¿Aparcamientos en las playas?

La barbaridad de un aparcamiento sobre la arena de una playa

          Vamos a seguir con la serie de posts sobre la planificación de las playas, con el objetivo último de alcanzar la excelencia en su gestión turística. Como siempre, hay que volver a indicar que estas recomendaciones NO SON APLICABLES a las playas naturales o protegidas, sino sólo a aquellas destinadas al uso turístico, ya antropizadas. No hay que olvidar la importancia que tiene, en nuestro país, una correcta gestión de estos activos estratégicos.

          Uno de los aspectos más importantes es el diseño adecuado de sus accesos, tanto para el tráfico rodado como para los peatones. El proyecto de este tipo de infraestructuras incide fuertemente, junto con las dotaciones de servicio de las playas y los paseos marítimos (Pié i Ninot, 1985; Serra y Yepes, 2002; Braceli, 2002), en el grado de satisfacción de los usuarios de las playas. En todo caso, el momento crítico en el funcionamiento de estas infraestructuras lo constituyen las horas y días “punta”, con la máxima afluencia de visitantes.

          El problema del aparcamiento es de difícil solución en la mayoría de los municipios con playas de España, debido a una deficiente planificación urbanística. En la mayoría de los casos se requieren grandes superficies para este servicio. En cualquier caso, la superficie destinada al estacionamiento de los vehículos no debería ocupar la arena de las playas. Sólo en casos muy contados, cuando la afluencia sea escasa, debería permitirse el uso no organizado del estacionamiento.

1    Dimensionamiento de la superficie total destinada a los aparcamientos

En la Tabla 1 se presentan las hipótesis de partida para el dimensionamiento y el cálculo de la superficie.

TABLA 1. DIMENSIONAMIENTO DEL ÁREA DE APARCAMIENTOS

FUENTE

DIMENSIONAMIENTO

MOPU (1970)

HIPÓTESIS INICIALES

Usuarios de la playa que acceden en automóvil

70% de los usuarios totales de la playa

Personas por vehículo

4

Dimensión en planta de 1 plaza (m²)

 m2

Superficie por vehículo, contando espacios muertos (m²)

CÁLCULO DEL ÁREA DE APARCAMIENTO

 m2 por persona (*)

Colegio de Ingenieros de Caminos (1973)

Mínimo una plaza por 100 m²  (considerando solo zona de reposo más zona activa)

Pié i Ninot  (1985)

Estándar de aparcamiento por superficie de playa a 1 – 1,5 veces la superficie de reposo.

Fuente: MOPU (1970), Colegio de Ingenieros de Caminos (1973) y Pié i Ninot  (1985).

(*)4 m² por persona es la misma superficie que la de una zona de reposo con un límite de saturación puntual aceptable (Yepes, 2002).

Existen determinados factores que reducen el área de aparcamiento calculada teóricamente (MOPU, 1970), como el uso de medios de transporte colectivos y la proximidad de la playa al núcleo urbano.

2    Condiciones de los aparcamientos

Algunas de las condiciones que mejoran el diseño de las zonas de aparcamiento de los vehículos que acceden a las playas son las siguientes:

  • Es conveniente ocultar la vista de los vehículos desde la playa mediante cortinas vegetales o árboles, o bien sirviéndose de la topografía del terreno o de las instalaciones de otros servicios (Colegio de Ingenieros de Caminos, 1973).
  • Gran parte de las plazas de aparcamiento debe diseñarse de forma cubierta (MOPU, 1970).
  • El aparcamiento requiere una gran superficie disponible, por lo que está justificada la expropiación para disponer de los terrenos necesarios (MOPU, 1970).

En la servidumbre de acceso al mar, se declararán de utilidad pública, a efectos de expropiación o de la imposición de la servidumbre de paso por la Administración del Estado, los terrenos necesarios para la realización o modificación de accesos públicos al mar y de aparcamientos que no estén ya previstos en un plan de ordenación (artículos 53.1 y 2 del Reglamento de Costas de 1989). Su tramitación será de la siguiente manera:

–          El proyecto lo formula el Servicio Periférico de Costas.

–          30 días a la información pública.

–          Informe del Ayuntamiento y de la Comunidad Autónoma.

–          Si se aprueba, supone utilidad pública.

Dentro de la servidumbre de influencia, en los tramos con playa y con acceso al tráfico rodado, se preverán reservas de suelo para aparcamientos de vehículos en cuantía suficiente para evitar el estacionamiento en la servidumbre de tránsito (artículo 58.1 del Reglamento de Costas de 1989).

El recorrido máximo a pie desde el vehículo aparcado hasta la zona de reposo de la playa se indica en la Tabla 2.

TABLA 2. RECORRIDO DESDE APARCAMIENTO HASTA ZONA DE REPOSO

FUENTE

RECORRIDO MÁXIMO

MOPU, 1970

300 metros

Pié i Ninot (1985) (*)

250 metros (*)

Fuente: MOPU, 1970 y Pié i Ninot (1985).

(*) El acceso inmediato a la playa debe ser siempre peatonal.

     Referencias

COLEGIO DE INGENIEROS DE CAMINOS (1973). Ordenación de zonas litorales. Primer curso de análisis, planeamiento y gestión del medio Litoral. Madrid.

CONSEJERÍA DE TURISMO Y DEPORTE DE ANDALUCÍA (1997). Definición y evaluación de estándares de equipamiento en las playas andaluzas, así como de modelos de aprovechamiento y planes de actuación. Dirección General de Planificación Turística.

MOPU (1970). Playas. Modelos, tipos y sugerencias para su ordenación. Dirección General de Puertos y Costas. Madrid.

PIÉ i NINOT, R. (1985). De las cartas de concesiones de usos de playa a los planes de ordenación del litoral. La costa catalana. Estudios Territoriales, 18:109-138.

SÁNCHEZ, I. (2002). Guía municipal de gestión de playas turísticas. Ejercicio Final de Carrera. Universidad Politécnica de Valencia. 515 pp.

SERRA, J.; YEPES, V. (2002). Criterios para el diseño de paseos marítimos. Actas de las VI Jornadas Españolas de Ingeniería de Costas y Puertos. 9 pp. Palma de Mallorca, 17 y 18 de mayo de 2001.

TRAPERO, J.J. (1990). El paseo marítimo. Experiencias recientes e ideas sobre su trazado y diseño. Centro de Publicaciones de la Secretaría General Técnica. MOPU. Madrid.

YEPES, V. (2002). Ordenación y gestión del territorio turístico. Las playas, en Blanquer, D. (dir.): Ordenación y gestión del territorio turístico. Ed. Tirant lo Blanch. Valencia, pp. 549-579.

YEPES, V.; SÁNCHEZ, I.; CARDONA, A. (2004). Criterios de diseño de aparcamientos y accesos a las playas. Equipamiento y servicios municipales, 112: 40-44. Marzo-abril. Depósito Legal: M-3244-1985. ISSN: 1131-6381. Edita: Publiteca, S.A. Madrid. (pdf)

YEPES, V.; CARDONA, A.; VALLÉS, A. (2000). Diseño y gestión de playas turísticas accesibles. Equipamiento y servicios municipales, 88: 9-14.

 

 

Intervención en una playa: justificación y técnicas

Playa de Almadrá (provincia de Castellón). Imagen: (c) V. Yepes

¿Hay que adoptar algún tipo de estrategia para defender nuestras playas de la regresión, del previsible cambio climático, de las agresiones sufridas por una mala planificación? Es evidente que si queremos preservar la biodiversidad de este medio y la importancia económica que proviene del turismo, hay que buscar soluciones que compatibilicen todos estos problemas, siendo probablemente la estrategia de «no hacer nada» la peor de todas ellas.

Una playa, en su estado “normal”, no necesita ningún tipo de intervención. El propio Ministerio de Medio Ambiente (2008) en un documento denominado Directrices sobre actuaciones en playas establece que una playa se encuentra en su estado “normal”, cuando su comportamiento sólo está condicionado por los agentes y el medio natural, sin coacciones de origen humano o aquellas que teniendo actuación humana en su modelado, el tiempo transcurrido es tal que la población considera este estado como el propio de la playa. Para que el funcionamiento dinámico de las playas sea el correcto, a grandes rasgos deben darse dos condiciones:

Gestión de playas encajadas de uso intensivo

YEPES, V.; MEDINA, J.R. (2007). Gestión de playas encajadas de uso intensivo. Libro de Resúmenes de las IX Jornadas Españolas de Ingeniería de Costas y Puertos, pp. 175-176. San Sebastián, 29-30 de mayo.

INTRODUCCIÓN

La zona costera soporta actualmente una gran parte de la actividad turística española dependiendo su futuro de la explotación sostenible de sus recursos naturales, económicos y culturales. La sociedad del ocio actual genera una presión de usos de, concentrada en los periodos estivales, genera impactos ambientales significativos. Además, la erosión costera supone una amenaza para el turismo, de ahí el interés por la alimentación artificial de las playas (ver Obiol, 2003) frente al uso de técnicas duras de protección de costas. En particular, la arena de las playas y el espacio litoral son dos recursos naturales críticos para la pervivencia económica y medioambiental de las regiones costeras (ver Yepes y Medina, 2005). Todo ello justifica la necesidad de conciliar la funcionalidad de estos espacios, frecuentados de forma masiva en algunos lugares, con los problemas de conservación y estabilidad de la ribera del mar a corto y largo plazo.

Diversas aproximaciones metodológicas han caracterizado las playas mediante la evaluación de factores como el clima, la calidad y la temperatura del agua, la arena, la flora y la fauna, los accesos, los vertidos residuales, etc. (ver Morgan, 1999), mientras que otros trabajos como el de Mas y Blázquez (2005) determinan la calidad en el uso de las playas en función de parámetros de sostenibilidad asociados. La demanda progresiva en el uso de estos espacios amplifica las dificultades en su gestión, de forma que se hace imprescindible incluir la percepción de los usuarios y su interacción con la playa como factores clave en su planificación. Todo ello apunta hacia un enfoque sistémico en la forma de entender y gestionar las playas.

En efecto, las playas conforman un sistema multidimensional imbricado dentro de otro más amplio formado por la zona costera que incluye otros subsistemas que interactúan entre sí (ver James, 2000): el físico-natural, el socio-cultural y el de gestión; la falta de simbiosis entre cada uno de ellos afecta negativamente en el resto. Así, por ejemplo, la satisfacción de los usuarios está relacionada con la anchura óptima de la playa (ver Valdemoro y Jiménez, 2006), pero ésta raramente se considera en la gestión turística. El enfoque sistémico permite justificar la Gestión Integrada del Litoral como herramienta para acomodar el incremento de la presión antrópica (ver Barragán, 2006). Sólo bajo este prisma debería entenderse la gestión turística de las playas.

Frente a la falta de regulación específica, los instrumentos de gestión voluntarios y aquellos otros basados en la demanda del mercado pueden ser cada vez más relevantes como impulsores del cambio necesario para lograr beneficios económicos, ambientales y sociales. Así, ante un escenario donde la gestión turística de las playas españolas era inexistente o francamente mejorable, Yepes et al. (1999) propusieron la adopción voluntaria de sistemas de aseguramiento de la gestión de la calidad y del medio ambiente. El apoyo decidido de distintas administraciones públicas a favor de la implantación y certificación de sistemas de aseguramiento de la calidad ha supuesto un punto de inflexión en el escenario anteriormente mencionado.

En este contexto, las playas encajadas de uso intensivo se caracterizan por la carencia de aportes y pérdidas naturales significativas de sedimentos, presentando cierta estabilidad a largo plazo que sólo se ve perturbada a corto plazo por basculamientos naturales originados por los temporales y por las extracciones artificiales. En general suelen ser playas relativamente estables, encajadas entre promontorios que sufren periódicamente desplazamientos extraordinarios de arena dentro de la misma playa que no perjudican su estabilidad a largo plazo, pero que pueden afectar a los usuarios de una zona específica al reducirse la anchura de playa por debajo de cierto nivel crítico o propiciar el afloramiento de sustratos rocosos. La Figura 1 muestra un esquema de usos de la playa mediterránea típica donde sólo son útiles unos 35 metros de anchura desde la orilla, pues las elevadas temperaturas que alcanza la arena superficial a mayor distancia retraen a los bañistas; por otro lado, los 10 metros próximos a la orilla es una franja de alcance de las olas usada para pasear. En estas playas sólo existe una banda útil para el descanso de unos 25 metros de anchura que condiciona su capacidad de carga turística.

Usos de la playa
Figura 1. Esquema de usos de la playa mediterránea típica

 

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33 medidas para conseguir la excelencia en una playa de uso público

Playa de San Lorenzo. Gijón, Asturias.
Playa de San Lorenzo. Gijón, Asturias. Imagen: (c) V. Yepes

Seguimos con los posts relacionados con el turismo y las playas. 33 es un número mágico por muchos motivos, y hemos querido recoger aquí 33 criterios exigibles a una playa de uso público que pretenda ser excelente, aunque seguro que existen más criterios o ideas que se nos quedan en el tintero. Resulta evidente que estos criterios sólo se aplicarían a las playas turísticas de uso masivo, soportes de la actividad turística.

Es muy importante dejar claro que una playa es un sistema de tal relevancia respecto a la biodiversidad que, cualquier medida para preservar las playas naturales siempre será necesaria y prioritaria. Aquí hablamos, por tanto, de las playas ya antropizadas, dejando abierto el debate para los criterios necesarios en la preservación de playas dentro de espacios naturales protegidos.

La Caleta, Cádiz
La Caleta, Cádiz. Imagen: (c) V. Yepes

A continuación se relacionan, a modo de ejemplo y sin pretender ser exhaustivos, una batería de características que, en las playas turísticas de carácter masivo, constituyen elementos que proporcionan calidad de servicio a los usuarios.

  1. Cumplimiento estricto de toda la legalidad vigente, especialmente en lo relativo a la calidad de las aguas de baño, ocupaciones ilegales del dominio público y seguridad de los usuarios. Continue reading «33 medidas para conseguir la excelencia en una playa de uso público»

¿Son todas las playas útiles para el uso turístico?

Junto a la playa de San Lorenzo (Gijón). Fotografía de Víctor Yepes

Que estamos en crisis, creo que a estas alturas no hay quien lo dude. La forma en que vamos a salir, falta por verla. Aunque parece muy posible que nuestra mejor baza, el turismo, puede ser de mucha ayuda. Vaya por delante que lo que vamos a comentar a continuación sólo tiene sentido si se aplica a las playas ya antropizadas, protegiendo a ultranza todas aquellas que resulten naturales o espacios protegidos.

En España nadie duda de la trascendencia social y económica del turismo. Se ha convertido en una parcela económica de primer orden basada fundamentalmente en la explotación de la zona costera, y en particular de sus playas.  Algunas cifras son realmente elocuentes (ver Yepes, 2002a,b): tres cuartas partes de los europeos que visitan España vienen motivados por el clima y las playas, el 90% de las plazas hoteleras no urbanas se encuentran en el borde litoral, algunas playas de uso masivo como las de Benidorm proporcionan ingresos anuales superiores a los 12.000 €/m2. Este municipio, cuyo litoral funcionalmente útil no supera los 5 km de largo, aporta casi dos terceras partes de las pernoctaciones hoteleras que realiza la clientela española en los establecimientos de la Comunidad Valenciana, proporción que en el caso de los extranjeros alcanza al 94%.

Por tanto, las playas no sólo constituyen espacios relevantes desde el punto de vista medioambiental y de protección costera, sino que suponen el soporte de la actividad económica de muchas familias en nuestro país. Continue reading «¿Son todas las playas útiles para el uso turístico?»

¿Es necesario balizar nuestras playas?

Balizamiento de playasResulta evidente que una acertada normativa que sea capaz de conjugar el respeto medioambiental y el desarrollo sostenible de una zona tan frágil y con tantos usos como es la franja costera requiere de una profunda reflexión por parte de todos los agentes implicados. En este post traigo a colación uno de los problemas que más quebraderos de cabeza están causando a los municipios turísticos costeros, y es el problema del balizamiento de las playas para proteger a los bañistas de otros usos como los deportivos o de otro tipo que todos los años traen numerosos accidentes.  En estas líneas se recogen partes de las ideas que expusimos en su momento sobre este tema (Yepes y Medina, 1997).

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La importancia de las playas y su gestión turística

Playa de Calpe (Alicante) y Peñón de Ifach
Playa de Calpe (Alicante) con el Peñón de Ifach al fondo. Imagen: (c) V. Yepes

La importancia económica de las playas no solo es un hecho relevante en España, sino también en otros países (Houston, 1996). Datos referidos a la Comunitat Valenciana indican que cada metro cuadrado de playa útil produce más de 700 € al año, teniendo en cuenta el gasto total generado por los turistas que se desplazan a su litoral, cifra que contrasta con los 3 €/m^(2) anuales que genera la economía valenciana en su totalidad. En casos extremos como el de Benidorm, este valor se multiplica por 17 (Yepes, 2002). A ello hay que sumar la escasez de la superficie útil de las playas urbanas que permiten el uso turístico masivo, pues apenas suponen un 0,001 % de la superficie nacional, pero proporcionan más del 10 % de la renta (Iribas, 2002). Todo ello, sin olvidar la relevancia que tienen las playas desde el punto de vista medioambiental y de protección costera.

Las playas, piedra angular del turismo litoral, constituyen un recurso limitado y frágil, así como un factor limitante para la industria turística española (Yepes, 1995). En particular, la arena de las playas y el espacio litoral son dos recursos naturales fundamentales para la sostenibilidad económica y medioambiental de las regiones costeras (Yepes y Medina, 2005). Este recurso debe gestionarse adecuadamente para garantizar su sostenibilidad y, con ella, la del propio turismo. Algunos estudios (Jiménez et al., 2007; Silva et al., 2007; Ariza et al., 2008; Roca y Villares, 2008) indican la importancia de dicha gestión.

Las playas conforman un sistema multidimensional imbricado dentro de otro más amplio formado por la zona costera, que incluye otros subsistemas que interactúan entre sí (James, 2000): el físico-natural, el socio-cultural y el de gestión. La falta de simbiosis entre cada uno de ellos repercute negativamente en el resto. Así, por ejemplo, la satisfacción de los usuarios está relacionada, entre otros factores, con la anchura óptima de la playa (ver Valdemoro y Jiménez, 2006), pero este factor rara vez se tiene en cuenta en su gestión turística. En este sentido, Yepes y Medina (2007) advierten la necesidad de una gestión específica para el caso de playas encajadas de uso intensivo, donde la pérdida de arenas por la acción humana puede generar un apreciable retroceso de la línea de costa. Estos espacios litorales son algo más que un anexo de la trama urbana y, en muchos casos, se obvia su función de reserva sedimentológica y el hecho de que son hábitat de numerosas especies. El enfoque sistémico permite justificar el empleo de la Gestión Integrada del Litoral como herramienta para acomodar el incremento de la presión antrópica (Sardá et al., 2005; Barragán, 2006). Solo desde esta perspectiva debería entenderse la gestión turística de las playas.

Así pues, es imperativo establecer un sistema de gestión turística y ambiental de las playas de uso intensivo que permita mantener los beneficios económicos y sociales a largo plazo. Sin embargo, la anulación por el Tribunal Constitucional del artículo 34 de la Ley de Costas de 1988 y la falta de legislación sustitutoria han supuesto un importante retraso en la implantación de sistemas efectivos de gestión de playas (ver Yepes, 2002). Para que esto fuera posible, sería imprescindible crear un órgano de gestión local que planificara y coordinara las acciones necesarias.

Ante la falta de regulación, los instrumentos de gestión voluntarios y los basados en la demanda del mercado pueden ser cada vez más relevantes como impulsores del cambio que se considera ineludible para lograr beneficios económicos, ambientales y sociales. Así, ante la ausencia o la deficiente gestión turística de las playas españolas, Yepes et al. (1999) propusieron la adopción voluntaria de sistemas de aseguramiento de la calidad y del medioambiente en su gestión. El decidido apoyo de distintas administraciones públicas, que han favorecido la implantación y certificación de sistemas de calidad, ha supuesto un cambio sustancial en el enfoque de la ordenación de los usos y la explotación de estos espacios litorales por parte de algunos municipios (Yepes, 2007). En los municipios donde se han aplicado masivamente estos modelos (ISO 9001, ISO 14001, EMAS, «Q» del ICTE), se ha comprobado que pueden integrarse perfectamente entre sí. Esto ha dado inicio a una gestión racional de los usos de las playas, con la finalidad de satisfacer a todas las partes interesadas: turistas, población local, medio ambiente y generaciones futuras.

Referencias:

  • ARIZA, E.; SARDÁ, R.; JIMÉNEZ, J.A.; MORA, J.; ÁVILA, C. (2008). «Beyond performance assessment measurements for beach management: Application to Spanish Mediterranean beaches», Coastal Management, núm. 36, pp. 47-66.
  • BARRAGÁN, J.M. (2006). La gestión de áreas litorales en España y Latinoamérica, Cádiz, Ed. Universidad de Cádiz, 198 pp.
  • HOUSTON, J.R. (1996). «International tourism & U.S. beaches», Shore and Beach, núm. 64 (2), pp. 3-4.
  • IRIBAS, J.M. (2002). «Una perspectiva sociológica sobre las playas», OP Ingeniería y territorio, núm. 61, pp. 78-85.
  • JAMES, R.J. (2000). «From beaches to beach environments: linking the ecology, human-use and management of beaches in Australia», Ocean & Coastal Management, núm. 43, pp. 495-514.
  • JIMÉNEZ, J.A.; OSORIO, A.; MARINO-TAPIA, I.; DAVIDSON, M.; MEDINA, R.; KROON, A.; ARCHETTI, R.; CIAVOLA, P.; AARNIKHOF, S.G.J. (2007). «Beach recreation planning using video-derived coastal state indicators», Coastal Engineering, núm. 54, pp. 507-521.
  • ROCA, E.; VILLARES, M. (2008). «Public perceptions for evaluating beach quality in urban and semi-natural environments», Ocean & Coastal Management, núm. 51, pp. 314-329.
  • SARDÁ, R.; AVILA, C.; MORA, J. (2005). «A methodological approach to be used in integrated coastal zone management processes: the case of the Catalan Coast (Catalonia, Spain) », Estuarine Coastal and Shelf Science, núm. 62, pp. 427-439.
  • SILVA, C.P.; ALVES, F.L.; ROCHA, R. (2007). «The Management of Beach Carrying Capacity: The case of northern Portugal», Journal of Coastal Research, núm. SI 50, pp. 135-139.
  • VALDEMORO, H.I.; JIMÉNEZ, J.A. (2006). «The Influence of Shoreline Dynamics on the Use and Exploitation of Mediterranean Tourist Beaches», Coastal Management, núm. 34(4), pp. 405-423.
  • YEPES, V. (1995). «Gestión integral de las playas como factor productivo de la industria turística. El caso de la Comunidad Valenciana», Actas III Jornadas Españolas de Ingeniería de Costas y Puertos, vol. III, pp. 958-976.
  • YEPES, V.; ESTEBAN, V.; SERRA, J. (1999). «Gestión turística de las playas. Aplicabilidad de los modelos de calidad», Revista de Obras Públicas, núm. 3385, pp. 25-34.
  • YEPES, V. (2002). «La explotación de las playas. La madurez del sector turístico», OP Ingeniería y territorio, núm. 61, pp. 72-77.
  • YEPES, V.; MEDINA, J.R. (2005). «Land Use Tourism Models in Spanish Coastal Areas. A Case Study of the Valencia Region», Journal of Coastal Research, núm. SI 49, pp. 83-88.
  • YEPES, V.; MEDINA, J.R. (2007). «Gestión de playas encajadas de uso intensivo», Libro de Resúmenes de las IX Jornadas Españolas de Ingeniería de Costas y Puertos, pp. 175-176.

¿Hay que limpiar la arena de las playas?

Máquina de limpieza de la arena de las playas
Máquina de limpieza de la arena de las playas

En diversos medios de comunicación aparecen noticias de municipios costeros que, por motivos ambientales, han decidido reducir drásticamente el gasto destinado a la limpieza de las playas, con opiniones encontradas al respecto. ¿Qué se puede decir al respecto? ¿Se trata de aprovechar la coyuntura económica para reducir costes? ¿Afectará esta medida a la calidad percibida por el turista? ¿Será el turismo uno de los pocos motores que le quedan a España para salir de esta crisis tan profunda? ¿Cómo se pueden hacer mejor las cosas? A continuación exponemos algunos datos y argumentos que tratan de aportar cierta claridad al respecto.

El reconocimiento de la importancia de las playas se ha traducido en estrategias dirigidas a aumentar su excelencia mediante directivas que atienden a la calidad higiénica de la arena y del agua de baño, así como en la adopción de diferentes distintivos de calidad y normas internacionales con una clara orientación hacia el usuario. Esta situación ha provocado la limpieza sistemática con medios mecánicos de estos espacios naturales que, realizada de forma exhaustiva y sin aplicar criterios geomorfológicos y ambientales de gestión, reduce la biodiversidad costera, altera los perfiles de playa y provoca una pérdida de sedimentos. A ello hay que añadir la importante pérdida de arena provocada por la falta de efectividad de algunas máquinas en la limpieza diaria y la eliminación periódica de residuos naturales acumulados (algas y restos de Posidonia oceanica). Todo ello supone una retirada de arena involuntaria estimada en unos 500 m³ por kilómetro y año en playas no muy intensivas y con un sistema de gestión relativamente bien organizado. Estas pérdidas pueden ser mucho mayores y derivar en extracciones encubiertas de arena para usos agrícolas, ganaderos, jardinería, etc. Para minimizar los impactos producidos por una gestión ineficiente de la limpieza mecánica, Yepes y Cardona (2008) proponen una serie de medidas correctoras que deberían incluirse como requisitos en las normas de calidad y en los manuales de gestión de las playas turísticas. Entre ellas, destacan la creación de zonas de reserva en sistemas dunares y la adopción de indicadores que midan de forma objetiva la efectividad de la maquinaria para evitar la retirada excesiva de arena junto con los residuos. Lo anterior se debería completar con un incremento de la educación ambiental de los usuarios, lo que sin duda redundaría en una reducción importante de los residuos generados en estos espacios naturales.

Veamos, pues, algunos argumentos al respecto. Roig (2004) argumenta que la limpieza mecanizada de las playas realizada de forma exhaustiva y sin aplicar criterios geomorfológicos y ambientales de gestión reduce la biodiversidad costera, altera los perfiles de playa y provoca una pérdida de sedimentos. De hecho, la reducción de la materia orgánica natural disminuye tanto el desarrollo de microorganismos y fauna intersticial como la cantidad de nutrientes necesarios para las comunidades vegetales (Llewellyn y Shackley, 1996; Gheskiere et al., 2006). Otros trabajos, como el de Malm et al. (2004), indican que, si bien la limpieza mecánica reduce el contenido orgánico de la arena, mejorando la calidad del agua de baño y reduciendo la producción microbiana, su efecto en la biodiversidad sobre la macrofauna no es significativo. La retirada de plantones afecta negativamente a las dunas embrionarias y, por ende, a la estabilización natural del sedimento. La compactación de la arena cambia su rugosidad natural y elimina geomorfologías efímeras de playa (ripples y shadow tongues), acrecentando el ángulo de incidencia del viento y su erosión. En la zona húmeda de la playa (swash) aumenta la probabilidad de retirada de las arenas por su grado mayor de cohesión; al mismo tiempo, la compactación favorece la entrada del oleaje, incrementando los procesos erosivos. Asimismo, la limpieza mecanizada descalza el pie de talud de las dunas, con la consiguiente eliminación vegetal; ello facilita la acción directa de viento en su proceso erosivo.

Sin embargo, las razones aportadas por estos autores no suponen el grueso de las pérdidas de sedimentos debido a una mala gestión de la limpieza mecánica de las playas. En efecto, la limpieza diaria en zonas de uso intensivo y la eliminación periódica de residuos naturales acumulados (algas y restos de Posidonia oceanica) supone una retirada de arena involuntaria que se ha podido estimar (Yepes y Medina, 2007) en unos 500 m3 por kilómetro y año en playas no muy intensivas y con un sistema de gestión relativamente bien organizado; las pérdidas en playas sin un sistema de aseguramiento de la calidad de la limpieza pueden ser mucho mayores y derivar en extracciones encubiertas de arena para usos agrícolas y ganaderos, jardinería, etc. La fotografía que sigue muestra una acumulación en ecoparque de restos de Posidonia oceanica (obsérvese la gran cantidad de arena retirada involuntariamente).

Posidonia acumulada durante los últimos 5 años en el ecoparque de Benissa. Se aprecia la gran cantidad de arena almacenada
Posidonia acumulada durante los últimos 5 años en un ecoparque. Se aprecia la gran cantidad de arena almacenada

Ariza et al. (2008) constatan deficiencias en la limpieza mecanizada de las playas catalanas, especialmente en la recogida de residuos de pequeño tamaño, como colillas, y en la excesiva retirada de arena. En su trabajo, estos autores recogen cifras proporcionadas por el Servei de Prevenció i Medi Ambient, que indican que en la limpieza de las playas de Barcelona en la temporada de junio a septiembre de 2005 se retiraron más de 163 toneladas de arena. En algunos casos, se retiraron más de 50 kg de arena por cada hora de trabajo, lo que suponía un 80 % del peso total del material recogido. Por estas razones, se propone revisar las operaciones de limpieza mecánica de las playas.

El acceso de maquinaria a la playa puede empeorar la situación descrita. La combinación del viento con un diseño inadecuado del paseo marítimo y de la trama urbana puede provocar la pérdida de sedimentos que, en algunos casos, puede ser tan importante como la limpieza directa de la playa. Finalmente, el volumen de arena que cada usuario retira involuntariamente (dependiendo de la granulometría, unos 20 gramos por bañista y salida) supone una pérdida de 10 m³/km/año. En conjunto, las operaciones de limpieza pueden suponer, en el caso de que no haya aportes de sedimentos (playas encajadas, por ejemplo), un retroceso medio sostenido de la línea de orilla de 10 cm/año con un buen control de las operaciones de limpieza y mucho más sin control (ver Yepes y Medina, 2007). A corto plazo el efecto es imperceptible, pero a largo plazo las consecuencias son significativas.

¿Qué podemos hacer?

Todo lo anteriormente expuesto justifica el establecimiento de una serie de medidas correctoras en la gestión de la limpieza mecanizada que reduzca, en la medida de lo posible, los impactos realizados sobre los arenales. Estas propuestas deberían introducirse como requisitos en las normas de calidad y en los manuales de gestión de las playas turísticas:

  • La limpieza mecánica solo se permitirá si la superficie se encuentra seca (7-10 cm). La limpieza en la zona húmeda se centrará en los residuos antrópicos.
  • Se evitará la limpieza mecánica cuando exista previsión de viento fuerte, con el fin de reducir el transporte eólico.
  • No se aceptarán prácticas de roturación y arado en profundidad de la playa.
  • En playas con sistemas dunares, se establecerán franjas de reserva (3-5 m) donde la limpieza será manual y selectiva.
  • Se asegurará un sistema de control de las operaciones de limpieza para evitar el fraude y las extracciones sistemáticas de arena para usos no autorizados.
  • Se realizarán periódicamente pruebas “in situ” con las máquinas de limpieza mecánica que midan el volumen de arena retirada, con la elaboración de indicadores de seguimiento. Este será un criterio que prime a la hora de adquirir nuevos equipos.
  • Los conductores de los equipos de limpieza realizarán cursos de adiestramiento, pues su pericia influye decisivamente en la reducción de la arena retirada.
  • Se limitará la frecuencia de retirada de restos naturales (Posidonia oceanica), depositando los restos dentro de la propia playa (zona dunar).
  • Se adecuará el diseño de paseos marítimos y rampas de acceso a playas para minimizar las pérdidas debidas al transporte eólico.
  • En playas de uso masivo, se colocarán duchas o lavapiés que eliminen los sedimentos adheridos a los bañistas.

Como recomendación final se debería incluir el incremento de las actividades de educación ambiental. En efecto, Rodríguez-Santos et al. (2005) comprobaron que el comportamiento del usuario afecta a la cantidad de basura generada en las playas. Se trata de una medida cualitativa con un gran efecto cuantitativo.

 Referencias

Ariza, E., Jiménez, J.A. y Sardá, R. 2008. Seasonal evolution of beach waste and litter during the bathing season on the Catalan coast. Waste Management, 28(12): 2604-2613.

Llewellyn, P.J. y Shackley, S.E. 1996. The effect of mechanical beach-cleaning on invertebrate populations. British Wildlife, 7(3): 147-155.

Malm, T., Raberg, S., Fell, S. y Carlsson, P. 2004. Effects of beach cast cleaning on beach quality, microbial food web, and littoral macrofaunal biodiversity. Estuarine, Coastal and Shelf Science, 60: 339-347.

Medina, J.R. 2007. PLAYEN (Informe Nº 2): Estudio de la gestión de arenas dentro de playas urbanas encajadas. Informe para la Dirección General de Costas del Ministerio de Medio Ambiente. Abril de 2007.

Gheskiere, T., Magda, V., Greet, P. and Steven, D. 2006. Are strandline meiofaunal assemblages affected by a once-only mechanical beach cleaning? Experimental findings. Marine Environmental Research, 61: 245–264.

Rodríguez-Santos, I., Friedrich, A.C., Wallner-Kersanach, M. y Fillmann, G. 2005. Influence of socio-economic characteristics of beach users on litter generation. Ocean and Coastal Management, 48: 742-752.

Roig, F.X. 2004. Análisis y consecuencias de la modificación artificial de perfil playa-duna provocado por el efecto mecánico de su limpieza. Investigaciones Geográficas, 33: 87-103.

Yepes, V. y Medina, J.R. 2007. Gestión de playas encajadas de uso intensivo. Actas de las IX Jornadas Españolas de Ingeniería de Costas y Puertos: 297-304. San Sebastián, 29-30 de mayo.

Yepes, V. y Cardona, A. 2008. Incidencia de la limpieza mecánica en la pérdida de arena de las playas. Actas del X Congreso y Exposición Internacional de Playas. Concello de Vigo, 15-17 octubre.

La eficiencia de los modelos turísticos litorales

Playa de San Lorenzo, Gijón. Imagen: © V. Yepes
Playa de San Lorenzo, Gijón. Imagen: © V. Yepes

El turismo litoral es una actividad de gran trascendencia social y económica en España que se apoya en recursos naturales críticos, como la arena de las playas y el espacio litoral. Este espacio costero está sometido a una gran presión por diversos usos, por lo que es necesario un planeamiento territorial y urbano adecuado que permita mantener a largo plazo todas las actividades (Yepes, 2012). Estas consideraciones adquieren una relevancia especial en el caso del turismo, donde la pérdida de atractivos y el deterioro paisajístico y medioambiental pueden hacer que disminuyan los flujos de visitantes. A ello se suma la madurez alcanzada por el producto masivo e indiferenciado de «sol y playa», que debe adaptarse al nuevo consumidor, más informado y exigente, y que prefiere un turismo alternativo y medioambientalmente sostenible.

Sin embargo, la presión urbanística generalizada del territorio costero no se puede atribuir exclusivamente al turismo. De hecho, uno de los problemas fundamentales del sector es la reducción de la dimensión turística de los destinos litorales en favor de actividades como la segunda residencia y la construcción, que son menos innovadoras y consumen más territorio que los propios servicios turísticos. Así, algunas estimaciones realizadas en la Comunitat Valenciana cifran en más de dos millones las plazas de uso turístico potencial, de las cuales una quinta parte corresponde a turistas extranjeros que se alojan en viviendas de su propiedad (ver Yepes y Medina, 2005). Estas aglomeraciones de viviendas, más o menos vacacionales, conforman auténticos paisajes suburbanos ante los que solo es posible responder con una adecuada transformación urbanística y de la ordenación del territorio. Gartner (1987) ha estudiado el impacto ambiental que generan este tipo de alojamientos.

El verdadero problema no es que el turismo se convierta en un auténtico depredador del territorio costero. El uso del espacio litoral con fines turísticos puede plantearse bajo dos modelos divergentes: la gestión o la venta del territorio (ver Yepes y Medina, 2005). El primero, representado por una demanda con una estancia media reducida, alojada en hoteles o apartamentos de alquiler y con una alta tendencia al gasto, estaría asociado a una estructura urbana de alta concentración y densidad. La venta del territorio con fines residenciales albergaría una demanda de estancias elevadas, con viviendas unifamiliares en propiedad, con tendencias bajas en el gasto y con una trama urbana típica de urbanización. En la Tabla 1 se presentan algunas características de estos modelos. El paradigma del primer caso sería Benidorm (Claver et al., 2007) y el del segundo, Torrevieja (Casado, 1999; Vera e Ivars, 2003).

Tabla 1: Características principales de la demanda (Fundación Cavanilles de Altos Estudios Turísticos, 1995).

Concepto

Turistas

Veraneantes

Residentes

Estancia media

15 días o menos

Hasta dos meses

Más de dos meses

Tipo de alojamiento

Hoteles, campamentos de turismo o apartamentos de alquiler

Apartamentos y viviendas unifamiliares generalmente de su propiedad y menos de alquiler

Viviendas unifamiliares de su propiedad

Tendencia al gasto de la demanda

Alta

Moderada

Baja

Estructura urbana

Modelos urbanos de alta concentración y densidad

Tramas rurales densas y alguna urbanización

Urbanizaciones y alguna trama rural densificada

Estacionalidad

Baja

Elevada

Nula

Población

Joven en crecimiento

Estabilizada con tendencia al envejecimiento

Envejecida

Dinamismo empresarial

Alto

Bajo

Inexistente

Benidorm, con apenas cinco kilómetros de litoral funcionalmente útil, aporta casi dos terceras partes de las pernoctaciones hoteleras de los españoles en los establecimientos de la Comunitat Valenciana, alcanzando el 94% de las de los extranjeros. Este municipio representa casi el 40 % de las plazas hoteleras de la Comunidad Valenciana. La capacidad total de alojamiento del municipio supera las 200 000 plazas, de las cuales dos terceras partes corresponden a alojamientos en viviendas de uso turístico potencial. Además, es uno de los pocos destinos turísticos del mundo en los que se ha logrado romper la estacionalidad veraniega (Curtis, 1997). En cambio, Torrevieja no alcanza el 2 % de las plazas hoteleras de la región, pero su capacidad alojativa supera las 225 000 plazas, de las cuales algo más del 2 % son plazas turísticas regladas. La ocupación media de las viviendas de segunda residencia rara vez supera el 30 % anual y, en cuanto al gasto medio por turista, este no está determinado por el nivel de renta. El gasto disminuye a medida que aumenta la estancia media. Asimismo, la industrialización del proceso turístico básico (transporte, alojamiento y manutención) conlleva un menor coste y favorece el gasto adicional en la oferta complementaria. El gasto de un turista es aproximadamente 1,6 veces mayor que el de los veraneantes.

Playa norte de Peñíscola (Castellón). Imagen: © V. Yepes, 2006.
Playa norte de Peñíscola (Castellón).
Fotografía: V. Yepes.

Un cliente hotelero que utilice una instalación urbana requiere aproximadamente 14 veces menos suelo bruto que un habitante de una vivienda unifamiliar en una urbanización. Además, el uso turístico intensivo del territorio presenta un consumo de agua por persona y día cuatro veces menor; las pérdidas en las redes de agua potable son menores; se depura una proporción mayor de aguas residuales; se consume menos energía por persona y día en el alumbrado y hay una proporción mucho menor de suelo asfaltado por persona (Generalitat Valenciana, 2002).

En este sentido, según cálculos realizados por la Junta de Andalucía (2000), una misma porción de suelo litoral dedicada al uso hotelero generaría ocho veces más empleo y doce veces más renta que si se destinara a segunda residencia. Además, el uso residencial solo genera beneficios apreciables durante la construcción, por lo que las urbanizaciones y edificaciones deben ampliar constantemente su «frontera productiva» mediante el consumo de nuevos suelos para mantener la rentabilidad de las empresas implicadas (Fernández-Tabales, 2004).

Al margen de ciertas consideraciones sobre el contenido turístico real del parque de viviendas de segunda residencia, su desmedido crecimiento plantea problemas territoriales que afectan al sector turístico en su conjunto. Por un lado, el uso intensivo del territorio agota los recursos naturales en los que se sustenta la actividad turística (suelo, agua y paisaje, principalmente) y, por otro, compite directamente con los hoteles y otras formas de alojamiento turístico al ocupar la mayoría de los lugares idóneos para su establecimiento.

Todos los datos anteriores apuntan a una mayor eficiencia ecológica y de uso del territorio en los modelos de gestión turística intensiva, siempre que no se supere la capacidad de carga (Pereira, 2002). De hecho, aunque el modelo turístico de Benidorm no es exportable sin más a otras zonas, la rentabilidad económica y social que genera toda la actividad turística de la Comunitat Valenciana solo requeriría un equivalente de un máximo de 20 km de este modelo de gestión. Como contrapartida, el resto del territorio podría reservarse para otros usos. Evidentemente, esta propuesta solo pretende mostrar las diferencias entre los distintos modelos de desarrollo turístico.

REFERENCIAS

  • CASADO, M.A. (1999). «Socio-demographic impacts of residential tourism: a case study of Torrevieja, Spain», International Journal of Tourism Research, núm. 1 (4), pp. 223-237.
  • CLAVER, E.; MOLINA, J.F.; PEREIRA, J. (2007). «Competitiveness in mass tourism», Annals of Tourism Research, núm. 34 (3), pp. 727-745.
  • CURTIS, S. (1997). «Rejuvenating holiday resorts. A Spanish case study», Travel & Tourism Analyst, núm. 2, pp. 77-93.
  • FERNÁNDEZ-TABALES, A. (2004). «Turismo y ordenación del territorio», Quaderns de Política Econòmica, núm. 7, pp. 36-47.
  • FUNDACIÓN CAVANILLES DE ALTOS ESTUDIOS TURÍSTICOS (1995). Bases para la redacción del Plan de los Espacios Turísticos de la Comunidad Valenciana, Alicante, 234 pp.
  • GARTNER, W.C. (1987). «Environmental impacts of recreational home developments», Annals of Tourism Research, núm. 14 (1), pp. 38-57.
  • GENERALITAT VALENCIANA (2002). Libro blanco de la costa valenciana, Valencia, Ed. Dirección General de Puertos y Costas, 262 pp.
  • JAMES, R.J. (2000). «From beaches to beach environments: linking the ecology, human-use and management of beaches in Australia», Ocean & Coastal Management, núm. 43, pp. 495-514.
  • JUNTA DE ANDALUCÍA (2000). Plan de ordenación del territorio del litoral occidental de Huelva. Informe específico sobre turismo, Sevilla, Ed. Consejería de Obras Públicas y Transportes.
  • PEREIRA, C. (2002). «Beach Carrying Capacity Assessment: How important is it?», Journal of Coastal Research, núm. SI 36, pp. 190-197.
  • VERA, J.F.; IVARS, J.A. (2003). «Measuring Sustainability in a Mass Tourist Destination: Pressures, Perceptions and Policy Responses in Torrevieja, Spain», Journal of Sustainable Tourism, núm. 11 (2-3), pp. »,181-203.
  • YEPES, V. (2012). «Sistemas voluntarios de gestión de playas de uso intensivo». En: Rodríguez-Perea, A., Pons, G.X., Roig-Munar, F.X., Martín-Prieto, J.Á., Mir-Gual, M. y Cabrera, J.A. (eds.).  La gestión integrada de playas y dunas: experiencias en Latinoamérica y Europa: Mon. Soc. Hist. Nat. Balears, 19: 61-76. ISBN: 978-84-616-2240-5. Palma de Mallorca.
  • YEPES, V.; MEDINA, J.R. (2005). «Land Use Tourism Models in Spanish Coastal Areas. A Case Study of the Valencia Region», Journal of Coastal Research, núm. SI 49, pp. 83-88.

¿Cómo podríamos diseñar un hotel con «calidad»?

Hotel Fábrica de Giner en Morella (Castellón)

En posts anteriores hemos destacado la importancia de la calidad de un proyecto de construcción, de los costes de explotación y mantenimiento o del despilfarro en las obras. Aquí vamos a comentar algunos aspectos relacionados con una tipología concreta. Se trata de una infraestructura que, con mayor o menor fortuna, todos hemos utilizado, pero que menos han tenido la oportunidad de diseñar. Podemos, por tanto, formularnos la siguiente pregunta: ¿qué es la calidad de diseño en un hotel? ¿Qué deberíamos hacer para que el proyecto de un hotel realmente tuviese en cuenta las necesidades de los clientes?

La calidad de diseño de un sistema hotelero se establecería a través de las siguientes fases:

  • Identificación de las necesidades de los distintos segmentos de mercado. No se debe proyectar un hotel como un edificio a imagen del arquitecto o del propietario, debe serlo a gusto del huésped buscado.
  • Elaborar un producto —instalaciones hoteleras— acorde con dichas necesidades, desarrollando las especificaciones de un proyecto factible que conduzca a la satisfacción del cliente —tanto interno como externo— y a la eficiencia económica. De las múltiples opciones, se elegirá aquella que minimice los costes totales a lo largo de la vida útil del hotel. Técnicas como el “análisis del valor” deben desechar componentes del diseño que no aporten valor añadido al cliente. Esta implicación siempre obliga al estudio de varias soluciones alternativas.

El diseño debe atender un doble planteamiento: el técnico, para que el sistema proyectado preste su servicio en las mejores condiciones de costes y rentabilidad; y el social de cara a satisfacer mejor las aspiraciones, condiciones y necesidades del personal, utilizando mejor los recursos humanos, y por supuesto de los clientes.

Las decisiones estratégicas que se deben tomar son la localización, la categoría y la dimensión del establecimiento, las tipologías de servicios ofrecidos, el equipamiento técnico incorporado, la oferta complementaria y la imagen deseada para el hotel.

La localización de la producción turística es clave para el éxito de la empresa. La ubicación dependerá de la proximidad y del coste de los factores productivos. Así, los factores decisivos en la localización de un proyecto hotelero serán la existencia de una vía de comunicación rápida y cómoda —aeropuertos, autovías, etc.—, la presencia de un producto turístico ya consolidado, el mercado del suelo, un marco social estable y atractivo, etc.

Al definir el proyecto hotelero, se determina su naturaleza. El producto puede concebirse para la venta individual o colectiva a grupos de viajeros. Se debería decidir entre un sistema hotelero de alta calidad de imagen y contenido, o bien un hotel impersonal y para producción masificada. El diseño hotelero puede ser singular, o ser un proyecto estándar. Estos grupos de variables se combinan entre sí, siempre que no existan incompatibilidades técnicas.

Otro de los condicionantes de la calidad de diseño del hotel es su consideración funcional u organizativa. El valor añadido que se proporciona al cliente se determina por los procesos de producción de servicios. Deben estudiarse las instalaciones para proporcionar rendimientos elevados a los procesos, como una forma de reducir costes. Se requieren estudios matriciales sobre las interrelaciones entre las actividades de los huéspedes, del personal de servicio, los espacios funcionales del hotel y sus flujos. Cualquier línea de producción debe ser funcional, es decir, contar con elementos cuyas prestaciones estén correctamente orientadas a las exigencias del servicio.

En este sentido, han de convivir las tres áreas funcionales de un hotel: las comunes, residenciales y de servicio, de modo que los circuitos de los clientes y del servicio se diferencien, evitando cruces y racionalizando sus recorridos.

ACTIVIDAD DE LOS HUÉSPEDES

ACTIVIDAD DEL PERSONAL.

ESPACIOS.

Pedir información. Dirección. Recepción.
Reservar la habitación. Administración. Portería.
Tomar posesión de la hab. Compras. Habitación.
Reposar. Comunicación a distancia. Sala de estar.
Leer. Recepción. Espacio para leer.
Escribir. Portería. Espacio para escribir.
Dormir. Transporte de equipaje. Bar (barra).
Beber. Transporte personas. Bar (mesas).
Comer. Gobernanta. Sala restaurante.
Usar el baño. Limpieza. Baño (habitación).
Desnudarse-vestirse. Arreglo habitaciones. Baño exterior.
Mirar la TV. Guardarropa de clientes. Guardarropa.
Relacionarse. Lavandería. Sala TV.
Recibir. Guardarropa de lencería. Espacio para conversar.
Divertirse. Cocina. Espacios para la diversión.
Telefonear. Servicio de mesas. Espacios para deporte.
Eliminar residuos. Bar. Cabina telefónica.
Lavarse. Evacuación de basuras. Caja
Lavar. Almacén. Garaje-aparcamiento.
Hacer deporte. Mantenimiento. Tiendas interiores.
Cuidarse. Funcionamiento de instalaciones. Salas multifunción.
Hacer compras. Función. Servicios higiénicos. Cafetería.
Estar. Venta. Grill.
Ir. Asistencia deportiva. Terrazas.
Transitar. Animación. Solarium.
Bañarse en la piscina. Asistencia sanitaria. Piscina.
Utilizar el gimnasio. Asistencia a clientes. Esp. deportes interiores.
Dejar la habitación. Jardín.
Pagar la cuenta. Hall

TABLA. Actividades y espacios requeridos en un hotel. Adaptado de Buzzelli (1985).

En cuanto a la calidad de diseño de las habitaciones, se debe atender a los criterios de funcionalidad, confort —tanto físico como psicológico— y estética, considerando siempre la optimización del coste. Sería deseable integrar el diseño arquitectónico y el contenido, así como la decoración e interiorismo de los distintos habitáculos.

El proyecto hotelero debe examinar las necesidades de alojamiento del personal de servicio, las exigencias espaciales para el desempeño de las funciones cotidianas (comedor, sala de descanso, vestuarios, servicios higiénicos, etc.), así como otras demandas del servicio tales como equipamientos asistenciales y recreativos

Es en esta fase de diseño cuando se plantea la adecuación de los procesos que conforman la prestación de los productos/servicios hoteleros. El cumplimiento de los objetivos previstos y de los servicios prestados debe medirse para analizar y mejorar los procesos, en el marco de una política de mejora continua en la empresa hotelera, que debe planificarse antes de la puesta en marcha del hotel. El diseño de estándares de calidad, tanto físicos como de servicio, permitirá adecuar el cumplimiento a lo que el cliente espera y a lo que realmente se le ofrece. No obstante, sería incorrecto circunscribir el concepto de Calidad al de “conformidad con especificaciones”, planteamiento técnico de Crosby, orientado al producto, ya que es insuficiente para representar las responsabilidades de la empresa en la Gestión de la Calidad Total. Las “especificaciones” deben definirse como atributos de la Calidad entendida como “adecuada para el uso”.

Estas indicaciones que afectan a la calidad de diseño, adquieren una especial relevancia en lo que se refiere al aseguramiento de la calidad en los hoteles (Camisón y Yepes, 1995). Uno de los proyectos más importantes es la autorregulación empresarial iniciada por la Federación Española de Hoteles y Zontur (unidos en el Instituto para la Calidad Hotelera). Esta iniciativa, que trata de certificar los hoteles según unas “Normas de Calidad” (ICHE, 1998), atiende fundamentalmente a parámetros de servicio, pero —y esto es lo importante—, para su consecución precisa estándares físicos que permitan el correcto desarrollo de los procesos en la empresa. Análogamente, cualquier nuevo proyecto debería incorporar las exigencias de diseño necesarias para adaptarse a los sistemas de gestión ambiental, como las normas ISO 14000.

Al mismo tiempo, estas condiciones deben proporcionar una estructura hotelera con características que garanticen el éxito comercial y optimicen la inversión. Éstas, según Doswell (ver Buzzelli, 1984), deben cumplir básicamente los siguientes requerimientos:

  • Atemporalidad: El transcurso del tiempo no debe dar la sensación de envejecimiento. Esto implica evitar cuidadosamente cualquier aspecto ligado a modas y estilos pasajeros.
  • Capacidad: Los elementos mantendrán, durante el período de uso previsto, una relación equilibrada entre la utilización y el volumen.
  • Compatibilidad: Todos los componentes se adecuarán al uso, tanto de los clientes como del personal, y cada uno ha de ser compatible con el resto.
  • Gestionabilidad: Toda unidad del sistema hotelero debe facilitar las operaciones de contabilidad, gestión y control.
  • ContinuidadCada elemento debe garantizar un nivel adecuado de resistencia y ser fácilmente sustituible para evitar la interrupción del servicio.
  • Fiabilidad: Los equipos, las instalaciones, los elementos tecnológicos y decorativos, y los accesorios deben durar el tiempo de vida media y por tanto alcanzar un nivel justo de duración y resistencia.
  • Flexibilidad: Todas las partes del sistema deben ser flexibles, tanto en el uso como en el tiempo, para adaptarse a las posibles modificaciones de la organización productiva y la modernización del hotel.
  • Seguridad e Higiene: Garantizar a los clientes y al personal el cumplimiento de todas las condiciones establecidas en la normativa aplicable.
  • Mantenimiento: Todas las instalaciones deben ser accesibles, y a ser posible se debe evitar la necesidad de recurrir a técnicos muy especializados. Los elementos del sistema deben permitir su desmontaje y desplazamiento.
  • Movilidad: Todas las piezas deben ser desmontables, móviles y desplazables para garantizar las reparaciones y para permitir combinaciones. También deben facilitarse las operaciones de limpieza y conservación.
  • Protección: Deben existir condiciones que faciliten eficazmente la defensa frente a agentes atmosféricos, niveles inoportunos de temperatura, insectos, radiación solar, humos, ruidos, olores, etc.
  • Sobriedad: Cada elemento debe proporcionar la producción económica de los servicios, sin considerar aquellos que no aporten valor añadido al cliente.
  • Valor: Cada componente se seleccionará de modo que garantice una correcta amortización dentro de su límite de vida útil.

Resulta evidente la necesidad de un equipo multidisciplinar para la realización del proyecto de un hotel. El nivel de calidad alcanzado por un grupo de especialistas es comparable al mejor resultado obtenido por un profesional aislado. Expertos en marketing turístico, en empresas turísticas y en sistemas hoteleros, arquitectos, urbanistas, ingenieros, sociólogos, economistas, interioristas y otros permiten obtener resultados capaces de optimizar la factibilidad del proyecto hotelero. Sistemas de gestión avanzados tales como la Gestión Integrada de Proyectos -Project Management- (Heredia, 1985) proporcionan ventajas comparativas frente a otros en el diseño y construcción de proyectos complejos.

Referencias:

  • BUZZELLI, G. E. (1984): Manual de la Industria Hotelera: Proyecto, estructura y tecnología. Ediciones CEAC, Madrid.
  • CAMISÓN, C. y YEPES, V. (1994). Normas ISO 9000 y Gestión de Calidad Total en la empresa turística. I Congreso de Calidad de la Comunidad Valenciana, libro de ponencias, Centro para la Promoción de la Calidad de la Comunidad Valenciana, páginas 583-620. Valencia, noviembre.
  • HEREDIA, R. (1985). Dirección Integrada de Proyecto. Alianza Editorial, Madrid.
  • INSTITUTO PARA LA CALIDAD HOTELERA (1998). Normas de calidad para hoteles y apartamentos turísticos. 328 pp.
  • YEPES, V. (1997). Calidad de diseño y efectividad de un sistema hotelero. Papers de Turisme, 20: 137-167.
  • YEPES, V. (1998). La calidad económica. Qualitas Hodie, 44: 90-92.