La interdisciplinariedad y su importancia en la investigación

La interdisciplinariedad ocupa un lugar cada vez más importante en la investigación científica. Muchos de los problemas actuales, como el cambio climático o el desarrollo de la inteligencia artificial, no pueden entenderse desde una única disciplina. Para estudiarlos es necesario reunir conocimientos, métodos y puntos de vista procedentes de distintos campos.

Este enfoque consiste en trabajar con dos o más disciplinas para estudiar cuestiones que no encajan por completo en un solo ámbito. La combinación de estos conocimientos permite analizar los problemas desde diferentes perspectivas y obtener una visión más completa. En este aspecto, la interdisciplinariedad se diferencia de la multidisciplinariedad. En esta última, varias disciplinas pueden participar en un mismo proyecto, pero cada una mantiene sus propios métodos y trabaja de forma relativamente independiente. En la interdisciplinariedad, en cambio, existe un mayor intercambio entre los distintos campos. Los investigadores comparten conocimientos, combinan métodos y pueden plantear nuevas formas de estudiar un problema.

Resolución de problemas complejos

Uno de los principales beneficios de la interdisciplinariedad es que permite estudiar problemas que difícilmente pueden resolverse desde un único campo. El cambio climático, la seguridad alimentaria, las pandemias o la inteligencia artificial son buenos ejemplos. En todos ellos intervienen numerosos factores, por lo que resulta necesario contar con especialistas de diversas áreas.

El cambio climático evidencia claramente esta necesidad. Para hacerle frente no basta con conocer los procesos atmosféricos. También hacen falta conocimientos de ingeniería, economía, sociología y política, entre otros campos. La colaboración entre estos especialistas puede ayudar tanto a comprender mejor el problema como a diseñar medidas aplicables en la práctica.

Lo mismo ocurre con muchos otros problemas del mundo real. Una disciplina puede explicar una parte de un fenómeno, pero no necesariamente todas sus causas ni todas sus consecuencias. El trabajo conjunto permite comparar diferentes puntos de vista y detectar aspectos que podrían quedar fuera de un análisis más limitado. De este modo, la investigación interdisciplinar ofrece una visión más amplia del problema y facilita la relación entre conocimientos que normalmente se estudian por separado.

Innovación y nuevos descubrimientos

La colaboración entre disciplinas también puede favorecer la aparición de nuevas ideas y soluciones. Cuando investigadores de diferentes campos trabajan juntos, pueden combinar métodos y conocimientos que, por separado, no habrían dado los mismos resultados.

Un ejemplo conocido es el Proyecto Genoma Humano, en el que participaron especialistas de áreas como la biología, la química, las matemáticas, la ingeniería y la informática. El objetivo era identificar y estudiar el genoma humano, una tarea que requería un amplio conjunto de conocimientos. Los resultados del proyecto cambiaron la forma de estudiar la genética y allanaron el camino para nuevas investigaciones en medicina.

La biotecnología moderna también pone de manifiesto las posibilidades de este tipo de colaboración. La combinación de la biología molecular y la ingeniería ha permitido desarrollar nuevas terapias y numerosos productos con aplicaciones médicas y agrícolas. En las ciencias sociales encontramos otro ejemplo en la economía del comportamiento, que combina conocimientos de economía y psicología para estudiar cómo las personas toman decisiones. Este campo ha puesto en duda algunos modelos económicos basados exclusivamente en la idea de que las personas actúan siempre de manera racional.

Algo parecido sucede con la neurociencia cognitiva. Esta disciplina integra conocimientos de psicología, biología e informática para estudiar el funcionamiento del cerebro. Gracias a esta combinación ha sido posible avanzar en el estudio de procesos como el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.

Mejora de la calidad de la investigación

La colaboración interdisciplinar también puede mejorar la calidad de la investigación. Cuando participan especialistas con formaciones diversas, los resultados pueden revisarse desde múltiples perspectivas. Esto ayuda a detectar errores, plantear cambios en los métodos empleados y verificar que las conclusiones estén bien fundamentadas.

En muchos proyectos, los investigadores se encargan de distintas fases del trabajo y revisan los resultados obtenidos por sus compañeros. Cada especialista puede prestar atención a aspectos distintos según su formación. Por ejemplo, un estadístico puede detectar problemas en el tratamiento de los datos que quizá no sean evidentes para un investigador de otra área. Del mismo modo, un especialista en el tema estudiado puede señalar cuestiones que no figuran en un análisis puramente estadístico.

La colaboración también permite distribuir la responsabilidad en el proceso de investigación. Contar con varias personas que revisen los resultados facilita la detección de errores y aumenta las posibilidades de obtener datos reproducibles en otros estudios. Además, la combinación de diferentes puntos de vista puede ayudar a reducir ciertos sesgos en la interpretación de los resultados. Los desacuerdos entre investigadores no tienen por qué ser negativos, ya que en muchos casos obligan a revisar las ideas iniciales y pueden conducir a conclusiones mejor fundamentadas.

Más recursos y posibilidades de financiación

Los proyectos interdisciplinarios también pueden acceder a más opciones de financiación. Algunos organismos nacionales e internacionales valoran especialmente los proyectos en los que participan investigadores de distintas áreas que forman parte de redes de colaboración. La razón es que estos proyectos pueden abordar cuestiones de mayor alcance y reunir conocimientos que sería difícil concentrar en un solo equipo.

La participación en redes académicas internacionales ofrece, además, diversas posibilidades. Entre ellas, se encuentran los proyectos de cooperación entre instituciones, las becas de movilidad, las convocatorias internacionales y algunos fondos destinados a investigaciones realizadas en varios países. Estas oportunidades pueden resultar más difíciles de conseguir para los grupos que trabajan de forma aislada.

Formar parte de estas redes también facilita el contacto entre investigadores con intereses comunes. A partir de estas relaciones pueden surgir nuevos equipos y proyectos en los que participen especialistas de diversas disciplinas. El trabajo conjunto permite plantear investigaciones de mayor alcance y compartir recursos, conocimientos y experiencias.

Así, la interdisciplinariedad no consiste simplemente en reunir a especialistas de distintos campos. Su principal valor radica en lograr que esos conocimientos se relacionen y se utilicen de manera conjunta. Ante problemas de múltiples causas y consecuencias, esta colaboración permite analizar mejor cada situación, plantear soluciones desde diferentes perspectivas y ampliar las posibilidades de la investigación científica.

Beneficios para la carrera de los investigadores

La interdisciplinariedad también puede favorecer la trayectoria profesional de los investigadores. Trabajar con especialistas de otras áreas permite establecer nuevos contactos y conocer grupos de investigación con los que, de otro modo, quizá no se habría tenido relación. Estas colaboraciones pueden aumentar la presencia del investigador en su propio campo y, al mismo tiempo, acercarlo a otros ámbitos profesionales.

Participar en proyectos de este tipo también facilita el acceso a recursos, equipos e infraestructuras que no siempre están disponibles para un solo grupo de investigación. Además, trabajar con otros especialistas puede dar lugar a nuevos proyectos y colaboraciones. De esta forma, la experiencia interdisciplinar no solo aporta conocimientos de otras áreas, sino que también puede influir en las oportunidades que surgen a lo largo de la carrera profesional.

Otro aspecto importante es el desarrollo de habilidades que pueden resultar útiles en distintos trabajos. Los investigadores que colaboran con personas de otras disciplinas deben aprender a explicar sus conocimientos de modo que los especialistas ajenos a su formación los comprendan. También deben adaptar sus métodos a diversas situaciones y encontrar puntos en común entre distintas formas de trabajo.

Estas capacidades son útiles tanto dentro como fuera de la universidad. En muchos entornos profesionales es habitual trabajar en equipos integrados por personas con conocimientos y experiencias diversos. Saber comunicarse con ellas, entender sus planteamientos y coordinar el trabajo es tan importante como dominar los conocimientos propios de una especialidad.

Por tanto, la experiencia interdisciplinar puede aportar algo más que conocimientos científicos. También ayuda a los investigadores a ampliar su red de contactos, a familiarizarse con otras formas de trabajo y a adquirir habilidades que pueden resultarles útiles en distintas etapas de su carrera.

Creatividad e innovación en la investigación interdisciplinar

La investigación interdisciplinar combina conocimientos y métodos de trabajo de distintas disciplinas. Esta combinación puede ayudar a encontrar soluciones que no surgirían con la misma facilidad en una sola disciplina. Al contar con métodos, teorías y datos distintos, los investigadores pueden comparar ideas y plantear respuestas diversas ante un mismo problema.

La diversidad de perspectivas también puede favorecer la innovación científica. Dos áreas pueden estudiar la misma cuestión, pero hacerlo con métodos distintos. Cuando los investigadores de ambas áreas ponen en común lo que saben, pueden incorporar nuevos datos y nuevas formas de análisis al proyecto. Esto permite examinar el problema desde varios puntos de vista y encontrar relaciones que quizá no serían visibles si cada grupo trabajara por separado.

Un aspecto especialmente interesante de este tipo de colaboración es que las ideas de una disciplina pueden servir para resolver problemas de otra. Un método utilizado habitualmente en un campo puede tener una aplicación inesperada en otro. Del mismo modo, una pregunta planteada desde una especialidad determinada puede llevar a los investigadores a revisar sus propias formas de trabajo.

Por ello, la diversidad dentro de un equipo de investigación no se limita a reunir a personas con conocimientos distintos. Lo importante es que haya un intercambio entre ellas. Cuando este intercambio funciona, las aportaciones de cada disciplina pueden complementarse y dar lugar a soluciones que difícilmente surgirían si trabajaran de forma aislada.

Formación e intercambio académico

La interdisciplinariedad también anima a los investigadores a salir de su área de especialización y acercarse a otros campos. Al participar en proyectos de este tipo, conocen teorías, métodos y formas de trabajo diferentes de los que suelen emplear. Esta experiencia puede ampliar sus conocimientos y ayudarles a incorporar nuevas herramientas a sus investigaciones.

El contacto con otras disciplinas también puede servir para desarrollar nuevas capacidades. Un investigador que trabaja fuera de su especialidad debe aprender a comprender conceptos distintos, adaptar sus métodos y combinar conocimientos de campos diferentes. Con el tiempo, estas experiencias pueden ampliar su formación y hacer que afronten sus investigaciones desde otras perspectivas.

Las redes internacionales ofrecen otras posibilidades de aprendizaje. A través de ellas se organizan estancias de investigación, programas de movilidad para estudiantes y profesores, seminarios conjuntos y programas de doble titulación, entre otras actividades. Estas iniciativas permiten que investigadores y estudiantes conozcan otras universidades, establezcan relaciones profesionales y compartan sus métodos de trabajo.

Este intercambio también beneficia a las propias instituciones. La colaboración entre universidades y centros de investigación de distintos países hace posible que los conocimientos y los métodos desarrollados en un lugar lleguen a otros. Además, mantener este contacto les permite a los investigadores conocer los últimos avances en sus áreas de estudio y actualizar sus conocimientos.

En conjunto, la movilidad y el trabajo interinstitucional contribuyen a la formación continua de la comunidad académica. No solo se trata de adquirir nuevos conocimientos, sino también de conocer otras maneras de investigar, de enseñar y de plantear problemas científicos.

Contribución al avance de la ciencia abierta

La interdisciplinariedad fomenta el contacto entre investigadores de diferentes campos y facilita el intercambio de conocimientos. Cuando especialistas con formaciones distintas trabajan en un mismo proyecto, pueden conocer otras formas de plantear y estudiar los problemas. Este intercambio ayuda a reducir la separación que a veces existe entre unas disciplinas y otras.

Las redes internacionales también facilitan esta colaboración. A través de ellas, universidades y centros de investigación pueden compartir publicaciones, datos y recursos y participar en proyectos conjuntos. Estas redes pueden contribuir al desarrollo de la ciencia abierta y facilitar el acceso al conocimiento, sobre todo si participan instituciones con recursos y capacidades diversos.

En Iberoamérica, las alianzas entre países del sur pueden desempeñar un papel especialmente importante. La colaboración entre universidades y centros de investigación de la región permite estudiar problemas en su contexto de origen y plantear soluciones que consideren las características de cada territorio. Al mismo tiempo, los resultados de estas investigaciones pueden ser útiles para otros lugares que se enfrentan a problemas similares.

Por ello, formar parte de redes internacionales no solo supone una oportunidad para conseguir nuevos proyectos o establecer contactos. También permite compartir conocimientos y experiencias entre instituciones de distintos países y acercar la investigación a las necesidades de cada sociedad. La colaboración entre investigadores puede contribuir a una ciencia más abierta y participativa en la que tengan cabida diferentes perspectivas y realidades.

Retos de la investigación interdisciplinar

Aunque la investigación interdisciplinar ofrece muchas ventajas, también plantea algunos desafíos. Una de las más habituales surge cuando investigadores de distintas áreas utilizan conceptos y métodos de trabajo diferentes. Cada disciplina tiene su propia terminología, teorías y métodos, por lo que puede llevar tiempo encontrar una forma de comunicación que todos entiendan. Si no se logra ese punto de encuentro, el trabajo conjunto puede resultar más lento y complejo.

También pueden surgir problemas dentro de las propias instituciones. Muchas universidades y centros de investigación están organizados en departamentos y áreas de conocimiento muy específicas. Esta estructura puede dificultar la creación de proyectos que involucren a varios departamentos, así como la obtención de financiación o recursos para su realización. Además, un investigador debe conocer lo suficiente de otras disciplinas como para colaborar con sus especialistas sin perder la profundidad de su propia área de estudio.

Otro problema tiene que ver con la coordinación del trabajo. Cuando participan personas con formaciones diferentes, no siempre coinciden las prioridades, los métodos ni la manera de interpretar los resultados. Llegar a acuerdos puede llevar más tiempo que en un proyecto desarrollado dentro de una sola disciplina. Por esta razón, la colaboración interdisciplinar requiere una planificación clara y una comunicación constante entre los participantes.

Para facilitar este tipo de investigación, las universidades y los centros de investigación pueden ofrecer formación específica en comunicación y en trabajo interdisciplinario. También resulta útil crear espacios en los que los investigadores puedan reunirse, intercambiar ideas y conocer el trabajo de otros grupos. Estos encuentros ayudan a construir relaciones de colaboración y a comprender mejor las diferencias entre las distintas áreas.

El apoyo institucional también es importante. Las universidades pueden crear convocatorias de financiación para proyectos interdisciplinares, impulsar centros en los que trabajen investigadores de diferentes campos y tener en cuenta este tipo de colaboración en los procesos de evaluación y de promoción profesional. Así, la interdisciplinariedad no dependerá únicamente de la iniciativa de los investigadores, sino que contará con condiciones que facilitarán su desarrollo.

Conclusión

La interdisciplinariedad se ha convertido en una parte importante de la investigación actual. Muchos de los problemas que afectan a la sociedad, como el cambio climático, las pandemias, la desigualdad social o el desarrollo de la inteligencia artificial, tienen causas y consecuencias que inciden en distintos ámbitos. Por eso, resulta difícil estudiarlos adecuadamente desde una sola disciplina. La colaboración entre áreas permite reunir conocimientos y métodos diversos para comprender mejor estos problemas y buscar soluciones más adecuadas.

Además de aportar nuevos conocimientos, el trabajo interdisciplinario puede favorecer la innovación, mejorar la calidad de la investigación y ampliar las oportunidades de formación y colaboración para los investigadores. Sin embargo, este tipo de trabajo también presenta dificultades. Las diferencias en la terminología, los métodos y las formas de organizar la investigación pueden complicar la colaboración. Superarlas requiere tiempo, comunicación y un mayor apoyo por parte de las instituciones académicas.

Por esta razón, sería conveniente seguir impulsando proyectos en los que participen investigadores de diferentes áreas. También es importante crear espacios de encuentro, facilitar la financiación de estos proyectos y reconocer la colaboración interdisciplinar en la carrera académica.

En un contexto en el que muchos problemas afectan a varios ámbitos simultáneamente, trabajar de forma aislada puede resultar insuficiente. La colaboración entre disciplinas permite poner en común conocimientos que, por separado, ofrecen una visión parcial de la realidad. En este sentido, la interdisciplinariedad no solo puede mejorar la forma de investigar, sino también acercar la ciencia a los problemas que plantea la sociedad.

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El dilema de la hiperespecialización en el conocimiento moderno

La paradoja de saberlo todo y no entender nada: el espejismo de la pirámide académica.

Existe la creencia, casi romántica, de que el avance del conocimiento es un ascenso hacia una visión panorámica. Imaginamos que el experto, al alcanzar la cima de su disciplina, domina un horizonte total. Sin embargo, la realidad de la ciencia contemporánea nos muestra una imagen diferente: la pirámide académica no culmina en una meseta de sabiduría global, sino en un desfiladero de hiperespecialización.

A medida que un investigador se acerca a la excelencia, el aire se vuelve más fino y el aislamiento aumenta. En la cúspide, la especialización es tan extrema que los expertos a menudo se vuelven incapaces de comunicarse incluso con sus colegas más cercanos. Se crean «submundos» de lógica privada, catedrales del pensamiento construidas sobre cimientos que solo su arquitecto puede ver, donde el conocimiento deja de ser un puente para convertirse en una isla.

La muerte del «matemático total»: un mal necesario.

Hubo un tiempo en que mentes como la de Leonardo da Vinci podían abarcar la totalidad del saber humano. Incluso en el siglo XX, figuras como Henri Poincaré o David Hilbert fueron los últimos «matemáticos totales», capaces de comprender y fertilizar prácticamente todas las ramas de su disciplina. Hoy en día, este ideal es una imposibilidad física, ya que el volumen de información crece con tal voracidad que desborda cualquier cerebro biológico.

Esta fragmentación nos obliga a ser más humildes. Como se suele decir en los círculos académicos, existe el riesgo de convertirse en lo que Rafael Tesoro describió como un «koala que solo se alimenta de caña de bambú»: un especialista que sabe cada vez más sobre menos cosas, hasta el punto de que, en el límite, parece saberlo todo sobre nada. No obstante, esta deriva también es un mal necesario. La especialización nos permite ahorrar esfuerzos que, de otro modo, dedicaríamos a tareas imposibles y profundizar donde otros solo pueden patinar sobre la superficie. Como bien reflexionaba el físico teórico citado por Josejuan:

«Es importante adquirir la sensación de humildad que nos aporta reconocer que uno es el mayor experto del mundo en nada y no entiende casi nada de lo que cuentan los demás expertos en nada».

La conjetura ABC: el abismo entre sumar y multiplicar.

En este contexto de fragmentación, destaca la conjetura ABC, formulada en 1985. Su enunciado es de una sencillez engañosa, casi infantil: a + b = c. Sin embargo, tras esta sencilla ecuación se esconde un misterio fundamental sobre la interacción entre las estructuras aditiva y multiplicativa de los números.

Para visualizar el «abismo», consideremos la siguiente suma: 25·318+56·710·232=119·691+1433. Se puede observar que los números a y b están formados por potencias de factores primos muy pequeños (2, 3, 5, 7 y 23). La conjetura sugiere que, en tales casos, el resultado c debe contener necesariamente un factor primo sorprendentemente grande, como el 1433 en este ejemplo.

Si se lograra dominar esta relación, se podrían resolver ecuaciones diofánticas (problemas con soluciones enteras) de forma sistemática, convirtiendo hitos como el último teorema de Fermat en simples ejercicios de cálculo manual. Por ello, la comunidad consideraba que su demostración sería una tarea colosal, un Everest matemático que parecía ir más allá del alcance de las herramientas actuales.

Shinichi Mochizuki y la matemática del «espacio exterior».

En 2012, el matemático japonés anunció que había alcanzado esa cima. Mochizuki no era un desconocido: con un talento precoz, ingresó en la Universidad de Princeton a los dieciséis años, regresó a Japón a los veinticinco y, con tan solo veintisiete años, resolvió una conjetura fundamental de Alexander Grothendieck. Sin embargo, su propuesta para la conjetura ABC era completamente diferente de todo lo visto hasta la fecha.

Mochizuki presentó la teoría de Teichmüller inter-universal (IUT) en cuatro artículos que sumaban 500 páginas, respaldados por otras 1500 páginas de trabajo previo. No se trataba de matemáticas convencionales, sino de una arquitectura barroca, poblada de neologismos que funcionaban como etiquetas de realidades paralelas. Términos como «Frobenioides» o «Teatros de Hodge» sumieron a los expertos en desconcierto. Jordan S. Ellenberg captó esa sensación de extrañeza:

«Al mirarlo, te sientes un poco como si estuvieras leyendo un artículo del futuro o del espacio exterior».

El corolario 3.12: El choque de los titanes.

El aislamiento de Mochizuki fue tanto intelectual como metodológico. Calculó que un experto necesitaría 500 horas de estudio intensivo solo para empezar a comprender su lógica. Esta opacidad provocó un conflicto inevitable cuando Peter Scholze —que ganó la medalla Fields a los 30 años y es considerado un máximo experto en la materia— decidió intervenir.

Scholze y su colega Jakob Stix viajaron a Kioto en 2018 para un encuentro que la prensa científica calificó de «choque de titanes». Tras analizar el manuscrito, señalaron un punto de ruptura específico: el corolario 3.12. Según Scholze, la lógica se desmorona en ese paso crucial, lo que deja la demostración herida de muerte. Mochizuki, imperturbable, afirmó que el error no estaba en sus cálculos, sino en la incapacidad de sus críticos para comprender conceptos tan abstractos. Este desencuentro recordó la sentencia de Gerd Faltings, mentor de Mochizuki:

«En matemáticas no basta con tener una buena idea: también hay que poder explicársela a los demás».

La paradoja de Kioto: la verdad depende de la geografía.

La controversia alcanzó tintes surrealistas cuando la revista RIMS decidió publicar la demostración sin corregir el polémico corolario 3.12. El hecho de que el propio Mochizuki sea el editor jefe de dicha publicación y que el RIMS sea su propia institución ha suscitado serias sospechas en la comunidad internacional. Como señala el autor del blog Gaussianos, la situación «huele mal» por varios motivos:

  • Conflicto de intereses flagrante: el autor valida su propio trabajo desde la cúpula de la revista que lo publica.
  • Inmovilidad dogmática: no se han realizado cambios sustanciales para responder a las objeciones técnicas de Scholze y Stix.
  • Fragmentación de la verdad: la aceptación de la prueba se limita a un círculo estrecho de colaboradores en Japón.

Esto nos sitúa ante una anomalía histórica: hoy en día, la conjetura ABC es un teorema en Kioto, pero sigue siendo una conjetura en el resto del mundo. La verdad matemática ha dejado de ser universal para convertirse en geográfica.

Conclusión: El riesgo del feudalismo matemático

El caso de Mochizuki es una advertencia sobre el futuro del conocimiento. Nos recuerda que la ciencia no es solo el destello de un genio solitario, sino también un esfuerzo colectivo de comunicación. Cuando el lenguaje se vuelve tan privado que ni siquiera los mayores expertos del mundo pueden descifrarlo, el progreso se estanca.

Podríamos estar entrando en una era de feudalismo matemático, donde diferentes escuelas de pensamiento habitan submundos incomprensibles entre sí, protegidas por murallas de terminología esotérica. El desafío de nuestra era no es solo descubrir lo desconocido, sino también construir puentes. Al final, el destino de la ciencia no dependerá de genios que hablen idiomas espaciales, sino de nuestra voluntad de volver a explicarnos el mundo con humildad y claridad.

En esta conversación puedes escuchar algunas de las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume bien las ideas más importantes.

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¿Crees que la ciencia «transfiere» conocimiento a la sociedad? 4 revelaciones que cambiarán tu perspectiva.

Introducción: de la torre de marfil al diálogo abierto.

A menudo imaginamos la ciencia como un proceso aislado: un grupo de expertos en una torre de marfil que, una vez finalizado su trabajo, «transfiere» su conocimiento empaquetado a una sociedad que lo recibe pasivamente. Esta imagen de un flujo unidireccional en el que el conocimiento fluye desde el laboratorio hasta la calle ha dominado nuestra percepción durante décadas. Sin embargo, esta visión está profundamente obsoleta. La relación entre la ciencia y la sociedad es, en realidad, un ecosistema vibrante, un diálogo complejo y multidireccional que enriquece a ambas partes de formas que apenas empezamos a comprender.

Este artículo se sumerge en el corazón de esta nueva perspectiva basándose en un profundo análisis del documento de trabajo de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). A continuación, revelaremos las claves más impactantes y sorprendentes sobre cómo el conocimiento científico crea realmente valor social, desmontando viejos mitos y abriendo la puerta a una nueva forma de entender la ciencia.

1. No es «transferencia», sino «intercambio». Y el cambio es enorme.

El primer gran cambio es conceptual, pero tiene implicaciones transformadoras. La anterior Ley Orgánica de Universidades de 2001 entendía la «transferencia» como un flujo que siempre partía de la universidad hacia la sociedad, con un enfoque casi exclusivo en el valor económico o tecnológico. Era un monólogo en el que la ciencia hablaba y la sociedad escuchaba.

El nuevo paradigma, impulsado por las recientes leyes del Sistema Universitario y de la Ciencia, habla de «transferencia e intercambio de conocimiento». Este término enriquece radicalmente la perspectiva. Reconoce que los flujos de conocimiento son multidireccionales, ya que la sociedad también aporta saberes, necesidades y contextos cruciales para la investigación. Se valora la interacción con actores no académicos y los procesos de cocreación, en los que el valor ya no es solo económico, sino también social, artístico y cultural. Este cambio es significativo, puesto que transforma la relación de un monólogo a un diálogo y reconoce que el conocimiento y las necesidades de la sociedad son fundamentales para enriquecer la propia ciencia.

La valorización del conocimiento consiste en crear valor social y económico a partir de él, vinculando diferentes ámbitos y sectores, y transformando datos, conocimientos técnicos y resultados de la investigación en productos, servicios, soluciones y políticas basadas en el conocimiento, sostenibles y que beneficien a la sociedad.

2. Las patentes son solo la punta del iceberg (y muy pequeña, además).

Cuando pensamos en la ciencia aplicada a la sociedad, suele venirnos a la mente la imagen de una patente que se convierte en un producto comercial o la creación de una empresa spin-off a partir de una investigación universitaria. Estas se han considerado durante mucho tiempo como el máximo exponente de la transferencia de tecnología.

Sin embargo, la realidad es muy diferente. El informe de la ANECA pone de manifiesto que solo una minoría de investigadores e instituciones participa activamente en estas actividades. Los datos del estudio EXTRA son reveladores: la comercialización de resultados (que incluye patentes y empresas derivadas) es una práctica mucho menos frecuente (12 %) que la colaboración formal mediante contrato (63 %) o la colaboración informal (80 %). Esto significa que, durante décadas, los sistemas de evaluación han premiado y medido la actividad de una minoría (el 12 %), mientras que el vasto ecosistema de colaboración real (el 80 %) que genera valor social ha permanecido en la sombra, sin ser reconocido ni incentivado.

Esta obsesión por lo comercial no es solo teórica. En una evaluación piloto de la «transferencia» realizada en 2018, los resultados favorecieron abrumadoramente un modelo económico y tecnológico que premiaba perfiles muy específicos (hombres de mayor edad con trayectorias consolidadas) y actividades como las spin-offs y las patentes, mientras que la divulgación y la transferencia con valor social obtuvieron resultados muy inferiores. Este sesgo sistémico demostró que el antiguo modelo no solo era incompleto, sino también excluyente.

La mayor parte del intercambio real se produce a través de un «espectro oculto» de mecanismos menos visibles, pero muy valiosos, como la investigación conjunta con empresas u ONG, la consultoría especializada, la formación a medida o la participación directa en la elaboración de políticas públicas.

«Intercambio de conocimientos» es el nombre que damos a la amplia gama de actividades que las instituciones de educación superior emprenden con socios (…) para explorar datos y explicaciones sobre las diferentes maneras en que trabajan con sus socios externos, desde empresas hasta grupos comunitarios, en beneficio de la economía y la sociedad.

3. El valor de la ciencia no es intrínseco, sino que lo crean quienes la utilizan.

Medir el «impacto social» de la investigación es un gran desafío. De hecho, la literatura citada en el documento de ANECA señala que ni siquiera existe una definición consensuada de qué es exactamente. Esto ha llevado a un cambio de enfoque radical: la «valorización y el uso social».

La idea es sencilla, pero potente: el valor no reside inherentemente en los resultados científicos, como un artículo o un descubrimiento. El valor se crea y materializa cuando los agentes sociales —empresas, administraciones públicas, ONG, asociaciones de pacientes o ciudadanos— utilizan ese conocimiento para resolver problemas, mejorar procesos o enriquecer contextos. La investigación, por sí sola, no tiene valor social; lo adquiere cuando alguien la pone en práctica.

En la práctica, son los actores sociales que usan o apoyan el uso de la investigación quienes le confieren valor, ya que este no es intrínseco a los resultados científicos, sino que depende de su materialización efectiva por parte de los usuarios en sus respectivos entornos.

Esta perspectiva empodera a la sociedad y transforma por completo el enfoque de la evaluación. La pregunta clave ya no es «¿qué ha producido el científico?», sino «¿cómo y quién ha utilizado el conocimiento generado para crear valor real en el mundo?».

4. La ciencia del futuro debe ser inclusiva, abierta y responsable.

La idea de una ciencia completamente neutral y objetiva, inmune a los problemas sociales, es otro mito que se desmorona. El documento de ANECA deja claro que la ciencia, al igual que cualquier actividad humana, no está exenta de sesgos sistémicos como el sexismo, el racismo o la discriminación por clase social. Reconocer esto es el primer paso para construir una ciencia mejor, guiada por tres pilares fundamentales:

  • Ciencia inclusiva: supera el «modelo del déficit», que asume que el público es un receptor vacío de conocimiento. En su lugar, incorpora activamente las voces, experiencias y preocupaciones de comunidades diversas e históricamente excluidas en el propio proceso científico. En esencia, es la puesta en práctica del verdadero «intercambio» del que hablamos al principio y garantiza que el diálogo sea real y representativo.
  • Ciencia abierta: promueve el acceso libre y gratuito a los datos, las metodologías y los resultados de la investigación. El objetivo es maximizar su reutilización, transparencia y beneficio para toda la sociedad, no solo para quienes pueden pagarlo.
  • Ciencia responsable: implica considerar proactivamente las implicaciones éticas, sociales y medioambientales de la investigación. Se trata de anticipar consecuencias para garantizar que el «valor» creado por la sociedad, como vimos antes, se oriente siempre hacia el bien común.

Integrar estos principios no es solo una cuestión de justicia social. Se trata de una estrategia indispensable para mejorar la calidad y la relevancia de la propia investigación, fortalecer la confianza pública en la ciencia y garantizar que sus beneficios lleguen a todos.

Conclusión: una conversación, no un monólogo.

El viaje ha sido revelador. Hemos pasado de la idea de una «transferencia» unidireccional y centrada en las patentes a un ecosistema de «intercambio», en el que el verdadero valor no radica en el descubrimiento científico en sí, sino en cómo la sociedad lo utiliza y lo transforma. Este cambio nos obliga a replantearnos qué es lo que realmente importa. La ciencia del futuro no puede medirse por sus productos aislados, sino por la riqueza y la calidad de sus relaciones con la sociedad. Su éxito no radica en un monólogo desde la autoridad, sino en su capacidad para crear, conjuntamente, un valor tangible y equitativo mediante un diálogo inclusivo, abierto y responsable.

Ahora que entendemos la ciencia no como un monólogo desde una torre de marfil, sino como una conversación continua, ¿qué pregunta urgente le harías tú a la comunidad científica?

En esta conversación se descubre gran parte de las ideas anteriores.

En este vídeo tenéis un resumen del tema.

El documento de ANECA lo podéis ver en este enlace: https://www.aneca.es/web/guest/-/documento-transferencia-e-intercambio-de-conocimiento

Pero también lo podéis descargar aquí:

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Estado del arte de la gestión del conocimiento en la industria de la construcción

Acaban de publicarnos un artículo en la revista Journal of Civil Engineering and Management, que es una revista de impacto indexada en el JCR. Se trata de un estado del arte de la gestión del conocimiento en la industria de la construcción.

Es un artículo publicado en abierto, por lo que os dejo el manuscrito completo, así como el enlace: https://journals.vgtu.lt/index.php/JCEM/article/view/16006

La gestión del conocimiento en el sector de la construcción se ha convertido en un elemento de transición entre los procesos tradicionales y las necesidades actuales que exige el cambio tecnológico. El trabajo que presentamos revisa las aportaciones científicas actualizadas de la gestión del conocimiento en la construcción, así como su influencia. Los resultados provienen de un estudio bibliométrico, elaborando un análisis cuantitativo y cualitativo del estado actual. El método de investigación se dividió en las siguientes etapas: aproximación preliminar a la bibliografía, establecimiento de estrategias de búsqueda, selección y clasificación de artículos, análisis cuantitativo y discusión de artículos relevantes. Se constataron tres factores principales: uso y explotación del conocimiento, transferencia del conocimiento y tecnologías de la información; también se identificaron cinco facetas complementarias: cultura, innovación, calidad, generación de conocimiento y factores humanos. Los resultados reafirman la importancia del uso y la explotación del conocimiento, además de la creciente atención a la transferencia y la tecnología de la información. Sin embargo, la generación de conocimiento ha disminuido porque el sector sigue sin informar de los resultados de la aplicación del conocimiento, lo que subraya la necesidad de estudiar en el futuro las estrategias para transformar el conocimiento tácito en explícito.

Referencia:

Yepes, V., & López, S. (2021). Knowledge management in the construction industry: current state of knowledge and future research. Journal of Civil Engineering and Management, 27(8), 671-680. https://doi.org/10.3846/jcem.2021.16006

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