¿Cómo entendemos realmente el comportamiento humano y el funcionamiento de la sociedad? A menudo, nos basamos en la intuición o en ideas preconcebidas sobre lo que es «científico». Asociamos la ciencia con laboratorios, experimentos y datos exactos, mientras que el estudio de lo social nos parece más ambiguo o «blando».
Sin embargo, la investigación social es sorprendentemente rigurosa. Sus métodos y principios nos permiten comprender el mundo y desarrollar un pensamiento crítico y estructurado.
En este artículo, veremos cinco ideas impactantes que surgen de la investigación social. Prepárate, porque algunas de tus certezas podrían cambiar.
1. No es el objeto de estudio, sino el método, lo que define a la ciencia.
Una de las primeras barreras con las que nos encontramos al pensar en las ciencias sociales es el objeto de estudio: el ser humano. A diferencia de las células o los planetas, las personas somos sujetos conscientes, llenos de simbolismo y percepciones. Esto lleva a muchas personas a pensar que no pueden ser objeto de estudio científico.
Sin embargo, aquí radica la primera gran idea: lo que distingue a la ciencia de otras formas de conocimiento no es el tema que investiga, sino el rigor de su método. Da igual si estudias la interacción de partículas o las dinámicas de un grupo social; lo importante es cómo lo haces.
«Si no hay método, no hay ciencia».
Por tanto, la cientificidad de las ciencias sociales se basa en el cumplimiento de reglas metodológicas formalizadas. Principios como el rigor y la parsimonia, la verificación empírica y la búsqueda de formulaciones de tipo general (universales) son los pilares que sustentan cualquier investigación válida, independientemente de lo complejo o subjetivo que pueda parecer su objeto de estudio.
2. Que algo sea cuantitativo no lo convierte automáticamente en objetivo (y viceversa).
Vivimos en un mundo obsesionado con los datos. Tendemos a creer que un porcentaje, una estadística o un número son sinónimos de verdad objetiva, mientras que un discurso o una opinión se considera meramente subjetivo. La idea de que los datos cuantitativos son inherentemente objetivos y más científicos es, según la propia metodología, falsa.
La objetividad no reside en la naturaleza del dato (un número frente a una palabra), sino en el método con el que se ha obtenido y analizado. Un estudio cuantitativo basado en un mal diseño de encuesta o en una muestra no representativa puede ofrecer resultados completamente sesgados y poco objetivos. Del mismo modo, un análisis cualitativo de discursos puede ser extremadamente riguroso y objetivo si se sigue un procedimiento sistemático y controlado.
Esta idea nos invita a ser más críticos con la información que consumimos. La próxima vez que veas una estadística impactante, no te quedes en el número; pregúntate cuál es el método que hay detrás.
«¡Ojo! Que trabajemos con discursos y percepciones no significa que la investigación se base en la subjetividad del investigador ni que la investigación sea subjetiva. Sería lo mismo que decir que, por trabajar con números o porcentajes, los resultados son objetivos, sin tener en cuenta cómo se han obtenido esos datos».
3. En toda ciencia hay un factor humano: el propio investigador.
La imagen popular del científico es la de una figura neutral e imparcial que observa la realidad sin afectarla. Sin embargo, la verdad es que en toda investigación científica se incluyen criterios subjetivos del investigador.
El verdadero rigor científico no consiste en negar esta subjetividad, sino en ser consciente de ella, saber identificarla y limitarla para que no condicione los resultados de la investigación. Esto es especialmente crucial en las ciencias sociales, donde el objeto de estudio es, a su vez, un sujeto consciente. El investigador debe esforzarse por distanciarse y seguir el método de forma disciplinada, empleando mecanismos como el «distanciamiento» y la «extrañeza» al analizar el objeto».
Este principio humaniza la ciencia. Nos recuerda que es una actividad humana, llevada a cabo por personas, y que requiere no solo conocimientos técnicos, sino también autoconciencia, disciplina y honestidad intelectual.
4. Antes de elegir una técnica, debes definir qué quieres saber.
Imagina que un carpintero decide usar un martillo antes de saber si tiene que clavar, atornillar o serrar. Suena absurdo, ¿verdad? Pues bien, en la investigación (y en muchos otros ámbitos de la vida) es un error muy común. A menudo, nos enamoramos de una herramienta —una encuesta, una entrevista, un grupo de discusión— sin haber definido previamente la pregunta fundamental.
Un principio clave de la metodología de investigación es que el objeto de estudio y los objetivos deben definirse antes de decidir qué técnicas se utilizarán. La herramienta debe adaptarse al problema y no al revés. ¿Necesitas datos generalizables de una población grande? Quizás lo más adecuado sea una encuesta. ¿Quieres profundizar en los significados y las experiencias de un grupo concreto? Las entrevistas pueden ser más adecuadas.
¿Cómo resume a la perfección el principio metodológico: «El diseño metodológico se construye a partir del objeto y de los objetivos del estudio»? Esta lección es universal: la estrategia siempre debe preceder a la táctica.
5. La mejor investigación no elige bando, sino que combina métodos.
El antiguo debate entre la investigación cuantitativa (basada en números) y la cualitativa (basada en discursos) está cada vez más superado. La investigación social moderna no los concibe como enfoques opuestos e irreconciliables, sino como herramientas complementarias que, utilizadas conjuntamente, ofrecen una visión mucho más completa de la realidad.
Cada método tiene su propia lógica y propósito. La investigación cuantitativa, heredera del positivismo, sigue una lógica de verificación perfectamente diseñada para su objetivo: la búsqueda de leyes generales mediante un enfoque cuantitativo. Por su parte, la investigación cualitativa, más ligada al humanismo, se basa en una lógica de descubrimiento, indispensable para su objetivo, que consiste en la búsqueda de los significados de la acción humana.
Las estrategias más potentes son las de «articulación metodológica», como la complementación (emplear diferentes técnicas para distintos objetivos) o la triangulación, que consiste en utilizar distintas metodologías para validar datos sobre un mismo objetivo. Este enfoque integrador permite construir un conocimiento más rico, robusto y matizado que cualquier método por sí solo podría ofrecer.
Una nueva forma de entender el conocimiento.
Como hemos visto, la investigación social, lejos de ser una «ciencia blanda», está llena de principios rigurosos y sofisticados que desafían muchas de nuestras suposiciones sobre el conocimiento, la objetividad y la verdad. Nos enseña que el «cómo» es tan importante como el «qué», que los números no siempre dicen la verdad y que la clave para entender la complejidad humana a menudo radica en combinar diferentes perspectivas.
Ahora que sabes que la objetividad es más compleja de lo que parece y que el método es la clave, ¿qué «verdad» aceptada en tu día a día empezarás a cuestionar?
En esta conversación puedes descubrir las claves de las técnicas de investigación social.
Os dejo un vídeo que resume bien las ideas fundamentales de estas técnicas.
Os dejo este documento de síntesis de estas técnicas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.
