Accesos mineros: cómo se decide por dónde entrar a una mina subterránea

Antes de extraer una sola tonelada de mineral de un yacimiento subterráneo, hay que resolver una cuestión aparentemente sencilla: ¿por dónde entramos? La elección de la forma de acceso es una de las decisiones más complejas al analizar la viabilidad de la mayoría de los depósitos poco profundos.

Tradicionalmente se consideran cuatro tipos de acceso: el socavón, el plano inclinado o rampa, el pozo inclinado y el pozo vertical. En este artículo repasamos qué factores condicionan la elección, comparamos las características de los tres últimos tipos, analizamos sus ventajas e inconvenientes y terminamos con los criterios de diseño que conviene tener presentes desde la fase inicial del proyecto.

Un problema cada vez más complejo

La creciente profundidad a la que se desarrollan los proyectos mineros y el uso cada vez mayor de métodos de minería no ya mecanizados, sino autónomos y robotizados, llevan poco a poco a tomas de decisiones cada vez más complejas. A ello se suma que la economía de los pozos verticales frente a los planos inclinados se complica aún más debido a los constantes aumentos de las tarifas eléctricas desde 2010.

Como consecuencia, los criterios utilizados antiguamente, conocidos como «reglas del pulgar», que establecían la profundidad a partir de la cual debía aplicarse uno u otro, ya no sirven. Esto es así especialmente a medida que los camiones se vuelven más grandes, más potentes y más eficientes en el consumo de combustible.

Castillete del pozo «Ángel» en Tarnowskie Góry. Por I, Sir Iwan, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2314524

Pozo o plano inclinado: los factores en juego

Son muchos los factores que influyen en la decisión de elegir un pozo frente a un plano inclinado como vía de acceso a una mina subterránea. Algunos de ellos son la profundidad del depósito, los aspectos geotécnicos, la tasa de producción, las dimensiones, la disponibilidad de capital y los costes operativos.

Hay una consideración clave: es extremadamente costoso convertir un proyecto diseñado para una rampa en otro en el que la extracción se realice mediante un pozo. Por eso la ingeniería debe considerar todo el recurso mineral o el potencial para aumentarlo en profundidad, y no solo lo que se conoce en el momento de decidir.

Cada mina tiene sus propias características y circunstancias, que influyen en la solución final. Entre otros factores, cabe destacar, en primer lugar, los de carácter económico y de planificación: la financiación o el capital disponible para el desarrollo del proyecto; las reservas mineras, el plan de producción y la vida planificada de la mina; las tasas de descuento utilizadas en el análisis; y las distancias de transporte hasta el pozo.

En segundo lugar están los factores técnicos y geométricos. Entre ellos figuran el método de explotación, las condiciones geomecánicas, y los requisitos para el acceso a los servicios por el plano inclinado. También se consideran los requisitos de acceso lateral y vertical al yacimiento y su extensión lateral, la profundidad desde la embocadura o portal del plano inclinado hasta la parte superior del cuerpo mineralizado, y el ritmo de avance vertical planificado en relación con la distribución de la mena y la tasa de producción.

Por último, hay circunstancias particulares en cada proyecto. Puede haber pozos de exploración en condiciones favorables para convertirlos en pozos de acceso. También hay que valorar si el plano inclinado está lo suficientemente avanzado respecto de las áreas en explotación.

Comparación de los tres tipos de acceso

Los parámetros que caracterizan a cada tipo se resumen en la siguiente comparación. Respecto a la inclinación en la apertura, el plano inclinado o rampa llega hasta 8°, el pozo inclinado hasta 20° y el pozo vertical supera los 20° respecto a la vertical. En cuanto a la profundidad, la rampa no solía exceder los 250 m, el pozo inclinado no supera los 150 m y en el pozo vertical la profundidad excede sobremanera los 100 m.

Los tres tipos también difieren en la roca que habitualmente se extrae. Tanto la rampa como el pozo inclinado se excavan en estéril a muro, mientras que el pozo vertical puede excavarse en estéril a muro o en mineral. Así queda definido el marco geométrico y geológico de cada solución.

En cuanto al propósito principal, la rampa persigue el acceso temprano a las partes superiores o más superficiales del yacimiento, para desarrollar y producir mena lo antes posible. El pozo inclinado comparte este objetivo, pero además está destinado a servir como acceso para servicios de mina o para la entrada y salida de personal.

El pozo vertical, por su parte, permite acceder a cualquier depósito y explotar la mena en producción de forma regular, y se utiliza como acceso permanente.

La velocidad de entrada y salida es rápida en la rampa, la más rápida en el pozo inclinado y la más lenta en el pozo vertical. Los costes de construcción son altos en la rampa, bajos en el pozo inclinado y los más altos en el pozo vertical.

Pozo vertical: ventajas e inconvenientes

El pozo vertical es el criterio adecuado cuando el cuerpo mineralizado presenta una inclinación elevada o es muy profundo. Sus ventajas son varias: permite un acceso rápido a cuerpos mineralizados profundos y es eficiente a profundidades superiores a 500 m. Además, resulta más barato por metro a medida que aumenta la profundidad y permite un retorno anticipado de la inversión.

Sus inconvenientes son igualmente numerosos. Requiere mano de obra altamente cualificada y conlleva altos costes laborales, de capital e iniciales y de mantenimiento. Necesita una máquina de extracción, y su capacidad de extracción es limitada. Exige, además, una alimentación eléctrica constante, estable y de alta tensión.

Plano inclinado: ventajas e inconvenientes

El plano inclinado es la opción indicada para cuerpos minerales de inclinación muy horizontal o poco inclinada y de poca profundidad. Sus ventajas son que se puede extraer en dirección transversal a la de ataque o a favor del buzamiento, y que ofrece un fácil acceso al cuerpo de mineral poco profundo. También tiene bajos costes de capital inicial y de operación. Las capacidades de construcción y los equipos están fácilmente disponibles y permiten una alta capacidad de extracción mediante cintas transportadoras.

Como contrapartida, la distancia al cuerpo mineralizado es mayor y solo resulta económica hasta unos 500 m. Los tiempos de desplazamiento hasta el cuerpo mineralizado son excesivos. El transporte en medios distintos a las vagonetas o al ferrocarril es lento y congestionado. Además, hay exposición al calor de la roca en toda la longitud del acceso, el retorno del capital invertido es más lento y la gestión del agua puede ser problemática.

Pozo inclinado: ventajas e inconvenientes

El pozo inclinado se adapta a cuerpos mineralizados de inclinación muy plana y de poca profundidad. Entre sus ventajas está que el desarrollo de mina necesario para llegar al cuerpo mineral es limitado y que se requiere un sistema de galerías corto que lo alcance.

Sus desventajas son los descarrilamientos, el tiempo prolongado que exige el mantenimiento del pozo y las reparaciones, y el tiempo prolongado que requiere la limpieza de derrames. A ello se suma una capacidad de extracción limitada.

Diseñar el acceso: un paso temprano y decisivo

La evaluación de las alternativas de acceso al yacimiento es uno de los primeros pasos para desarrollar un plan de mina. Seleccionar el tamaño adecuado, la configuración, la disposición y el tipo de excavación necesarios para desarrollar un nuevo yacimiento subterráneo o expandir una mina existente es un problema de ingeniería complejo y a menudo difícil. Cada depósito tiene sus propias características y requisitos, y exige una evaluación precisa de todos los factores que pueden afectar el diseño de la solución.

Entre los parámetros básicos de diseño se encuentran la inversión de capital más baja, el coste operativo más bajo y un sistema operativo seguro y confiable. También se busca un sistema flexible y eficiente, apoyo en la planificación de la mina y acceso rápido al yacimiento que permitan obtener flujos de caja de forma temprana.

Algunos de los criterios de diseño que deben considerarse son la geología y los recursos minerales, la hidrología, la profundidad del cuerpo mineral y los requisitos de tonelaje de producción. También intervienen las consideraciones geotécnicas, los requisitos de ventilación y los costes de capital y de operación.

A ellos se suman la flexibilidad ante cambios en el plan minero, el método minero o la expansión del proyecto; el esquema, el cronograma y la planificación, incluidos el inicio del cash flow; y la disponibilidad de capacidades y de condiciones laborales. Completan la lista la seguridad, la productividad y la gestión del sistema.

El diseño del acceso es un aspecto muy importante del diseño general de la mina, y cada depósito debe revisarse cuidadosamente. La selección entre un plano inclinado y un pozo vertical puede no ser sencilla, ya que la economía de las opciones varía según la profundidad y el tonelaje. A menudo, la decisión está influida por factores mitigadores, como la disponibilidad de capital o la capacidad del proyecto para ser rentable lo antes posible.

Flexibilidad y conclusión

Si no se consideran todos los criterios de diseño en la fase inicial, el acceso a la mina puede convertirse en un cuello de botella. Piénsese que el acceso debe tener un tamaño suficiente para gestionar con eficiencia la ventilación y el movimiento del equipo planificado. Por eso es aconsejable diseñar con cierta flexibilidad, como resguardo frente a cambios inesperados. De lo contrario, puede resultar imposible aumentar la producción si el tamaño del pozo o del plano inclinado es insuficiente.

En resumen, el plano inclinado es una solución interesante para yacimientos poco profundos o para continuar las operaciones desde una explotación a cielo abierto hacia el interior. Sin embargo, a medida que la minería profundiza y aumentan los requisitos de tonelaje, la extracción por pozo se vuelve una solución más atractiva.

Referencia:

Herrera Herbert, J. (2019). Introducción a la minería subterránea: Construcción de accesos [Material docente].

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Sondeos para la explotación de acuíferos

Cuando se piensa en un pozo de agua, suele evocarse una imagen rústica y elemental: una estructura de piedra, una polea, un cubo y una cuerda. Este conjunto simboliza la autosuficiencia y la conexión directa con la tierra, una realidad que ha acompañado a la humanidad durante milenios. En el contexto actual, dicha imagen transmite una simplicidad que puede parecer casi anecdótica frente al avance tecnológico contemporáneo.

Sin embargo, detrás de esa apariencia tradicional se esconde un ámbito caracterizado por la ingeniería de alta precisión, una geología compleja y una normativa muy estricta. Los sondeos de agua modernos son proyectos altamente especializados que exigen un profundo conocimiento del subsuelo y el estricto cumplimiento de la legislación vigente. Desde su fase inicial hasta su clausura definitiva, cada etapa está marcada por exigencias técnicas que cuestionan las ideas más extendidas sobre este tipo de infraestructuras.

A partir del manual técnico Sondeos para explotación de acuíferos, este trabajo se adentra en ese mundo menos visible para exponer cinco aspectos inesperados y relevantes sobre la perforación, el mantenimiento y la clausura de los pozos de agua en la actualidad. El objetivo es mostrar que, en el fondo de un pozo, hay mucho más que un simple recurso hídrico.

1. Los múltiples usos de un sondeo

Los pozos suelen asociarse principalmente al abastecimiento de agua para consumo humano o para riego agrícola. Sin embargo, su funcionalidad es considerablemente más amplia y, en algunos casos, poco intuitiva. Desde el punto de vista técnico, los especialistas los clasifican en cuatro grandes categorías, lo que pone de manifiesto la versatilidad de estas infraestructuras.

  • Uso directo y uso indirecto: El uso directo es el más conocido y tradicional y comprende la captación de agua para el consumo humano, la ganadería y la agricultura. Por el contrario, en el uso indirecto, el agua no es el objetivo final, sino un medio para otros fines. En este grupo se incluyen, por ejemplo, los sondeos destinados al aprovechamiento de aguas termales con fines energéticos mediante la extracción de energía geotérmica, así como los pozos de uso industrial en los que el agua se emplea en procesos de fabricación o en operaciones de lixiviación para la recuperación de minerales contenidos en la roca.
  • Drenaje: cuando el objetivo es eliminar el agua: Una de las aplicaciones más contraintuitivas es la del drenaje. En estos casos, el objetivo no es localizar ni aprovechar el recurso hídrico, sino retirarlo del terreno. En grandes proyectos de obra civil, como la construcción de aparcamientos subterráneos o explotaciones mineras situadas por debajo del nivel freático, es imprescindible reducir la presencia de agua. Para ello, se realizan sondeos de achique que permiten extraer volúmenes significativos de agua de forma controlada, garantizando condiciones de trabajo seguras y estables.
  • Investigación: los instrumentos del hidrogeólogo: Por último, los sondeos de investigación, entre los que destacan los piezométricos, no se perforan con fines extractivos, sino para obtener datos. Estas instalaciones permiten a los hidrogeólogos monitorizar el estado de los acuíferos, medir sus niveles y analizar su comportamiento a lo largo del tiempo, por lo que constituyen una herramienta esencial para la gestión sostenible de este recurso estratégico.

2. La complejidad legal de la perforación de pozos

Si bien el proceso para obtener una hipoteca suele considerarse complejo, la legalización de un pozo de agua en España puede resultar aún más exigente. Lejos de tratarse de un mero procedimiento administrativo, la perforación de un sondeo implica recorrer un entramado normativo en el que intervienen distintos niveles de la administración pública: estatal, autonómico y local.

Uno de los primeros aspectos que sorprende es que, en el ordenamiento jurídico español, el agua tiene la consideración de bien de dominio público, por lo que su titularidad corresponde al Estado. En consecuencia, no se puede perforar un pozo en una propiedad privada sin la autorización administrativa correspondiente. Este proceso exige la elaboración y presentación de un proyecto técnico detallado ante la Confederación Hidrográfica competente y, además, ante la Dirección General de Minas.

La justificación de esta doble supervisión es de carácter técnico. Los equipos y procedimientos empleados para perforar a grandes profundidades comparten principios, tecnologías y riesgos con la actividad minera. Por este motivo, la normativa que regula la seguridad y las prácticas mineras resulta aplicable, independientemente de que el objetivo de la perforación sea la captación de agua y no la extracción de recursos minerales. Esta superposición legislativa pone de manifiesto la complejidad inherente a la gestión de un recurso esencial, en la que se busca compatibilizar su aprovechamiento con la protección del medio ambiente y la seguridad de las operaciones.

La actividad minera es un sector de indudable relevancia desde el punto de vista socioeconómico. No obstante, en la actualidad tiene una incidencia significativa en el medio ambiente y en la ordenación del territorio, por lo que es necesario conciliar adecuadamente el desarrollo de esta actividad con la protección de los distintos bienes jurídicos implicados.

En este contexto, aunque los procedimientos administrativos asociados puedan percibirse como complejos o excesivamente prolongados, resultan esenciales. Estos controles garantizan que la extracción de agua se realice de manera sostenible, evitando la sobreexplotación de los acuíferos y asegurando la conservación de un recurso natural que, al ser de carácter público, constituye un patrimonio común cuya gestión debe llevarse a cabo con criterios de responsabilidad y equilibrio ambiental.

3. Cuando el terreno se degrada desde el interior: el riesgo de la “tubificación”

Los marcos normativos regulan las actuaciones en superficie, pero en el subsuelo operan procesos naturales regidos por leyes físicas y geológicas propias, de gran alcance y, en determinados casos, con efectos altamente destructivos. Entre ellos destaca un fenómeno conocido como tubificación, una forma de erosión interna del terreno que puede acarrear consecuencias graves.

Tal y como se describe en la literatura técnica especializada, el proceso comienza cuando las corrientes de agua subterránea arrastran las partículas más finas del suelo, formando progresivamente conductos o galerías internas. Estos vacíos se desarrollan de manera imperceptible desde la superficie hasta que la pérdida de soporte provoca el debilitamiento del techo y su colapso repentino, lo que origina hundimientos o socavones. Una vez generados, estos conductos actúan como vías de drenaje que transportan agua y grandes volúmenes de material sólido, lo que acelera la erosión interna del terreno.

Las consecuencias de este fenómeno pueden ser especialmente graves: desde el socavamiento de las cimentaciones de las edificaciones y la aparición de fisuras en las infraestructuras hasta el hundimiento total del terreno en casos extremos. La tubificación pone de manifiesto que el subsuelo no es un medio inerte y estable, sino un sistema dinámico en el que la acción del agua puede moldear el terreno y, en determinadas circunstancias, comprometer su estabilidad, sin que aparezcan señales visibles inmediatas en la superficie.

4. Limpieza criogénica: aplicación del hielo seco para la mejora del rendimiento de un pozo

La hidrogeología recurre, en ocasiones, a técnicas procedentes de ámbitos aparentemente ajenos, lo que da lugar a soluciones innovadoras y altamente eficaces. Un ejemplo especialmente notable es el empleo de hielo seco en las operaciones de limpieza y rehabilitación de pozos, un procedimiento orientado a incrementar su rendimiento mediante la eliminación de obstrucciones internas.

El método consiste en la introducción controlada de bloques de dióxido de carbono (CO₂) en estado sólido, conocido como hielo seco, en el interior del sondeo. Al entrar en contacto con el agua, el CO₂ no fusiona, sino que sublima, pasando directamente del estado sólido al gaseoso. Esta transición rápida genera una intensa agitación y un burbujeo de gran energía, que favorecen el desprendimiento de lodos, incrustaciones y partículas finas acumuladas en las fracturas y poros del acuífero.

No obstante, el efecto más significativo se produce a mayores profundidades. A partir de aproximadamente 42 metros, la elevada presión hidrostática de la columna de agua impide la conversión inmediata del CO₂ en gas. En estas condiciones, el dióxido de carbono se disuelve abruptamente en el agua, dando lugar a una solución altamente sobresaturada. Esta transformación casi instantánea libera una gran cantidad de energía y, cuando la generación de gas supera la capacidad de evacuación del pozo, se produce una potente columna ascendente de agua que vacía el sondeo de forma súbita, expulsando las impurezas acumuladas en un proceso comparable al de un géiser controlado.

5. Sellar un pozo no es simplemente cerrar un hueco: la ingeniería de la clausura

El abandono de un pozo de agua puede parecer, a primera vista, una operación sencilla, limitada a rellenar el hueco excavado. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta percepción. La clausura de un sondeo constituye un proceso técnico de elevada complejidad, comparable en rigor a su propia construcción, y tiene como finalidad principal la protección de los acuíferos y del medio ambiente a largo plazo.

Una de las técnicas menos intuitivas se aplica en pozos con revestimiento metálico. Antes de proceder a su relleno definitivo, en determinados casos resulta necesario perforar o “punzonar” la tubería desde el interior mediante herramientas hidráulicas. El objetivo de esta operación es garantizar que el material de sellado, habitualmente un mortero de cemento, no se limite a ocupar el interior del tubo, sino que atraviese las perforaciones y se adhiera eficazmente al terreno circundante. De este modo se consigue un sellado continuo y monolítico que aísla por completo el pozo y evita cualquier comunicación indeseada entre las formaciones acuíferas.

La dificultad técnica aumenta cuando se trata de un pozo artesiano, caracterizado por la presencia de agua a presión que aflora de forma natural. Su sellado puede compararse con la obturación de una conducción sometida a presión sin interrumpir previamente el suministro. Una de las soluciones empleadas consiste en instalar temporalmente una prolongación de la tubería en la boca del pozo. Este procedimiento, basado en principios físicos elementales, permite aumentar la altura de la columna de agua y generar una contrapresión suficiente para neutralizar el empuje del acuífero. De este modo, los técnicos pueden inyectar el material de sellado sin que se desplace, asegurando una clausura efectiva y duradera.

Conclusión

Como se ha expuesto, los pozos de agua son mucho más que simples perforaciones en el terreno. Son infraestructuras de notable complejidad técnica que interactúan con un medio geológico dinámico y están sujetas a una normativa cuyo objetivo es proteger un recurso natural esencial e insustituible. Desde la diversidad de sus aplicaciones, que van mucho más allá del consumo directo, hasta los avanzados procedimientos de limpieza criogénica y las rigurosas técnicas de clausura, todas sus fases ponen de manifiesto una profundidad científica y tecnológica que a menudo pasa inadvertida.

Así pues, la próxima vez que se beba un vaso de agua, conviene reflexionar sobre el largo y complejo recorrido que ha seguido desde las capas más profundas de la Tierra hasta su uso final. Esta reflexión nos lleva a considerar que hay muchos aspectos fundamentales de la gestión de los recursos naturales que sustentan nuestra vida cotidiana que permanecen fuera de nuestra percepción habitual.

En esta conversación se pueden escuchar los conceptos básicos de lo tratado en este artículo.

Aquí tenéis un vídeo resumen del contenido.

Aquí os dejo una presentación sobre los conceptos clave.

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Y también este documento, de la Universidad Politécnica de Madrid, que recoge y amplía todos estos conceptos.

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Curso de procedimientos de contención y control del agua subterránea en obras de Ingeniería Civil y Edificación

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Descenso del nivel freático por bombeo: fórmula de Dupuit-Thiem

Figura 1. Agua en excavación. http://www.saboredo.com/el-agua-en-la-obra-civil/

Cuando se quiere construir bajo el nivel freático, es necesario desecar el subsuelo antes de realizar la excavación para permitir que los trabajos se efectúan en condiciones relativamente secas (Figura 1). La ausencia de agua (sin llegar a un estado completamente seco) en la excavación estabiliza el fondo y los taludes, reduce las cargas laterales en los taludes, hace que el material de excavación sea más ligero y fácil de manejar y evita un fondo movedizo y lodoso, muy inconveniente para las actividades posteriores.

Para conservar una excavación libre de agua, en casi todos los tipos de suelos, el nivel freático se debe mantener a una profundidad, por lo menos de 60 cm o, preferentemente, a 150 cm por debajo del fondo de la excavación.

Aunque son los contratistas especializados en este tipo de trabajos los que determinan con mayor detalle las necesidades y los posibles rendimientos de la operación, siempre es necesario un análisis simplificado que definir «a priori» qué equipos serían necesarios y la viabilidad de la operación.

En la Figura 2 se muestra un esquema simplificado de la operación del abatimiento del nivel freático. En él se puede ver cómo varía la depresión en el nivel freático con la distancia al punto de bombeo. Se pueden utilizar pozos de observación o piezómetros a ciertas distancias (como r1 y r2) para controlar la depresión realizada.

Figura 2. Esquema del abatimiento del nivel freático mediante un pozo

El proceso de bombeo es un fenómeno de régimen variable, que evoluciona con el tiempo, hasta llegar a estabilizarse en un régimen permanente. A efectos prácticos, las fórmulas referentes al régimen estable son útiles para estudiar el rebajamiento provisional del nivel freático. El estudio del pozo aislado se realiza planteando el problema con simetría radial. Se supone que a suficiente distancia, las líneas de corriente son horizontales y las equipotenciales son verticales, supuesto que se conoce como hipótesis de Dupuit. Según la fórmula empírica de Sichardt, se puede calcular la distancia R a la cual se supone que termina la influencia del pozo con la siguiente expresión dimensional, donde R se expresa en m, k en m/s y sw es el descenso del nivel freático en el pozo, en m :

Un análisis simplificado del fenómeno implica, tal y como indica Dupuit (Harr, 1962) asumir que (a) para una pequeña inclinación de la línea de filtración, las líneas de flujo son horizontales y (b), que el gradiente hidráulico es igual a la inclinación de la superficie libre y es independiente de la profundidad.

La ecuación que rige el caudal en este caso es la siguiente:

En este caso, se asume que el régimen es permanente en un acuífero libre, siendo toda la capa de terreno homogénea con un coeficiente de permeabilidad hidráulica «k«.

Si se cumple que «q» es constante a lo largo del flujo, la ecuación anterior se puede integrar entre las distancias r1 y r2, obteniéndose la siguiente expresión (fórmula de Dupuit-Thiem):

Por tanto, una vez se ha determinado la extensión de la excavación, usando los parámetros r1, r2, h1 y h2, se puede utilizar la expresión anterior para determinar la capacidad requerida por la bomba. Asimismo, se podría utilizar la expresión anterior para determinar el coeficiente medio de permeabilidad del terreno sabiendo el caudal bombeado.

Es evidente que, en un caso real, existen muchas capas de terreno, con diferentes propiedades, por lo que la ecuación anterior debe particularizarse. Remitimos al lector al trabajo de Cedergreen (1989) para situaciones diferentes a las descritas. También podéis ver algunos problemas resueltos que pusimos en su momento en una entrada anterior.

Referencias

Cedergreen, H.R., 1989, Seepage, Drainage and Flow Nets, John Wiley, New York.

Harr, M., 1962, Groundwater and Seepage, McGraw-Hill, New York.

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