La Escuela de Caminos y el nacimiento de la Movida Madrileña: un análisis histórico y cultural

El presente artículo, basado en una conferencia del catedrático Vicente Negro, que puede verse al final del artículo, analiza el papel fundamental que desempeñó la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid como catalizador de la «movida madrileña». El evento central de esta transformación fue el concierto homenaje a José Enrique Cano, «Canito», celebrado el 9 de febrero de 1980 en el salón de actos de la escuela. Este hito no fue un hecho aislado, sino la culminación de un proceso de cambio ideológico, humanístico y creativo que permitió la transición de una universidad altamente politizada hacia una explosión de libertad artística y provocación. La participación activa de figuras académicas e institucionales de la ingeniería de caminos fue determinante para proporcionar el espacio y el apoyo necesarios que convirtieron a la escuela en el epicentro de la «edad de oro del pop español».

Madrid atesora en sus cimientos una paradoja fascinante que desafía la rigidez de sus estructuras. Resulta casi onírico imaginar que el movimiento cultural más disruptivo y colorido de la España contemporánea, que barrió definitivamente el polvo de los tiempos grises, tuviera su epicentro entre los cálculos de hormigón y los proyectos de infraestructura. Sin embargo, la Escuela de Caminos de Madrid no solo fue un centro de excelencia técnica, sino también el laboratorio donde se cocinó una transformación humanística sin precedentes, un lugar donde la fragilidad del pasado dio paso a una transgresión vitalista.

1. El epicentro del terremoto: la Escuela de Caminos como cuna fundacional.

Si la Movida Madrileña tiene una fecha de nacimiento oficial, esta se fijó el 9 de febrero de 1980. Aquel día, el salón de actos de la Escuela de Caminos dejó de ser un recinto de sobriedad académica para convertirse en el escenario que hoy se reconoce como el «acto fundacional» del movimiento.

No obstante, la semilla ya había germinado mucho antes: la Asociación Cultural Caminos llevaba activa desde 1973, intentando oxigenar un ambiente universitario asfixiado por la política. Históricamente, esta institución ha dado al país figuras insignes como Echegaray o Sagasta, pero, en aquella jornada de febrero, la ingeniería no ofreció puentes de acero, sino de «ritmo y armonía». Desde la perspectiva del cambio histórico, ciertos hitos transforman la realidad en un suspiro.

«Como decía Antonio Vega, la vida es una décima de segundo; es un momento en una agenda».

2. Un tributo que cambió la historia: el factor «Canito».

El motor de esta explosión no fue una estrategia comercial, sino un profundo sentimiento de pérdida y lealtad. El concierto nació como un homenaje a José Enrique Cano, «Canito», batería del grupo Tos (embrión de Los Secretos), quien falleció en un trágico accidente de tráfico en la carretera de La Coruña, a la altura de La Navata, la nochevieja de 1979.

La gestación del evento tuvo un aura casi mística. La idea surgió en una conversación con Javier Urquijo en el despacho de la torre de la escuela y se terminó de perfilar entre las barras de bares ya legendarios como el Penta y la Vía Láctea. Se eligió Caminos por la conexión familiar de los Urquijo —cuyo padre era ingeniero— y por contar con el mejor salón de actos universitario de la capital.

Aquella noche, el cartel fue una declaración de intenciones:

  • Tos
  • Mamá
  • Nacha Pop

3. De la canción protesta a la explosión de color.

El evento simbolizó una transición ideológica radical. Quedaba atrás la estética de la resistencia de 1976, cuando festivales como el de Canto Blanco se llenaban de pasquines y la canción protesta de Raimon o Labordeta marcaba el pulso de la calle. De aquellos «tiempos grises» se pasó a ver sombras en color y a plantar «árboles de ilusión».

Fue el momento en que el sol comenzó a «secar la ropa de la vieja Europa», dando paso a la Edad de Oro del pop español. La libertad ya no solo se gritaba en asambleas politizadas, sino que se celebraba con luz y sonido, bajo la premisa de que la existencia misma es un acto de libertad creativa.

«La vida no vale nada si tengo que posponer otro minuto de ser». —Pablo Milanés.

4. Los «influencers» de los 80: visionarios y protectores.

Lo que hoy recordaríamos como un «desmadre salvaje» fue posible gracias a una inusitada complicidad institucional. Es conmovedor pensar que autoridades académicas de la talla de Enrique Balaguer, José Antonio Fernández Ordóñez o José Antonio Torroja permitieran que el latido perdido de la universidad se recuperara mediante la provocación.

Este «hervidero» cultural no habría trascendido sin los altavoces adecuados. Los locutores de la época actuaron como verdaderos guías de este nuevo universo. Nombres como Juan de Pablos, Diego Manrique, Carlos Tena, Gonzalo Garrido o Mario Armero fueron quienes retransmitieron ese rugido salvaje y convirtieron un concierto gratuito en un mito nacional.

5. La ingeniería como armonía: una nueva perspectiva.

Desde la crónica cultural, entendemos que la ingeniería no solo es construcción, sino que, en esencia, es «ritmo, ritmicidad, armonía y composición». Aquellos estudiantes, a los que hoy llamaríamos influencers, eran en realidad «vagabundos en las cenizas de la noche», espíritus libres y versos sueltos que supieron que la técnica y el arte comparten un mismo fin: habitar el mundo de una forma más bella. Como pioneros, esos jóvenes hicieron historia en la música al entender que un diseño estructural también puede ser una partitura.

6. Conclusión: el eco de un latido que no cesa.

La Movida fue un episodio real de cambio que alteró para siempre el pulso de la sociedad española. Al recorrer hoy los pasillos de la Escuela de Caminos, parece que el eco de las guitarras de 1980 sigue suspendido en el aire, recordándonos que solo se muere cuando se olvida. Aquellos «flipados» crearon un universo de galaxias y sueños que aún hoy nos cuesta abandonar.

«Recordar es fácil para quien tiene memoria; olvidarse es difícil para quien tiene corazón». —Gabriel García Márquez.

Al cerrar esta crónica, nos queda la inquietud de mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿en qué laboratorios, despachos o aulas aparentemente rígidas de hoy se estará gestando la próxima revolución del espíritu? Es tan alucinante el recuerdo de aquella efervescencia que, como quien no quiere despertar de un sueño compartido, tal y como nos dice Vicente Negro, solo nos queda decir:

«Hoy no me quiero levantar». — Mecano.

Aquí os dejo la conferencia que impartió Vicente Negro; espero que os guste.

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Lean Higher Education: eliminar desperdicios en la educación universitaria

He de agradecer a Alfonso González Hermoso de Mendoza la oportunidad que me brindó de ofrecer mi visión sobre los títulos universitarios y la nueva burocracia generada para acreditar dichos títulos. Esta invitación fue fruto del seminario que impartí en la Universidad de Alicante sobre los resultados de aprendizaje.

Este artículo se ha publicado en Espacios de Educación Superior bajo el título: La filosofía Lean aplicada a la gestión de los títulos universitarios. Cómo incrementar el valor añadido en la educación superior eliminando la burocracia. Os dejo el artículo completo por si os resulta de interés.

“Estuve a principios de julio en la Universidad de Alicante impartiendo una charla sobre los resultados de aprendizaje en el ámbito universitario. Fue una experiencia enriquecedora, pues me permitió conocer de primera mano algunas opiniones sobre el nuevo enfoque que se está desarrollando en torno a la enseñanza de grados y másteres. Nos encontramos ante un cambio de paradigma, impulsado por Bolonia, que busca centrar el proceso de aprendizaje en el estudiante y propone garantizar la calidad de los títulos universitarios.

En efecto, el aseguramiento de la calidad de la enseñanza pasa por establecer un sistema de gestión que impulse la mejora continua. Se basa en procesos y evidencias que permiten una auditoría externa que avale la calidad. Aspectos como el contrato-programa, la definición de resultados de aprendizaje, el sistema común de créditos (ECTS), entre otros, permiten establecer un sistema de aseguramiento de la calidad que, por desgracia, conlleva un incremento desmesurado de la burocracia necesaria, lo que aleja al profesorado de los objetivos últimos del proceso de aprendizaje.

Una pequeña encuesta realizada en dicha charla apuntaba a que los profesores opinaban que la universidad debe centrarse en el estudiante y que es necesario asegurar la calidad de los títulos universitarios mediante su acreditación. Sin embargo, su opinión era contraria a la necesidad de tanta burocracia que conlleva dicha acreditación. Este problema no es exclusivo del ámbito universitario, sino que es habitual en cualquier tipo de organización. Así, muchas empresas tienen certificado su sistema de gestión de calidad mediante la norma ISO 9001, pero ello supone para ellas una carga administrativa costosa. En demasiadas ocasiones, en el mes anterior a la auditoría, encontramos a todo el mundo rellenando papeles y preparando evidencias para superar el examen periódico al que se ven sometidos. Es decir, existe un alejamiento real entre la calidad del sistema de gestión y la realidad de la organización. Lo más sangrante es que aquellas organizaciones que cuenten con un buen equipo dedicado al papeleo pueden enfrentarse a una auditoría de una certificación mejor que otras, independientemente de la excelencia de la organización. Lo mismo puede pasar con la acreditación de los títulos universitarios.

Un paso más allá del aseguramiento de la gestión está la gestión estratégica de la calidad, llamada en algunos foros “Calidad Total”. En este escalón de madurez, la calidad se integra en la gestión cotidiana de la organización. La preocupación no es solo la satisfacción del cliente, sino también la de todos los grupos de interés. Esta filosofía podría aplicarse a la universidad, donde los interesados son los estudiantes, los profesores, el personal de administración y servicios y, como no, la propia sociedad, entre otros muchos.

En este escalón de madurez, lo importante es incorporar valor añadido a nuestros procesos, no solo para los clientes, sino también para todos los grupos de interés. Bolonia incide en situar al estudiante en el foco del proceso, pero no habría que olvidar al resto de agentes que participan o se benefician de las actividades desarrolladas en los campus.

La filosofía “Lean”, muy presente en empresas como Toyota, busca eliminar todo tipo de desperdicios, es decir, procesos o actividades que no aportan valor añadido al cliente. En el ámbito universitario, Lean debería definir el valor deseado para cada grupo de interés, identificar las actividades que añaden valor a lo largo de la cadena de valor, asegurar que estas fluyan sin interrupciones y acelerar el ciclo de mejora, buscando la perfección. A este nuevo paradigma se le ha denominado Lean Higher Education (LHE), que es la adaptación del pensamiento Lean a la educación superior. Por tanto, se trata de identificar los desperdicios que no aportan valor añadido, en especial los innecesarios. Entre ellas, el exceso de burocracia que se ha generado hoy en día para acreditar los títulos universitarios.

Sin embargo, esta reducción del papeleo no podría acometerse sin cambiar los procesos y sin incorporar realmente la calidad en la gestión. Es decir, no se puede eliminar automáticamente la etapa de aseguramiento de la calidad, sino que hay que superarla. Organizaciones de todo tipo ya aplican la teoría del “cero defectos” a sus productos y servicios. Ello evita desperdicios y errores, lo que reduce los costes de producción. En este estadio, donde la gestión permite que los fallos sean esporádicos, el esfuerzo por el control de la calidad disminuye y, por tanto, la burocracia. La eliminación de esta barrera supondría un mayor acercamiento del profesorado a la mejora continua, tal como la excelencia en la educación superior nos exige.

En consecuencia, ante la barrera que supone el incremento de la burocracia en la acreditación de los títulos universitarios, se plantea un cambio cultural en la propia universidad. Se trata de comprender quién es el cliente de esta organización y respetar las necesidades del resto de los grupos de interés. Se debe añadir valor a los procesos, reducir los plazos de entrega, aumentar el rendimiento de nuestros estudiantes y su satisfacción, entre otras muchas cosas. En definitiva, se precisa un giro que permita la excelencia en la educación superior adecuada a los nuevos retos, que plantea un futuro cada vez más cambiante y acelerado”.

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