Dos despropósitos, un tinerfeño y la Ilustración alumbraron al ingeniero de caminos

descargaEl pasado viernes 24 de abril de 2015 aprobó el Consejo de Ministros una Resolución por la cual un ingeniero de caminos o informático pre-Bolonia ostenta ahora tanto el nivel 3 del Meces como el 7 del EQF. Este desajuste ha tardado en subsanarse y ha perjudicado a muchos compañeros y empresas en el extranjero. Por tanto, se reconoce que el ingeniero de caminos, canales y puertos no es el ingeniero civil, sino que su nivel de estudios supera este nivel de grado.

Sin embargo, ¿de dónde viene esta profesión en España? En un post anterior analizamos el origen del ingeniero de caminos y la importancia del tinerfeño Agustín de Betancourt en este nacimiento. Estamos hablando de una época, finales del siglo XVIII, donde los planes reformistas de la Ilustración se fueron consolidando en España. Sin embargo, dos hechos detonaron la aparición de la Inspección de Caminos en 1799 y la Escuela de Ingenieros de Caminos en 1802: el inacabado puente del Rey sobre el Júcar y el desastre de la rotura de la presa murciana de Puentes.

Puente del Rey, sobre el Júcar (Gabarda)

La iniciativa de fundar el Cuerpo de “Caminos y Canales” ya fue planteada en 1785 por Betancourt, pensionado en París. Se trataba de diferenciar el trabajo de los ingenieros militares y navales, que deberían dedicarse a la fortificación, alzado topográfico y construcción naval, de las labores de construcción de caminos y obras hidráulicas, que se dejarían a cargo de los ingenieros de caminos. Sin embargo, hubo que esperar a 1799 cuando las costosas obras públicas, proyectadas y ejecutadas por manos inexpertas, estaban desbordando las arcas públicas. Se decidió dejar en manos de la Inspección de Caminos este tipo de obras para evitar nuevos despropósitos (Rumeu, 1980; Sáenz, 1993).

Rotura del Pantano de Puentes, 1802.
Agustín de Betancourt (1758-1824)
Agustín de Betancourt (1758-1824)

En efecto, el creciente desprestigio de algunos arquitectos academicistas de la época fruto de algunos dolorosos fracasos, propició la necesidad de preparar de forma rigurosa a los técnicos que debieran encargarse de este tipo de obras. Así, el puente del Rey sobre el Júcar, en la carretera de Madrid a Valencia, vio abandonadas su obras en 1801, después de haberse gastado las arcas públicas grandes cantidades de dinero. Además, en abril de 1802, la presa de Puentes, finalizada diez años antes, reventó arrasando la huerta de Lorca y causando más de 600 muertos. Casualidad o no, la Escuela de Ingenieros de Caminos empezó sus clases meses después del desastre de Puentes. No sería justo atribuir a estos desastres el nacimiento de esta profesión, pero sin duda aceleró la toma de decisiones en esta época convulsa.

Este programa reformista alumbró el Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en 1836, de forma que las obras públicas empezaron a depender de este nuevo cuerpo. Para ello, los ingenieros debían de pasar por la nueva Escuela, que garantizaba, mediante una estricta educación, la formación técnica basada fundamentalmente en conocimientos hidráulicos y matemáticos, construcción práctica, geometría y mecánica, además de dibujo y diseño arquitectónico (Rumeu, 1980; Sáenz, 1993). El rigor de la selección de los alumnos era tal que, pese a ser una profesión bien remunerada, segura y de prestigio, sólo el 20% de los aspirantes llegaron a obtener su título en las primeras cuatro décadas de funcionamiento. De esta forma, el Cuerpo de Ingenieros no pudo completar su escalafón hasta principios del siglo XX.

Os dejo un vídeo del inacabado puente del Rey, en Gabarda:

Referencias:

Rumeu, A. (1980). Ciencia y tecnología de la España Ilustrada. La Escuela de Caminos y Canales. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Madrid.

Sáenz Ridruejo, F. (1993). Los ingenieros de caminos. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Madrid.