Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad no significan lo mismo. Ambas formas de colaboración buscan conectar conocimientos de distintas áreas, pero lo hacen con distintos grados de integración. La interdisciplinariedad consiste principalmente en que varias disciplinas trabajen juntas para estudiar una cuestión común, mientras que la transdisciplinariedad amplía esta colaboración e incorpora también conocimientos y perspectivas ajenos al ámbito académico, por ejemplo, de instituciones, profesionales o colectivos directamente relacionados con el problema. Esta diferencia es importante al plantear una investigación, ya que puede influir en la organización del proyecto, la composición del equipo y los objetivos que se persiguen. En definitiva, conocer las diferencias entre ambos enfoques permite comprender mejor las distintas formas en que las disciplinas y perspectivas pueden colaborar para generar conocimiento.
Definiciones fundamentales
La interdisciplinariedad consiste en poner en común conocimientos, métodos y herramientas de distintas disciplinas para estudiar un problema o desarrollar un proyecto. Para ello, los especialistas de cada área trabajan de manera coordinada, comparten ideas y aportan sus propios puntos de vista. Esta colaboración permite ampliar la perspectiva sobre el objeto de estudio y alcanzar conclusiones o soluciones que serían difíciles de obtener desde una sola disciplina. No obstante, cada área conserva sus propios conceptos, métodos y bases teóricas, por lo que las diferencias entre unas disciplinas y otras no desaparecen.
La transdisciplinariedad parte de una idea más amplia. No solo relaciona distintas disciplinas académicas, sino que también incorpora conocimientos y experiencias provenientes de otros ámbitos. En un proyecto transdisciplinar pueden participar investigadores de diferentes áreas, así como profesionales, responsables políticos, empresas, asociaciones o comunidades locales. El objetivo es abordar problemas complejos teniendo en cuenta las distintas perspectivas que inciden en ellos. En este caso, el conocimiento no solo se construye en la universidad o en los centros de investigación, sino también mediante la colaboración de todos los participantes. El resultado puede superar los límites de las disciplinas que intervienen inicialmente y dar lugar a una visión compartida del problema.
Nivel de integración entre disciplinas
La principal diferencia entre ambos enfoques radica en el grado de integración que alcanzan las disciplinas. En la interdisciplinariedad, distintas áreas del conocimiento trabajan en torno a un mismo problema y combinan sus métodos, conceptos y formas de análisis. Cada disciplina aporta su propia perspectiva y, al mismo tiempo, puede incorporar herramientas o ideas provenientes de otras disciplinas. Sin embargo, las disciplinas mantienen sus características y límites. El resultado es, por tanto, una colaboración entre distintas áreas que permite ampliar el análisis sin que estas dejen de ser reconocibles.
En la transdisciplinariedad, la integración es mayor. Las fronteras entre las disciplinas pierden importancia y el trabajo se organiza en torno al problema que se quiere comprender o resolver, más que en torno a una disciplina concreta. Además, se incorporan conocimientos provenientes de la experiencia y de otros ámbitos ajenos a la academia. La colaboración entre investigadores, profesionales y otros actores permite construir una visión más amplia del problema y generar conocimientos que no pertenecen exclusivamente a ninguna de las disciplinas de partida. De este modo, la transdisciplinariedad busca superar la división tradicional entre las áreas del conocimiento y favorecer una comprensión compartida de una realidad compleja.
Participación de actores no académicos
Una de las diferencias más importantes entre ambos enfoques se refiere a quién participa en el proceso de investigación. En la transdisciplinariedad, la colaboración no se limita a los investigadores, sino que también incluye a personas y colectivos ajenos al ámbito académico. Pueden participar, por ejemplo, representantes de la sociedad civil, responsables políticos, empresas, profesionales o comunidades directamente relacionadas con el problema que se estudia. Sus conocimientos y experiencias se incorporan al proceso desde el principio, de modo que la investigación pueda considerar distintas formas de entender y abordar una misma cuestión.
En la interdisciplinariedad, en cambio, la colaboración suele darse principalmente entre investigadores de diferentes disciplinas. Cada uno aporta los conocimientos y métodos propios de su área, lo que permite enriquecer el estudio desde diversas perspectivas. Esto no impide que participen personas ajenas a la academia, pero su incorporación no es un elemento necesario del enfoque. Por ello, mientras la interdisciplinariedad busca conectar distintas áreas del conocimiento científico, la transdisciplinariedad amplía esa colaboración para incluir también otros conocimientos y experiencias ajenos a la investigación académica.
Enfoque epistemológico y metodológico
La interdisciplinariedad surge en el contexto de las ciencias relacionadas con el psicoanálisis, a partir de los trabajos de autores como Géza Róheim y Georges Devereux. Su desarrollo responde a la necesidad de poner en relación disciplinas y corrientes de pensamiento que hasta entonces se habían estudiado por separado. En la práctica, esto implica compartir métodos, conceptos y teorías entre áreas afines para analizar el mismo fenómeno desde distintas perspectivas. A pesar de esta colaboración, cada disciplina conserva sus propios fundamentos y formas de trabajo.
La transdisciplinariedad, por su parte, plantea una integración más amplia y busca superar las fronteras habituales entre disciplinas. Para ello, parte de una visión holística y sistémica de la realidad. Desde esta perspectiva, un fenómeno no se entiende únicamente estudiando sus componentes por separado, sino también considerando las relaciones que existen entre ellos y el conjunto que conforman. La transdisciplinariedad presta especial atención a la relación entre distintos niveles de la realidad y procura conectarlos para lograr una comprensión más amplia del problema. Así, frente a una investigación centrada en un ámbito concreto, propone articular distintos niveles y perspectivas para construir una visión conjunta.
Requisitos de conocimiento y habilidades
Aunque pueda parecer lo contrario, trabajar desde una perspectiva transdisciplinar no implica tener menos conocimientos que las disciplinas participantes. Al contrario, es importante conocerlas bien para identificar qué puntos tienen en común, dónde difieren y cómo pueden complementarse. Además de los conocimientos propios de cada área, este tipo de trabajo requiere otras capacidades, como saber facilitar el diálogo, mediar entre distintas perspectivas, relacionar ideas y trasladar conocimientos de un ámbito a otro. También es necesario saber desenvolverse entre distintas formas de abordar un problema y comunicarse con personas que no comparten el mismo lenguaje especializado.
La interdisciplinariedad también exige conocer más de una disciplina, aunque el grado de integración entre ellas puede ser menor. Los investigadores pueden mantener un alto nivel de especialización en su propio campo y aportar ese conocimiento al trabajo conjunto. En este caso, no es imprescindible crear un marco conceptual completamente nuevo, sino que basta con articular los conocimientos y métodos de las distintas disciplinas para abordar mejor el problema que comparten.
Objetivos y resultados
En la interdisciplinariedad, varias disciplinas trabajan juntas para alcanzar un objetivo común y ponen en relación sus conocimientos, métodos y formas de analizar un problema. Esta colaboración permite obtener una visión más amplia de cuestiones complejas al incorporar distintas perspectivas sobre un mismo fenómeno. Sin embargo, cada disciplina mantiene sus propias bases y el resultado final puede seguir encuadrándose en los marcos de conocimiento existentes. Por tanto, aunque el trabajo conjunto puede aportar nuevas ideas y enriquecer el análisis, no tiene por qué dar lugar a nuevos paradigmas ni a un marco teórico completamente diferente.
La transdisciplinariedad busca una mayor integración. En lugar de estudiar un problema desde diferentes disciplinas por separado, trata de abordarlo como un todo, teniendo en cuenta las relaciones entre sus distintas partes. Esto implica ir más allá de las categorías habituales de cada disciplina y buscar nuevas formas de comprender una realidad compleja. El objetivo es construir un conocimiento que permita relacionar diferentes perspectivas y niveles de análisis sin dividir el problema en compartimentos estancos. De este modo, la atención se centra en comprender el conjunto y en encontrar respuestas que consideren la realidad estudiada en toda su complejidad.
Ejemplos ilustrativos
Un ejemplo de interdisciplinariedad puede observarse en un estudio sobre los hábitos alimentarios de una población. En este caso, pueden colaborar especialistas en sociología, economía y nutrición para analizar el problema desde diferentes perspectivas. La sociología puede aportar información sobre las costumbres y los factores sociales que influyen en la alimentación; la economía, sobre aspectos como los ingresos, los precios o el acceso a determinados alimentos; y la nutrición, sobre los efectos de la alimentación en la salud. Todas estas aportaciones se combinan para ofrecer una visión más completa, aunque cada disciplina conserva sus propios métodos y formas de analizar la información.
Un ejemplo de transdisciplinariedad sería un proyecto centrado en la sostenibilidad de una ciudad. Además de contar con urbanistas, ecólogos, economistas y sociólogos, el proyecto podría incluir a residentes, responsables municipales, empresas y organizaciones sociales. Todos ellos participarían en la identificación de los problemas y en la búsqueda de posibles soluciones, aportando conocimientos que no provienen únicamente de la investigación académica. El resultado sería una visión compartida de la sostenibilidad urbana, construida a partir de distintas experiencias y perspectivas, y orientada a responder a los problemas concretos de la ciudad.
Cuándo usar cada enfoque
La interdisciplinariedad es adecuada cuando un problema puede estudiarse combinando los conocimientos y métodos de varias disciplinas. Es una buena opción para cuestiones demasiado amplias para una sola área, pero que pueden abordarse con las herramientas y los conceptos ya existentes en las distintas disciplinas implicadas. En estos casos, el trabajo conjunto permite obtener una visión más completa del problema sin necesidad de desarrollar un nuevo marco teórico.
La transdisciplinariedad puede ser más adecuada cuando el problema presenta un nivel de complejidad que exige ir más allá de la mera colaboración entre disciplinas. Además de reunir conocimientos científicos de diversas áreas, este enfoque permite incorporar experiencias y saberes de otros ámbitos. Es especialmente útil ante problemas sociales, ambientales o tecnológicos en los que intervienen muchas personas y organizaciones y para los que no existe una solución sencilla. En estas situaciones, contar con las personas que viven o conocen directamente el problema puede ser fundamental para plantear soluciones que respondan a las necesidades reales y se mantengan a largo plazo.
Conclusión
La diferencia entre interdisciplinariedad y transdisciplinariedad va más allá de una mera cuestión terminológica. Se trata de dos formas distintas de organizar la investigación y de relacionar los conocimientos. La interdisciplinariedad conecta varias disciplinas, pero cada una conserva sus propios conceptos y métodos. La transdisciplinariedad, en cambio, busca superar esas fronteras y sumar también conocimientos y experiencias provenientes de fuera de la academia. De esta manera, puede ofrecer una visión más amplia de aquellos problemas que no pueden entenderse desde una sola perspectiva.
Esto no significa que un enfoque sea mejor que el otro. Ambos pueden ser útiles, dependiendo de lo que se quiera estudiar y de cómo se plantee el proyecto. La elección dependerá de varios aspectos, como la complejidad del problema, los objetivos de la investigación, las personas que puedan participar y los recursos disponibles. Lo importante es elegir el enfoque que mejor se adapte a las características de cada investigación y al tipo de conocimiento que se desea construir.
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