Marco Vitruvio Polión

Marco Vitruvio Polión (c. 80 a. C.-70 a. C., 15 a. C.). https://www.bbc.com/mundo/noticias-62321557

Marco Vitruvio Polión (en latín Marcus Vitruvius Pollio; c. 80 a. C.-70 a. C., 15 a. C.), conocido simplemente como Vitruvio, fue un arquitecto e ingeniero romano del siglo I a. C. Se desconoce su lugar y año de nacimiento exactos, pero existen varias hipótesis. Maffei lo consideraba originario de Verona; otros estudios señalan Placentia, y algunos autores sostienen que nació en Mola di Gaeta (la antigua Formia), siendo esta última suposición la que parece estar mejor fundada, especialmente por la presencia de la gens Vitruvia en esa zona de la Campania. A pesar de la incertidumbre sobre su biografía, se sabe con certeza que tuvo una vida larga y activa y que su obra ha dejado una huella perdurable en la historia de la arquitectura y la ingeniería.

Vitruvio vivió en un periodo de fuertes transformaciones políticas. Tras décadas de guerras civiles, Roma se encontraba en plena transición de la República al Imperio y nuevos grupos sociales accedían a posiciones de poder antes inaccesibles. Este escenario de expansión territorial, riqueza y cambios culturales generó un gran interés por la construcción, tanto pública como privada, y constituyó el marco en el que Vitruvio desarrolló su carrera. En su juventud, sirvió como soldado bajo el mando de Julio César en Hispania y Grecia, donde trabajó como ingeniero militar especializado en la fabricación de piezas de artillería, como ballistae y scorpiones. En esas campañas adquirió experiencia en construcción militar e infraestructuras que después aplicaría en obras civiles. Posteriormente, residió en Roma, donde trabajó en obras imperiales. Tanto Julio César como Augusto le concedieron una subvención vitalicia en su vejez, lo que constituyó un reconocimiento explícito de su valía profesional y prestigio técnico. La obra que compuso en los últimos años de su vida, ya anciano y enfermo, fue el tratado De Architectura, dedicado a Augusto, su protector, y probablemente terminado antes del año 27 a. C., dado que no menciona los grandes edificios de mármol que caracterizaron el final del reinado de Augusto.

La influencia de Vitruvio también se extiende a su relación con la familia imperial. En su obra se insinúa que contó con la protección de Octavia, hermana de César Augusto, lo que refuerza la idea de que su carrera profesional estuvo vinculada al círculo más próximo al poder. En cuanto a su legado material, sus obras se han perdido casi por completo. Aun así, se conservan vestigios en la ciudad de Fano, donde construyó una famosa basílica y un arco de triunfo augusteo, que aún es visible, aunque ha sido modificado. En el ámbito técnico, se le atribuye la invención del módulo quinario en la construcción de acueductos, lo que constituye una importante aportación a la ingeniería hidráulica romana, y se detalla, además, el uso de la chorobates para nivelar el terreno con una precisión asombrosa. También diseñó máquinas de guerra y construyó numerosos monumentos, aunque la mayoría no han llegado hasta nuestros días.

El Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci ilustra, cinco siglos después, las proporciones del cuerpo humano descritas por Vitruvio. https://es.wikipedia.org/wiki/Vitruvio

La fama de Vitruvio se debe, sobre todo, a su tratado De Architectura, la única obra de estas características que se conserva de la Antigüedad clásica. Probablemente compuesto hacia el año 27 a. C., tiene carácter de manual resumido y divulgativo y refleja los procedimientos de la arquitectura romana del último siglo de la República. Aunque en ocasiones resulta incompleto u oscuro, el tratado se organiza en diez libros que abarcan de forma sistemática los distintos aspectos de la arquitectura, desde la teoría hasta la práctica constructiva. Su estructura y contenido constituyen un documento insustituible, también por la información que aporta sobre la pintura y la escultura griegas y romanas, con referencias a artistas y obras.

El libro I comienza con consideraciones sobre las cualidades y los deberes del arquitecto y define la arquitectura como ciencia y arte. Vitruvio expone que la aedificatio incluye la construcción de edificios públicos, clasificados según su finalidad en defensio, religio u oportunitas, y la construcción de edificios privados, en los que se integran aspectos como la gnomónica y la machinatio. El primer libro también aborda problemas urbanísticos, como la elección de lugares adecuados para fundar ciudades, el trazado de calles orientadas para evitar los vientos dominantes, la construcción de murallas defensivas y la distribución de edificios dentro del recinto urbano.

En el libro II, tras repasar la evolución de la arquitectura desde los primeros tiempos, Vitruvio aborda la elección y el uso de materiales y de estructuras murales, con ejemplos prácticos de obras romanas y griegas, destacando especialmente las propiedades de la arena volcánica de Pozzuoli (pulvis puteolanus) para la fabricación de hormigón hidráulico. El libro III describe los distintos tipos de templos y establece normas de proporción y simetría para sus planimetrías y sus partes, prestando especial atención al orden jónico. La columna adquiere una importancia central, ya que regula matemáticamente las proporciones del templo. El libro IV trata sobre los templos dóricos, corintios y toscanos e incorpora preceptos técnicos y rituales de construcción.

El libro V se dedica a los edificios de utilidad pública: foros, basílicas, erarios, cárceles, curias, teatros, pórticos, baños, palestras y puertos. En este apartado, Vitruvio demuestra sus conocimientos técnicos, especialmente en lo relativo a teatros y puertos, donde describe el uso de vasos de bronce afinados armónicamente para mejorar la acústica (echea). Se aprecia un carácter innovador al mencionar y describir brevemente una obra propia: la basílica de Fano. El libro VI trata sobre los edificios privados y supone un distanciamiento respecto a los tratadistas griegos, pues Vitruvio reflexiona sobre cómo el clima y las costumbres determinan las diferencias en la disposición de las viviendas griegas y romanas. El libro VII ofrece preceptos prácticos para los acabados, como enjalbegados, pavimentos y decoraciones esculpidas o pintadas, que confieren a los edificios venustatem y firmitatem.

En el libro VIII, Vitruvio se presenta como un estudioso de la hidráulica y constructor de conductos hidráulicos y aborda cuestiones relacionadas con la ingeniería del agua, incluyendo métodos para descubrir manantiales subterráneos observando la vegetación y los vapores matutinos. El libro IX trata de problemas geométricos y astronómicos aplicados a la gnomónica. Finalmente, en el libro X, retomando conocimientos griegos, se abordan la mecánica y las máquinas de paz y de guerra. En esta última parte, el autor se adentra en un campo de gran interés para él, aunque su lectura resulta difícil para el lector moderno debido a la pérdida de las ilustraciones originales y a la ausencia de un lenguaje técnico consolidado en latín. En este sentido, Vitruvio intentó crear un nuevo lenguaje técnico para describir la arquitectura, transliterando términos griegos o inventándolos en latín, un esfuerzo que algunos especialistas modernos han valorado como innovador.

Conceptualmente, el pensamiento de Vitruvio se inspira en un racionalismo aritmético heredado de la escuela pitagórica, que se complica al combinarse con principios prácticos. La experiencia constructiva interviene continuamente en su juicio, por lo que, desde un punto de vista teórico, algunas ideas resultan confusas y otras categorías no pueden interpretarse con seguridad, como ordinatiodispositiodistributioeuritmia o symmetria.  Entre sus conceptos más influyentes se encuentra la tríada vitruviana: la estabilidad, la utilidad y la belleza (firmitas, utilitas y venustas), que se presentan como cualidades inseparables de una estructura bien concebida. Estas ideas no solo se aplican a edificios públicos, sino también a las residencias privadas, especialmente a las villas de los más ricos, en las que Vitruvio hace hincapié en la decoración interior, la pintura mural y el estuco, así como en la orientación y la función de cada estancia.

A lo largo de los siglos, De Architectura tuvo una fortuna variable. Aunque se conoció y se empleó en la Edad Media —siendo copiado en monasterios como el de Saint Gall—, no ejerció una verdadera influencia sobre el pensamiento artístico hasta el Renacimiento, cuando figuras como León Battista Alberti retomaron y difundieron sus ideas. El redescubrimiento y la difusión del tratado se vieron favorecidos por la imprenta y la edición príncipe de 1486, publicada en Roma por Giovanni Sulpicio da Veroli, resultó decisiva para que los artistas renacentistas accedieran a las formas arquitectónicas de la antigüedad grecorromana. En el siglo XVI, la fama de Vitruvio superó los méritos reales de su obra y se convirtió en un canon rígido de la arquitectura antigua, interpretado de manera normativa en muchos tratados posteriores. En este periodo, el tratado se publicó en numerosos países y se consolidó como una fuente documental insustituible, no solo por su información sobre arquitectura, sino también sobre pintura y escultura, así como por las noticias que aporta sobre artistas y obras.

La influencia de Vitruvio se observa tanto en la evolución de la arquitectura renacentista como en la creación de imágenes emblemáticas como el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci (c. 1490). Este dibujo se basó en pasajes de De Architectura y refleja la idea, que se remonta al pensamiento pitagórico y platónico, de que el cuerpo humano es un modelo de proporción y armonía. La idea de que la geometría se deriva de la forma humana y de que las proporciones del cuerpo pueden inscribirse en figuras geométricas como el círculo y el cuadrado convirtió al Hombre de Vitruvio en un símbolo de la conexión entre la naturaleza, las matemáticas y la arquitectura.

Entre las traducciones más importantes destaca la versión italiana de Cesare Cesariano, publicada en 1512 en Como bajo el título Di Lucio Vitruvio Pollione e Cesare Augusto de Architetture… translato in vulgare sermone commentato et affigurato da Cesare Cesariano. Esta edición fue el primer intento de traducir el tratado al italiano y se acompañó de un extenso comentario con numerosas citas de autores clásicos como Plinio el Viejo. Aunque fue criticada por la oscuridad de su lenguaje, supuso un avance importante, ya que se revisaron los códices con método y se ofreció una rica presentación tipográfica. Sus adiciones y comentarios ejercieron una gran influencia en ediciones posteriores hasta que la traducción veneciana de Daniele Barbaro, ilustrada por Andrea Palladio, la superó en claridad y rigor.

En conjunto, Vitruvio puede considerarse una figura clave en la historia de la arquitectura y la ingeniería. Su tratado no solo documenta la técnica constructiva romana, sino que también plantea principios teóricos sobre proporción, belleza y funcionalidad que han perdurado a lo largo de los siglos y siguen siendo una referencia en la cultura arquitectónica occidental.

Dejo un par de videos sobre este eminente personaje. Espero que os sean de interés.

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¿Cómo se han diseñado los arcos a lo largo de la historia?

Pequeño puente de fábrica sobre el río de Pola de Somiedo (Asturias). Fotografía V. Yepes.
Pequeño puente de fábrica sobre el río de Pola de Somiedo (Asturias). Imagen: © V. Yepes, 2010

Seguimos con este artículo un repaso histórico de los arcos. Como en su día se dijo, este es un «invento diabólico» que revolucionó en su momento el arte de construir. Vamos, pues a seguir con esta labor divulgadora, a sabiendas que nos dejamos muchas cosas por el camino.

Desde la Roma clásica al Renacimiento, los arcos y los estribos se diseñaban con reglas de buena práctica y con criterios geométricos. Los constructores, desconocedores de las nociones de las fuerzas y sus líneas de acción, tuvieron que utilizar reglas en forma de proporciones o bien hacer modelos. Estos criterios empíricos no deberían ser tan absurdos pues, como indica Huerta (1996), la prueba es que muchas estructuras construidas en la época “pre-científica” -donde se incluyen todas las catedrales góticas-, fueron concebidas de esta forma.

Los secretos del oficio, guardados celosamente por los gremios y transmitidos oralmente, en un lenguaje hermético y oscurantista, empiezan a difundirse con los tratados de Arquitectura a partir del Renacimiento. Diego de Sagredo, Alberti o Palladio encabezan un listado de tratadistas que divulgan el pensamiento arquitectónico renacentista.

Pont Neuf, Toulouse. Imagen: © V. Yepes, 2017

Alberti[1] es el primer autor que establece, en 1452, las reglas para conseguir la estabilidad y constructibilidad de un puente de fábrica. Su tratado de arquitectura, De re aedificatoria, fue un compendio del saber constructivo de su época (Huerta, 2000:514). Sin embargo la edición en latín se publicó en 1485 –antes que la primera edición de Vitruvio[2]– y en España no se tradujo hasta 1582. La intuición mecánica de Alberti le sugiere que la forma del arco es la base para valorar su modo de trabajar: “El arco poco curvo es seguro para su propio peso, pero si se carga conviene componer muy bien su trasdós”, o bien: “El arco muy curvado será en sí mismo débil, cuanto más se carga menos problemas tendrá en su trasdós”. Cuanto más apuntado es un arco, es decir, cuanta mayor sensación visual da de no caer, más resistencia se le confiere.

Palladio[3], en su tratado I Quattro Libri dell’Architettura, de 1570, recoge el dimensionamiento de ejemplos de puentes romanos, dándolos como reglas prácticas.

Leonardo da Vinci[4] fue el primero que intentó estudiar los arcos desde el punto de vista mecánico, como muestran numerosos dibujos del Códice de Madrid, aunque sus análisis desconocían la ley del paralelogramo de fuerzas, fundamental en cualquier estudio estático, que no se resolvió hasta 1586 por Stevenin[5] (Heyman, 1999:92), si bien se formula en su forma actual en 1724 por Varignon[6] en su obra Nouvelle mécanicque.

Arco Leonardo
Códice de Leonardo da Vinci

La primera explicación científica del arco tuvo que esperar a Hooke[7], quien en 1676 apuntó que funcionaba justo al revés que un cable colgado, si bien no halló la ecuación matemática de dicha curva. En 1697 Gregory[8], de forma independiente a Hooke, formula la condición de estabilidad del arco cuando menciona la catenaria como directriz óptima. En 1695, La Hire[9] idealiza las dovelas en bolas de billar y observa que la forma resultante es como si engarzaran en un cable perfectamente elástico y sin peso, definiéndose su forma como antifunicular[10], lo contrario del cuelgue natural. Por tanto, el trazado de un arco ideal pasaría por conocer el estado de carga al que está sometido, donde el peso propio del arco es uno de los componentes principales, lo cual implica un proceso iterativo para establecer la forma definitiva.

Puente la Reina, sobre el río Arga. Camino de Santiago, Navarra. Imagen: © V. Yepes

Couplet, ofreció en 1730 una solución completa al problema, estableciendo el modo de colapso del arco por formación de un mecanismo de cuatro barras; pero fue Coulomb[11] en 1773 quien retomó el problema prácticamente de nuevo, dando una solución sintética a todos los modos de colapso posibles. A finales de la década de 1830, Moseley y Méry desarrollan casi simultáneamente el concepto de línea de empujes, que debe situarse dentro del espesor del arco. En 1833 Navier[12] enuncia la regla del tercio central, por donde debía circular la línea de presiones para evitar las tracciones. Poncelet[13], en 1835, desarrolla un método gráfico que ahorra considerablemente los tiempos de cálculo. Rankine[14] fue el primero en dar una aplicación práctica a la línea de empujes, siendo Barlow y Fuller los encargados de desarrollar la parte gráfica. En 1879 Castigliano[15]abre un nuevo enfoque analítico con planteamientos energéticos, sistematizándose a partir de ese momento el análisis de los arcos de fábrica. Ese mismo año Winkler propuso de forma explícita la aplicación de la teoría elástica para determinar la posición de la línea de empujes.

Sin embargo, el cálculo elástico, a pesar de su racionalidad, plantea sistemas de ecuaciones que son muy sensibles a las pequeñas variaciones en las condiciones de equilibrio (ver Huerta, 2005:78). Los procedimientos desarrollados por Heyman (1966) aplicando la teoría del análisis límite, validando el siguiente supuesto: si existe una configuración de equilibrio, es decir, una línea de empujes contenida dentro del arco, éste no se hundirá. Como consecuencia, la labor del calculista no es buscar el estado de equilibrio real del arco, sino encontrar estados razonables de equilibrio para la estructura estudiada (Heyman, 1967). Este ha sido el enfoque implícito en los diseños geométricos de los maestros de la antigüedad, tal y como indica Huerta (2005:81), justificando la validez de dichos planteamientos. Una recopilación del desarrollo histórico de la teoría del arco de fábrica puede seguirse en Huerta (1999, 2005).
Ejemplo de puente arco de madera. Cangas de Onís (Asturias). Fotografía V. Yepes.
Puente arco de madera. Cangas de Onís (Asturias). Imagen: © V. Yepes, 2010

[1] Leon Battista Alberti (1404-1472), fue arquitecto, matemático, humanista y poeta italiano.

[2] El texto fue descubierto en 1414 por Bracciolini. La edición princeps de la obra vitruviana fue publicada en latín por Giovani Suplicio da Verole en 1486, y en su epístola al cardenal Rafael Riario, se llama a esta obra divinum opus Vitruvi (Blánquez, 2007:XVII). En italiano no se imprimió hasta 1521 y en castellano hasta 1582.

[3] Andrea di Pietro della Góndola, más conocido como Andrea Palladio (1508-1580) fue un reconocido arquitecto italiano del Manierismo, que influyó notablemente en el Neoclasicismo. Una importante aportación a la ingeniería estructural fue la introducción del concepto de cercha o entramado.

[4] Leonardo di ser Piero da Vinci (1452-1519), nacido en Florencia, fue pintor y polímata, genial arquetipo del humanismo renacentista.

[5] Simón Stevenin (1548-1620), fue matemático holandés, ingeniero militar e hidráulico, entre otros oficios.

[6] Pierre Varignon (1654-1722), matemático francés precursor del cálculo infinitesimal, desarrolló la estática de estructuras.

[7] Robert Hooke, científico inglés (1635-1703). Formuló su famosa ley en la que describe cómo un cuerpo elástico se estira de forma proporcional a la fuerza que se ejerce sobre él. En esta época, para reclamar la paternidad de un descubrimiento, los hombres de ciencia enviaban anagramas a sus colegas para, después, cuando las circunstancias eran propicias, les hacían llegar o publicaban el mensaje que los anagramas escondías. Eso fue lo que ocurrió con la descripción que hizo Hooke en 1676 sobre el funcionamiento estructural del arco.

[8] David Gregory (1661-1708), profesor escocés de matemáticas y astronomía en la Universidad de Edimburgo.

[9] Philippe de La Hire, matemático, astrónomo y gnomonicista francés (1640-1719). La obra donde trata el arco es: Traité de mécanique: ou l’on explique tout ce qui est nécessaire dans la pratique des arts, & les propriétés des corps pesants lesquelles ont un plus grand usage dans la physique (1695).

[10] Del latín, funicŭlus, cuerda. Arenas (1996:10) define la antifunicularidad como una afinidad geométrica entre las ordenadas de la directriz de la bóveda y la ley de momentos flectores que produce el sistema de cargas sobre una viga virtual de la misma luz que el arco.

[11] Charles Agustin de Coulomb, físico e ingeniero militar francés (1736-1806), conocido por su famosa ley sobre atracción de cargas eléctricas. Elaboró en el campo estructural la actual teoría de la flexión y una primera teoría de la torsión (1787). También fueron importantes sus ideas sobre la deformación tangencial y el rozamiento.

[12] Claude Louis Marie Henri Navier, ingeniero y físico francés (1785-1836), trabajó en las matemáticas aplicadas a la ingeniería, la elasticidad y la mecánica de fluidos.

[13] Jean Victor Poncelet (1788-1867) fue un matemático e ingeniero francés que recuperó la geometría proyectiva.

[14] William John Macquorn Rankine, ingeniero y físico escocés (1820-1872), conocido también por sus trabajos en termodinámica.

[15] Carlo Alberto Castigliano, ingeniero italiano (1847-1884), elaboró nuevos métodos de análisis para sistemas elásticos.

REFERENCIAS

HEYMAN, J. (1966). The stone skeleton. International Journal of Solids and Structures, 2: 249-279.

HEYMAN, J. (1967). On the shell solutions of masonry domes. International Journal of Solids and Structures, 3: 227-241.

HEYMAN, J. (1999). Teoría, historia y restauración de estructuras de fábrica. CEHOPU, 2ª edición, Madrid.

HUERTA, S. (1996). La teoría del arco de fábrica: desarrollo histórico. Obra Pública, 38:18-29.

HUERTA, S. (2000): Estética y geometría: el proyecto de puentes de fábrica en los siglos XV al XVII, en Graciani, A.; Huerta, S.; Rabasa, E.; Tabales, M. (eds.): Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción. Instituto Juan de Herrera/CEHOPU, Sevilla, 513-526.

HUERTA, S. (2005). Mecánica de las bóvedas de fábrica: el enfoque del equilibrio. Informes de la Construcción, 56(496):73-89.

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Apuntes sobre la ingeniería en el Renacimiento

Hombre de Vitruvio, dibujo de Leonardo da Vinci, expresión del canon estético renacentista.
Hombre de Vitruvio, dibujo de Leonardo da Vinci.

Resulta difícil resumir en una entrada de blog todo lo relacionado con la ingeniería que tuvo lugar en un periodo tan apasionante como el Renacimiento. Tras la «oscura» Edad Media, el renacer del hombre como centro del conocimiento y la vuelta a los clásicos suponen un avance de gran trascendencia en todos los ámbitos del saber y del conocimiento. Vamos, pues, a realizar una pequeña incursión en este periodo, conscientes de que nos vamos a dejar muchas cosas por el camino. Dejo, por tanto, algunos enlaces a otras páginas para quien desee ampliar la información.

El Renacimiento (siglos XV y XVI) fue un periodo de reactivación científica y tecnológica. Junto con la Ilustración posterior, supusieron un revulsivo ideológico que se manifestó en el interés por la técnica y los procedimientos constructivos. Los ingenieros volvieron a ser miembros de una profesión respetada y algunos de ellos incluso recibían buena paga. Su ingeniería se diferencia claramente de la medieval, ya que está claramente influenciada por los clásicos, en especial por Vitrubio, cuyos textos fueron descubiertos en 1415 en el monasterio de San Gallo. Al igual que en otras manifestaciones artísticas o científicas, el renacimiento de la técnica tuvo su origen y alcanzó su máximo esplendor en Italia.

Nicolás García Tapia (citado por Sáenz, 1993) señala las siguientes como principales características de la ingeniería renacentista: se instaura una visión humanística de la técnica; aparece la figura del ingeniero teórico, con una creciente separación de la técnica de las ciencias herméticas; los ingenieros mejoran su condición social respecto a los alarifes tradicionales y aumentan su movilidad y posibilidades de contratación en diversos países; nace la técnica experimental; se establece una nueva concepción de los sistemas mecánicos y se generalizan las invenciones de toda índole. Un buen resumen de la ingeniería de esta época se encuentra en el número monográfico reciente de la Revista del Ministerio de Fomento sobre «Ingeniería, Cartografía y Navegación en la España del Siglo de Oro» (Varios autores, 2005).

En la España de los Reyes Católicos y tras la Reconquista, la ingeniería estuvo muy cercana a las tropas combatientes. España se dividió administrativamente en regiones y, por primera vez, aparecieron las Comandancias de Ingenieros, dependientes de Artillería, que unificaron sistemas y criterios para la ejecución de obras de defensa. Se llevó a cabo una gran labor de restauración de castillos y construcción de puentes y caminos. En 1474, los Reyes Católicos prohibieron la construcción de nuevos castillos en España.

La especialización de numerosos maestros mayores de obras o alarifes, con una fuerte tradición medieval, en obras muy específicas de defensa de ciudades y la progresiva evolución de los sistemas de ataque bélico propician que se vaya recuperando el término romano ingenium para denominar a las máquinas bélicas, fruto del ingenio de la persona que las concibe. Poco a poco, hacia el año 1540, aparece la denominación de ingeniero para el especialista en la construcción de fortificaciones que acompañan a los ejércitos y que facilitan los ataques a las ciudades o su defensa, y cuyo arte se denomina poliorcética.

En Europa surgen grandes arquitectos como Leone Battista Alberti. La publicación en 1485 de su primer libro de arquitectura indica su inquietud por divulgar conocimientos. En la década de 1550 se hizo también famoso en Ferrara Giovanni Battista Aleotti. Las edificaciones del Renacimiento se caracterizan por construir un conjunto racional, cuyos elementos se hallan dispuestos según rigurosas normas de proporción, con elementos formales característicos como la construcción circular coronada por una cúpula y la división armónica de la superficie de los muros, entre otros. En la España de Carlos I se conocen numerosos ingenieros italianos que trabajan a las órdenes del emperador; por ejemplo, en 1552 encontramos a Gianbattista Calvi reforzando las fortificaciones de Roses, Barcelona y Tarragona. El mismo Carlos I creó en 1543 la Escuela de Artillería de Milán, dedicada a la formación de profesionales con conocimientos de matemáticas, física y construcción, y que se convirtió en una de las primeras escuelas cuya vida se prolongó a lo largo del siglo XVII.

Boceto de grúa ideada por Leonardo da Vinci
Boceto de grúa ideada por Leonardo da Vinci

Durante los siglos XV y XVI tuvieron también lugar desarrollos importantes en la dinámica moderna que permitieron abandonar los postulados de Aristóteles que se habían estado utilizando prácticamente hasta entonces y que habían quedado obsoletos. Florencia tuvo el ingeniero más famoso de todos los tiempos. Pocas veces ha sido bendecido el mundo con un genio como Leonardo da Vinci (1452-1519). Anticipó muchos adelantos del futuro, como la máquina de vapor, la ametralladora, la cámara oscura, el submarino y el helicóptero. Sin embargo, es probable que estos adelantos tuviesen poca influencia en el pensamiento de la ingeniería de su tiempo. Sus investigaciones eran una mezcla no publicada de pensamientos e ilustraciones. Era un investigador impulsivo que nunca resumía su trabajo para beneficio de otros mediante la publicación. En sus cuadernos hacía la anotación de sus investigaciones de derecha a izquierda, posiblemente por comodidad, ya que era zurdo. Da Vinci fue probablemente el primero en describir y utilizar técnicas experimentales que hoy día se emplean en los laboratorios más avanzados. También se le puede considerar el creador del armamento tal y como se concibe hoy en día. Inventó, entre otras, una máquina para hincar pilotes.

Georgius Agrícola (1.494-1.555) y Galileo Galilei (1564-1642) establecieron las bases científicas de la ingeniería. En su obra póstuma De Re Metallica (1556), recopiló y organizó de forma sistemática todo el conocimiento existente sobre minería y metalurgia, y se convirtió en la principal autoridad en la materia durante cerca de 200 años. Galileo es conocido por sus observaciones astronómicas y por su declaración de que objetos de diferentes masas se ven sometidos a la misma «tasa» de caída. Sin embargo, Galileo fue un magnífico ingeniero, como lo demuestra su proyecto de drenaje para desecar las costas venecianas y dedicarlas al cultivo agrícola, o como ingeniero militar. Su contribución más importante en el campo de la construcción fue la «teoría de vigas», que se originó a partir del análisis comparativo entre las estructuras de los grandes barcos de madera y las de los botes, aunque sus predicciones fueron erróneas al no tener en cuenta la elasticidad de los materiales. Una de sus mayores contribuciones fue la formulación de un método científico, ampliamente aceptado. Uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la ingeniería mecánica lo realizó Simón Stevin en Holanda, a fines de la década de 1500. Gracias al «triángulo de fuerzas», los ingenieros pudieron manejar las fuerzas resultantes que actuaban en los elementos estructurales. Stevin escribió un tratado sobre fracciones y también realizó trabajos que llevaron al desarrollo del sistema métrico.

Manuscrito de Galileo Galilei sobre la teoría de vigas.

Se pasa, de los siglos XIV y XV, caracterizados por el desarrollo de la construcción, especialmente de castillos, alcázares, atalayas y torres vigías de defensa de la costa, al siglo XVI, centrado en la construcción de palacios y edificios de gran calidad arquitectónica debido a arquitectos de la talla de Juan de Herrera, constructor de El Escorial, de la fachada de la Catedral de Valladolid, etcétera. Algunos ingenieros de aquella época procedían del extranjero, como es el caso de Juan Bautista Antonelli, quien dirigió varias obras de fortificación en España e incluso en ultramar. Entre otras, destacan los castillos del Morro y de la Punta en La Habana, empezados a construir en 1581. A Antonelli se le debe el enlace fluvial entre Madrid y Lisboa por el Tajo, el Jarama y el Manzanares, que permitía navegar en chalupa desde Madrid hasta Lisboa en época de Felipe II.

En aquella época, España era considerada el país europeo más avanzado en cuanto a conocimientos de fortificación y empleo de armas de fuego, y fue el primero en conocer las reglas, principios y enseñanzas del Arte del Ingeniero y Artillero, que se enseñaban en su Academia de Ciencias de Madrid ochenta años antes de que se crearan la Real Sociedad de Londres y la Academia Real de Ciencias de París.

En el siglo XVI fue preciso impulsar la agricultura y crear nuevas zonas de regadío, lo que obligó a la construcción de redes de canales, acueductos y presas. En España se construyó en 1594 el célebre dique de Tibi que durante muchos años, con sus 41 m de altura, fue el más alto de Europa. Los veintiún libros de los ingenios y las máquinas de Juanelo Turriano, escrito en 1568, fue el mejor tratado de construcción del siglo XVI. Era la época de Felipe II, que continúa la política de fortificaciones con los Antonelli, así como con Juan de Herrera y su discípulo Cristóbal de Rojas. Éste último escribió en 1598 la Teórica y Práctica de la Fortificación, que fue el primer tratado de fortificación impreso en España.

En el Renacimiento continúa la preocupación por las cimentaciones. Palladio plantea que los cimientos deberían ser el doble de gruesas que los muros soportados por ellas, una dimensión que podría modificarse según la calidad del suelo y la escala de la edificación. Según Alberti, la excavación de la cimentación debería ser horizontal, para evitar cualquier deslizamiento o movimiento y los muros deberían ubicarse en el centro de la zapata, recomendando abrir algunos pozos o fosos para conocer las características de los estratos presentes bajo la superficie. En la actualidad, existe una mayor preocupación por las cimentaciones y sus técnicas constructivas, si bien no es posible realizar un desarrollo evolutivo del diseño de las cimentaciones, ya que estas fueron tan variadas como los edificios que sustentaban.

Referencias

  • SÁENZ, F. (1993). Los Ingenieros de Caminos. Colección de Ciencias, Humanidades e Ingeniería, nº 47. Ed. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Madrid, 305 pp.
  • VARIOS AUTORES (2005). Ingeniería, Cartografía y Navegación en la España del Siglo de Oro. Revista del Ministerio de Fomento, 542. 200 pp.
  • YEPES, V. (2009). Breve historia de la ingeniería civil y sus procedimientos. Departamento de Ingeniería de la Construcción y Proyectos de Ingeniería Civil. Universitat Politècnica de València.

 

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