Cómo medir el impacto social de la divulgación científica

Medir el impacto social de la divulgación científica es uno de los desafíos más complejos en la evaluación de la comunicación científica. A diferencia del impacto académico, que se mide tradicionalmente mediante citas en publicaciones científicas, el impacto social requiere metodologías e indicadores que capturen cómo la ciencia llega a la sociedad y la afecta en su conjunto, algo mucho más difícil de cuantificar, ya que no se trata solo de contar lecturas, visualizaciones o menciones en redes, sino de entender si esa información realmente cambia percepciones, alimenta decisiones informadas o despierta vocaciones científicas en quienes la reciben.

En un momento en que la desinformación circula con la misma rapidez —o incluso más— que el conocimiento riguroso, es urgente desarrollar herramientas que nos permitan valorar con precisión el verdadero alcance de nuestro trabajo divulgativo, no solo para justificar recursos o esfuerzos ante instituciones y financiadores, sino también para mejorar continuamente la forma en que contamos la ciencia.

Existe una carencia de metodologías e indicadores fiables para evaluar los resultados de las actividades de divulgación científica. Esta dificultad surge porque el impacto social no se manifiesta de manera inmediata ni uniforme y porque los efectos de la divulgación pueden ser muy diversos, desde cambios en actitudes y percepciones hasta influencias en políticas públicas o en comportamientos individuales.

Métricas alternativas (Altmetrics)

Las métricas alternativas, también denominadas altmétricas, han surgido como una herramienta fundamental para medir la visibilidad y el impacto social de la producción científica en el entorno digital. Estas métricas miden cuantitativamente y en tiempo real la actividad, la visibilidad y el impacto social y científico de la producción académica en la web, examinando el número de veces en que un contenido se ve, se descarga, se recomienda, se guarda o se discute.

Plataformas como Altmetric y PlumX facilitan datos de métricas alternativas que incluyen menciones en informes públicos, repercusión en medios de noticias y redes sociales, y uso o capturas mediante herramientas como Mendeley. Estas herramientas permiten rastrear la influencia digital de las publicaciones científicas en múltiples canales en línea.

Varias herramientas facilitan la medición del impacto social de la divulgación científica:

  • Altmetric: Disponible a través de Dimensions, ofrece información sobre menciones en documentos de políticas públicas, Wikipedia, medios de comunicación y redes sociales
  • PlumX: A través de Scopus en la sección Impact, proporciona datos similares sobre influencia social
  • InfluScience2: Plataforma española que informa sobre la influencia social de los resultados de la investigación española desde 2016
  • Overton: Base de datos especializada en documentos de políticas públicas que citan investigación científica
  • The Lens: Base de datos multidisciplinar e internacional de literatura científica y patentes con acceso libre

Dimensiones del impacto social

Las métricas alternativas pueden agruparse en función del tipo de impacto generado:

  • Impacto mediático: Incluye las métricas que miden el impacto de una publicación en la opinión pública, en las redes sociales y en los medios de comunicación. Comprende menciones en redes sociales (me gusta en Facebook, mensajes en Twitter/X, entradas en blogs, noticias en medios de comunicación, en Reddit).
  • Impacto de uso: Se refiere a todas las métricas relacionadas con el uso de una publicación, principalmente la lectura y la descarga. Incluye descargas y visualizaciones, el número de clics en un enlace y las lecturas del resumen y/o del documento.
  • Impacto científico: Agrupa todas las métricas vinculadas al impacto en la comunidad científica, como las citas en publicaciones académicas y las menciones en redes científicas.

Plataforma InfluScience

En España, la plataforma InfluScience es un ejemplo destacado de herramienta para medir el impacto social de la ciencia. Desarrollada por investigadores de la Universidad de Granada, esta plataforma mide la visibilidad y la atención que reciben las publicaciones científicas españolas en distintos medios y en plataformas sociales.

Su funcionamiento se basa en las técnicas Altmetrics y permite analizar cuatro dimensiones de influencia:

  • Influencia social: medida a través de las menciones en Twitter/X
  • Influencia política: a través de las menciones en informes y documentos de políticas públicas
  • Influencia mediática: a través de la aparición en noticias de medios de comunicación
  • Influencia educativa: a través de las menciones en Wikipedia

InfluScience ha analizado más de 434.000 artículos para crear rankings de influencia digital de la ciencia española y proporcionar datos sobre artículos, personas, instituciones y revistas.

Indicadores de impacto social específicos

El impacto social se refiere a la influencia real que los resultados de la investigación tienen fuera del ámbito académico, ya sea en la toma de decisiones, en la práctica profesional, en la innovación o en la resolución de problemas sociales. Para su evaluación se consideran múltiples aspectos:

  • Citas y menciones en ámbitos no académicos: Una de las principales evidencias del impacto social radica en las citas de la investigación en documentos no académicos. Esto incluye:
    • Citas en documentos de políticas públicas (disponibles a través de Overton)
    • Citas en Wikipedia
    • Citas en patentes
    • Citas en guías clínicas
    • Menciones en sitios web y blogs profesionales
    • Noticias en medios de comunicación, tanto generalistas como especializados
  • Explotación y aplicación de patentes: Otro indicador clave del impacto social es la explotación o la aplicación de patentes derivadas de la investigación.
  • Difusión no académica: La difusión de resultados de investigación en canales no académicos, que incluye la participación en actividades de divulgación científica y la presencia en redes sociales generalistas.
  • Aportaciones a las políticas públicas: Las contribuciones de la investigación a la solución de problemas sociales y a la formulación de políticas públicas constituyen evidencia directa de su impacto social.

Métricas para redes sociales

Para evaluar específicamente el impacto de la divulgación en redes sociales, se pueden utilizar indicadores cuantitativos y cualitativos que midan diferentes niveles de compromiso:

  • Alcance y visualizaciones: Cuántas personas vieron el contenido
  • Interacciones significativas: Comentarios, compartidos, guardados
  • Crecimiento de comunidad: Nuevos seguidores interesados en ciencia
  • Conversión a lectura: Visitas y descargas de artículos completos

Cada métrica refleja diferentes niveles de compromiso, desde el simple contacto visual hasta la acción concreta de leer un artículo completo o aplicar el conocimiento adquirido.

Evidencias de impacto en diferentes contextos

Las investigaciones sobre evaluación de impacto han identificado varias categorías de evidencia:

  • Impacto cognitivo: Hay evidencia de que las exhibiciones interactivas y las actividades de divulgación mejoran el conocimiento y la comprensión pública de la ciencia.
  • Impacto educativo: La divulgación promueve el aprendizaje intergeneracional y facilita la transmisión de conocimientos científicos entre diferentes grupos de edad.
  • Impacto relacional: Las actividades de divulgación fomentan la confianza entre el público y los científicos, construyendo puentes entre la comunidad científica y la sociedad.
  • Impacto económico: Los centros científicos y las actividades de divulgación generan impactos económicos directos e indirectos en la economía local mediante la generación de ingresos y empleo.

Un indicador relevante del impacto social es la vinculación de la investigación con líneas estratégicas institucionales, regionales, nacionales o internacionales, en especial con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Tanto Scopus como otras plataformas ofrecen datos sobre la vinculación con los ODS a partir del análisis de resúmenes y del contenido de las publicaciones.

Limitaciones y consideraciones

Es importante reconocer que las métricas de impacto social tienen limitaciones. Estas métricas miden principalmente la atención y la visibilidad, pero no necesariamente la comprensión, el cambio de actitudes ni la aplicación del conocimiento. El hecho de que un mensaje científico haya recibido muchas menciones en redes sociales no garantiza que haya sido comprendido correctamente ni que haya generado un impacto significativo en el público.

Además, las métricas digitales pueden estar sesgadas hacia ciertos tipos de contenido (más visuales, más controvertidos o más emocionales) y hacia ciertas audiencias (más jóvenes o más conectadas digitalmente). Por ello, es recomendable combinar métricas cuantitativas con evaluaciones cualitativas, como encuestas de comprensión, entrevistas en profundidad o estudios de caso que capturen dimensiones del impacto que las métricas automatizadas no pueden medir.

Recomendaciones prácticas

Para medir de manera efectiva el impacto social de la divulgación científica, se recomienda:

  1. Utilizar múltiples indicadores: combinar métricas de diferentes tipos (alcance, interacción, conversión, citas no académicas) para obtener una visión más completa
  2. Establecer objetivos claros: definir desde el inicio qué tipo de impacto se busca lograr (concienciación, cambio de actitudes, influencia en políticas, etc.).
  3. Contextualizar las métricas: las cifras absolutas deben interpretarse en relación con el tamaño de la audiencia objetivo, el tipo de contenido y el canal de difusión
  4. Complementar con evaluación cualitativa: Incorporar encuestas, entrevistas o grupos focales para capturar dimensiones del impacto que las métricas cuantitativas no reflejan
  5. Realizar seguimiento temporal: el impacto social puede manifestarse con retraso, por lo que es importante realizar mediciones en diferentes momentos tras la divulgación
  6. Vincular con ODS: alinear la divulgación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible proporciona un marco reconocido internacionalmente para evaluar el impacto social

Conclusión

Medir el impacto social de la divulgación científica requiere un enfoque multifacético que combine métricas cuantitativas (altmétricas, menciones y descargas) con evaluaciones cualitativas (comprensión, cambio de actitudes y aplicación), ya que ninguno de estos dos enfoques por separado ofrece una imagen completa. Los datos cuantitativos permiten dimensionar el alcance y la difusión de un contenido, pero dicen poco sobre si este realmente transformó la manera de pensar o de actuar de quien lo consumió. Por su parte, las evaluaciones cualitativas aportan esa profundidad, pero resultan más costosas y difíciles de escalar. Aunque existen herramientas cada vez más sofisticadas, como InfluScience, Altmetric o PlumX, que facilitan el seguimiento y la sistematización de estos datos, ninguna métrica por sí sola puede captar la complejidad del impacto social, precisamente porque este se manifiesta de formas muy diversas —desde una conversación cotidiana influida por un dato científico hasta una decisión de política pública basada en pruebas—, que rara vez quedan reflejadas en un solo indicador. Por ello, para realizar una evaluación efectiva es necesario definir objetivos claros desde el inicio de cualquier iniciativa divulgativa, utilizar múltiples indicadores complementarios que se retroalimenten entre sí y, sobre todo, reconocer las limitaciones inherentes a cada método de medición, aceptando que medir el impacto social no es una ciencia exacta, sino un proceso en constante mejora que debe adaptarse a los objetivos, audiencias y contextos particulares de cada proyecto de comunicación científica.

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¿Crecimiento infinito en un planeta finito?

Introducción: El despertar de una conciencia colectiva.

Durante dos siglos, el modelo industrial funcionó como un motor ciego que ignoraba el agotamiento de su propio combustible. Según la lógica de la Revolución Industrial, el progreso se concebía como una expansión lineal e inagotable, en la que la naturaleza era una reserva infinita de materias primas y un vertedero sin fondo.

La teoría económica tradicional se limitaba a buscar un «equilibrio de mercado» basado estrictamente en el precio, la oferta y la demanda. Sin embargo, este enfoque falló al no considerar los límites biofísicos del planeta. Hoy sabemos que ignorar el capital natural no solo es un error ecológico, sino también una imprudencia financiera y social.

El propósito de este análisis es explorar los puntos de inflexión que nos obligaron a despertar. Desde las advertencias del MIT hasta la Agenda 2030, estos hitos narran cómo la humanidad ha intentado rediseñar su futuro ante la evidencia de que el crecimiento material no puede ser eterno.

El error de Malthus y la trampa de las revoluciones agrícolas.

A finales del siglo XVIII, Thomas Malthus planteó una advertencia: mientras la producción de alimentos avanzaba en progresión aritmética, la población lo hacía en progresión exponencial. Esta brecha, conocida como la «catástrofe maltusiana», sugería que el hambre era el freno inevitable de nuestra especie.

Sin embargo, la Revolución Agraria y la posterior Revolución Verde de los años sesenta introdujeron un arsenal de semillas de alto rendimiento, fertilizantes químicos y riego intensivo. Parecíamos haber «vencido» a Malthus, pero en realidad solo aumentamos el consumo de recursos finitos y de energía.

Desde una perspectiva estratégica, la tecnología actuó como un analgésico que invisibilizó los límites biofísicos del planeta. Al aumentar artificialmente la capacidad de carga del suelo, ocultamos el problema de fondo: seguimos operando bajo un sistema que exige una expansión material infinita en un entorno limitado.

1972: El despertar político y la confirmación de la ciencia.

1972 fue el año en que la diplomacia y el pensamiento sistémico convergieron. Mientras 113 naciones se reunían en la Cumbre de Estocolmo para crear el PNUMA, un think tank pionero, el Club de Roma, publicaba Los límites del crecimiento, un informe del MIT que desafiaba el dogma del progreso ilimitado.

El modelo científico analizó cinco variables críticas: población, producción industrial, alimentos, contaminación y recursos naturales. La conclusión fue un jarro de agua fría para la clase política de la época, ya que por primera vez se introducía la noción de que el crecimiento exponencial colapsaría a corto plazo.

«Si el incremento actual de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantienen sin variar, se alcanzarán los límites absolutos del crecimiento de la Tierra en los próximos cien años».

Esta tesis resultó disruptiva, pues demostró que no podíamos gestionar el planeta como compartimentos estancos. El año 1972 marcó el inicio de la conciencia política moderna al establecer que la salud de los ecosistemas es la infraestructura básica sobre la que se asienta cualquier economía viable.

La crisis del petróleo: el catalizador de la eficiencia y de la brecha social.

Entre 1973 y 1980, la «edad de oro» de los combustibles baratos llegó a su fin. El precio del barril de crudo aumentó de 1,8 a 11,6 dólares, lo que desencadenó una inflación global que no solo afectó al sector energético, sino que también tuvo profundas repercusiones sociales. La crisis agravó la brecha entre ricos y pobres y provocó recortes masivos en los programas de salud, educación y bienestar.

La recesión y el desempleo en el sector manufacturero obligaron a la industria a reinventarse bajo el lema de la eficiencia. Lo que comenzó como una medida de supervivencia económica terminó sentando las bases de la sostenibilidad energética moderna y del diseño industrial consciente.

  • Eficiencia en el transporte: fabricación de vehículos con menor consumo y emisiones.
  • Fomento de lo colectivo: impulso estratégico del transporte público frente al vehículo privado.
  • Renovables: nacimiento de la industria fotovoltaica y la búsqueda de alternativas al petróleo.
  • Geopolítica de la finitud: reconocimiento oficial de que la dependencia de los recursos fósiles constituye una vulnerabilidad estratégica.

Informe Brundtland: redefinición de la calidad del «progreso».

En 1983, la Comisión Brundtland recibió el encargo de replantear un modelo de desarrollo global que estaba devorando su propio entorno. El informe final de 1987, Nuestro futuro común, no proponía dejar de crecer, sino transformar radicalmente la «calidad del crecimiento» para hacerlo menos materialista y menos intensivo en energía.

Este documento consagró la definición que hoy constituye el pilar de nuestra disciplina:

«El desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas».

El cambio de paradigma fue absoluto: la sostenibilidad dejó de ser una preocupación ambientalista para convertirse en una tríada en la que lo económico, lo social y lo ecológico son interdependientes. La equidad se convirtió en un requisito técnico para el progreso y no solo en una aspiración ética.

De los Objetivos de Desarrollo del Milenio a la Agenda 2030: una evolución necesaria.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de 2000 fueron un intento loable, pero limitado. Se centraron únicamente en los países en desarrollo y fueron diseñados por un grupo reducido de expertos. El resultado fue desigual: a pesar de los esfuerzos realizados, millones de personas (925 millones pasaban hambre) se quedaron fuera del progreso debido a la falta de indicadores claros y de participación local.

En 2015, la transición a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 corrigió estos fallos. Por primera vez, se creó una agenda de «aplicación universal» mediante consultas públicas y encuestas globales que involucraron a la ciudadanía en la definición de sus propias prioridades y metas.

La diferencia crítica radica en la participación ciudadana y la visión sistémica. Los ODS reconocen que la pobreza en un país y el cambio climático en otro son dos caras de la misma moneda. Esta legitimidad democrática es el factor que faltaba en los intentos anteriores para transformar la sostenibilidad en una misión colectiva.

Conclusión: la pregunta que define nuestra era.

La sostenibilidad no es una moda pasajera ni una concesión estética de las empresas; es la respuesta histórica acumulada ante las crisis de recursos, las desigualdades sociales y los límites científicos que ya no podemos ignorar. En esencia, es nuestra estrategia de supervivencia como civilización.

Nuestra responsabilidad generacional nos obliga a mirar hacia el pasado para comprender que el crecimiento tal y como lo conocimos en el siglo XX es una anomalía histórica. El éxito de la Agenda 2030 dependerá de si somos capaces de aplicar el rigor del pensamiento sistémico a cada decisión económica y política.

Al observar la velocidad a la que consumimos actualmente, es inevitable preguntarse si estamos actuando conforme a los principios de equidad del Informe Brundtland para proteger a las generaciones futuras o si seguimos ignorando deliberadamente los límites físicos que la ciencia nos señaló hace ya más de medio siglo.

En esta conversación puedes escuchar algunas de las ideas más importantes.

El vídeo que os dejo resume bien la historia de la sostenibilidad.

En este documento podéis ver las ideas más relevantes.

Sostenibilidad_De_la_Revolución_Industrial_a_2030

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Comparación pareada como método de evaluación de competencias transversales en materia de sostenibilidad

La evaluación de las competencias transversales adquiridas a lo largo de la formación universitaria es un objetivo fundamental para garantizar la adecuada formación de los alumnos. Con los recientemente establecidos Objetivos de Desarrollo Sostenible, la demanda de competencias transversales orientadas a tal fin es cada vez mayor y, su desarrollo y evaluación, más urgente. En el contexto de la sostenibilidad, resulta particularmente relevante la capacidad de pensamiento crítico de los estudiantes. Ante la falta de consenso en cuanto a cómo determinar el grado de adquisición de las competencias transversales, se propone un procedimiento objetivo orientado a la evaluación del pensamiento crítico basado en la resolución de casos de estudio, combinados con la aplicación del Proceso Analítico Jerárquico de decisión multicriterio. La aplicación de este proceso permite determinar, de forma objetiva, la coherencia implícita de los alumnos en sus juicios y ofrece, por lo tanto, una herramienta valiosa para evaluar su capacidad de pensamiento crítico y la claridad con la que perciben la sostenibilidad y sus implicaciones en el desarrollo de su futura práctica profesional.

Referencias:

NAVARRO, I.J.; YEPES, V.; MARTÍ, J.V. (2020). Comparación pareada como método de evaluación de competencias transversales en materia de sostenibilidad. VI Congreso de Innovación Educativa y Docencia en Red. IN-RED 2020, 16 y 17 de julio de 2020. Doi: http://dx.doi.org/10.4995/INRED2020.2020.12000