¿Tu reforma cumple con Europa? Claves críticas sobre la gestión de residuos para no perder los fondos Next Generation

La llegada de los fondos Next Generation EU, articulados en España mediante el Real Decreto 853/2021, supone una oportunidad histórica para la rehabilitación energética de nuestro parque edificado. Sin embargo, como consultor sénior, debo ser taxativo: este impulso económico no es un cheque en blanco. Para los profesionales del sector, la gestión de los residuos de construcción y demolición (RCD) ha dejado de ser un trámite burocrático para convertirse en un factor de responsabilidad financiera y legal.

El éxito de una subvención depende hoy de nuestra capacidad para documentar una transición real de la gestión lineal a la construcción circular. Cualquier error técnico en el inventario o en la trazabilidad documental compromete la sostenibilidad del proyecto y supone un riesgo directo de pérdida de financiación.

¿Cómo puedes asegurarte de que tu proyecto cumpla con las exigencias europeas?

A continuación, te mostramos las claves para convertir escombros en recursos.

El «número mágico»: el 70 % de valorización es innegociable.

El RD 853/2021 establece un requisito técnico que actúa como filtro de acceso a las ayudas: al menos el 70 % (en peso) de los residuos no peligrosos generados en la obra debe prepararse para su reutilización, reciclaje o recuperación.

Este porcentaje supone un cambio de paradigma que exige una planificación exhaustiva. Para el cálculo de esta proporción, se excluyen las tierras y las piedras (código LER 17 05 04). La dificultad técnica radica en la pureza de las fracciones: alcanzar el 70 % es sencillo con hormigón limpio, pero se vuelve extremadamente complejo si los minerales se mezclan con yeso o con impurezas, lo que anula su capacidad de reciclaje.

«Reducir la demanda y el consumo energético es un reto para toda la sociedad, pero no podemos olvidar otro reto igual de relevante: la sostenibilidad, la circularidad y la reducción de la generación de residuos».

Diseñar para desmontar: la ISO 20887 y la construcción seca.

La circularidad debe integrarse desde la fase de proyecto. El cumplimiento del RD 853/2021 exige demostrar, conforme a la norma ISO 20887, que el edificio es adaptable y desmontable. En este contexto, la «construcción seca» deja de ser una preferencia estética para convertirse en la herramienta técnica que garantiza la reversibilidad de las conexiones.

Para cumplir con estos criterios de adaptabilidad, el diseño debe priorizar:

  • Independencia de sistemas: capacidad de reparar o desmontar un sistema (como las instalaciones de climatización) sin dañar los elementos estructurales ni los acabados adyacentes.
  • Conexiones reversibles: uso de fijaciones mecánicas estandarizadas y sistemas modulares frente a uniones húmedas e irreversibles.
  • Versatilidad y convertibilidad: diseño de espacios polivalentes que permitan cambios de uso futuros con la generación mínima de residuos nuevos.
  • Simplicidad y normalización: empleo de componentes que faciliten el mantenimiento y el desmontaje selectivo al final de su vida útil.

Demolición selectiva: la gestión del yeso como factor crítico.

Desde el 1 de enero de 2024, según la Ley 7/2022, la demolición selectiva es obligatoria. La normativa exige la clasificación obligatoria de al menos las siguientes fracciones: madera, metales, vidrio, plástico y fracciones minerales (hormigón, ladrillo y cerámica).

El yeso requiere una mención especial. Debe segregarse de forma independiente, ya que es el principal «contaminante» en las plantas de reciclaje: una pequeña cantidad de yeso mezclada con hormigón impide obtener áridos reciclados de calidad y pone en riesgo el cumplimiento del objetivo del 70 %. Esta clasificación debe realizarse preferentemente en el lugar de generación para garantizar la pureza de cada flujo.

Prioridad absoluta: auditoría de amianto y riesgo cero.

La presencia de sustancias peligrosas es la «línea roja» del proceso. Antes de llevar a cabo cualquier actuación de rehabilitación, es obligatorio realizar una identificación previa mediante inventario y auditoría. Este es el primer paso crítico de cualquier proyecto serio.

Si se detecta amianto, su retirada debe ser la primera acción en la obra y está prohibido mezclarlo con cualquier otro residuo. La normativa es estricta:

  • La retirada debe ser ejecutada obligatoriamente por una empresa legalmente autorizada, inscrita en el RERA y que cumpla con el RD 396/2006.
  • La gestión documental de estos residuos (RD 105/2008) debe ser impecable para no paralizar la certificación de la obra ni la concesión de las ayudas.

El lenguaje de la trazabilidad: códigos LER, DNSH y control documental.

Para obtener financiación, el proyecto debe utilizar el lenguaje de la administración. Cada residuo debe identificarse con su código LER de seis dígitos; recuerde que el asterisco (*) identifica los residuos peligrosos.

Además, toda actuación debe cumplir con el principio DNSH (Do No Significant Harm), que garantiza que el proyecto no cause un perjuicio significativo al medio ambiente. Esto se formaliza mediante una declaración responsable obligatoria ante las comunidades autónomas.

Para evitar responsabilidades financieras, es fundamental distinguir el control documental en cada fase:

Documento Responsable Programación Propósito y control
Estudio de gestión de residuos (EGR) Promotor / Técnico Pre-Proyecto Planificación, inventario y estimación de residuos. Base para la solicitud de ayuda.
Plan de gestión de residuos (PGR) Contratista / Propiedad Pre-Construcción Operativa detallada. Debe ser aprobado por la Dirección Facultativa antes de iniciar los trabajos.

Conclusión: hacia una construcción que no caduca.

La gestión de residuos ha dejado de ser un coste externo para convertirse en un pilar fundamental de la calidad constructiva. Las exigencias de Europa no son meras trabas administrativas, sino las reglas del nuevo mercado circular.

Adoptar estas prácticas no solo protege la subvención Next Generation, sino que también aumenta la competitividad del profesional. El edificio ya no es una futura montaña de escombros, sino un banco de recursos valiosos que espera ser gestionado con rigor.

¿Está tu próximo proyecto preparado para convertirse en un banco de materiales o seguirá alimentando vertederos?

En esta conversación puedes escuchar las ideas más interesantes sobre este tema.

Este vídeo resume la gestión de RCD.

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Se termina el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (2016-2022)

Figura 1. Economía circular. Fuente: PEMAR (2016-2022)

En España, el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (2016-2022) pretende ser el instrumento para orientar la política de residuos en España, impulsando las medidas necesarias para mejorar las deficiencias detectadas y promoviendo las actuaciones que proporcionan un mejor resultado ambiental y que aseguren la consecución de los objetivos legales. En este Plan se establece la jerarquía para la correcta gestión de los residuos: reducción, reutilización, reciclado y eliminación.

Se elaboró este Plan de acuerdo con las directrices establecidas, en su día, en la Estrategia 2020 impulsada por la Comisión Europea. En su momento, el objetivo marcado era que en Europa se generasen menos residuos y, en la medida de lo posible, que utilice como recursos todos aquellos que no puedan ser evitados. El fondo de la cuestión es sustituir una economía lineal basada en producir, consumir y tirar, por una economía circular en la que se reincorporen al proceso productivo los materiales residuales, una y otra vez, para la producción de nuevos productos o materias primas (Figura 1). Como resulta evidente, en este planteamiento, la reutilización, el reciclaje o la valorización material de los residuos juegan un papel primordial.

De todos modos, estamos llegando al final de este Plan y convendría conocer en detalle el grado de consecución de los objetivos previstos y las nuevas líneas estratégicas hacia donde se orientará la planificación en los próximos años. Os dejo a continuación el documento actual por si os resulta de interés.

Pincha aquí para descargar

 

 

 

 

Los residuos de construcción y demolición (RCD)

Figura 1. Demolición de edificios. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Seneca_County_Courthouse_01_26.JPG

La construcción de infraestructuras y edificios, la reforma de pequeñas obras en viviendas y locales, así como la demolición de infraestructuras o edificios que ya han cubierto su ciclo de vida útil generan residuos. En España estamos hablando de unos 800 m3 por persona y año (Bustillo, 2010), volumen que, en su mayor parte, pasan a vertederos controlados o incontrolados. Estos residuos de construcción y demolición (RCD) son en su mayoría inertes, pero pueden estar mezclados con otros residuos que son peligrosos, como el amianto, los cuales deben separarse y gestionarse de acuerdo con su peligrosidad. Estos residuos constituyen un importante problema ambiental, pues no solo crecen en volumen, sino que su tratamiento y gestión presentan importantes áreas de mejora. En efecto, la contaminación de suelos y acuíferos en vertederos incontrolados, el deterioro paisajístico o su eliminación sin aprovechar su posible valorización, son impactos que deberían corregirse.

La gestión de estos residuos RCD debería realizarse atendiendo a los principios de prevención, reutilización, reciclaje y eliminación. Existe, no obstante, cierta jerarquía en estos principios, siendo preferible siempre la prevención, y si no fuera posible la reutilización o el reciclaje, se procedería a su eliminación. La prevención siempre tratará de evitar la generación de residuos o reducirlos; la reutilización trata de emplear el producto usado para el mismo fin para el que se diseñó originariamente; el reciclado transforma los residuos, dentro de un proceso de producción, para su fin inicial o para otros fines; la valorización permite el aprovechamiento de los recursos contenidos en los residuos sin comprometer la salud y sin utilizar métodos que perjudiquen al medio ambiente; por último, la eliminación se dirige al vertido de los residuos o a su destrucción total o parcial (Ferrando y Granero, 2007).

En todo caso, se trataría de separar los inertes de los productos peligrosos para aprovecharlos. Sin embargo, el problema no es tanto la peligrosidad de los RCD, sino la necesidad de infraestructuras y espacio para su gestión. Según el Plan Nacional de Residuos de Construcción y Demolición 2001-2006 (ver Figura 2), el 75% de los RCD se catalogarían de escombros, donde los ladrillos, azulejos y otros productos cerámicos suponen el 54% del total de los RCD. Si a los materiales cerámicos sumamos el hormigón, con un 12% del total del RCD, tendremos 2/3 del total. Si añadimos la piedra (5%) y la arena, grava y otros áridos (4%), tenemos la totalidad de los escombros. El 25% restante ya estaría formado por otros materiales como la madera, el vidrio, el plástico, los metales, etc. Por tanto, si se es capaz de realizar una gestión completa de los escombros, especialmente de los productos cerámicos y del hormigón, podemos tendremos la mayor parte del volumen de los RCD bajo control.

Figura 2. Composición de los RCE según el Plan Nacional de Residuos de Construcción y Demolición 2001-2006. http://www.cedexmateriales.es/catalogo-de-residuos/35/residuos-de-construccion-y-demolicion/

Lo dicho nos lleva a la necesidad de comercializar los productos reciclados, especialmente los áridos. Pero aquí tropezamos con problemas cuando, a pesar de existir especificaciones técnicas voluntarias y certificados que acreditan la calidad de los áridos reciclados, se mantiene una desconfianza de profesionales y administraciones al uso de estos productos en la construcción. Resulta evidente la necesidad de promocionar el reciclaje y uso de los RCD. Sin embargo, mientras el canon de vertido en una planta de valorización sea elevado frente al de un vertedero, por ejemplo, pueden suponer barreras para la gestión de estos residuos procedentes de la demolición y la construcción.

Os dejo algún vídeo al respecto de este tema. Espero que os sea de interés.

A continuación os dejo, por su interés, el protocolo de gestión de residuos de construcción y demolición en la UE.

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Referencias:

BUSTILLO, M. (2010). Manual de RCD y áridos reciclados. Fueyo Editores. Madrid, 797 pp.

FERRANDO, M.; GRANERO, J. (2007). Gestión y minimización de residuos. FC Editorial. Madrid, 265 pp.

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