Evaluación de la percepción estudiantil sobre la capacidad de la inteligencia artificial para resolver problemas de ingeniería

Dentro del proyecto de innovación docente PROFUNDIA, hemos realizado una investigación cualitativa sobre la percepción de los estudiantes respecto de la capacidad de la inteligencia artificial para resolver problemas de ingeniería. Se realizó mediante una variante de la técnica de «focus group» en una clase de 10 alumnos del Máster Universitario en Ingeniería del Hormigón de la Universitat Politècnica de València. A continuación describimos cómo se realizó la investigación y adelantamos algunas de las conclusiones más interesantes.

La presente investigación tuvo como objetivo analizar cómo perciben los estudiantes universitarios la capacidad de la inteligencia artificial generativa (IAG) para resolver problemas de ingeniería y, en especial, cómo evolucionan dichas percepciones cuando tienen la oportunidad de contrastar las respuestas proporcionadas por la IA con una solución correcta validada por el profesorado.

Para ello, se diseñó una experiencia en dos fases. En la primera, los participantes utilizaron libremente herramientas de inteligencia artificial para resolver un problema de ingeniería cuyo resultado desconocían y, posteriormente, respondieron a un cuestionario de preguntas abiertas. En la segunda fase, una vez facilitada la resolución correcta del problema, los estudiantes compararon ambos resultados y completaron un nuevo cuestionario orientado a identificar posibles cambios en sus opiniones, niveles de confianza y criterios de valoración.

Los resultados muestran que los estudiantes parten de una actitud generalmente favorable hacia la inteligencia artificial. La mayoría considera que estas herramientas son útiles para apoyar el aprendizaje, agilizar los cálculos, estructurar procedimientos o proporcionar orientación inicial en la resolución de problemas técnicos. Sin embargo, incluso antes de conocer la solución correcta, ya se observa una percepción relativamente madura de sus propias limitaciones. Los participantes manifiestan reiteradamente que las respuestas obtenidas deben ser verificadas mediante la normativa técnica, la bibliografía especializada o el propio razonamiento, lo que evidencia una confianza condicionada más que una aceptación acrítica de los resultados generados por la IA.

La comparación posterior con la resolución correcta produjo un efecto significativo de recalibración de la confianza. Los estudiantes comprobaron que la inteligencia artificial era capaz de generar respuestas técnicamente plausibles y bien redactadas, pero no necesariamente correctas desde el punto de vista normativo o metodológico. Esta constatación reforzó la percepción de que la apariencia de rigor técnico no constituye una garantía de validez. Tras la experiencia, las opiniones evolucionaron de una valoración centrada en la utilidad operativa de la herramienta a una visión más crítica, basada en la necesidad de validar sistemáticamente cualquier resultado antes de aceptarlo como correcto.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la identificación de la normativa técnica como uno de los ámbitos en los que los estudiantes perciben mayores limitaciones al uso de la inteligencia artificial. Numerosos participantes señalaron que las respuestas generadas no incorporaban adecuadamente los criterios establecidos en las normas aplicables, omitían condicionantes relevantes o utilizaban referencias incorrectas. En consecuencia, la principal fuente de error detectada no se relacionó tanto con la capacidad de cálculo de la herramienta como con su dificultad para interpretar y aplicar correctamente los marcos regulatorios específicos. Esta percepción resulta especialmente relevante en el ámbito de la ingeniería, donde la adecuación normativa constituye un requisito esencial para la validez de cualquier solución técnica.

El análisis también revela una comprensión creciente por parte de los estudiantes del funcionamiento y de las limitaciones inherentes de los sistemas de inteligencia artificial. A medida que reflexionaban sobre los errores detectados, los participantes identificaban fenómenos como la generación de respuestas plausibles sin fundamento suficiente, la tendencia a proporcionar una respuesta incluso cuando la información disponible es insuficiente o la dependencia de fuentes cuya calidad no siempre puede verificarse. Esta toma de conciencia constituye un indicio del desarrollo de competencias de alfabetización en inteligencia artificial y de una comprensión más sofisticada de los riesgos asociados a su uso.

Otro aspecto especialmente significativo es que los estudiantes concluyen prácticamente de manera unánime que el uso eficaz de la inteligencia artificial requiere sólidos conocimientos previos sobre la materia consultada. Lejos de considerar que estas herramientas puedan sustituir el aprendizaje o el criterio profesional, los participantes afirman que la capacidad para detectar errores, formular preguntas adecuadas y validar resultados depende directamente del dominio conceptual del usuario. Desde esta perspectiva, la IA se percibe como una herramienta de apoyo cuyo valor aumenta cuando se utiliza desde una posición de conocimiento y de pensamiento crítico.

En términos educativos, la experiencia pone de manifiesto el potencial formativo de actividades basadas en la comparación entre respuestas generadas por la inteligencia artificial y soluciones correctas validadas por expertos. Este tipo de ejercicios no solo permite evaluar la fiabilidad de la herramienta en contextos específicos, sino que también favorece el desarrollo de competencias fundamentales para el futuro ejercicio profesional, tales como la capacidad de análisis crítico, la verificación de la información, la interpretación normativa y la toma de decisiones fundamentadas.

En conclusión, los resultados indican que la experiencia no conduce a un rechazo de la inteligencia artificial, sino a una comprensión más realista de sus capacidades y limitaciones. Los estudiantes mantienen una valoración positiva de estas herramientas como recurso de apoyo, pero desarrollan simultáneamente una actitud más prudente y reflexiva respecto a su utilización. La principal transformación observada consiste en el paso de una confianza basada en la aparente calidad de las respuestas a una confianza condicionada por la necesidad de validación, de supervisión humana y de juicio profesional. Este cambio puede interpretarse como un indicador de madurez tecnológica y constituye uno de los resultados más relevantes de la investigación.

En esta conversación puedes escuchar cómo hemos realizado esta investigación cualitativa.

El vídeo resume bien las ideas más importantes de este tema.

Referencia:

YEPES-BELLVER, L.; MARTÍNEZ-PAGÁN, P.; YEPES, V. (2026). Impacto de la inteligencia artificial en la formación técnica: aprendizaje profundo, metacognición y transferibilidad profesional. En libro de actas: XII Congreso de Innovación Educativa y Docencia en Red. Valencia, 9-10 de julio de 2026.

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Más allá de los datos: el arte (y la ciencia) de escuchar lo que nadie se atreve a decir

¿Por qué, a pesar de tener todas las estadísticas y los gráficos sobre la mesa, a veces fracasamos en nuestro intento de entender el comportamiento humano? En una era obsesionada con el Big Data, tendemos a olvidar que los números solo muestran una parte de la realidad. Las decisiones estratégicas, desde la optimización de un servicio oncológico hasta el cambio de modelo de negocio, exigen descifrar el «porqué» que se esconde detrás de cada dato. Aquí es donde surgen los grupos focales, no como un trámite académico árido, sino como una ventana táctica a la subjetividad. Esta técnica capta cómo piensan, sienten y viven las personas a través de la interacción grupal y revela verdades incómodas o sutiles que una encuesta estandarizada no puede detectar. No se trata solo de recopilar información, sino de ponerse en la piel del otro para transformar la gestión organizativa.

Un origen inesperado: de la propaganda de guerra a la empatía moderna.

Aunque hoy los asociamos con el marketing o la salud, los grupos focales surgieron de una necesidad estratégica de supervivencia. La técnica, originalmente bautizada como «entrevista focal», fue desarrollada en la década de los cuarenta en la Universidad de Columbia por Paul Lazarsfeld y Robert Merton. Su objetivo inicial era analizar las respuestas de la audiencia ante la propaganda y las transmisiones de radio durante la Segunda Guerra Mundial.

Resulta fascinante observar que, a pesar de su potencial, la técnica fue prácticamente ignorada en la investigación académica formal hasta finales de la década de 1970, un período de «renacimiento» en el que se comprendió que lo que servía para el control de masas podía ser la herramienta definitiva para la empatía. Lo que comenzó como un instrumento para analizar la propaganda evolucionó hacia una metodología para «dar voz» al ciudadano, lo que permitió humanizar sistemas que, de otro modo, habrían permanecido ciegos al factor humano.

La «sinergia»: cuando 1 + 1 es mucho más que 2.

A diferencia de la entrevista individual, el grupo focal es un método colectivista. Su valor estratégico no radica en la suma de opiniones, sino en la energía que el grupo genera. La interacción actúa como un catalizador: un comentario ajeno activa recuerdos, las inhibiciones se disuelven y surgen temas tabú que nadie se atrevería a mencionar en soledad.

«El grupo focal es un método de investigación colectivista, más que individualista, que se centra en la pluralidad y la variedad de las actitudes, experiencias y creencias de los participantes en un tiempo relativamente corto».

Nota de rigor técnico: es vital distinguir entre método y técnica. El método es el proceso macro para alcanzar una meta, mientras que el grupo focal es, técnicamente, una técnica: un conjunto específico de directrices y recursos diseñados para llevar a cabo una estrategia de escucha profunda.

El moderador: un director de orquesta invisible.

El éxito de esta técnica no depende de los participantes, sino de la habilidad del moderador. No es una autoridad, sino un facilitador que convierte la amabilidad en una herramienta técnica de precisión.

Habilidades tácticas de moderación:

  • Manejo del silencio: entender el vacío no como un error, sino como una invitación para que el participante profundice en sus ideas.
  • Cuidado de las relaciones interpersonales: exigencia técnica orientada a generar seguridad psicológica y a obtener datos auténticos.
  • Ausencia de posturas autoritarias: el moderador debe «focalizar» la conversación sin sesgarla con sus propios prejuicios, manteniendo una escucha activa y sensible.
  • Sencillez lingüística: adaptar el registro al «mundo de vida» del entrevistado para eliminar barreras jerárquicas.

El «número mágico» y el límite del cansancio.

Para que la sinergia no se convierta en caos, la logística debe ser milimétrica. La eficiencia operativa de un grupo focal se rige por estas reglas de oro:

  • Participantes: el rango ideal es de 6 a 10 colaboradores. Con menos de seis, se limita el pensamiento colectivo; con más de diez, se diluye la profundidad y se complica la labor del moderador.
  • Duración óptima: entre 60 y 90 minutos. Este es el tiempo necesario para crear un clima de confianza y agotar la hoja de ruta (questioning route).
  • El límite crítico: las dos horas, que marcan el «límite físico y psicológico». Superar este umbral genera fatiga cognitiva y reduce la calidad y la veracidad de los testimonios.

Del caos al orden: el desafío de analizar la subjetividad.

Convertir las horas de conversación en hallazgos aplicables requiere un rigor metodológico casi artesanal. El análisis no es una cuestión de intuición, sino un proceso de triangulación en el que se «tejen» los testimonios con teorías previas y marcos bibliográficos para otorgar validez científica a la subjetividad.

El proceso se divide en dos niveles críticos de codificación:

  • Codificación abierta: exploración inicial de los datos para crear conceptos y categorías desde cero (descubrimiento).
  • Codificación axial: identificación de conexiones y relaciones lógicas entre los códigos creados (la estructura).

Fases del análisis temático:

  1. Familiarización: Inmersión total en las transcripciones literales.
  2. Generación de códigos: Etiquetado de conceptos clave.
  3. Búsqueda de temas: Agrupación de códigos en patrones de significado.
  4. Revisión: Asegurar que los temas representen fielmente el diálogo original.
  5. Definición: Refinar la esencia de cada categoría.
  6. Redacción: Construcción de una narrativa coherente que responda a los objetivos estratégicos.

Conclusión: un futuro basado en la escucha.

En un mundo saturado de algoritmos e inteligencia artificial, la herramienta más disruptiva sigue siendo la conversación humana dirigida. Implementar una cultura de escucha activa mediante grupos focales no es un lujo académico, sino una ventaja competitiva que humaniza las organizaciones y valida la experiencia individual.

¿Cómo cambiaría su entorno laboral si, por un momento, silenciara los cuadros de mando de datos para crear un espacio diseñado solo para escuchar? En última instancia, el valor de la subjetividad es que nos permite ver aquello que los números, por sí solos, prefieren callar.

En esta conversación podéis escuchar las ideas más interesantes sobre esta técnica de investigación cualitativa.

Este vídeo resume bien los principales conceptos de los grupos focales.

El_Lente_y_la_Sinergia

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