuerdo de aquella efervescencia que, como quien no quiere despertar de un sueño compartido, tal y como nos dice Vicente Negro, solo nos queda decir:
«Hoy no me quiero levantar». — Mecano.
Aquí os dejo la conferencia que impartió Vicente Negro; espero que os guste.
1. Introducción: sostenibilidad y coste de la edificación
Una de las preguntas que con más frecuencia se plantea al abordar un proyecto de arquitectura medioambiental es si su coste es mayor que el de la construcción convencional. La respuesta exige matices.
Es cierto que la aplicación de estos conceptos requiere un aprendizaje previo, ya que se trata de planteamientos nuevos. Sin embargo, esto no tiene por qué traducirse en un coste adicional, ya que, en esencia, se trata de concretar una arquitectura más sensible a los costes ambientales derivados de su actividad, lo que incide, sobre todo, en una mayor eficiencia energética.
No obstante, es posible que determinados elementos del proyecto, como la implantación de sistemas de captación de energía, el empleo de sistemas constructivos específicos, el cuidado extremo en la ejecución de la obra, la catalogación y gestión de los residuos de construcción y demolición o la utilización de materiales no habituales, supongan un sobrecoste respecto de la construcción convencional.
Ese sobrecoste, en muchos casos, se compensa con el tiempo. La instalación de paneles solares, por ejemplo, representa un ahorro diferido, con periodos de amortización conocidos de antemano, a los que se suman los beneficios ambientales colectivos derivados de la reducción del consumo de energías no renovables y de la disminución de las emisiones contaminantes.
Además, debe tenerse en cuenta que los estudios previos necesarios para un proyecto de estas características son de mayor envergadura, por lo que resulta recomendable la participación de distintas disciplinas, incluidas las técnicas formadas en ciencias ambientales.
Idea clave
El diseño bioclimático no implica, por sí mismo, un aumento de los costes. Supone la materialización de una arquitectura más eficiente energéticamente, que puede requerir una inversión inicial en tecnología, pero se amortiza con el tiempo y genera beneficios ambientales colectivos.
A partir de estas premisas, el proyecto arquitectónico puede incorporar una serie de estrategias de acondicionamiento pasivo que solo requieren el conocimiento previo del entorno y el uso adecuado de los parámetros que lo determinan: la incidencia solar, el régimen de vientos, la pluviosidad y la vegetación circundante. Estos parámetros constituyen la base de las estrategias que se desarrollan en los apartados siguientes.
2. El soleamiento como recurso pasivo
2.1. La radiación solar como fuente de calor
Desde siempre se ha conocido la necesidad de dotar a los edificios de espacios habitables con iluminación natural. A partir de esta premisa, es posible aprovechar la fracción infrarroja de la radiación solar incidente, capaz de aportar energía calorífica, mediante estrategias que permitan capturarla, almacenarla y utilizarla para acondicionar el ambiente interior.
Para lograrlo basta con exponer los espacios habitables a la radiación solar, orientándolos adecuadamente y permitiendo su soleamiento constante.
2.2. La trayectoria solar a lo largo del año
La primera condición para aprovechar el soleamiento es conocer la posición del sol a lo largo del año, un parámetro que varía en función de la latitud y del día considerado.
Desde nuestra posición, el sol recorre la trayectoria más baja y más corta durante el solsticio de invierno, el 22 de diciembre. En el solsticio de verano, el 21 de junio, alcanza su mayor altura y su máxima duración: es el día más largo del año.
Esta variación estacional puede aprovecharse de forma natural y sencilla, sin necesidad de ningún dispositivo que consuma energía. Si la orientación de los espacios se orienta hacia el sur —hacia donde se sitúa el sol a mediodía—, se consigue que durante el periodo invernal el sol penetre en todas las estancias, ya que la trayectoria solar es baja y el ángulo de incidencia respecto a la horizontal es pequeño. El resultado es la radiación solar directa y, por tanto, el calor.
2.3. Efecto de la orientación en verano y en invierno
Durante el verano, el ángulo de incidencia aumenta debido a una trayectoria solar más elevada. Esta circunstancia dificulta la entrada de la luz solar en los edificios y contribuye a evitar el sobrecalentamiento de los espacios.
Si además se incorporan elementos de protección solar —parasoles, pérgolas, marquesinas—, se potencia el efecto de refrigeración en los meses cálidos.
De este razonamiento se desprende una conclusión de gran valor proyectual: la fachada orientada al sur es la que mayor radiación solar recibe en invierno y, al mismo tiempo, la que menos radiación recibe en verano.
Idea clave
Con la orientación adecuada —preferentemente al sur— y sin necesidad de ningún aporte energético convencional, es posible optimizar el rendimiento de los sistemas de acondicionamiento ambiental de cualquier edificación.
3. El almacén energético y la restitución al ambiente interior
Una vez captada la energía solar, el edificio debe ser capaz de almacenarla y utilizarla según sus fines. Para ello es necesario estudiar en qué zonas del espacio interior —suelos, techos o paredes— incide el sol y disponer en ellas el material adecuado para acumular esa energía.
No es preciso recurrir a tecnicismos excesivos: basta con la razón y la experiencia acumulada para explicar este fenómeno.
3.1. Comportamiento térmico de los materiales
Cada material básico de construcción —piedra, ladrillo, metal o madera— presenta un comportamiento térmico distinto frente a la radiación solar.
Piedras: se calientan mucho al sol, cuanto más oscuras, más, y se enfrían poco a poco cuando cesa el aporte.
Ladrillos: presentan un comportamiento similar al de la piedra, más acentuado cuanto mayor masa tienen. Un ejemplo cotidiano de esta inercia es el de las sopas servidas en cuencos de barro, que conservan el calor durante un tiempo prolongado.
Metales: se calientan con mucha rapidez, conservan una gran cantidad de calor y se enfrían igualmente deprisa.
Maderas: presentan dificultad para transmitir la energía calorífica y menor capacidad para acumularla —en función de la especie—, con un proceso de restitución lento.
Conocer el comportamiento térmico de los materiales, del que pueden obtenerse datos muy precisos, permite disponer del más adecuado para el paramento receptor de la radiación solar, controlando así la cantidad de energía acumulada y su posterior restitución al ambiente interior. Esta secuencia de aporte, acumulación y restitución varía en el tiempo y en la cantidad según el material empleado, con respuestas más o menos adecuadas a las necesidades de confort.
3.2. La inercia térmica como estrategia pasiva
Si se potencia el uso de materiales pesados —piedras naturales, piedras artificiales o cerámicos son un buen ejemplo— se favorece la existencia de una masa abundante, con buena capacidad de acumulación térmica y una restitución pausada en el tiempo. El resultado es un muro de inercia térmica considerable.
La secuencia de funcionamiento es la siguiente: durante el día, el sol incide sobre la superficie del paramento, calentando progresivamente la masa térmica expuesta y almacenando calor en ella. Cuando el sol deja de actuar, la temperatura ambiente desciende y el muro, que se mantiene a una temperatura superior, comienza a emitir calor al ambiente hasta descargar por completo su almacén térmico.
Dos factores condicionan de manera determinante esta fase: la cantidad de energía que se transferirá al ambiente —proceso que continúa hasta alcanzar el equilibrio térmico— y el tiempo que tarda en comenzar la transferencia de calor, es decir, el desfase entre el inicio de la captación y el de la restitución. Este desfase puede preverse mediante un diseño adecuado del muro.
Idea clave
El edificio dispone de una fuente de energía limpia y gratuita, que se renueva cada día. El único esfuerzo del proyectista consiste en preparar el edificio para captarla, almacenarla y restituirla adecuadamente.
3.3. Factores que determinan el rendimiento de la inercia térmica
Para obtener un muro con buenas prestaciones de inercia térmica es necesario optimizar cada una de las fases de su funcionamiento. En primer lugar, debe asegurarse de que la captación alcance el máximo rendimiento posible, cuidando especialmente el color y la textura de los paramentos receptores.
Color y absortancia
Cuando el color de un material es oscuro, se alcanzan los porcentajes máximos de absorción de la radiación incidente, y el negro alcanza un 100 % de absortancia. En el extremo opuesto se sitúan los colores claros, con porcentajes inferiores al 50 %; la absortancia del blanco se aproxima a cero. No en vano, el color predominante en los cerramientos de los pueblos andaluces —como los de la Alpujarra granadina— es el blanco del enjalbegado de los paramentos exteriores, coherente con la necesidad de reflejar la radiación solar en climas cálidos.
Color
Absortancia
Muy claro
0,10 – 0,20
Claro
0,50
Medio
0,80
Oscuro
0,90
Muy oscuro
0,92 – 0,95
Cuadro 1. Relación entre el color y la absortancia en los materiales.
Textura de los paramentos
El segundo factor a considerar es la textura de los muros. Si esta presenta un carácter especular —como sucede en los acabados pulidos—, aumenta la componente reflexiva de la superficie y, en consecuencia, disminuye el porcentaje de radiación absorbida. Ocurre lo contrario en una superficie mate y rugosa, que favorece la absorción.
Ángulo de incidencia
También resulta determinante el ángulo de incidencia de la radiación solar sobre el paramento, que alcanza su valor máximo cuando incide perpendicularmente sobre la superficie receptora.
Espesor y capacidad del almacén térmico
La segunda fase del proceso corresponde a la capacidad del almacén térmico, que depende fundamentalmente del espesor del muro y de las características térmicas intrínsecas del material que lo constituye.
Restitución de la energía almacenada
La tercera fase, sin que ello implique una concatenación estricta de fenómenos, consiste en la restitución de la energía almacenada, calefactando el ambiente interior y reduciendo —cuando no excluyendo— los aportes energéticos procedentes de fuentes convencionales.
3.4. Aplicaciones y ejemplos de la inercia térmica
La consideración de la inercia térmica como estrategia pasiva exige coherencia formal y constructiva en el conjunto del edificio. Las construcciones dotadas de materiales pesados en sus muros ocupan, en primer lugar, su almacén de energía, por lo que el ambiente tarda más tiempo en alcanzar un estado de confort. Sin embargo, una vez logrado, se produce una notable estabilidad térmica, con muy pocas variaciones de la temperatura interior, tanto diarias como estacionales, independientemente de las oscilaciones, más o menos pronunciadas, que se produzcan en el exterior.
Esta estrategia resulta especialmente adecuada en climas con grandes variaciones entre las temperaturas diurnas y nocturnas, e incluso entre las de verano y las de invierno, ya que la inercia térmica corrige y suaviza esos extremos. También es recomendable para usos de carácter permanente y continuado, como los de edificios residenciales, en los que las condiciones de confort deben mantenerse estables durante todo el año.
Un ejemplo clarificador de este fenómeno es la dificultad —experimentada por casi todo el mundo— para calefactar una casa deshabitada o utilizada solo de manera ocasional, especialmente en el ámbito rural, donde las construcciones presentan muros de gran espesor, edificados con materiales de origen pétreo o de tierra cruda, de elevada inercia térmica. Cuando se pretende ocupar una de estas viviendas durante un periodo breve, es necesario poner en marcha los sistemas de calefacción con mucha antelación; de lo contrario, las condiciones de confort tienden a coincidir con el final de la estancia.
4. Estrategias pasivas de calefacción: el efecto invernadero
Dentro del planteamiento general de aprovechar los recursos naturales disponibles y de reducir, en la medida de lo posible, el uso de energías convencionales de apoyo, el efecto invernadero constituye un modo de generación de calor sencillo y eficaz.
Consiste, básicamente, en disponer de un espacio acristalado permeable a la radiación solar, que permite su incidencia sobre una masa térmica enfrentada —muro, suelo o techo—, la cual actúa como receptora de dicha radiación. Posteriormente, al devolver la energía absorbida, esta queda aprisionada en el cristal, por lo que no puede escapar.
El resultado es un calentamiento progresivo del aire del invernadero, que puede aprovecharse mediante convección natural para calentar el espacio habitable adyacente.
No obstante, es imprescindible incorporar sistemas de ocultación solar durante los meses de verano, así como permitir la ventilación hacia el exterior de este espacio, ya que, en caso contrario, podría producirse un sobrecalentamiento de los espacios servidos, con los consiguientes efectos negativos sobre el confort interior.
5. Estrategias pasivas de refrigeración
Las mismas premisas empleadas para aportar calor al edificio permiten, invertidas, cubrir las necesidades de refrigeración mediante técnicas pasivas de acondicionamiento.
5.1. La inercia térmica en verano
La inercia térmica desempeña un doble papel en el confort ambiental. En condiciones estivales asume la función de receptora de calor: toma el calor del ambiente cálido y contribuye, de este modo, a reducir la temperatura interior.
Para que esta estrategia funcione, es fundamental que el sol no penetre en ningún caso en la estancia y que el paramento encargado de acoger el calor se encuentre sombreado y frío. Pensando en el muro como un almacén de energía, incluso resulta beneficioso descargarlo durante la noche —abriendo ventanas que permitan la circulación del aire—, disipando el calor almacenado y preparando el muro para el día siguiente.
Un ejemplo de hábitat habitualmente denostado, pero con excelentes prestaciones térmicas, es la cueva o la casa enterrada. No existe otra posibilidad constructiva para confinar espacios con mayor inercia térmica, lo que les permite disfrutar de una estabilidad diaria y estacional envidiable, especialmente en climatologías extremas con oscilaciones térmicas acusadas.
En cualquier caso, el principio general es claro: en verano el sol no debe penetrar en los edificios. A lo largo de la historia, la arquitectura ha desarrollado numerosos recursos para los huecos y paramentos de fachada: parasoles, contraventanas, fraileros, celosías, lamas, etc. En la actualidad, los propios vidrios incorporan prestaciones de control importantes en sus variedades reflectantes y absorbentes.
5.2. El movimiento del aire
Las consecuencias de los movimientos del aire, ya sean de ámbito geográfico —el viento— o se produzcan en el interior del hábitat —la ventilación—, se emplean como estrategias pasivas en las actuaciones orientadas a la refrigeración ambiental.
Centrándonos en la capacidad de aireación del espacio interior, las disposiciones de «ventilación cruzada» aprovechan las diferencias de presión y temperatura entre fachadas opuestas. La colocación de chimeneas que promueven la convección natural de corrientes de aire —inducida o no por el calentamiento del aire en el entorno del conducto— y la ubicación de patinillos en zonas interiores de la vivienda contribuyen igualmente al saneamiento e higiene del alojamiento mediante la renovación del aire, mitigando así los efectos del sobrecalentamiento de los habitáculos.
La contribución de los vientos locales puede mejorar estas estrategias, como ocurre en las viviendas de los pueblos costeros expuestos a las brisas dominantes.
También ofrece buenos resultados la implantación de patios en latitudes propicias. El microclima que se forma en su interior está relacionado con la capacidad del aire para generar una estratificación de capas, situando las capas de mayor frescor —las más pesadas— en la parte inferior, lo que beneficia directamente a las estancias en contacto directo con el patio.
5.3. Enfriamiento evaporativo: el concurso del agua
Existen estrategias, propias tanto de la arquitectura vernácula como de la arquitectura actual, denominadas de enfriamiento latente, que consisten en combinar las prestaciones del movimiento del aire con las del agua.
Si se hace pasar una corriente de aire seco por una zona húmeda —ya sea por la presencia de vegetación o por la ubicación de fuentes o estanques—, el aire se humecta, con lo que gana en calidad, y se enfría, lo que contribuye a reducir la temperatura ambiente en unos grados.
6. Distribución de espacios y orientación en la vivienda
Después de exponer las estrategias básicas de la arquitectura bioclimática para optimizar el consumo energético, puede concluirse que sí es posible diseñar edificios que se beneficien de las condiciones de su entorno. El enfrentamiento con dichas condiciones, por el contrario, ocasionará con toda seguridad mayores consumos energéticos, sin entrar a considerar, de momento, los costes ambientales derivados.
Resulta imprescindible, por tanto, el estudio concienzudo del entorno propio de cada emplazamiento y la elección adecuada de las estrategias a adoptar en cada caso: la arquitectura sostenible pertenece a un lugar concreto y es difícilmente trasladable a otro.
Merece una mención especial la distribución de espacios en una vivienda tipo. Parece razonable situar al sur aquellas estancias que van a tener mayor presencia y uso, reservando la orientación norte para los espacios que, por su función específica, son productores de calor —la cocina, por ejemplo— o que pueden actuar como tapón frente a las pérdidas ocasionadas por la fachada más desfavorable.
Sin embargo, de manera sorprendente, los bloques de viviendas se diseñan con frecuencia de forma simétrica en las dos direcciones perpendiculares, disponiendo cocinas, salones y dormitorios en las cuatro orientaciones cardinales sin tener en cuenta las particularidades de cada una de ellas.
Idea clave
La orientación no es un detalle estético, sino una decisión de proyecto con consecuencias energéticas directas. Ignorarla —como ocurre en muchos diseños simétricos actuales— implica, de partida, renunciar a un recurso gratuito de acondicionamiento.
7. Resumen del capítulo
El diseño bioclimático se apoya en el conocimiento y el aprovechamiento de los parámetros naturales del entorno —soleamiento, viento, pluviosidad, vegetación— para reducir el consumo energético del edificio sin necesidad de tecnología compleja ni de un sobrecoste sistemático.
El soleamiento depende de la trayectoria solar, variable según la latitud y la estación: baja en invierno, alta en verano. La orientación sur maximiza la captación invernal y minimiza la estival.
Los materiales de construcción presentan comportamientos térmicos distintos —piedra, ladrillo, metal, madera— que determinan su capacidad para captar, acumular y restituir calor.
La inercia térmica es la estrategia central de acondicionamiento pasivo, tanto para calefactar en invierno como para refrigerar en verano. Su rendimiento depende del color y la textura del paramento, del ángulo de incidencia de la luz solar y del espesor del muro.
El efecto invernadero permite generar calor de forma sencilla y eficaz, siempre que se controle el sobrecalentamiento estival mediante el sombreamiento y la ventilación.
La refrigeración pasiva combina la inercia térmica, el movimiento del aire —ventilación cruzada, chimeneas, patios— y el enfriamiento evaporativo mediante vegetación o láminas de agua.
La distribución de espacios según su orientación —sur para estancias principales, norte para espacios productores de calor— es tan relevante como la elección de los materiales o de los sistemas constructivos.
En definitiva, la arquitectura sostenible no se limita a la incorporación de tecnología: parte del conocimiento riguroso del lugar y de la aplicación coherente de estrategias pasivas, disponibles a diario y de manera gratuita, que exigen del proyectista, ante todo, un ejercicio de observación y de sentido común técnico.
En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.
Este vídeo resume los conceptos más importantes del diseño bioclimático.
La desinformación científica se ha convertido en uno de los mayores desafíos para la sociedad actual. La rapidez con la que circula la información en internet y en las redes sociales facilita que afirmaciones falsas o engañosas alcancen a millones de personas antes de que puedan ser verificadas. Este fenómeno puede influir en decisiones relacionadas con la salud, el medio ambiente, la tecnología o las políticas públicas, erosionando la confianza en el conocimiento científico y dificultando la toma de decisiones fundamentadas en evidencias.
Frente a este escenario, la lucha contra la desinformación científica requiere un enfoque multifacético que involucre a ciudadanos, instituciones educativas, medios de comunicación, plataformas digitales y la propia comunidad científica. Ningún actor puede afrontar este reto de forma aislada: es necesaria la colaboración de todos para promover una cultura basada en el pensamiento crítico, la verificación de la información y la comunicación rigurosa de la ciencia. A continuación se presentan las estrategias más efectivas identificadas por expertos y organismos especializados para reducir el impacto de la desinformación y fortalecer la confianza en el conocimiento científico.
Alfabetización mediática y científica de la ciudadanía
La estrategia más poderosa a largo plazo es fortalecer la capacidad crítica de las personas para evaluar la información. La alfabetización mediática permite desarrollar competencias para involucrarse de manera crítica y efectiva con la información, verificar las fuentes y comprender las diferentes modalidades de difusión. Un estudio de la FECYT revela que invitar a las personas a detenerse y valorar la credibilidad de la información antes de compartirla reduce de forma significativa la difusión de contenidos falsos.
Es fundamental que la población comprenda el carácter provisional de la ciencia, en la que un nuevo descubrimiento puede desestimar un conocimiento previo sin que ello suscite desconfianza. Al contrario, entender este proceso debería reforzar la confianza en la ciencia como una actividad sometida a un juicio constante y a la revisión por pares. Las intervenciones educativas y de alfabetización mediática han demostrado efectos beneficiosos al mejorar las competencias de evaluación crítica y la resiliencia ante la desinformación.
Fomento del pensamiento crítico y escepticismo saludable
Es importante promover competencias que permitan desarrollar un escepticismo saludable, es decir, una actitud crítica que cuestione la información, pero que también sea capaz de aceptar las conclusiones cuando están respaldadas por evidencias sólidas. Este enfoque contrasta con el pensamiento conspirativo, que se caracteriza por una desconfianza absoluta ante cualquier información vinculada al relato oficial y por rechazar sistemáticamente las pruebas que contradicen sus creencias.
La confianza en las instituciones científicas, junto con un mejor conocimiento de cómo funciona la ciencia, ayuda a las personas a reconocer los riesgos de la desinformación y a diferenciar entre afirmaciones fundamentadas y contenidos engañosos. Comprender que el conocimiento científico se construye mediante la acumulación de evidencias, la revisión continua y la corrección de errores favorece una actitud más crítica e informada.
Además, los ciudadanos deben desarrollar la capacidad para evaluar la confiabilidad de las fuentes de información y valorar si quienes emiten determinadas afirmaciones cuentan con experiencia y conocimientos especializados en el ámbito correspondiente. Del mismo modo, es fundamental conocer las prácticas mediante las cuales la comunidad científica produce conocimiento confiable, como la revisión por pares, la replicación de los resultados y la búsqueda de consenso basada en la evidencia. Estas herramientas permiten distinguir con mayor facilidad la información veraz de los bulos y reducir la vulnerabilidad ante la desinformación.
Comunicación científica responsable y de calidad
Las instituciones científicas y los medios de comunicación deben promover estructuras estables, recursos especializados y una comunicación científica de calidad que involucre activamente al público y proporcione información rigurosa, eficaz y responsable. Para ello, es fundamental evitar la exageración o la simplificación excesiva de los hallazgos científicos, comunicar de forma transparente las incertidumbres inherentes al proceso de investigación y fomentar una mejor comprensión de cómo funciona la ciencia, de sus métodos y de los mecanismos mediante los cuales se genera y valida el conocimiento.
Impulsar una comunicación científica de calidad desde los medios de comunicación y las instituciones resulta esencial, no solo para combatir la desinformación y la difusión de contenidos pseudocientíficos, sino también para fortalecer la confianza de la ciudadanía en estas organizaciones. Un estudio muestra que el 83,8 % de los españoles confía en el personal investigador, muy por encima de la confianza depositada en periodistas (31 %) y en políticos (11,9 %). Esta elevada credibilidad otorga a los científicos una responsabilidad especialmente relevante a la hora de comunicar sus resultados y contribuir a un debate público informado y basado en evidencias.
Periodismo científico especializado
Debe promoverse un periodismo científico profesional y especializado que, sin perder su independencia ni su capacidad crítica, sea capaz de contextualizar adecuadamente los hallazgos científicos y explicar su verdadero alcance. Asimismo, resulta esencial transmitir que el carácter provisional de la ciencia no constituye una debilidad, sino una de sus principales fortalezas, ya que el conocimiento científico se revisa y perfecciona continuamente a la luz de nuevas evidencias.
También es fundamental evitar el denominado «falso equilibrio» en los medios de comunicación, que consiste en presentar un tema como si existiera un equilibrio entre dos posiciones enfrentadas cuando, en realidad, la evidencia científica respalda claramente una de ellas. Esta práctica puede generar confusión y distorsionar la percepción pública sobre el consenso científico.
Iniciativas como los Science Media Centres o el European Science-Media Hub proporcionan recursos y apoyo a los medios de comunicación para cubrir la actualidad científica con rigor, precisión y una adecuada contextualización. Estos centros facilitan a los periodistas el acceso a fuentes expertas verificadas, les ayudan a interpretar correctamente los resultados de las investigaciones y contribuyen a que puedan comunicar la relevancia real de los hallazgos científicos de forma comprensible y responsable.
Regulación de algoritmos y plataformas digitales
Es importante trabajar con los algoritmos de los motores de búsqueda y de las redes sociales para que reduzcan la visibilidad de la desinformación y favorezcan la difusión de contenidos fiables. Los sesgos presentes en estos algoritmos, como el sesgo de interacción, a menudo aumentan la difusión de bulos al priorizar aquellos contenidos que generan un mayor engagement, independientemente de su veracidad o calidad informativa.
La competencia por captar la atención de los usuarios y el uso de tácticas favorecidas por estos algoritmos pueden llevar a que científicos, divulgadores e instituciones contribuyan, incluso de forma involuntaria, al ruido informativo y a la propagación de contenidos engañosos. Por ello, las plataformas digitales deben asumir una mayor responsabilidad en la detección y moderación de contenidos falsos, así como en la promoción de fuentes verificadas y de información basada en evidencias, especialmente cuando se trata de temas relacionados con la salud y la ciencia. Además, una mayor transparencia en el funcionamiento de los algoritmos permitiría comprender mejor cómo se seleccionan y difunden los contenidos, lo que facilitaría el desarrollo de estrategias más eficaces contra la desinformación.
Evitar la politización de hechos científicos
La ideología puede desempeñar un papel importante tanto en la identificación como en la difusión de la desinformación científica, lo que subraya la necesidad de evitar la politización de los hallazgos científicos. Para ello, es fundamental diferenciar los hechos y las evidencias científicas de las medidas o decisiones políticas que se adoptan a partir de ellos. Estas últimas no dependen exclusivamente del conocimiento científico, sino que también están condicionadas por factores sociales, económicos, culturales y éticos, así como por las prioridades y los valores de cada sociedad.
Cuando la ciencia se instrumentaliza para defender intereses políticos o partidistas, se corre el riesgo de presentar determinados datos de manera sesgada o de cuestionar evidencias sólidas por motivos ajenos a su validez científica. Esto puede debilitar la confianza pública en la ciencia y favorecer la difusión de desinformación interesada. Por ello, los políticos y líderes institucionales deben respetar la independencia de la evidencia científica y comunicar sus conclusiones de forma rigurosa y transparente al formular políticas públicas. Al mismo tiempo, es importante reconocer que la evidencia científica debe orientar las decisiones, pero no determina por sí sola qué medidas políticas deben adoptarse.
Prevención de la desinformación por parte de expertos
Debe evitarse la desinformación difundida por científicos y profesionales sanitarios a través de diversos medios de comunicación, especialmente en redes sociales. Esta situación puede producirse cuando profesionales de la ciencia y la salud emiten opiniones sobre cuestiones que quedan fuera de su área de especialización y respecto de las cuales no disponen de los conocimientos o herramientas necesarios para valorar adecuadamente su veracidad. La recepción de estas afirmaciones puede verse condicionada por un sesgo de autoridad, ya que el público tiende a otorgar mayor credibilidad a una persona por su condición de experta, aunque su conocimiento no sea aplicable al tema concreto que aborda.
Por ello, los científicos y profesionales sanitarios deben ser especialmente cuidadosos al comunicarse fuera de su ámbito de especialización, distinguiendo con claridad entre el conocimiento basado en evidencia y las opiniones o valoraciones personales. Asimismo, deben declarar de manera transparente cualquier conflicto de interés relevante cuando intervengan en medios de comunicación o en espacios públicos. La autoridad científica constituye un recurso valioso para la sociedad y, precisamente por ello, debe ejercerse con responsabilidad, evitando contribuir a la difusión de afirmaciones no suficientemente respaldadas por la evidencia disponible
Estrategias narrativas y emocionales positivas
La lucha contra la desinformación no debe basarse únicamente en contraargumentos, sino también en la creación de contenidos novedosos, atractivos, entretenidos y beneficiosos para la audiencia. Las organizaciones del sector científico y tecnológico están llamadas a actuar para que la información veraz sea la que gane.
La competencia por captar la atención del público en el caos informativo digital implica abandonar las antiguas fórmulas descriptivas y explicativas de los mensajes y adoptar la narrativa. Contar historias que incorporen conocimiento científico en su desarrollo, mediante personajes en situaciones particulares que siguen secuencias de acciones y transmiten emociones, resulta más efectivo que la mera exposición de datos.
Educación desde edades tempranas
Los adolescentes están cada vez más expuestos a la desinformación científica y sanitaria a través de plataformas de redes sociales, donde el contenido amplificado algorítmicamente y cargado emocionalmente puede influir en el desarrollo psicosocial y en los comportamientos de salud. Las deficiencias en alfabetización digital, la influencia de pares, la amplificación algorítmica y el contenido cargado emocionalmente emergen como mecanismos recurrentes que incrementan la vulnerabilidad frente a la desinformación.
El fortalecimiento de la alfabetización digital en salud, el pensamiento crítico y las intervenciones educativas basadas en evidencia representan estrategias esenciales para reducir la vulnerabilidad ante la desinformación y promover entornos digitales más saludables para los jóvenes. Incorporar estos contenidos en el currículo escolar desde edades tempranas prepara a las futuras generaciones para navegar por el ecosistema informativo digital con criterio.
Colaboración institucional y redes de verificación
La colaboración entre instituciones científicas, universidades, medios de comunicación y organismos públicos es fundamental para crear un ecosistema informativo resiliente. Iniciativas como el proyecto Iberifier Plus de la FECYT trabajan para identificar y combatir la desinformación científica mediante investigación aplicada y el desarrollo de herramientas de detección .
Las redes de verificadores de hechos (fact-checkers) especializados en ciencia y salud desempeñan un papel crucial al desmentir bulos virales y proporcionar información contrastada. Su trabajo debe ser amplificado por medios e instituciones para maximizar su alcance e impacto.
Conclusión
Combatir la desinformación científica requiere esfuerzos coordinados en múltiples frentes: educación ciudadana, comunicación responsable, regulación de las plataformas, periodismo especializado y colaboración institucional. No existe una solución única, sino un conjunto de estrategias complementarias que deben implementarse de manera sostenida. La recompensa es una sociedad más informada, capaz de tomar decisiones fundamentadas en evidencia y resistente a manipulaciones interesadas que ponen en riesgo la salud pública, la democracia y el progreso científico.
En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.
Este vídeo resume los conceptos básicos de la desinformación científica.
José Entrecanales Ibarra (Bilbao, 16 de diciembre de 1899 – Madrid, 11 de febrero de 1990)
José Entrecanales Ibarra nació en Bilbao el 16 de diciembre de 1899. Era el hijo mayor de José Entrecanales Pardo, médico pediatra cántabro, y de Delfina Ibarra Zubieta, bilbaína. Cuando Delfina murió, su padre volvió a casarse con María Ibarra, hermana de la fallecida, con quien tuvo otros tres hijos: Pilar, José Luis, que siguió los pasos de su padre en la medicina, y Jesús, que se dedicó a la abogacía.
Formación: de Bilbao a la Escuela de Caminos.
José Entrecanales cursó sus estudios primarios en el Instituto Vizcaíno de Bilbao. A los diecisiete años se trasladó a Madrid para preparar, en la academia Krahe, el acceso a la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, la única que existía entonces en España. Entrar no era sencillo, ya que había que superar un examen de ingreso muy exigente. Quienes lo conseguían y aprobaban todos los cursos pasaban a formar parte del cuerpo de funcionarios del Estado como ingenieros de caminos o ayudantes de obras públicas. Solo podían pedir la excedencia y pasar al sector privado si conseguían un puesto en una empresa cuya actividad se considerase de interés nacional.
Entrecanales ingresó en la escuela en 1917, a los dieciocho años, y terminó la carrera en enero de 1924 como el número uno de su promoción. Tras terminar la carrera, en 1924 obtuvo una beca de ampliación de estudios de tres meses en Francia, Bélgica y Holanda, centrada en la construcción marítima en el mar del Norte. Posteriormente, publicó artículos en la Revista de Obras Públicas sobre técnicas europeas aplicables a España.
Los primeros pasos profesionales (1924-1928).
Tras graduarse, volvió a su Bilbao natal para iniciar su carrera y se incorporó a la Junta de Obras del Puerto de Bilbao. Poco después, también trabajó para el ingeniero y constructor Eugenio Ribera. En 1926 dio el salto al sector privado, aunque sin abandonar del todo su vínculo con la administración, al incorporarse a la empresa Construcciones Hidráulicas y Civiles, conocida como Hidrocivil, donde ocupó el puesto de jefe de la oficina técnica. No permaneció allí más de dos años.
Su relación con lo público continuó de forma puntual en años posteriores: en 1929 fue nombrado miembro de la Comisión Mixta de Marina y Obras Públicas y, en 1937, ejerció como ingeniero director de la Oficina Municipal de Reconstrucción de los Puentes de Bilbao.
El encuentro con Manuel Távora y el puente de San Telmo
Hacia 1928, José Entrecanales se asoció con Manuel Távora Barrera, un empresario sevillano mayor que él y con gran experiencia en el sector de la construcción ligado al Guadalquivir. Juntos afrontaron el proyecto del puente de San Telmo, en Sevilla, una obra que inicialmente estaba a cargo de Hidro-Civil. El encargo surgió a petición del rey Alfonso XIII, quien deseaba que la nueva construcción dejara ver las edificaciones de la Exposición Iberoamericana de 1929. En estas obras, Entrecanales aportó una solución técnica para la cimentación mediante el uso de aire comprimido y de cajones sumergidos. La técnica de cimentación mediante cajones de hormigón armado y aire comprimido que empleó en San Telmo se perfeccionó posteriormente en obras como el dique seco de Cádiz, una estructura de 245 metros de largo, construida mediante la unión de ocho cajones prefabricados, que sigue en funcionamiento.
Casi al mismo tiempo, el tándem recibió otros encargos: unos depósitos de petróleo en el puerto de Pasajes, los cajones para el dique seco de Nuestra Señora del Rosario y varias instalaciones en el puerto de Cádiz.
Nace Entrecanales y Távora (1931).
El creciente volumen de obras llevó a los dos socios a formalizar su colaboración. El 11 de marzo de 1931, apenas un mes antes de la proclamación de la Segunda República, constituyeron la sociedad anónima Entrecanales y Távora. El capital fundacional fue modesto (650 000 pesetas) y perteneció exclusivamente a los dos socios, sin participación bancaria inicial, lo cual contrasta con otras grandes constructoras de la época, que contaban con respaldo financiero desde el principio. Con el tiempo, la empresa se convertiría en una de las mayores constructoras de España.
Desde el principio, la compañía apostó por la «excelencia técnica» como seña de identidad. José Entrecanales estaba convencido de que esa era la verdadera clave de la competitividad y de que todo lo demás llegaría por añadidura. Por eso, cuidaba especialmente la formación continua de su personal y enviaba con frecuencia a los jefes de obra notas y extractos de revistas y libros técnicos sobre los métodos empleados en los trabajos en curso.
Fue docente durante casi tres décadas.
Además de empresario, Entrecanales fue profesor. Compaginó ambas facetas entre 1929 y 1957 en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid. Empezó como profesor auxiliar en la cátedra de Puertos entre julio de 1929 y 1931 y, a partir de ese año, pasó a ser catedrático de Cimientos y Puentes de Fábrica. La plaza había quedado vacante tras la jubilación de su maestro, José Eugenio Ribera, una figura fundamental de la ingeniería española y uno de los principales introductores del hormigón armado en el país. La asignatura que asumió Entrecanales tenía una notable extensión: combinaba la formación teórica con ejercicios prácticos y trabajos de laboratorio, y exigía al profesor una dedicación especialmente intensa.
Durante veintiocho años llevó a las aulas la Geotecnia, disciplina que introdujo en España, enseñando a sus alumnos las doctrinas suecas y austríacas sobre lo que hoy conocemos como Mecánica del Suelo. Su labor se desarrolló en un momento decisivo para esta especialidad. La Geotecnia estaba dejando atrás una práctica basada principalmente en reglas empíricas y en la experiencia acumulada de los constructores para convertirse en una disciplina apoyada en la observación, la experimentación y la formulación matemática. En el ámbito internacional, este cambio estuvo estrechamente relacionado con la consolidación de la Mecánica del Suelo moderna y con la difusión de las teorías de Karl Terzaghi, en especial de los conceptos de tensión efectiva, consolidación y resistencia del terreno.
Entrecanales contribuyó a trasladar a la enseñanza española las novedades que se desarrollaban en Europa. En sus clases abordaba problemas esenciales para la ingeniería civil, como los empujes de tierras, la estabilidad de taludes, la capacidad portante de las cimentaciones, los asientos del terreno, el comportamiento de los pilotes y de las cimentaciones en obras marítimas. Su enfoque vinculaba constantemente el razonamiento matemático con la experiencia constructiva, de modo que el cálculo no aparecía separado de las condiciones reales de ejecución de una obra.
Su influencia no se limitó a los contenidos de la asignatura. Diversos testimonios de antiguos alumnos destacan que presentaba la obra de ingeniería como una creación global, en la que debían integrarse el cálculo, los materiales, los procedimientos constructivos y la finalidad social de la infraestructura. Por ello, sus discípulos lo recordaron no solo como un profesor exigente, sino también como un maestro que transmitía una concepción específica de la responsabilidad profesional del ingeniero.
Sus apuntes mecanografiados de Geotecnia, elaborados con la ayuda de Carlos Lorente de No, fueron utilizados por múltiples promociones y le valieron para ser considerado el introductor de la matemática geotécnica en España. En 1957 pidió la excedencia voluntaria para dedicarse por completo a sus negocios, tras un periodo de carga docente extraordinaria. En el curso anterior, había impartido más de un centenar de clases teóricas, prácticas y de laboratorio y había revisado miles de ejercicios y numerosos proyectos. La expansión de Entrecanales y Távora, que ya se había convertido en una empresa constructora de primer nivel, hacía cada vez más difícil conciliar la dirección empresarial con la atención que requería una cátedra tan exigente.
Su salida coincidió, además, con una reorganización de la enseñanza en la Escuela. Tras su marcha, la materia se dividió en dos áreas: Geotecnia y Cimientos, que quedó vinculada a José Antonio Jiménez Salas, y Puentes de Fábrica, que pasó a Carlos Fernández Casado. De este modo, la orientación geotécnica que Entrecanales había impulsado se mantuvo a través de sus discípulos y de los materiales docentes que había preparado.
Al frente de la empresa en solitario.
Manuel Távora falleció en diciembre de 1940. Hasta entonces, ambos socios la habían dirigido conjuntamente. A partir de ese momento, José Entrecanales asumió la dirección en solitario y mantuvo el apellido de su amigo y socio en el nombre de la sociedad en su honor.
Las grandes obras de un país en desarrollo
Durante las décadas siguientes, Entrecanales y Távora se fueron adaptando a cada nueva etapa económica del país y ganando presencia en sectores cada vez más diversos.
En los años cuarenta, cuando el Gobierno impulsó el Plan de Recuperación del Ferrocarril, la empresa participó en la mayoría de sus proyectos. Desarrolló equipos capaces de sustituir tramos de puentes metálicos ya agotados por otros de hormigón armado, aprovechando la noche y las horas muertas entre trenes para no interrumpir el tráfico ferroviario.
En los años cincuenta llegó el Plan de Industrialización de Empresas Españolas, orientado a modernizar las plantas productivas del país. Entrecanales creó entonces una oficina técnica especializada en la construcción y mejora de plantas siderúrgicas que llegó a proyectar y construir el 90 % de la obra civil del Plan Avilés. Por esos mismos años, los acuerdos entre España y Estados Unidos para instalar bases militares en territorio español también supusieron una oportunidad de negocio: la empresa no fue la única constructora que participó en esos proyectos, pero sí la que más obras llevó a cabo.
A principios de la década de los sesenta, el Gobierno franquista puso en marcha un ambicioso plan hidrológico para paliar los efectos de las sequías de los años anteriores. Entrecanales quiso participar en sus grandes proyectos y formó un nuevo equipo técnico que dedicó dos años a estudiar los métodos empleados en la construcción de las grandes presas alpinas europeas. El resultado de la agrupación temporal con otras empresas españolas fue la presa de Almendra, sobre el río Tormes, que, con sus 202 metros, se convirtió en una de las presas de bóveda más altas del mundo en su momento.
Las obras marítimas también ocuparon un lugar destacado. La construcción de muelles interiores, obras de abrigo, diques secos y varaderos tuvo que adaptarse al aumento del tamaño de los barcos. En el dique de Astilleros Españoles, en Matagorda, la empresa experimentó con nuevas técnicas de anclaje y aplicó la hidrogeología para responder al mayor calado de los buques. También desarrolló atraques en mar abierto, como el de Empetrol en Tarragona, que exigieron proyectos y métodos de ejecución muy distintos de los habituales hasta entonces.
A finales de los sesenta, la compañía se adentró plenamente en la construcción de centrales nucleares. Fiel a su método de trabajo, Entrecanales envió un equipo técnico a Estados Unidos y Francia, países de referencia en este tipo de instalaciones, para estudiar sus técnicas. El resultado fue notable: de las ocho centrales nucleares construidas en España, la empresa participó en siete.
También participó en el Plan REDIA, destinado a mejorar la red de carreteras del país. En el marco de este plan, construyó el tramo Serín-Gijón-Avilés, en el que empleó por primera vez en España la técnica de pavimentado continuo con hormigón armado.
En el terreno de la edificación, la empresa también dejó una amplia huella. Para clientes públicos, levantó las nuevas sedes de los ministerios de Industria y Energía y de Comercio y Turismo en Madrid, obras del arquitecto Antonio Perpiñá. Para clientes privados, construyó centros comerciales y empresariales, hoteles y apartamentos en las costas peninsulares e insulares, como el hotel Mencey de Tenerife, del arquitecto Marrero Regalado, o el hotel Santa Catalina de Las Palmas, de Ángel Martín Fernández de la Torre, además de sedes institucionales, como el edificio del Banco de Bilbao de Madrid, diseñado por Sáenz de Oiza, o la Torre Europa, de Miguel Oriol. A esta lista se suman instalaciones deportivas, ciudades sanitarias, complejos residenciales, la ampliación del aeropuerto de Madrid-Barajas y la presa del Atazar, todas ubicadas en Madrid.
La salida al exterior
Entrecanales y Távora no quiso depender únicamente del mercado español, que estaba sujeto a los ciclos propios del sector de la construcción. En 1948 dio sus primeros pasos fuera de España, en Portugal y en Marruecos. En Portugal, construyó el dique de abrigo del puerto de Villa Sanjurjo, los viaductos de acceso al puente 25 de Abril de Lisboa y el túnel bajo el Seminario de Oporto.
La expansión internacional se intensificó a finales de los años sesenta, impulsada por la recesión del mercado interno, y la empresa se instaló en países como Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Argentina, Colombia, Argelia, Guinea, Libia y Francia. La empresa se instaló en América del Sur (Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Argentina y Colombia), en África (Argelia, Guinea y Libia) y en Europa (Francia).
Un grupo cada vez más diversificado.
Con el tiempo, el Grupo Entrecanales fue ampliando su actividad más allá de la construcción, en ocasiones hacia sectores relacionados y, en otras, hacia negocios completamente distintos. Llegó a estar presente en la ingeniería civil, la promoción inmobiliaria, la explotación de aparcamientos, la prefabricación industrializada de viviendas, la fabricación de tuberías de alta presión y de piezas especiales, la producción y comercialización de tomates y plátanos de Canarias e incluso en la pesca del atún. Empresas como Iberinsa, Infilco Española, Sepisa, Viviendas Modulares, Fábrica de Tubos Eytasa, la Comunidad Agrícola Entrecanales y Larrarte, Entrerríos y Cessa formaban parte de este entramado.
Retirada progresiva
José Entrecanales estuvo al frente de la empresa durante casi cuatro décadas, primero junto a Manuel Távora y, después, en solitario, hasta jubilarse como director gerente a los setenta años, en 1969. Al año siguiente, cedió la gestión de la compañía a sus dos hijos varones, José María y Juan Entrecanales de Azcárate. No obstante, no se desvinculó del todo: continuó como consejero y presidente de honor hasta 1974, cuando cumplió setenta y cinco años, y después como asesor hasta 1981, momento en el que se retiró definitivamente, ya con ochenta y dos años.
Reconocimientos
Su trayectoria le valió varios reconocimientos. En 1957, cuando solicitó la excedencia en la Escuela de Caminos, fue nombrado profesor honorario. En 1983, recibió la Medalla de Colegiado de Honor del Colegio de Ingenieros de Caminos de Madrid. También le fueron concedidas la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y la Gran Cruz del Mérito Civil. Como muestra de su vínculo con la Escuela, dotó un premio para la mejor tesis doctoral sobre cimentación y puentes de fábrica, así como becas para doctorandos que investigaran en estas materias.
Vida personal
El 18 de julio de 1926, José Entrecanales se casó con María de Azcárate Flórez, hermana de los políticos republicanos Pablo y Justino de Azcárate. A través de este matrimonio, se acercó a personas destacadas de la Institución Libre de Enseñanza. Tuvieron cinco hijos: dos varones, José María y Juan, y tres mujeres, Delfina, Cruz y Teresa.
Entrecanales también fue un hombre de amplia cultura. Su afición a la lectura le llevó a cultivar la amistad con José Ortega y Gasset y con Xavier Zubiri, y a frecuentar las tertulias del Casino de Madrid y del Café Gijón, dos de los puntos de encuentro más conocidos de la sociedad madrileña de la época. Su interés por la pintura le llevó, además, a reunir una notable colección de obras de Sorolla, Beruete, Regoyos y Cecilio Plá.
Los últimos años y el legado.
José Entrecanales Ibarra murió en Madrid el 12 de febrero de 1990 a la edad de noventa años. Dejó una empresa consolidada en manos de sus dos hijos varones y, en la actualidad, la dirige uno de sus nietos, José Manuel Entrecanales Domecq.
El 28 de abril de 1997, siete años después de la muerte de Entrecanales y Távora, se fusionaron con Cubiertas y MZOV para crear una nueva empresa: Acciona. Poco después, el 19 de noviembre de 1999, se creó la Fundación José Entrecanales Ibarra, con una dotación inicial cercana a los mil quinientos millones de pesetas (unos nueve millones de euros), procedentes de las donaciones y legados de Entrecanales y de su esposa, María de Azcárate. La fundación se constituyó junto con la Universidad Politécnica de Madrid para premiar tesis doctorales y becar la investigación en cimentación y puentes, materializando así el compromiso de Entrecanales con la formación de ingenieros.
En la actualidad, Acciona es mucho más que una constructora. Es un grupo cotizado en bolsa, integrado en el Ibex 35, que opera en distintos sectores como multinacional española. Según su propia página web, su misión es «promover el desarrollo sostenible y el bienestar social» y trabaja principalmente en cuatro áreas: energías renovables, construcción, agua y servicios. Un orden de prioridades que dice mucho sobre cómo ha evolucionado, casi un siglo después, el proyecto que aquel joven ingeniero bilbaíno empezó a construir.
Os dejo un vídeo sobre Entrecanales. Espero que os resulte de interés.
Referencia:
MORENO CASTAÑO, Begoña: José Entrecanales Ibarra: ingeniero, empresario y profesor, 1899 – 1990 (Madrid, 2011).