Valencia frente a la amenaza de una nueva inundación: análisis, antecedentes y estrategias para mitigar el riesgo

https://www.rtve.es/noticias/20241030/catastrofico-temporal-valencia-lluvia-dana/16310046.shtml

Ante los acontecimientos catastróficos que estamos viviendo en Valencia como consecuencia de la DANA, he querido publicar un resumen de un informe de 2014 titulado «Actualización del Plan Sur de Valencia. Estudio informativo acerca de los riesgos de que Valencia experimente una nueva inundación catastrófica«. Este resumen resalta los riesgos de que Valencia experimente una nueva inundación catastrófica basándose en el análisis del «Plan Sur de Valencia» y en las características geográficas, climáticas e históricas de la ciudad y su entorno. Aunque es de 2014, creo que no ha perdido vigencia; además, estoy convencido de que en los últimos 10 años se ha mejorado la información al respecto. El conocimiento se tiene y está claro qué hay que hacer. Falta la voluntad de priorizar las actuaciones públicas.

Introducción y antecedentes

Valencia ha sido históricamente vulnerable a las inundaciones debido a su ubicación geográfica y la morfología de su entorno. Desde su fundación en el año 138 a. C., en una terraza del río Turia, cerca de su desembocadura en el Mediterráneo, la ciudad ha soportado las crecidas de su principal cauce fluvial. Este asentamiento, que ofrecía ventajas en términos de acceso al agua y a tierras cultivables, también expuso a la ciudad al riesgo de avenidas debido al régimen torrencial del Turia. Las crecidas y la sedimentación del río han modelado la región, elevando el suelo de Valencia en más de cinco metros y configurando un entorno altamente vulnerable.

Las primeras crónicas detalladas de inundaciones en Valencia datan del siglo XIV, cuando los registros empezaron a documentar las crecidas del Turia y sus efectos devastadores en la ciudad y en las áreas circundantes. En estos registros se identifican 24 episodios de inundaciones graves entre 1321 y 1957, con un periodo de recurrencia aproximado de 27 años. Este historial de avenidas sugiere que, en ausencia de intervenciones significativas, la probabilidad de nuevas inundaciones se mantiene elevada.

Tras la gran riada de 1957, que causó cientos de muertes y pérdidas materiales significativas, las autoridades emprendieron la construcción de un nuevo cauce del río Turia para desviar el flujo de agua y reducir los riesgos de inundación en la ciudad. Sin embargo, estudios recientes del grupo «Impulso a Valencia» indican que las medidas adoptadas, aunque efectivas en parte, podrían resultar insuficientes ante una avenida similar o superior a la de 1957.

Climatología y fenómeno de la gota fría

La Comunidad Valenciana posee un clima mediterráneo con marcada variabilidad en las precipitaciones, influido tanto por la orografía de la región como por las condiciones atmosféricas del Mediterráneo. La disposición de las montañas en la franja litoral y prelitoral intensifica el efecto de convección y precipitación en ciertos episodios. Así, Valencia se ve expuesta a lluvias torrenciales, que se concentran principalmente en otoño.

Una característica fundamental del clima valenciano son los episodios de «gota fría» o DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos). Este fenómeno se produce cuando masas de aire frío en altura interactúan con aire cálido y húmedo del Mediterráneo, lo que genera precipitaciones intensas en cortos intervalos de tiempo. La situación se agrava cuando las lluvias coinciden con fuertes temporales marinos, que elevan el nivel del mar y dificultan la evacuación del caudal fluvial en la desembocadura del Turia.

Durante el periodo 1971-2000, la región registró más de 300 días con lluvias superiores a 100 mm y 16 episodios con precipitaciones superiores a 300 mm en 24 horas. Estas intensas precipitaciones pueden desbordar el cauce del Turia, cuya capacidad máxima actual se estima en 3700 m³/segundo. Estos episodios de lluvias extremas, junto con el cambio climático, que eleva las temperaturas del mar, aumentan la frecuencia y la gravedad potencial de estos eventos.

Además, Valencia ocupa el tercer puesto a nivel mundial en exposición a lluvias torrenciales, después de dos áreas tropicales. Esta situación climática particular exige una infraestructura adecuada para mitigar los riesgos de inundación y proteger a la población frente a un impacto de una avenida extrema.

Hechos históricos de inundación en Valencia

Desde tiempos romanos, las crecidas del Turia han sido un elemento constante en la vida de la ciudad. Ya en la época medieval, la distribución espacial del agua desbordada afectaba a zonas como Campanar, Marxalenes y el centro urbano. A lo largo de la historia, las murallas y defensas de la ciudad se construyeron tanto para proteger Valencia de los ataques como para contener las aguas del Turia. Durante la época de Pedro el Ceremonioso, se levantó una muralla septentrional con el propósito de evitar la entrada de las aguas en la ciudad, pero las grandes crecidas, como la de 1589, mostraron que incluso estas defensas resultaban insuficientes.

Entre 1321 y 1957 se documentaron 24 grandes avenidas que devastaron el entorno urbano y las poblaciones cercanas. La riada de 1957 se recuerda como la peor, cuyo caudal inundó ampliamente el área urbana y dejó Valencia sin un abastecimiento adecuado durante días. Este suceso marcó un punto de inflexión en la gestión del riesgo de inundación, lo que dio lugar a la construcción del «Nuevo Cauce» en 1969.

Sin embargo, el Plan Sur y el nuevo trazado del cauce, aunque eficaces en parte, no garantizan la protección completa. El informe estima que el cauce actual del Turia podría no soportar una riada de la magnitud de la de 1957, lo que vuelve crítica la necesidad de fortalecer las defensas fluviales y estudiar a fondo la capacidad de avenamiento actual.

Análisis de la Riada de 1957

La riada de 1957 es un evento de referencia para comprender la magnitud del riesgo al que Valencia está expuesta. En un día de octubre, las intensas lluvias descargaron precipitaciones sin precedentes sobre la cuenca del Turia, y el caudal del río alcanzó los 3700 m³/segundo, según cálculos de la época, aunque se estima que pudo haber sido incluso mayor. Las inundaciones resultantes cubrieron grandes extensiones de la ciudad, causando la pérdida de vidas, el desplazamiento de miles de personas y la destrucción de infraestructuras básicas.

El «Nuevo Cauce» se diseñó para un caudal de 5000 m³/segundo; sin embargo, su capacidad actual se ha recalculado en 3700 m³/segundo, lo que iguala el caudal de la riada del 57, según los registros de la Confederación Hidrográfica del Júcar. Así, si una avenida semejante o mayor ocurriera, el cauce del Turia se desbordaría, lo cual podría provocar una inundación a gran escala en la zona urbana y poner en riesgo nuevamente a miles de personas y una vasta área de la ciudad.

Propuestas de actuación para la mitigación de riesgos

El informe sugiere una serie de propuestas para mitigar los riesgos de inundación y aumentar la resiliencia de Valencia ante avenidas extremas:

  1. Reevaluación del cauce y mejoras estructurales: el primer paso consiste en analizar la capacidad real de drenaje del Turia desde Loriguilla hasta su desembocadura. Esto requiere actualizar la infraestructura, con un énfasis especial en el tramo de Quart de Poblet, donde comienza el nuevo cauce. Además, sería necesario reforzar la mota que separa el viejo cauce del nuevo, pues si esta barrera fuera sobrepasada o se rompiera, Valencia quedaría gravemente expuesta a una nueva riada.
  2. Laminación de avenidas y protección ambiental: en la cuenca baja del Turia, se propone un plan de reforestación y mantenimiento de barrancos que ayude a regular las avenidas y reducir la velocidad de escorrentía. Una infraestructura de laminación, como un lago fluvial o un embalse en Vilamarxant, permitiría controlar el caudal y reducir los picos de crecida que llegan a Valencia. Este enfoque, que combina obras de infraestructura con medidas de protección ambiental, busca no solo proteger la ciudad, sino también minimizar el impacto en los ecosistemas y en la zona agrícola de la cuenca baja.
  3. Mejoras en la desembocadura y mitigación del efecto dique: es necesario rediseñar la desembocadura del Turia para reducir el «efecto dique» que ocurre cuando el temporal marino obstruye la evacuación del agua hacia el mar. Este fenómeno, en el que las olas del Mediterráneo superan los cinco metros de altura, impide que el cauce fluya libremente y aumenta el riesgo de inundación en las zonas bajas de la ciudad. Un rediseño adecuado de la desembocadura permitiría una evacuación más eficiente del caudal fluvial incluso en condiciones de temporal.
  4. Red de monitorización y sistema de alerta temprana: dada la velocidad y fuerza de las avenidas en Valencia, es crucial establecer una red de estaciones pluviohidrológicas en toda la cuenca del Turia que permita un monitoreo constante y en tiempo real. Este sistema debería estar integrado con un mecanismo de alerta temprana, de modo que las autoridades y la población puedan tomar medidas de protección antes de que ocurra un evento catastrófico. La experiencia de la riada del 57 mostró que muchas víctimas fueron sorprendidas sin tiempo de reacción, de ahí la importancia de la preparación y la comunicación.
  5. Actualización de los planes de protección civil y simulacros de emergencia: los planes de emergencia y de protección civil deben ser revisados y adaptados a la realidad climática actual y a las capacidades de la infraestructura del río. Estos planes incluyen rutas de evacuación, centros de acogida y protocolos de comunicación, que son fundamentales para reducir el riesgo de pérdidas humanas y materiales en caso de una avenida.
  6. Evaluación y recurrencia admisible de crecidas: finalmente, el informe recomienda determinar los intervalos de recurrencia aceptables para futuras crecidas, considerando distintos escenarios de magnitud. Esta evaluación permitirá a las autoridades decidir sobre el diseño y las inversiones necesarias en infraestructura según el nivel de riesgo que la ciudadanía de Valencia está dispuesta a asumir.

Conclusión

La ciudad de Valencia se enfrenta a un riesgo significativo de sufrir otra inundación catastrófica, debido a sus condiciones climáticas, al cambio climático y a la infraestructura fluvial actual. Los sucesos catastróficos se evidencian en el actual desastre de finales de octubre de 2024. Las propuestas del informe «Impulso a Valencia» subrayan la importancia de adoptar medidas preventivas y estructurales, así como de adaptar las capacidades de la ciudad para responder a episodios extremos. Sin embargo, es fundamental que la ciudadanía sea consciente de este riesgo y participe activamente en los sistemas de alerta y planes de emergencia para reducir las posibles pérdidas en el futuro.

Referencia:

VV.AA. (2014). Actualización del Plan Sur de Valencia. Estudio informativo acerca de los riesgos de que Valencia experimente una nueva inundación catastrófica. Ateneo Mercantil de Valencia, Grupo de Análisis «Impulso a Valencia», 52 pp.

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La ingeniería humanitaria y la teoría del cisne negro: Totalán, DANA, Zaldibar y el coronavirus nos dan las claves

Fotografía con Ángel García Vidal, en la Escuela de Ingeniería de Caminos de Valencia

La primera vez que oí a alguien hablar de «ingeniería humanitaria» fue a Ángel García Vidal en una conferencia que impartió, junto con Mauricio Delgado, en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de Valencia el 24 de septiembre de 2019. Tal fue la impresión que me causó su relato de la tragedia de Totalán, que escribí un artículo en The Conversation sobre las lecciones aprendidas del rescate de Julen.

Después de ese día, Ángel y yo hemos conversado largo y tendido sobre el tema. Ángel intuía que el concepto de «ingeniería humanitaria» era especialmente importante, pero que se tenía que profundizar más en él. Todas nuestras conversaciones, junto con la de otros compañeros como Eugenio Pellicer, le hicieron reflexionar en una mesa redonda que tuvo lugar en el VIII Congreso Nacional de Ingeniería Civil que tuvo lugar en Madrid los días 17 y 18 de febrero de 2020. El escritor y articulista del diario El País Manuel Jabois escribía el 23 de enero de 2019 lo siguiente en referencia al concepto de Ingeniería Civil Humanitaria haciendo referencia a Ángel en una declaración que queda en las hemerotecas para la historia: «Esto no es una operación de rescate, sino una obra de Ingeniería Civil Humanitaria«.

Un cisne de la especie Cygnus atratus, desconocido en Occidente hasta el siglo XVIII. Wikipedia

Desde esos días de enero de 2019 han pasado muchos acontecimientos que deberían ocurrir solo de muy de vez en cuando. Según la teoría del cisne negro, desarrollada por el investigador Nassim Taleb, esta teoría es una metáfora que describe un suceso sorpresivo (para el observador), de gran impacto socioeconómico y que, una vez pasado el hecho, se racionaliza por retrospección (haciendo que parezca predecible o explicable, y dando impresión de que se esperaba que ocurriera).

Las características de la teoría del cisne negro es que determinados acontecimientos ocurren de forma sorpresiva, pues como los cisnes negros, son sucesos muy extraños. Estos acontecimientos presentan un alto impacto desproporcionado y es difícil de predecir, teniendo un papel dominante en la historia. Sin duda, la crisis actual del coronavirus (COVID-19) es un cisne negro.

Sin embargo, en solo unos meses, además han ocurrido impactos tales como el DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que puso en jaque a nuestro país, con grandes desastres económicos y pérdidas de vidas humanas, o la desgracia del vertedero de Zaldibar, donde en estos momentos aún siguen dos personas sepultadas.

Todo parece indicar que sucesos de emergencia local, regional o global van a ser recurrentes y pueden poner en muy alto riesgo no solo vidas humanas, sino la economía y el futuro de las generaciones actuales y futuras.

¿Y cuál es el papel de la ingeniería ante estos sucesos que son emergentes? ¿Qué es la ingeniería civil humanitaria? Tras muchas reflexiones, aquí escribo alguna de ellas. Animo a Ángel a que publique el texto íntegro de su comunicación en el congreso al que hice antes referencia.

¿Cómo se podría definir el concepto de ingeniería civil humanitaria? Se trata de una idea que, si bien de una u otra forma existía de forma difusa desde el origen de los tiempos, cuando los humanos usaban su ingenio y su rudimentaria tecnología en ayudar al resto de sus congéneres, ha cobrado una gran actualidad con motivo del rescate del niño Julen en Totalán.

Pero antes de intentar dar una definición, debemos aclarar unas cuantas ideas y, sobre todo, debemos descartar algunas cosas que no deberían incluirse en este concepto. No toda la ingeniería civil tiene carácter humanitario, y es justamente el adjetivo humanitario el que permite caracterizar mejor esa parte de la ingeniería que tiene ciertas características que la diferencia del resto de ingeniería que hacemos los ingenieros civiles. Por otra parte, tampoco el carácter humanitario es exclusivo de la ingeniería civil. Otros ámbitos de la ingeniería, de la técnica y de cualquier actividad humana también puede tener este carácter. Por tanto, hay que buscar entre las características de una ingeniería muy específica, que es la civil, qué rasgos o características definen su carácter humanitario.

Humanitario es un adjetivo que, según la Real Academia de la Lengua, tiene tres acepciones. La primera nos dice “que mira o se refiere al bien del género humano”. Esta primera acepción entraría de lleno en los objetivos de la ingeniería civil en general. En efecto, si la ingeniería civil tiene como objeto el diseño, construcción y mantenimiento de todo tipo de infraestructuras, éstas son el soporte del progreso y bienestar de la sociedad y, por tanto, toda la ingeniería civil sería humanitaria con esta primera acepción. Por tanto, no es esta acepción la que nos interesa destacar.

La segunda acepción identifica humanitario con “benigno, caritativo, benéfico”. En nuestro caso se trataría de la ingeniería civil que es solidaria con el sufrimiento ajeno, que presta auxilio a los necesitados. De alguna forma, se trata de una ingeniería que dispone de los recursos técnicos y materiales que ayuda a aquellos que la necesitan. Esta idea se relaciona también con la tercera acepción del diccionario donde humanitario tiene “como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen”.

Por tanto, en todas las acepciones humanitario siempre se relaciona con el auxilio a personas que necesitan dicha ayuda. Sin embargo, hay un aspecto de especial relevancia, y es que la ayuda sea desinteresada. En caso contrario, se trata de la ingeniería civil habitual, es decir, una actividad económica que, si bien tiene como fin el bien común, precisa de un beneficio económico para mantenerse en el tiempo. ¿Pero puede existir una ingeniería civil desinteresada que ayude a los demás?

Para responder a esta pregunta, antes hay que contestar otra más importante. Se trata de saber si, como dicen algunos, el hombre es malo por naturaleza y gracias al Estado reprime su impulso egoísta. Esta es una tesis del filósofo Thomas Hobbes que, afortunadamente, no se puede afirmar que sea cierta. En efecto, algunas investigaciones realizadas con niños han demostrado que más del 95% de ellos ayudaban a los demás sin recibir ningún tipo de orden o instrucción (https://www.elmundo.es/elmundo/2012/11/16/ciencia/1353063447.html). Esta tendencia innata al altruismo ya está presente en los ancestros comunes que tenemos los humanos con los chimpancés, que también tienen esta tendencia altruista. Impacta saber que un mono prefiere quedarse sin comer varios días antes que ver a los compañeros sufrir. Algunos han justificado este comportamiento de cooperación como una de las claves de nuestra supervivencia como especie. Por tanto, la cooperación, el altruismo y la moral, forman parte de lo más profundo de nuestro cableado humano. No obstante, contraejemplos de maldad intrínseca se encuentran por doquier, pero ello no justifica la maldad intrínseca del ser humano.

Otro de los aspectos que también interesa sacar a colación es averiguar si la ingeniería civil humanitaria tiene que estar planificada o bien debe actuar de forma inmediata ante un problema puntual. Pues las dos cosas.

Cuando existe un problema importante en una comunidad, por ejemplo, falta de agua por sequía, carencias de infraestructuras sanitarias o educativas, la ingeniería civil se pone al servicio de los programas de ayuda humanitaria y, de forma planificada, con recursos escasos, pero bien dirigidos, se pueden realizar infraestructuras que generan un beneficio extraordinario a la comunidad que los recibe.

Por otra parte, y es el caso de la tragedia de Totalán, una emergencia requiere de toda la voluntad y recursos disponibles para, de forma urgente, ayudar en lo posible a resolver un grave problema humanitario. Aquí la ingeniería civil actúa, como se ha podido comprobar, de forma directa con todos los recursos técnicos disponibles.

En ambos casos, con proyectos planificados o en situación de emergencia, la ingeniería civil ofrece todos sus recursos técnicos, humanos y materiales para ayudar, de forma desinteresada, a otras personas.

Pues bien, aquí tenemos una de las claves del concepto de ingeniería civil humanitaria. Se podría definir como el conjunto de recursos técnicos, humanos y materiales disponibles por la ingeniería civil para ayudar, de forma desinteresada, a las personas que lo necesitan, ya sea en forma de proyectos de ayuda o en situaciones de emergencia.

Todo esto es posible gracias a la naturaleza intrínsecamente buena del ser humano y al avance en la técnica disponible de la ingeniería civil puesta al servicio de la sociedad por parte de personas que, sin esperar nada a cambio, se ofrecen para auxilio de los demás.

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Inundaciones, desastre de Biescas y normativa de campamentos de turismo

Con motivo de los episodios de fuertes lluvias que está sufriendo el sureste de España (DANA, depresión aislada en niveles altos), traigo a colación una aportación personal que hice en su momento en la legislación reguladora de los campamentos de turismo de la Comunidad Valenciana. Esta normativa tuvo muy en cuenta la tragedia del camping de Biescas (Huesca) ocurrida el 7 de agosto de 1996, donde murieron 87 personas y 187 resultaron heridas. Saco este tema a la luz para resaltar la importancia de la intervención técnica y de los estudios necesarios para evitar este tipo de catástrofes. Nunca la ciencia, la técnica, la legislación y las emergencias se necesitan tanto unas de otras.

En efecto, el antecedente fue el DECRETO 119/2002, de 30 de julio, del Gobierno Valenciano, Regulador de los Campamentos de Turismo de la Comunidad Valenciana. [2002/X8720] (DOGV núm. 4307 de 05.08.2002) que fue sustituido por el DECRETO 167/2005, de 11 de noviembre, del Consell de la Generalitat, por el que se modifica el Decreto 119/2002, de 30 de julio, Regulador de los Campamentos de Turismo de la Comunidad Valenciana. [2005/12617] que, a su vez, ha sido derogado a favor del actual DECRETO 6/2015, de 23 de enero, del Consell, regulador de los campings y de las áreas de pernocta en tránsito para autocaravanas de la Comunitat Valenciana. [2015/563].

Los artículos que tienen que ver con el riesgo de inundación, en los que intervine directamente, fueron los siguientes:

Artículo 14. Cumplimiento general de la normativa

Todos los campings deberán cumplir y hacer cumplir las obligaciones que se deriven de las disposiciones vigentes en materia de accesos, accesibilidad, construcción y edificación, instalación y funcionamiento de maquinaria, sanidad, seguridad de instalaciones, medio ambiente, acústica, prevención de incendios forestales, seguridad pública y riesgo de inundación, así como cualquier otra disposición de carácter sectorial que les afecten.

Artículo 15. Sistema de seguridad y protección

Todos los campings deberán disponer de las medidas e instalaciones de prevención, protección y seguridad para casos de incendio, inundación u otras emergencias previstas en la normativa vigente en estas materias.

En particular, contarán:

1. Con un plan de emergencia y autoprotección, redactado por técnico competente y ajustado a las disposiciones vigentes, en el que se contemplen las diferentes hipótesis de emergencia y los planes de actuación para cada una de ellas, así como las condiciones de uso y mantenimiento de las instalaciones afectas al plan.

El plan de emergencia y autoprotección justificará, en todo caso, la hipótesis de riesgo de inundación de forma que, para un caudal asociado a un periodo de retorno mínimo de cien años, no se permitirá que el calado del agua supere los 0,80 metros, ni que la velocidad máxima del agua exceda los 0,50 m/seg. Asimismo, y para dicho caudal, se garantizarán las condiciones necesarias que permitan la evacuación rápida, completa y segura de las personas, indicándose expresamente el tiempo de evacuación requerido.

Artículo 35. Cumplimiento general de la normativa

Todas las áreas de pernocta en tránsito para autocaravanas deberán cumplir y hacer cumplir las obligaciones que se deriven de las disposiciones vigentes en materia de riesgo de inundación, accesibilidad, construcción y edificación, instalación y funcionamiento de maquinaria, sanidad, seguridad de instalaciones, medio ambiente y seguridad pública, así como cualquier otra disposición de carácter sectorial que les afecten.

Artículo 36. Sistema de seguridad y protección

Las áreas de pernocta en tránsito para autocaravanas deberán disponer de las medidas e instalaciones de prevención, protección y seguridad para casos de incendio, inundación u otras emergencias previstas en la normativa vigente en estas materias, tal y como indica el artículo 15 de este decreto.

Resulta evidente que este tipo de disposiciones no solo son necesarias en el ámbito de los campamentos de turismo, sino que son extrapolables a cualquier ámbito donde se ponga en riesgo a las personas. Asimismo resalto la importancia de la intervención técnica de profesionales competentes, con experiencia y bien formados. También es cierto que, este tipo de normativa, está sujeta a cambios y actualizaciones en función de las investigaciones y aportaciones técnicas y científicas que mejoren el estado de conocimiento actual.